miércoles, 10 de junio de 2009

El secreto de vivir (1936)

En marzo de 1933 el presidente electo Franklin D. Roosevelt anunciaba a sus conciudadanos que lo único que había que temer era al mismo miedo. Las primeras medidas para tratar de aliviar la penosa situación económica y social por la que pasaban los Estados Unidos no tardarían en llegar.
Por entonces, un Frank Capra de 37 años que estaba llevando a la Columbia Pictures a jugar en ligas más grandes con films como Dama por un día o Sucedió una noche se propuso desarrollar su trabajo y ahondar en algunas ideas sociales y políticas, o quizás simplemente humanas, que habían estado subyacentes ya desde su primera etapa en el mudo junto al cómico Harry Langdon. Como si de repente se sintiera arropado por el manto del "New Deal" de Roosevelt (aunque fuera un ferviente Republicano), Capra se decidió a hacer del entorno de La locura del dólar un leifmotiv en su trabajo, quizás incluso un personaje invisible y omnisciente en muchos de sus posteriores trabajos.

Tras verse obligado a posponer el proyecto de Horizontes lejanos, Capra decidió rodar un guión de su escritor fetiche durante los 30, Robert Riskin, un guionista brillante con quién Capra ya había trabajado anteriormente. La historia trataba de un hombre sencillo que casi por accidente se ve enfrentado a los complejos mecanismos de los grandes poderes de la sociedad moderna. Para encarnar a su protagonista, Longfellow Deeds, Capra pensó inmediatamente en Gary Cooper. A pesar de no estar disponible, el italoamericano retrasó el inicio del rodaje, a pesar del subsiguiente encarecimiento de los costes. Sin embargo a la postre se demostró que había sido un tiempo y un dinero bien invertidos. Para la protagonista se pensó en Carole Lombard, quien sin embargó se echó atrás en el último momento. A pesar de las reticencias del mandamás de la Columbia, Harry Cohn, finalmente Capra logró convencerle para que fuera Jean Arthur quien interpretara a la protagonista femenina.
El secreto de vivir comenzaba con el fatal accidente automovilístico del magnate Martin Semple, dejando atrás una gran fortuna cuyo destinatario no parece conocerse, captando inmediatamente el interés de la prensa. El heredero resultará ser un joven sobrino suyo, Longfellow Deeds, un hombre sencillo de una pequeña población de Vermont que poco sabe de altas finanzas o de los entresijos del poder. Sin embargo, cuando se enteré de la noticia a través del apoderado de su tío, el oscuro personaje John Cedar, aceptará viajar a Nueva York para tratar de dirigir el imperio de su difunto tío. Allí, Deeds deberá afrontar no sólo el extraño ritmo de vida y costumbres de una gran ciudad, sino la fría realidad que rodea al poder económico, a la prensa, y a otros influyentes estamentos de la sociedad.

En el mundo del cine no sólo Bonasera creía en América. Seguramente con todo el sentido del mundo, fueron en su mayoría inmigrantes, o hijos de inmigrantes, quienes levantaron en Hollywood el mito del país de las oportunidades. Si John Ford solía hablar de los cimientos de América, Frank Capra, nacido en la vieja Sicilia, hablaba de la esperanza en el futuro, de la fuerza de los Estados Unidos, de la confianza en uno mismo, de los valores morales como la única riqueza posible, por encima de los valores bursátiles. Hablaba de volver a la sencillez del colono, a la honradez del trabajo duro, y clamaba contra la América que banqueros, financieros, magnates y políticos corruptos habían dejado rota, derrotada y ahogada por la Gran Depresión.

Es así como el periodista Alistair Cooke habló del cine de Capra como una temática por encima de los personajes, pues tanto el Deeds de El secreto de vivir como el Smith de Caballero sin espada como el Bailey de ¡Qué bello es vivir! quedaban supeditados a un mismo esquema, un patrón que respondía al mensaje subyacente en las películas "sociales" del director. Eran, en definitiva, el hombre sencillo del pueblo, honrado y trabajador, que combatía a la adversidad, y a los poderes fácticos que se escondían tras ella, con ideales puros y un espíritu incólume, inasequible al desaliento. Sí, en determinadas ocasiones, aquellos héroes de clase trabajadora podían dudar, y mostrarse con pies de barro, pero la fe en su familia, sus amigos, y en su país, acababa por hacerles triunfantes.
El secreto de vivir no es, pues, diferente a posteriores producciones de Capra. En el film se mezclan la sátira, el melodrama, el romanticismo y el humor. Un curioso y efectivo cóctel "anticrisis" que parecía diseñado no sólo para entretener al espectador, sino para dotarle de confianza en un futuro que realmente parecía incierto. De las motivaciones que pudiera tener Capra para tocar temas tan socialmente comprometidos se ha hablado y escrito mucho, aunque de momento no trataremos el tema aquí. Tan sólo apuntar el curioso dato de que, vistas hoy en día, esas películas parecen obra de militante de izquierdas y no de un Republicano.

En El secreto de vivir tanto Gary Cooper como Jean Arthur demuestran que estaban hechos de buena madera interpretativa, y, a pesar de su archifamoso estilo sobrio, Cooper nos deleita con esos pequeños momentos que nos recuerdan por qué fue un grande. En el apartado de secundarios, junto a un venido a menos George Bancroft, destaca especialmente un gran Lionel Standel, un actor de carácter que años más tarde sería excluido de la industria durante la Caza de Brujas.

Aunque a modo personal considero El secreto de vivir algo inferior a Caballero sin espada o Juan Nadie, sigue siendo una buena película de Frank Capra, y aunque las tramas y situaciones se puedan calcar, hay cosas intangibles, mal que le pese a George Clooney, que no pueden ser recreadas a tan alto nivel.

7 comentarios:

supersalvajuan dijo...

El nuevo trato o nuevo compromiso. Vaya individuo Roosevelt. Menudo presidente.

marguis dijo...

Las películas de Capra me gustan mucho, sus finales parecen de cuento, tan felices son, y ¡Que bello es vivir! es mi película favorita, seguida de cerca de Juan Nadie.
La que comentas la he visto solo una vez, hace tiempo, pero recuerdo que al final hay un juicio ¿no? en el que el buen hombre de la calle, el humilde Gary Cooper demostraba que a pesar de sus "excentricidades" era responsable de él mismo, de sus actos y de su dinero. Como la vida misma!!

TSI-NA-PAH dijo...

Gran post ,estupendo rescatar la figura de capra y su peliculas.
saludos

Dr. Quatermass dijo...

Oye, gracias por comentar una de las películas más desconocidas de Capra (no la he visto). Pero soy un gran fan de Capra, a mi la que más me gusta es ¡Vive como quieras!, pocas películas he visto capaces de transmitir alegria de vivir como esa. Luego Que bello es vivir, Juan Nadie, Caballero... todas están bien pero ya están cortadas por un patrón muy similar.

Saludos!

Adrian Vogel dijo...

Concuerdo contigo, no está a la altura de las otras dos, pero sigue siendo una película deliciosa.

Fantomas dijo...

Las películas de Capra que he visto me han gustado bastante, aunque esta en particular la tengo pendiente.

Intentaré echarle una mirada.
Buena reseña,
Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Supersalvajuan: menudo, pero sólo cuando estaba sentado

marguis: recuerdas bien. Como ya he dicho, me quedo antes con la magia de '¡Que bello es vivir!'.

Tsinapah: Capra era un grande, ya iran cayendo más

DrQuatermass: las hay más desconocidas aun jeje pero desde luego a ésta no se la suele mencionar, no sé muy bien por qué.

Adrian: pues eso, secundemos la emoción

Fantomas: si te han gustado sus otras películas sociales, esta lo hará también.

Saludos a todos