lunes, 23 de febrero de 2009

Dos lugares del 23-F


Me sorprendía (o quizás no) el otro día viendo unas imágenes que no había contemplado del ex-guardia civil Antonio Tejero visitando el Valle de los Caídos un 20 de noviembre, lo que me hizo pensar que a veces la cárcel no parece cambiar mucho a la gente, o su ideología al menos. Mis neuronas más irreverentes e irresponsables también me hicieron pensar que sería interesante ver algún telediario junto al golpista, sobretodo cuando salga Carod Rovira o alguien así. Debe ser una mezcla entre el humor y lo terrorífico.

Pero mi reflexión de hoy viene al caso de los diversos programas que estos días se han dedicado al fallido intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Raro es el año que no cae algún documental a modo de efeméride, y la verdad es que personalmente la Transición me parece uno de los períodos más interesantes de la historia reciente de España. Es una lástima que aquí no haya una tradición de dramatizar hechos así, porque esos años darían para varios Todos los hombres del presidente, o para teorías conspiranoicas a lo JFK. Sin embargo tenemos que lidiar con teledramas de vodevil donde sólo ha faltado poner una coronilla de santo encima de la cabeza del interfecto. Y, dejando de lado el debate sobre la validez de la historia oficial, un guión se puede ceñir a ella sin pasarse. Al menos se agradece que los golpistas no hayan sido retratados con excesivo aire de villano de opereta. Pero estoy divagando.

De lo que quería hablar hoy es de algo que realmente me fascina. Bueno, la historia en sí para empezar. Pero también la idea de la historia vista como un polvo invisible que cubre las calles y edificios de nuestras ciudades y pueblos. En la mayoría de los casos uno va pendiente de sus asuntos y no le dedica muchos pensamientos al pasado, o simplemente desconoce lo que ocurrió en tal calle o edificio. Y es que sin saberlo uno puede estar tomándose un café en un lugar que pudo albergar acontecimientos de los que llegan a cambiar el rumbo de la historia.
Respecto al 23F, hay lugares cuya relevancia histórica es obvia, sean los estudios de Prado del Rey, la Zarzuela, el Congreso o la Capitanía General de Valencia y sus calles principales. Pero hay otros más cotidianos que formaron parte de aquellos hechos y que el tiempo ha hecho olvidar.

Dicha reflexión viene al caso de algunos sitios que podrían ser un buen ejemplo de cómo cambian los tiempos, y en el caso de España, para mejor. Y, claro está, la mayoría de dichos lugares (con respecto al golpe de Estado) se encuentran en Madrid. Pongamos por caso un establecimiento que tal vez los lectores madrileños conozcan o incluso hayan visitado, el Van Gogh Café. Situado cerca de la Universidad Politécnica, anteriormente fue el Café Galaxia, y en sus establecimientos se reunieron en 1978 Antonio Tejero con militares como Ricardo Sáenz de Ynestrillas para planear uno de los varios intentos de golpes abortados en los años previos al 23F, y que fue bautizado como "Operación Galaxia" debido al nombre de la cafetería. Imagino que el mobiliario y la decoración habrán cambiado, pero seguramente la mayoría de universitarios que pasen por allí a tomarse algo desconocen el dato.

O, en otro caso, podría darse el caso de que algún lector madrileño residiera en o cerca de la calle General Cabrera, donde el 18 de enero de 1981 se reunieron los golpistas (entre los que se contaban los generales Milans del Bosch, Alfonso Armada y Carlos Alvarado Largo, por citar algunos nombres) para ultimar los detalles de la sonada. ¿Quién sabe quién ocupará ese piso ahora?

Obviamente, cuanto más grande es la ciudad, mayores son los rincones con historias que contar, y las capitales como Madrid tienen miles en cada esquina. Estos son simplemente un par de ejemplos del bonito entretenimiento que puede ser pasear por las calles con la memoria histórica (término ciertamente desvirtuado hoy en día) a pleno rendimiento. Pero esto sólo solemos hacerlo cuando vamos fuera. Es como los museos. Repletos de foráneos, y con tan sólo algún oriundo despistado.

11 comentarios:

M.I. dijo...

Buenísimo el artículo. Buenísmo!!!!
Plas, plas, plas (éstos son mis aplausos, jajaja).
En fin.... yo entiendo que gente como Tejero, o como algún abuelo (alguno quedará) que fuera en la Guerra en el bando de los "nacionales", siga teniendo nostalgia por el Cara al sol. Pero.... que gente de 20 años, de 18 años, se vayan a la catedral de Albacete a seguir una misa por Franco..... ¡¡¡¡eso sí que no tiene nombre!!!. A todos esos me los llevaba yo a mi pueblo a vendimiar, 12 hora de luz, sin comer y sin agua, como en el año 45; para que se enteren de lo que era realmente el Cara al sol.
De verdad, es que es INDIGNANTE.

Una senderista. dijo...

Me parece curioso lo que comentas en tu post, los lugares cambian de nombre y ocupantes, pero el sitio sigue siendo un punto histórico aunque muchos no lo reconozcan o no quieran hacerlo.
Lo que dice M.I. bueno, cada cual le toca vivir la época que le toca y es libre de ir a donde le plazca si con ello no daña a otros, algunos les gusta cantar la Internacional a otros el Cara Al Sol, eso se llama democrácia, no indignación

RAÚL dijo...

desconocía que una operación que puedo haber cambiado el curso de nuestra historia (menos mal que resultó una chapuza monumental) tenía el nombre de la cafetería de las reuniones de aquellos salvapatrias. me gustan los episodios intrahistóricos, que diría unamuno.

supersalvajuan dijo...

La historia de España es una historia de pronunciamientos.

GINEBRA dijo...

Muy interesante este post histórico. Ciertamente hay lugares célebres donde se han fraguado hechos o confabulaciones que han generado sucesos de envergadura como el complot nazi contra la República de Weimar en la Alemania de los años veinte. En una cervecería concretamente... Hitler dió con sus huesos en la cárcel, poco tiempo por intentod fallido de golpe de estado a "golpe de cerveza de la buena", prost!!!!
La historia es interesantísima y no porque sea lo que estudié y me da de comer, es que es nuestra vida, como dices cualquier cosa que nos rodea está cargado del polvillo de la historia...
No he visto la serie de 23F, yo prefiero un buen documental bien hecho, no me fío de las series españolas nada de nada, en éso no somos como los americanos... en fín... que me enrollo más de la cuenta. Besos

Perem dijo...

Muy bueno lo que cuentas sin duda, pero deja que tome la licencia de cambiar de tema, y celebrar, aunque al final no le hayan dado el Oscar, el regreso de Mickey Rourke. Un regreso a lo grande.

Ayer pude ver la peli y te aseguro que su actuación es brutal, impresionante.

Un saludo.

David dijo...

jajajajaja. Menos mal que los analfabetos no triunfaron. ¿O sí? Así nos va, hijo mío.
Saludos!

saroide dijo...

qué BUENA entrada, Moëb; me ha dado que pensar.

Daniel Rivas Pacheco dijo...

Es curioso pensar en la importancia que en nuestro país han tenido los bares. Que si el bar donde se fundó el PSOE, que si el Café Gijón y el bar de Madrid donde hay una placa a Valle-Inclán -no recuerdo el nombre-

Aunque nunca hay que olvidar las cervecerías de Munich, xD.

Buena entrada, prometo pasarme por ese bar y, a la entrada, poner mi voz de sapiencia y contar esta anécdota

Guillermo Rivas Pacheco dijo...

Sin duda esta pequeñas anécdotas son las que dotan de chispa y gracia a la historia. Buen post

Noemí Pastor dijo...

Si te hubiera tenido de profe de historia, otro gallo me habría cantado. Ese brote de fascinación como la tuya la sentí yo en Berlín: allí sucedieron los telediarios de mi infancia.