sábado, 7 de marzo de 2009

Enemigo mío (1985)


Dos cosas tengo que decir sobre Enemigo mío, así, para empezar. Que me dio la oportunidad de ver mis primeros pechos femeninos en pantalla grande (y no es que hubiera extrarrestres mutantes con tres pechos como en Desafío total, sino que llegábamos tarde y nos equivocamos de sala, y así me encontré con un sujetador enorme que pertenecía a la rubia de Teen Wolf), y que me descubrió a Dennis Quaid, que se convirtió directamente en enorme tras El chip prodigioso. Años después se me caería la venda de los ojos y m e di cuenta de que el tal Dennis era un cero a la izquierda, pero siendo un criajo había que adorar a un tipo que se codeaba con seres reptilianos y luego se miniaturizaba y vagaba por el cuerpo del estúpido Martin Short.

Pero visto todo con perspectiva, lo cierto es que ni Dennis es un Dios ni Enemigo mío un monolito fílmico. Pero sigo teniendo su aquél. Sobretodo por una historia que presentaba un conflicto interestelar entre humanos y bichos de una forma original y cuya moraleja podía aplicarse, por ende, a cualquier conflicto. Pues Enemigo mío era un film de ciencia ficción pacifista y antibelicista, pero no de la manera solemne de Ultimátum a la Tierra, sino más bien de forma más cercana a los hijos de la Era de Acuario.

La trama presenta un futuro en que la colonización espacial es un hecho, pero en su expansión los humanos se han encontrado a otros colonizadores, los Drac, tan beligerantes como ellos. En una de las escaramuzas entre cazas de ambos contendientes una nave humana y una nave Drac acaban estrellándose en un trozo de roca espacial perdido de la mano de Mickey Mouse (y esto, obviamente, es un guiño a quien haya visto el film). El tripulante humano, Willis Davidge, pierde a su compañero, y se queda solo en el planetoide junto al tripulante Drac. Como cualquier enemigo en cualquier galaxia del Universo, ambos se odian, y han sido educados para odiar a su contrincante. Al principio intentan exterminarse mutuamente, pero atrapados en un mundo hostil, la supervivencia les forzará a entenderse mutuamente.

Aunque muchos no lo supimos entonces, Enemigo mío era la prueba de que no todo en la carrera Wolfgang Petersen iba a ser maravillas como Das Boot, y de que podía bajar el nivel (bajarlo tanto, de hecho, como para rodar bodrios como Air Force One). Enemigo mío se situaría en un plano intermedio; no es Das Boot ni En la línea de fuego, pero tampoco es Troya. Aunque hay que aclarar que la película no fue un proyecto de Petersen, y que llegó al proyecto para salvarlo, como los entrenadores que llegan a un equipo para evitar el descenso. Y el director germano lo salvó, con lo que cumplió su misión.

Un proyecto hundido que se había pasado de un (más que presumible) ajustado presupuesto dejó a Enemigo mío con unos efectos especiales que apenas estaban uno o dos pasos por encima de las películas futuristas ochenteras de serie B, destacando sólo la maqueta de la nave madre humana. Pero como ya he dicho, cualquier limitación quedaba compensada por la historia que claramente recordaba a la maravilla de culto Infierno en el pacífico. La relación entre los protagonistas pasa por la tensión, las luchas, y el humor, rasgo inequívoco de que la productora dirigía el film al público más amplio posible. En realidad todo va más o menos bien hasta que... bueno, digamos que la segunda parte del film se vuelve demasiado maternal para mi gusto.

Aparte de Dennis Quaid, quien obviamente interpreta al humano, el reparto se completaba con el inefable Louis Gosset Jr. quien se enfundaba en el traje-pijama escamado del Drac, y a quien debemos el toque de "esputo to be" del lenguaje Drac. De hecho probablemente el bueno de Gosset Jr. tuvo en el Drac el mejor papel de su vida, pero le tocó llevar máscara. Brion James, uno de los tipos más inquietantes de los 80, y que se ganó la inmortalidad por un test sobre tortugas y desiertos, pone el lado malo de nuestra raza en la figura de un minero que llega al planetoide con sus malcarados compañeros mineros y un grupo de esclavos Drac a su cargo. Y a pesar de la alta tecnología, nada mejor que un látigo de toda la vida para meter en vereda a los pobres Dracs. Y es que Raíces profundas no habría logrado un gran drama con cacharros de descargas eléctricas. El látigo siempre implica tensión y gallina en piel.

Enemigo mío es una película correcta que satisfará a unos y quizás aburra a otros, y en este caso ambas respuestas serían comprensibles. A pesar de un final azucarado como pocos seguido de un clímax espiritual jipiesco, el film merece al menos una oportunidad. Además, les dará un útil recurso, ideal para cuando vuestra pareja os pregunto aquello de "¿qué tal he estado?" o aquello otro de "¿crees que estoy gorda?". En momento tan crucial, suelten una de las míticas frases de la peli, por ejemplo, "Dios santo, ¡habla Drac!". El lapso de confusión debería servirles para urdir una respuesta satisfactoria, si es que dicha panacea existe, o cambiar de tema y sortear a Damocles con una finta que ni el cabrero Garrincha.

6 comentarios:

GINEBRA dijo...

jajajajaja, pués si fue la primera vez que pudiste contemplar unos pechos en la gran pantalla, seguro que por éso lo recuerdas...No la he visto, Möbius, pero las de ficción no suelen gustarme mucho y los pechos no me entusiasman (yo ya tengo dos, jajjajaja). Lo que si me gusta es como nos cuentas su trama y nos hablas de los actores...
Hoy voy a ver el Gran Torino, de Eastwood, ya te cuento. Besos.
p.d. te contesté en mi blog a tu pregunta. Soy yo en un chiringuito de Cádiz (Conil) este verano.

Möbius el Crononauta dijo...

Eran pechos con encaje, pero pechos al fin y al cabo, y gigantes... desde luego que el momento se me grabó a fuego. Bueno, que no entusiasmen los pechos no quiere decir que ésta de sci-fi no pudiera resultarte interesante. Prueba a ver.

Eres doblemente glamurosa, tanto por la foto como por ir a ver Gran Torino. Yo espero poder ir pronto. Uno de los acontecimientos del año, sin duda.

marguis dijo...

Esta película está en mi lista de mejores películas malas de ciencia ficción.
Tiene encanto, y ese tipo de argumento universal, copiado luego en unos cuantos episodios de Star Trek y de Stargate...
Y como buena fan de la ciencia ficción, te diré que la peli se basa en un relato corto ganador del premio Hugo (los oscars de la ciencia ficción literaria), y que es una adaptación bastante fiel, con todas las limitaciones que eso implica, el espíritu de pacifismo está ahí... aunque el final cambia un poco... el resultado es el mismo.

:)

Lillu dijo...

Oh, yo tengo un recuerdo buenísimo de esta película, pero claro, debe hacer 15 años que la vi. Tiene unos toques muy característicos de la ciencia ficción ochentera de entonces (poca y justita de medios, pero decente) y eso hace que tenga mucho encanto. A ver si la encuentro para revisarla :)

saluditos!

Marc Monje dijo...

Muchas, muchas ganas me han cogido de ver Enemigo mío.

Tienes razón, con el tiempo se descubrió que Dennis Quaid era un cero a la izquerda.

¡Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Marguis: una de las mejores películas malas de sci-fi... curiosa manera de definirlo, no está mal. Conozco los premios Hugo. Debe ser (o solían ser al menos) uno de los premios más consistentes de mundo.

Lillu: nunca está de más revisar, y ver qué efecto produce.

MarcMonje: pues échale un vistazo y me cuentas. Sí, el pobre Dennis no era un actorazo que digamos.