jueves, 8 de enero de 2009

Doce hombres sin piedad (1957)

Hay modas pasajeras, éxitos pasajeros, trabajos intrascedentes. Hay grupos de una sola canción, y grupos de vastas discografías. En el cine ocurre lo mismo. Hay, por ejemplo, directores que por una sola película merecen un lugar en la mesa de los grandes del cine. No es exactamente el caso de Sidney Lumet, director que tiene en su haber excelentes films, pero también tropezones que le han apartado del grupo de los pezzonovantes. Pero aunque Lumet hubiera desaparecido de la faz de la Tierra tras haber rodado Doce hombres sin piedad, sólo por esta película merecería ser recordado.

Doce hombres sin piedad fue, además, uno de esos formidables debuts (tanto por cuestiones artísticas como por notoriedad) que pocas veces se dan en el cine. Evidentemente no surgió todo de la nada, y Lumet ya llevaba casi diez años dirigiendo en la televisión. De hecho fue para uno de los programas en los que trabajó, Studio One, que el escritor Reginald Rose escribió 12 Angry Men, emitida en septiembre del 54. De la televisión pasó al teatro con notable éxito. El lógico siguiente paso era el cine.

El propio Rose se encargó de la producción, en la cual participó también Henry Fonda, a quien la United Artists quería también como actor principal. Sin embargo el actor no quedaría contento con la experiencia y no volvería a producir ningún otro film.
Para el resto de los once miembros del jurado se escogió a actores de carácter del cine y la televisión. De la grabación televisiva sólo repitió George Voskovec como el jurado número 11, el extranjero nacionalizado. Aparte de Fonda destacan nombres de grandes secundarios como como el de Martin Balsam, Ed Begley (que parece que sirviera de inspiración para el personaje de Los teleñecos Sam the Eagle), Jack Warden o Jack Klugman, quien por cierto es el único miembro del jurado que sigue entre nosotros. Como el jurado número 3, en cierta manera el oponente de Fonda, fue elegido Lee J. Cobb, lo que a la postre fue uno de sus trabajos más recordados.

La trama de Doce hombres sin piedad no podía ser más simple: doce miembros de un jurado se encierran en una sala para decidir la culpabilidad o inocencia de un joven de los suburbios al que se acusa de haber apuñalado a su padre. Todos son hombres distintos, con distintos trabajos y de distintas procedencias. Pocas cosas tienen en común, salvo, quizás, cierta susceptibilidad, y la convicción de que el chico es culpable. Tan sólo uno de ellos, el jurado número 8 (por supuesto, Fonda), decide dar un voto de confianza al chico, alegando que tiene dudas razonables sobre su culpabilidad. Comienza así una larga pugna verbal entre cuatro paredes buscando dilucidar la verdad.

La película iba a tener mucho de teatral. Se rodaría todo en un mismo interior, y Lumet pensaba utilizar largos planos en los que los actores debían aprenderse largas líneas de diálogo. Por tanto Lumet hizo mucho hincapié en los ensayos, que solían durar casi todo el día. Fue agotador pero sin duda debió de ayudar a los actores a meterse en sus papeles. En comparación, el rodaje fue rápido e indoloro.

Aunque se ha acusado (probablemente con razón) al guión de emplear algún que otro truco para ayudar al personaje de Fonda, el resultado es escandalosamente óptimo. La estupenda materia prima no fue desaprovechada y Lumet logró extraer de sus actores excelentes interpretaciones y dotar al film de un ritmo que, una vez pasados unos 20 minutos que sirven como introducción a los personajes, acelera la marcha con la precisión de un deportivo, una vez que el jurado número 8 saca de su bolsillo una navaja. La película le mantiene a uno pegado a la pantalla hasta el final, y el resultado es tan bueno que Doce hombres sin piedad permite múltiples revisiones sin problemas. Esto es material del bueno, amigos. Y si no me creen... juzguen ustedes mismos.

13 comentarios:

sylvia dijo...

Totalmente de acuerdo...buenísima peli, de esas que atrapan desde el principio!

LoRbAdA dijo...

Pues no me escupais pero... ¡TODAVIA NO LA HE VISTO! Una asignatura pendiente más.

manurhill dijo...

Grandísima película, sí señor.

Saludos

saciuf dijo...

Magnífica peli, tendré que pegarle un nuevo vistazo ;)

GINEBRA dijo...

Estoy de acuerdo contigo, es muy interesante el guión (me gustan las pelis de jurados y juicios, si están bien hechas, claro) Fonda está creíble. Lumet me gusta bastante, aunque es cierto que tiene algún patinazo formidable también. Yo creo que es la pela, como le ocurre a Spilberg, cuando necesitan pelas hacen unos bodrios que ni te cuento, pero luego pueden hacer CINE con mayúsculas. Por eso nunca me defraudan ni los Coen ni Eastwood, quizá es pasión desbordada, pero rayan la perfección. Besos

elprimerhombre dijo...

Opino igual que tú, obra maestra rotunda. Los actores, la puesta en escena, los diálogos..todo es casi perfecto, y digo casi por lo bien que has comentado de lo del guión. Yo creo que el problema que tiene el personaje de Lee J. Cob con su hijo está demasiado utilizado para que al final Fonda se salga con la suya. Pero esto no quita que este film valga la pena verlo las veces que vengan en gana. Soberbia ópera prima. Un saludo!

Akeru dijo...

Yo me sigo preguntando, ¿por qué hoy en día no hacen este tipo de cine?

Ah, la época dorada, cuando los actores eran dioses y jamas salían en chandal en las revistas...

Y los guiones no solo existían, sino que muchas veces eran incluso buenos...

Que tiempos...

Besos, querido.

Nina la ratona dijo...

Ayúdame! me he vuelto de esas que ven series...

Noemí Pastor dijo...

El otro día 39 Escalones hablaba de "El diablo sobre ruedas" y digo lo mismo de ésta: una de esas pelis que hacen nacer y renuevan el amor por el cine.

Angus dijo...

Puta Obra Maestra.
Por cierto, mi hermano suele hacer un crossover con otro título convirtiéndola en 12 monos sin piedad...

Möbius el Crononauta dijo...

sylvia: lo mismo pienso yo. Es adictiva.

Lorbada: no te escupiremos, ¡pero ponle remedio!

manurhill: todo un clásico, un saludo.

Saciuf: yo nunca me canso de verla.

Ginebra: a mí las de juicios me gustan tanto que me trago incluso pelis cercanas al bodrio.
Los Coen sí me han decepcionado en una ocasión; Clint no lo ha hecho nunca, porque es Dios.

elprimerhombre: a mí la primera vez me impactó mucho ese derrumbamiento, aunque es cierto que es otra pequeña ayudita, que en realidad no tiene más importancia.

Akeru: eso nos preguntamos muchos. O por qué tampoco se está siquiera ni al nivel de los 70. La verdad está ahi fuera, supongo...

Nina: ¿y en qué te puedo ayudar? ¡Yo tengo mil series pendientes!

Noemí: para mí esta película es una de las causas directas de mi amor por el cine clásico.

Angus: o 12 monos del patíbulo...

Adrian Vogel dijo...

Un clásico entre los clásicos

Fantomas dijo...

Excelente película que por lo menos he visto 4 veces. Y creo que el remake donde participa Jack Lemmon lo he visto otras 2 (es bastante bueno por lo demás, aunque prefiero la original).

Saludos.