domingo, 22 de marzo de 2009

La matanza de Texas (1974)

Hay momentos en la vida que uno no olvida, y que de hecho puede recordar bastante bien. Recordar lo que se sintió, lo que se pensó, las sensaciones que ha dejado, cualquier cambio o enseñanza que pudiera dejar tras de si. Es difícil olvidar el nerviosismo del primer polvo, el primer concierto, el primer trabajo... momentos vitales que más o menos todos viviremos en esta vida. A todos ellos yo añadaría uno: la primera vez que vi La matanza de Texas.

Hay películas intemporales, que uno puede disfrutar de chaval y redescubrir de mayor. Hay películas que uno sólo disfruta siendo niño. Y hay otras que aburrirían a cualquier imberbe, aun siendo maravillosas. Y hay películas hechas específicamente para ser vista en la adolescencia. Y no me refiero exclusivamente a cintas fabricadas expresamente para el palomitero con acné, sino a películas que, haya sido rodadas para eso o no, parece cobrar un sentido especial al verlas en la adolescencia, haciendo de su visionado una experiencia mágica que podría decirse sólo cobra sentido si uno la ve a la edad justo. Por ejemplo, no imagino que una película como Emmanuelle tendría cierta relevancia en mi vida si la viera hoy en día. O, como ya comenté en su día, ver The Warriors me dejó bastante frío, y estoy seguro que de haberlo hecho años atrás la experiencia habría sido muy distinta. Y desde luego La matanza de Texas es ideal para verla con catorce, quince o dieciséis años, siempre que uno no sea lo bastante imbécil como para entenderlo todo al revés. Y a buen entededor... En fin, que todavía recuerdo cuando gracias a un fantástico programa de televisión (uno de esos que ya no se hacen, Noche de lobos) pude ver la mítica película de Tobe Hooper, que me dejó noqueado. Bien, basta de recuerdos personales, y encendamos la motosierra.

Como todos habréis leído u oido en centenares de ocasiones, el género cinematográfico de terror dio un paso de gigante de la mano de (no podía ser de otra forma) Alfred Hitchcock y la thou-who-cannot-ne-named mítica Psicosis, que renovó el género desde el suspense que siempre trabajó el director, demostrando además que, aparte de ser el gran maestro que era, Hitch podía dejar a todos en pañales de nuevo forzando un poco el paroxismo de la maldad. El guante que dejó el británico no pareció calar hondo inmediatamente, aunque el género gore no tardó en irrumpir (aunque fuera en la serie B) de la mano de Herschell Gordon Lewis y su Blood Feast. No fue hasta la llegada de los 70 que Psicosis tendría retoños que el mundo entero podría admirar. Y fue un desconocido camarógrafo y profesor universitario llamado Tobe Hooper quien reintegraría las villanías del psycho Ed Gein que ya inspiraron a Hitchcock añadiéndoles un toque de realismo noticiario, de ciertos crímenes en Houston, de mentiras presidenciales y Vietnam. Si Hitchcock puso el metal líquido del terror al rojo vivo, Tobe Hooper le acabó de dar forma en forma de sierra mecánica y maza de matadero, conformando para siempre el subgenéro cinematográfico de los asesinos en serie que predominaría a partir de entonces, y que todavía persiste en nuestras días, alimentándose de remakes y de glorias pasadas.

Fue en los primeros setenta cuando Hooper y su colega Kim Henkel comenzaron a darle vueltas a una historia retorcida de psicópatas asesinos y unos pobres chavales de ciudad perdidos en medio de la naturaleza y el horror. Puedo imaginar perfectamente la sonrisa que debió de dibujarse en el rostro de Hooper cuando, en una época en que dedicaba sus ratos muertos a pensar en el argumento, se encontró un buen día rodeado de una gran multitud en unos grandes almacenes y como, pensando en la forma de escapar de esa masa humana, su mirada se posó sobra la sección de sierras mecánicas.
Tras una ímproba tarea de encontrar un reparto, un equipo técnico y sobretodo, financiación, apartado último que llevó a crear dos compañías y un complicado sistema de participaciones que no satisfizo a los actores, el 15 de julio de 1973 comenzaba el rodaje en distintas localizaciones de Texas, un mes antes de la fecha que se daba en la película para los "hechos reales".

La trama definitiva parecía una actualización de la historia de Ed Gein escrita por Charles Manson. La historia era simple: cuatro jóvenes hijos del Amor acompañados por el hermano paralítico de una de las chicas se embarcan en un viaje en furgoneta por la Tejas profunda, acudiendo a un cementerio donde últimamente han habido diversos saqueos de tumbas. La excursión prosigue hacia la vieja casa del padre de los dos hermanos, que trabajó cerca del matadero local. En su camino encontrarán, aparte de a un extraño autoestopista, al terror mismo, que cobrará vida en la forma de uno de los más populares villanos y psychos de la historia del cine, Leatherface.

En la creación del mítico Leatherface no hay que desdeñar la aportación del tipo que lo encarnó, Gunnar Hansen, quien aportó ideas para la caracterización del personaje y lo preparó a conciencia, visitando centros psiquiátricos donde trabajaban con disminuídos psíquicos y autistas. Su trabajo tuvo su recompensa, y Leatherface se encuentra hoy a la altura de los Darth Vaders y Harry Powells de este mundo.

En medio del abrasador calor tejano comenzó un rodaje con un presupuesto limitadísimo (buena prueba de ello es el hecho de que la furgoneta de los jipis pertenecía al técnico de sonido) que pronto fue sobrepasado así como las dos semanas iniciales de rodaje que pronto se convirtieron en un mes. Mientras el reparto trataba de dejar de lado a Paul A. Partain, que interpretaba al impedido Franklin, al igual que hacían los personajes, éste les respondía con su humor negro. Al final del rodaje quien realmente acabó en el ostracismo fue Gunnar Hansen, quien tuvo que llevar la misma máscara y el mismo traje durante todo el caluroso rodaje, por lo que al final el hedor era insoportable.
De hecho el rodaje fue casi tan doloroso y agotador como la propia película. Edwin Neal, que interpretaba al autoestopista y había combatido en Vietnam, ha afirmado que rodar La matanza de Texas ha sido la experiencia más difícil de su vida. Los actores aguantaban apenas un minuto dentro de la furgoneta, y un minuto colgada con unos arneses dolorosos que la sujetaban por la parte de abajo era todo lo que podía aguantar la actriz Teri McMinn en la escena del gancho. John Dugan, que interpretaba al abuelo, se sentía tan incómodo bajo el complicado maquillaje que exigió rodar todas sus escenas seguidas, lo que llevó más de un día entero de duro trabajo.
Seguramente la escena de la cena fue la más agotadora, con los actores repitiendo escenas rodeados de un montón de comida y una extraña colección de animales muertos que iban pudriéndose poco a poco en medio del calor matutino de Tejas. Además para entonces Gunnar ya olía como un estercolero, con lo que el hedor dentro de la casa (una casa alquilada a una familia que siguió viviendo en ella durante el rodaje) era insoportable. Aunque quien seguramente sufrió más fue Marilyn Burns, atada durante horas soportando escobazos, golpes, sangre falsa que se confundía con la verdadera, y el olor a podrido.

El resultado de todo ese esfuerzo fue una película increíble, en la que la labor del director artístico Robert A. Burns probablemente fuera tan decisivo como la del mismo Tobe Hooper, quien montó la película en el salón de su casa. La matanza de Texas era un film impactante, rompedor, que llegaba incluso a dar asco al público más sensible, a pesar de que en realidad había muy poca sangre. Es probable que en muchos films de acción de hoy en día se vea más sangre que en La matanza de Texas. Pero éste era un film en que la atmósfera era lo realmente horrible, más que la visión de la sangre en sí. Salvo algunas escenas aisladas, donde destaca la del gancho, es el ambiente el que realmente construía en nuestra psique todo el horror que podía albergar la casa de la familia más disfuncional de la historia del cine.
Y es que la atmósfera de La matanza de Texas era pesada, pegajosa, donde uno casi podía sentir el sudor, el calor y percibir el hedor de la muerte, de los huesos humanos y de animales. Sólo el interior de la casa ya era horripilante, y era fácil que el espectador sintiera la agonía de estar atrapado en un lugar así con los personajes. Y aquella fue desde luego una lección que tuvo muy en cuenta Ridley Scott al rodar otra obra maestra del horror, algunos años más tarde.

La matanza de Texas abrió una nueva etapa en el cine de terror estableciendo unas pautas que todavía hoy siguen manteniendo muchas películas del género. La falta de presupuesto se combatió con talento, imaginación y una historia y puesta en escena tan pertubadoras que todavía hoy continuan surgiendo nuevos fans de la película. En definitiva, La matanza de Texas tiene todos los ingredientes que hacen de cualquier film un clásico a reivindicar.

Leer critica La Matanza de Texas en Muchocine.net

11 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Que no la he visto. Todo el mundo habla de ella, pero no muchos se la han tragado.

ROCKLAND dijo...

Joder, poco más a añadir a tu excelente entrada. Cierto que alguna peli que nos han traumatizado en nuestra adolescencia se puedan volver a "sentir" y "experimentar" bastantes años más tarde.
Saludos

Inos. dijo...

Una película que se marca a fuego (¿a sierra?) en el espectador. Cine de guerrilla hecho con pasión, por parte de un Tobe Hooper en estado de gracia.

Hay una segunda parte hecha por el mismo director que es una gamberrada total (¡ah, Dennis Hopper!).

Es recomendable mantenerse alejados del resto de remakes, precuelas y secuelas que son perfectamente olvidables.

Buena reseña, Möbius.

Lillu dijo...

Yo recuerdo haberla visto ya un poco pasada la adolescencia pero sí que me inspiró bastantes de las cosas que comentas.

Fantástico post!

saluditos

aLiKHaNDRa dijo...

Cuando vi por primera vez esa pelicula, no podia creerlo ...

con el paso de los años creo que esa incredulidad quedo atras y muchas acciones del presente la superan ..

sabes que siempre es un placer recibirte en mi morada saludos

LoRbAdA dijo...

Acojonante!! Menuda pandilla de desquiciados. Yo me quede con los ojos como platos y un escalofrio recorrio mi cuerpo con muchas de las escenas. Es cierto lo de Ed Gein, fue una de las inspiraciones. Es terrible que este tio haya inspirado a peliculas como El Silencio de los corderos, la matanza de texas y algunas mas.

paulamule dijo...

Sí, todo un clásico que hoy en día sería incapaz de ver de nuevo.
Salud.

Tarquin Winot dijo...

Yo también la descubrí gracias a "Noche de lobos", en la cocina de la casa de mis padres y con los ojos como platos. Ciertamente impactante. Espléndida reseña, Möbius.

Cecil B. Demente dijo...

Yo solo la he visto una vez, con 16 añitos creo, pero la recuerdo de pe a pa, muy grande! Creo que es la segunda parte que parodia la portada de El club de los cinco.

Noemí Pastor dijo...

¿Te puedes creer que no la he visto porque me acojono viva desde las letras?

sammy tylerose dijo...

Joder, Noche de Lobos, con ese programa me hice aficionado al terror forever and ever! Hasta me acuerdo de su patrocinador : licores Tilford! La M. de Texas es brutal, de lo cutre que es parece casi un documental, lo que incrementa la sensación de acojone. En mi viaje USA ya me cuidé de no pillar atajos polvorientos en Texas, jeje.