jueves, 23 de abril de 2009

El Emergo y otros poco memorables trucos cinematográficos


En momentos de crisis como los que vivimos es cuando volvemos a oir hablar de los ciclos de la economía. En realidad parece que todo lo que ocurre en este mundo sea un constante ciclo. Se dice que los cambios climáticos son cíclicos, que un día volverán las grandes glaciaciones, y que Internet acabará no sólo con la estrella de la radio sino con la industria musical y cinematográfica. En éste último caso ya hubo anteriormente al menos dos grandes amenazas que llevaron a algunos catastrofistas a hablar del fin del cine. El reproductor de video resultó que no sólo no era una amenaza sino que resultó en un gran negocio para las grandes compañías. Y en los 50 los grandes capos de los estudios se abrazaron y se echaron a temblar cuando la televisión llegó a las casas de los estadounidenses. Como se vio, la amenaza no resultó ser tal, pero obligó a la industria a cambiar, y a buscar nuevos alicientes con los que atraer al público a las salas. Fue la era de nuevos inventos, nuevos procesamientos de película, y cualquier recurso que pudiera apartar a la gente de la pequeña pantalla. La década de los 50 vio el auge y caída del Technicolor, un proceso largo y costoso que convertía cualquier película en un cuadro en movimiento de Caravaggio, y de varios nuevos formatos como el Cinemascope, el Panavision y varios otros -Vision que tuvieron más o menos suerte.

La Serie B no se quedó atrás, y libraron su propia lucha contra la pequeña pantalla a su manera. Obviamente no había dinero para nuevos procesos y caras tecnologías, con lo que echaron mano al mayor recurso de ese mundillo: la imaginación. Los resultados fueron desiguales, y la vida de esos curiosos gimmicks fue muy corta. Pero forman parte del entrañable mundo de las películas de bajo presupuesto.

Emergo: en 1959 uno de los reyes de la Serie B de entonces, William Castle, ideó un sencillo y efectivo truco para atraer al público al estreno de su clásico de culto The House on Haunted Hill. Tal como rezaban los trailers, el Emergo prometía al espectador niveles de entretenimiento sin igual con un fantasma que surgiría de la pantalla y volaría directamente hacia el espectador. El tal fantasma era en realidad un esqueleto sujeto a unos cables y unos raíles que surgía de la oscuridad para volar por encima de las cabezas de los espectadores. La publicidad funcionó y la gente acudió en tropel a las salas. Sin embargo la vida del Emergo fue breve. En cuanto se extendió entre los niños el rumor, estos acudieron con sus tirachinas a los cines para ejercer al tiro al blanco con el esqueleto, con lo que los promotores de las salas dejaron de lado al Emergo. Pero para entonces la recaudación seguramente ya había doblado o triplicado los costes de la película.


Percepto: otro truco del imaginativo Castle, en esta ocasión para el estreno de su película The Tingler, que de nuevo tenía de protagonista al gran Vincent Price (es curioso como muchos de los efectos cutres de la época se usaron para películas donde participaba el gran Príncipe Oscuro). El Percepto consistía en unos dispositivos que se colocaban bajo los asientos de los espectadores y hacían vibrar el asiento en determinadas escenas clave. Otros trucos usados por Castle aparte del Percepto fueron el deslizar una suerte de almohadillas por el suelo hasta que tocaran las piernas de los espectadores, o distribuir pequeños altavoces por los que sonaban extraños chirridos, o incluso distribuir por el cine a gente pagada para que diera gritos en determinadas escenas.

DuoVision: cualquiera que haya visto un clásico documental sobre los grandes festivales de rock de finales de los 60 estará familiarizado con este sistema de pantalla doble. En 1973 al director Richard L. Bare se le ocurrió la "genialidad" de rodar un film llamado Wicked, Wicked que presentaba una pantalla dividida donde distintas escenas iban sucediendo a la vez. Evidentemente los resultados fueron bastante caóticos.

Aroma-Rama: sistema ideado por Chuck Weiss para el estreno de Behind The Great Wall, consistía en lanzar distintos olores a través del aire acondicionado que acompañaban a lo que se veía en la pantalla. Si no hubiera sido por los ataques que ocasionaba a los asmáticos tal vez incluso habría durado dos películas.

Smell-O-Vision: un sistema parecido al Aroma-Rama que sólo se utilizó en 1960 para el film Scent of Mistery, y que fracasó estrepitosamente igual que lo hizo el Aroma-Rama.

Underwater: Un truco publicitario utilizado para el film de mismo nombre dirigido por John Sturges y protagonizado por la voluptuosa Jane Russell. El preestreno se realizó bajo el agua con periodistas y demás público embutido en trajes de buceo. Una tontería mayúscula que fue eclipsada por el "descuido" de Jayne Mansfield, a quien se le cayó la parte de arriba del bikini. Y contra semejante poderío ni siquiera el Technicolor habría podido competir.

Odoroma: John Waters recuperó la idea de los olores en el cine para el estreno en 1981 de su film Polyester. El público rascaba y olía unas cartulinas numeradas cuando se lo indicaba el correspondiente número en la pantalla.

3D: Un popularísimo recurso en los 50, y que ha ido y venido desde entonces (de hecho hace nada se volvió a utilizar en el estreno de cierto film de animación), la anécdota más cachonda relacionada con el cine en tres dimensiones fue el estreno de Los crímenes del museo de cera, debut de la Warner en el 3D, y que tenía de protagonista, una vez más, a Vincent Price. Lo curioso del asunto es que el director del mismo, André De Toth, era tuerto, y por lo tanto no podía apreciar el efecto 3D. ¡Así de extraño es a veces el mundo de Hollywood!

9 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Buenas genialidades.

elastica madrugada dijo...

Esa imagen es genial
Saludos.

Lee dijo...

Lo de ver Polyester de Waters con la cartulinita de los olores tuvo que ser digno de verse. Hace poco lei sobre lo del surrealista estreno de la Sirena de Aguas Verdes, esa de la Russell de la qu hablas, producida por el infame Howard Hughes..que coincidencia;)
Un gran post.

Un beso

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Eso me habría venido bien para mi mega suspenso en el test de Comunicación Audiovisual xD

Kal Zakath dijo...

Vaya, si que lo pasaban bien en el cine en los años 50... Lo del muñequito podrían volver a hacerlo , que así si la película es mala te desfogas tirándole palomitas al maniquí.

Dr. Quatermass dijo...

Que buen post, ignoraba esto del Emergo, que lástima que no haya ningún vídeo donde se vea el acontecimiento. Aunque experiencias de cine interactivo han habido bastantes, un ejemplo muy acertado (cambiando radicalmente de ámbito) era la película-obra de La Cubana "Cegada de Amor" donde los actores entraban y salían de la película en una sincronización y efecto bastante sorprendente.

Saludos!

MuddyBoy dijo...

Que grande William Castle..

Me encanta

Fantomas dijo...

Lo de Castle ya es mítico. Invento cuanto truco publicitario uno se podría imaginar, y finalmente la única cinta en la que se vió involucrado que tuvo éxito fue la única en la que no utilizó ninguna artimaña.

Para el que le interese, hace poco escribí un artículo de la obra del director:

http://cinemauniverse.blogspot.com/2009/03/william-castle-el-rey-de-los-gimmicks.html

Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Supersalvajuan: ya se sabe, a falta de pan...

elasticamadrugada: tiene usted buen gusto. Gracias y bienvenida

Lee: el Emergo también habría sido grato vivirlo.

Aitor: ¿si? ¿te preguntaron por el Emergo? si es así, me equivoqué de carrera

Kal Kazath: pues sí, sería un aliciente extra para al cine.

Dr.Quatermass: si seguro que no cuesta tanto hacer cosas diferentes...

MuddyBoy: gran tipo sin duda.

Fantomas: gracias por el enlace. Voy a echarle un vistazo.