martes, 30 de septiembre de 2008

Porco Dio, 44 tiene la Bellucci



¿Habrá guardado el American Film Institute para la posteridad muchas películas de Monica Bellucci? Tal vez no, pero la belleza de Umbria cumple hoy años, y de la forma más vil aprovecharé para colgar una gratuita foto de la actriz, así, sin más. Qué bien hizo Terry Gilliam en incluírla en el reparto de Los hermanos Grimm.

Aqui un amigo (1981)

Si Billy Wilder siempre negó que Aquí un amigo fuera pionera en el género de comedia con asesinos, no cabe duda de que al menos fue la mejor. Reuniendo de nuevo a una de las parejas con mejor química de la historia del cine, Jack Lemmon y Walter Matthau, el director se reunió una vez más con colega I.A.L. Diamond para crear un guión inspirado por la película francesa L'emmerdeur y la obra de teatro en la que ésta estaba basada.

Como suele ocurrir con las historias de corte teatral, la de Aquí un amigo se desarrollaba en su mayoría en un espacio limitado: la habitación de un hotel. Hospedado en ella se encuentra Trabucco, un cansado asesino a sueldo que sueña con retirarse, y al que la Mafia ha encargado deshacerse de un importante testigo. Pero el profesional no contará con que el inquilino de al lado, Victor Clooney, le ponga las cosas difíciles con sus inclinaciones suicidas.

Con el personaje de Clooney Jack Lemmon retomaba ese tipo de papeles que llevaba más allá de lo divino, haciendo del hombre nervioso y fatalista en permanente crisis todo un icono cinematográfico. Matthau ponía, como siempre, el contrapunto a Lemmon con un Trabucco oscuro, duro, y repleto de humor negro y la mejor ironía de la que eran capaces dos guionistas de lo más veteranos.
Y es que a finales de los 70 el Hollywood que había visto brillar la carrera de Billy Wilder ya no existía. Mientras películas como Star Wars barrían en taquilla y discípulos aventajados como Woody Allen gozaban del favor del público y la crítica, la historia sobre una Garbo ficticia que narraba Fedora no pareció interesar a nadie. Ese fracaso debió pesar en la elaboración de un guión que por momentos parecía olvidarse del "toque Lubitsch", algo realmente extraño en un admirador ferviente del alemán como era Wilder.

Desde luego la genialidad de Wilder y Diamond seguía ahí, pero no deja de resultar chocante que por primera vez se hicieran referencias sexuales explícitas, se usaran insultos de gran calibre y se hicieran chistes sobre porros. Parece que Wilder estuviera intentando conectar con el público joven que era cada vez más el que daba pingües beneficios a las productoras. Así resulta que Aquí un amigo mezcla fina ironía con humor de sal gorda, lo cual no es en realidad negativo, pero no deja de sorprender. Fue algo similar a lo que le pasó a Hitchcock con Topaz, cuando tuvo que cambiar el final a toda prisa para que la audiencia no prorrumpiera en carcajadas. Los tiempos, que había dicho Dylan, estaban cambiando.
Aquí un amigo no es una comedia tan brillante como En bandeja de plata o Con faldas a lo loco, ni es una máquina de precisión como Ninotchka, pero cuando hablamos de un gran director como Wilder y su gran sosias I.A.L. Diamond sobra decir que ésta es una comedia imprescindible que barre al 99% de todas las que se estén rodando en este momento. Lemmon, Matthau, qué decir de ellos, simplemente geniales. Y siempre es inquietantemente reconfortante ver en la pantalla al loco de Klaus Kinski, quien más allá de sus interpretaciones era todo un personaje en sí mismo.

Lamentablemente Aquí un amigo no funcionó en taquilla ni gusto a los críticos, con lo que un genio como Billy Wilder se tuvo que poner en barbecho esperando que alguna oferta interesante llegara a su despacho. Dicha oferta no sólo no llegó, sino que poco después I.A.L. Diamond dejaba a su compañero para siempre, reuniéndose con Lubitsch y otras tantas estrellas en el cielo hollywoodiense. El austríaco se vio forzado a retirarse, y tan sólo trató de volver al ruedo con La lista de Schlinder, aunque Spielberg se le adelantó y le contó el por qué de su gran interés en rodarla. Como buen caballero Wilder lo entendió, y tras ver la película aplaudió el trabajo del Rey Midas.

Así que si no han visto Aquí un amigo véanla, y si ya lo han hecho la revisan de nuevo. Y si algún "amigo" molesto llega de improviso a su pacífica isla de tranquilidad y sosiego, no duden en hacer como Matthau y pregunten: "¿Cuándo te vas?". Y si eso falla, recen por que haya un volcán cerca...

domingo, 28 de septiembre de 2008

El último golpe de Eddie Felson



Hoy es un día triste. Esos fabulosos ojos azules que nos dieron miles de sensaciones, esos ojos celestes que impidieron a Paul Newman ser piloto en el ejército, se han apagado para siempre. Uno de los mejores actores de todos los tiempos, una de las más grandes (y sorprendentemente sencillas) estrellas de Hollywood, se ha ido para siempre. Aunque lamentablemente se esperaba el fatal desenlace, no por ello deja de ser triste. Sólo deseo que se haya ido de este mundo tan feliz como nos hizo felices a nosotros, y que haya dejado sus sufrimientos para sus personajes. Hablar de su carrera en pocas líneas no haría justicia al mito, ni aunque se le dedicara un blog entero. Tan sólo queda poner esta noche alguna de sus películas, aderezar la cena con alguna de sus salsas y homenajear al gran Newman como se merece.




Adiós Paul, viejo amigo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Traffic

El joven prodigio de ojos de pez, Steve Winwood, al cumplir la mayoría la edad ya se había codeado con los grandes nombres del blues americano y pioneros del rock como Chuck Berry, y ya había saboreado la fama con Spencer Davis Group junto a su hermano Muff. Con una mente sedienta e inquieta, el joven prodigio de las guitarras, la voz y el teclado dejaba la banda en 1967 para unirse a dos ex-miembros de Deep Feeling, Dave Mason (guitarra y voces) y Jim Capaldi (batería, teclados, voces). El saxofonista y flautista Chris Wood completaba la formación. Tras tocar aquí y allá se retiraron a meditar al campo, donde galvanizaron ideas, se hicieron uno con el Universo y de donde salieron convertidos en Traffic, una de las bandas más musicalmente inquietas de la British Invasion.

Evidentemente el contrato discográfico no se hizo esperar. "Paper Sun", el primer single de la banda, una canción de pop psicodélico al estilo Beatles, constituyó un éxito inmediato, alcanzado el quinto puesto en las listas británicas. "Hole In My Shoe" y "Here We Go Round the Mulberry Bush" (escrita para una película), los dos siguientes sencillos de la banda, alcanzan también los primeros puestos de las listas.
Ese mismo 1967 llegaba Mr. Fantasy, el álbum de debut de Traffic. Las bellas melodías que impregnan el primer título del disco, "Heaven Is In Your Mind", seguían bajo la sombra de los cuatro de Liverpool, mientras que "Berkshire Poppies" tiene sonidos taberneros y un estilo Belle Epoque que se intercala con explosiones festivas como las que tenían compañeros como los Small Faces. La excéntrica "House For Everyone" tal vez no habría desencajado en un disco de Primus treinta años después, y "No Face, No Name, No Number" es una dramática balada de Capaldi y Winwood. "Dear Mr. Fantasy" y "Dealer" son dos de los cortes más rockeros del disco, al que sigue "Utterly Simple", una canción al estilo hindú de esas que tanto gustaban a George Harrison. "Coloured Rain" tiene un regusto de Beatles y los primeros Pink Floyd, "Hope I Never Find Me There" es otro tema dodne se deja ver el rastro de los Fab Four, y "Giving To You" comienza, como se hacía mucho en la época, con voces y ruidos para dejar paso a un instrumental de blues rock con teclados, à là Doors. Ésta era, básicamente la edición británica de Mr. Fantasy que alcanzó un meritorio octavo puesto. La edición americana, como era costumbre, sufrió algunos cambios, pero el impacto al otro lado del Atlántico fue menor.



Con una relación entre Winwood y Mason cada vez más tensa, éste último deja el grupo nada más perfilarse el disco de debut. Sin embargo el guitarra acabaría regresando para participar en el segundo trabajo de la banda, Traffic, donde firmó la mitad de las canciones del álbum, empezando por la magnífica composición que abría el disco, "You Can All Join In", un auténtico antidepresivo. "Pearly Queen" es un tema de Winwood y Capaldi que confirmaba la tendencia de la banda a dejar atrás la psicodelia made in Sgt. Peppers y acercarse al sonido negro de amiguetes como Clapton. "Don't Be Sad", "Who Knows What Tomorrow May Bring", "Vagabond Virgin"... el resto del disco estaba repleto de buenos temas que hacían de Traffic un trabajo aún más redondo que el primero. Aunque si hubo un tema inmortal en ese disco fue el "Feelin' Alright?" de Mason, quien parecía haberle ganado la mano al propio Winwood y el resto de la banda en el apartado compositivo. La lucha de egos no podía durar demasiado, y tras una primera gira por los Estados Unidos Mason acabaría fuera del grupo. Aprovechando las migajas de la banda en descomposición la discográfica editaba Last Exit, un disco que combinaba descartes del estudio con temas grabados en el Fillmore West durante la gira americana.

Mientras Capaldi y Wood iniciaban algunos proyectos sin demasiado éxito, Winwood se unía a su amigo Clapton y al rojizo Ginger Baker para formar el estupendo combo Blind Faith, de corta vida pero con tiempo suficiente para dejarnos un magnífico disco. Tras la disgregación del supergrupo Winwood comienza a trabajar en un disco en solitario al que no tardarán en agregarse Capaldi y Wood. Los tres músicos traficantes ya se habían visto las caras en las sesiones del Electric Ladyland de Hendrix, y el que iba a ser un solo album se convierte en el cuarto disco de Traffic.

John Barleycorn Must Die está considerado el mejor disco de la banda. En mi gusto personal situaría quizás el disco homónimo en ese primer puesto, pero quien desee introducirse en la música de Traffic, en los Traffic de Winwood sin Mason, seguramente tendrá en este cuarto álbum una excelente llave de entrada. Más vientos, temas instrumentales más largos, mayor influencia de jazz y blues... Winwood y Capaldi dan rienda suelta a sus inquietudes y deseos por experimentar, americanizándose en el proceso. Las influencias británicas quedán más atrás que nunca (aunque no dejen atrás las flautas que les unen con Jethro Tull), con lo que no extraña que en 1970 John Barleycorn Must Die sea el primer disco de Traffic que realmente llegue a tener un impacto serio en los Estados Unidos. "Freedom Rider", "Stranger To Himself", "Every Mother's Son"... un disco de lo más completo que en su reedición en CD recuperó varios temas descartados y un par de cortes en vivo, mejorando aún al LP original.

Un año después se publica el directo Welcome To The Canteen, donde a los pesos pesados de Traffic se unen unos cuantos músicos de sesión y Dave Mason, de nuevo de regreso, que aporta dos composiciones que se juntan a las de propio grupo y al clásico del Spencer Davis Group "Gimme Some Lovin". Publicado por alguna razón con el nombre de los componentes en la portada, y una pequeña referencia a Traffic en la contraportada, el directo es un álbum de transición tras el cual Mason se despide definitivamente, dejando a una ampliada banda de músicos que enriquecerán el sonido del siguiente disco de estudio de Traffic, The Low Spark of High Heeled Boys. El álbum sigue la misma pauta que John Barleycorn Must Die. El folk, el jazz, el blues y el rock se combinan de nuevo en las manos de Winwood, Capaldi y Wood, confirmando el permanente estado de gracia del grupo. "Hidden Treasure" podría haber sido firmada por el mismísimo Ian Anderson, mientras que el largo tema que da título al disco se deja llevar por el sonido y la improvisación del jazz. "Rock and Roll Stew" (fruto de dos de las nuevas incorporaciones, Ric Grech y Jim Gordon) es un rock negro de los de banda sonora de blaxploitation, y "Many A Mile To Freedom" y "Light Up or Leave Me Alone" son dos de los mejores temas de rock de Traffic. Síntoma del rumbo que estaba tomando la banda The Low Spark of High Heeled Boys fue un éxito en los States mientras que en Gran Bretaña no alcanza los diez primeros puestos.

Que Traffic era cada vez más el juguete de Winwood se confirmó cuando Capaldi, junto a Grech y Gordon, abandonó el conjunto. Sigue pues un período de reorganización durante el cual Winwood colabora en sesiones allá y acullá, destacando sus aportaciones a trabajos eléctricos de Howlin Wolf y Muddy Waters. En 1973 unos remozados Traffic vuelven al ruedo con Shoot Out A The Fantasy Factory, que repetía la elaborada presentación 3D del cartón de su antecesor, aunque no lograba igualarlo en el plano musical, aunque de nuevo el disco se vendió bien en América. When The Eagle Flies llega en 1974, tratándose de otra obra menor, y constituyendo el último álbum de la banda hastsa la reunión de Winwood y Capaldi en 1994. Con un Winwood con la cabeza en otro sitio y un Chris Wood sumergido en la adicción al alcohol (el pobre Chris no llegaría a 1984) la banda decía adiós. Steve Winwood se dedicaría a su carrera en solitario y a colaborar con amiguetes, aunque su pasado pesa demasiado sobre una trayectoria que cosechó muchos éxitos, pero que iba por otro camino. Traffic quedó para la historia como un grupo que subo hacer de la experimentación un arte, regalándonos grandes pasajes de música.

Sesenta mil

Increíble, de un tiempo a esta parte se han incrementado las visitas notablemente (doscientas y pico al día, según el GoogleAnalytics), y si ya aluciné cuando llegaron a 50.000, la rapidez con la que ha llegado a 60.000 ha sido pasmosa. Cuando llegue a cien mil tendré que montar un sarao de alguna forma o algo.
De momento agradeceros a los habituales, no tan habituales y anónimos vuestros comentarios, y saludar a aquellos que se pasan siempre por el blog aunque nada comenten, que sé que alguno también hay. El tener lectores habituales es realmente gratificante. Hayan o no babosas de control mental de por medio como las que salen en Futurama, pues sirva esta entrada para hacer público mi agradecimiento y mi, cmoo diría Su Majestad, honda satisfacción.

Había pensado dejar alguna golosina como regalito para descargar, alguna recopilación propia o algo, pero al final he sido más vaguete y os remitiré a un estupendo blog del que todas formas quería hablar tarde o temprano.
Para los rockeros/as más curiosos/as (jóvenes y jóvenas, miembros y miembras, etc!) el blog ChrisGoesRock es imprescindible. Algún sueco loco está realizando una labor encomiable rescatando (como hago yo de forma muchísimo más modesta) grupos y discos perdidos en el tiempo, de los 60 y 70 principalmente, ahondando en varios estilos (sobretodo blues rock, psych rock, psicodélico, rock progresivo y clásicos del blues) y acompañando los textos con los discos listos para descargar, recomendando siempre que si se tiene la oportunidad se compren como se ha hecho toda la vida. A cambio el tal Chris pide alguna donación o como mínimo un comentario de agradecimiento. En resumen, un blgo estupendo para hacer arqueología rockera.

Espero que os guste el enlace. Yo me despido con un nuevo thanks a lot.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Noches de verano

Cómo pasa el tiempo... cuando flipaba de pequeño con Grease nunca hubiera podido pensar que la guapa y cantarina Olivia Newton-John cumpliría sesenta años... claro que tampoco imaginaba ver a John Travolta con barriga, o a mí planteándome algo en la vida que no fuera elegir entre He-mans o GI Joes... y es que entre tanta felicidad en forma de musical hasta a Sandy y Danny se les acababa el verano. Ah, ¿por qué no podrá ser siempre verano?

Bueno como pequeño homenaje a la Newton y a Grease ahi va el sempiterno "Summer Nights" (en formato Lego, para variar un poco), con Sandy y sus amigas hablando de lo caballeroso y estupendo que era el veraniego Danny Zucco (¿siguen siendo tan noñas las conversaciones de chicas sobre chicos?) y Danny y sus drugos hablando, cómo no, de guarradas. Y el apoteósico gran finale rompecristales que sólo puede ser apreciado en su verdadero esplendor en un 5.1 Surround de ese... pain pain killer killer!

Charly (1968)

Partamos de la premisa, con la que muchos hombres han estado de acuerdo a lo largo de la historia, de que el tonto, el bobo, el ser que no parece darse cuenta de lo horrible del mundo, de sus burlas, es más feliz que el común de los mortales. Podríamos decir que ésta es una cuestión para la filosofía. Una segunda aproximación a esta película sería el comentar los límites de la ciencia, y cuánto hay en ella de verdadero altruismo y no de satisfacción personal.

Basada en el excelente libro Flores para Algernon de Daniel Keyes, Charly fue un proyecto por y para Cliff Robertson, quien se hizo con los derechos de la historia tras interpretar el papel de Charly Gordon en televisión. Desde luego la jugada le salió bien porque acabó llevándose la estatuilla al Mejor Actor. Aunque todos sabemos de la predisposición de Hollywood a galardonar este tipo de papeles dramáticos con algún tipo de tara, no hay que negar que Robertson hace un buen trabajo.

Retomando la premisa del principio, Charly es la historia Charly Gordon, un tipo de 32 años, un retrasado con bajo coeficiente intelectual que trabaja en una panadería donde es constante objeto de burlas y bromas por parte de sus compañeros. Sin embargo Charly responde a ellas alegremente, tal vez porque se quede con la forma y no con el fondo. Por las noches Charly acude a las clases nocturnas para adultos de la bella Alice Kinian, trabajando duro para intentar mejorar sus capacidades. Como le dice a la profesora Kinian, Charly tan sólo quiere ponerse al nivel de los demás. Mientras todo eso ocurre, un ratón de laboratorio, Algernon, es sometido a una cirugía experimental que incrementa su inteligencia. El pobre Charly verá como el nuevo Algernon le derrota en las pruebas a las que son sometidos ambos. Los científicos buscan una cobaya humana, y el elegido será Charly.

Evidentemente tras ver la película cada uno extraerá sus propias moralejas. Para mí una de ellas es que la inteligencia es un arma de doble filo. Cuando Charly responda al tratamiento verá que los que creía sus amigos no hacían más que convertirle en objeto de entretenimiento; que sus crecientes sentimientos hacia la señorita Kinian serán demasiado complejos para asumir de un solo golpe, y que, en definitiva, el mundo apesta. Una segunda moraleja sería que en ocasiones la ciencia parece pasar por encima de sentimientos con tal de lograr epatar al mundo científico, o al menos eso es lo que ocurre en Charly.

¿Por qué la gente nunca se atrevería a reírse de un cojo o un ciego pero se ríe de un idiota? Esa es la pregunta que se hace un cada vez más lúcido Charly, a la par que descubre que el mundo está podrido, y que el género humano dista mucho de ser grandioso. Cuando sea presentado ante una granada audiencia de científicos, un rabioso Charly descargará su tenebrosa visión de la humanidad en sus respuestas a los científicos. Más guerras, más armas, niños siendo educados por la televisión... nada nuevo bajo el sol.

Repasando la filmografía de Ralph Nelson me da la impresión de que es un director que siempre se queda a medias. Tic, tic, tic es una película endeble que trata de seguir la estela de films como En el calor de la noche, y que se mantiene tan sólo por el buen hacer y el carisma de sus protagonistas. El atípico western Soldier Blue, aunque mejor, no invita a varias revisiones. Sus películas resultan demasiado mundanas, y Charly no es una excepción. Seguramente un John Huston habría sido capaz de sintetizar todo el dramatismo de la novela en apenas una hora y cuarenta minutos, pero a Nelson se le escurre entre los dedos mucho de la evolución del personaje de Charly Gordon, quedando la película más en el ámbito del melodrama televisivo que del gran drama que hubiera debido ser. Además algunos de los irritantes tics poppies tan típicos de muchas producciones de la época usados en secuencias que resumen parte de las vivencias de Charly no ayudan nada a la historia. Que de la banda sonora se ocupe Ravi Shankar es buen ejemplo de lo que trato de decir.

Con todo, la historia de Flores para Algernon es tan irresistible que sólo por ella y el buen hacer de Cliff Robertson la película sigue siendo interesante. Que la poco efectista (aunque sea quizás de recurso fácil) escena en la que Charly hace callar a un bar repleto de risas ayudando a recoger lo que un camarero de pocas luces ha tirado sea de las mejores de la cinta muestra por donde debería haber sido conducida la película. Como film, Charly es un film fallido en varios puntos, pero en otros sigue teniendo gran vigencia. No es éste, desde luego, uno de esos casos en que la película mejore en modo alguno a la novela. Pero quien no disponga de tiempo para leerla o para buscarla, o quien desee acercarse primero a la trama a través de una película, Charly no es mal substituto. De todas formas la hermosa novela de Daniel Keyes es de lectura imprescindible.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XIX)

The Damnation of Adam Blessing

Como ocurre muchas veces en los nacimientos de algunos grupos, The Damnation of Adam Blessing surge en Cleveland tras la unión de dos bandas agonizantes. En 1968 el vocalista Adam Blessing (tras el que se esconde un tal Bill Constable), los guitarristas Jim Quinn y Bob Kalamasz, el bajista Ray Benich y el batería Bill Schwark se unen para dar rienda suelta a sus influencias de la British Invasion y las bandas psicodélicas de la Costa Oeste. Tras un intenso período de conciertos la banda consigue un contrato discográfico con la United Artists y en poco tiempo lanzan su debut, titulado como el grupo, The Damnation of Adam Blessing. Aunque escuchando la primera canción, "Cookbook", a uno le vengan a la cabeza grupos como Steppenwolf, el sonido de la banda va sobretodo en la onda de Byrds, Moby Grape y demás grupos de la Frisco Bay, aunque en sus momentos más duros nunca dejan de emparentar su sonido con el de las huestas de John Kay.
Una de las más emocionantes versiones de "Morning Dew" que haya oído acompañada por canciones de sonido ácido como "Last Train To Clarksville" o "Hold On" dan forma a un estupendo disco de debut, donde destaca también una versión del clásico de Willie Cobbs "You Don't Love Me".

Al LP de debut le siguen una gira con The Faces y el poderoso disco Second Damnation, y en 1971 Which Is Justice, Which Is The Thief?, publicado bajo el nombre de Damnation. Por entonces Schwark deja la banda, siendo sustituído por el hermano del vocalista, Ken Constable. Con una pizca más de sonido negro la banda se renombra como Glory, sacando un disco homónimo en 1973, aunque en recientes reediciones el disco se puede encontrar bajo el nombre de Damnation of Adam Blessing. Tras publicar ese álbum la banda se separaría.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

What's My Line

Uno de los programas por excelencia de la parrilla televisiva norteamericana, What's My Line se emitió originalmente en la CBS entre 1950 y 1967. Un grupo de cuatro famosos, más o menos estables, concursaba para adivinar la profesión de un concursante mediante preguntas de "sí" o "no".
El concurso presentaba una prueba especial en la que el panel de famosos, con los ojos vendados, tenían que adivinar la identidad de un invitado especial, siempre una celebridad. Lo más granado del stardom estadounidense e internacional pasó por el concurso. La idea daba mucho juego, y no es de extrañar que cierto presentador español la tomara para su programa.

Ahi van cuatro ejemplos con Alfred Hitchcock, haciendo gala de su particular humor inglés; Groucho Marx, sembrando el caos; Jimmy Stewart, tan galán como siempre, y Salvador Dalí, quien por supuesto no duda en afirmar que es un líder y muchas cosas más.







martes, 23 de septiembre de 2008

Mickey Rooney, 88 años

88 años, de los cuales casi 80 han estado dedicados al cine. Lejos quedan sus comienzos bajo los auspicios del dibujante de tiras cómicas Fontaine Fox, y su gran triunfo en Hollywood tras El honor de la familia, encarnando a Andy Hardy, un joven travieso que encadiló al público. Su carrera siguió ascendiendo, actuando junto a jóvenes promesas como Elizabeth Taylor o Judy Garland, hasta que finalmente se hizo adulto, se marchó al servicio militar, y a pesar de que nunca ha dejado de trabajar, su estrella irremediablemente se fue apagando. Aunque su principal labor siempre ha sido como actor, ha sido director, productor y guionista.
Probablemente sus films de niño prodigio hayan quedado desfasados, y tal vez su carrera de adulto no haya sido un portento, pero, contando con la ventaja de haber empezado muy joven, Rooney es uno de los pocos iconos del Hollywood de los grandes estudios que quedan vivos. Sigue en activo, y siempre ha trabajado allá donde le llamen. De vez en cuando algunos le veíamos en breves escenas de películas como Erik el vikingo o en la alucinógena y aburrida La via láctea, para luego desaparecer en subproductos. Como muchas otras celebridades supo reírse de sí mismo y cuenta con uno de los mejores cameos de famoso en Los Simpson, autoparodiándose como el consejero de niños prodigios al rescate.

En realidad no puedo decir que admire especialmente a Mickey Rooney, pero en este caso creo que por una vez debe prevalecer más la cantidad que la calidad. Merecidamente se ha ganado su, aunque a veces se bromee con ella, imagen de icono hollywoodiense. Sólo por estar ahí, sólo por seguir haciendo películas que a nadie importarán. Pero con todo me merece más respeto el bajito Rooney que todos los Stephen Dorffs de este mundo.
Y todavía recuerdo (o incluso fantaseo) con su, por otra parte, poca caballerosa mención de los poderosos pezones marrones de Ava Gardner, que llegaron a intrigar al mismísmo Marlon Brando, quien tras conocer a la actriz no dudo en preguntar por ellos, queriendo saber si era cierta lo que el tapón de su ex-marido iba largando por ahí. La respuesta no pudo ser más Ava: That's for me to know and you to find out later in the evening. Y, sí, qué demonios, un tipo que estuvo casado con Ava merece su pequeño homenaje en este blog.

Bajo el peso de la ley (1986)

Comúnmente conocida por muchos por su título original, Down By Law, el tercer largo de Jim Jarmusch, es una película que asocio, a pesar de haber sido rodado a mediados de los 80, con esos años de los 90 en los cuales reinaba el grunge. Recuerdo haber visto en el mítico programa de madrugada Cineclub un pase, ya empezado y estando medio somnoliento, de la cinta de Jarmusch. No me enteré de mucho, pero ver al extraño tipo del que hablaban de vez en cuando en el Popu ejerciendo de actor fue algo sorprendente. Y bien, tras muchos, muchos años, este fin de semana tuve la oportunidad de volver a ver el film. Me gustó. Pero me pregunto si de no haber estado Tom Waits ni Roberto Benigni mi opinión sería la misma.

Y es que por lo general el cine de Jim Jarmusch no se caracteriza por sus espectaculares planos, ni por un gran sentido del ritmo, ni nada que recuerda a William Wyler por ejemplo; su cine parece apoyarse siempre en guiones donde reinan los diálogos y en actores de carisma. A veces pienso si realmente Ghost Dog, el camino del samurai es realmente de Jarmusch. Sí, desde luego el cine de Jarmusch no está hecho para todos los gustos.

¿Cómo llegó Roberto Benigni a establecer lazos con Jarmusch? Ni idea. Sé que ya habían colaborado en el corto de Coffee and Cigarettes, pero no sé más. Pero desde luego la película habría sido distinta sin él.

Bajo el peso de la ley cuenta la historia de tres tipos con mala suerte. Zack un proxeneta al que han montado una celada con una menor (John Lurie, quien aparte de actuar lidera un grupo de música experimental, el tipo ideal para trabajar con Jarmusch y Waits) se reune en prisión con Jack, un DJ cuya vida personal es un desastre y al que ofrecen un buen dinero por llevar un coche de un sitio a otro, coche cuyo maletero contiene un cadáver (el DJ es el gran Tom Waits). No tarda en unírseles un italiano parlanchín (uséase, un italiano del sur) que ha matado a un tipo con una bola de billar. Ni Zack ni Jack parecen llevarse muy bien, pero la empatía y exasperante verborrea del italiano Roberto parece unir al trío de una forma extraña, como queda comprobado en la extraña danza ritual que surge de la nada mientras juegan a las cartas. Hablando de lo divino y lo humano, el film incidirá en la personalidad de tres tipos diferentes encerrados que seguirá juntos incluso tras fugarse de la prisión. Sus caóticas vidas buscarán al mismo tiempo que ellos un camino para salir del profundo bosque del bajou y conseguir una nueva oportunidad.

Mucho diálogo, poca acción, personajes interesantes... Jim Jarmusch en definitiva. O lo tomas o lo dejas, como el conejo de la madre de Roberto. Oh... maldita ambigüedad.

Cannibal Corpse y el flower power

Decididamente, Internet está lleno de genios anónimos y tipos de mente enferma cuyas grandes obras llegan a la humanidad gracias a ese gran invento (a pesar de las cada vez más constantes restricciones) que es Youtube. No sé si os gustará o si entenderéis algo, no niego que todo el concepto en sí es delirante. Pero la primera vez que lo vi casi me caigo de la silla. La puntilla fue el momento de los bongos, aunque la primera aparición de teclista es realmente atómica, eso sin contar al Wally de la batería. Y esas indias que ejecutan coreografías de los años 20... no sé, en realidad no se puede describir el contenido del video. Dadle al play si os atrevéis, y ya me contaréis. Ser fan o no de Cannibal Corpse es lo de menos. Aunque incluso corren por ahí fans indignados. ¡Increíble!

lunes, 22 de septiembre de 2008

La condesa descalza (1954)

Uno de los últimos films de Humphrey Bogart, y una nueva oportunidad de verle en esa clase de personaje que nadie como él interpretó mejor, el perdedor lúcido, el tipo duro que se confiesa a su vaso de whisky, el hombrecillo sin dinero ni influencia cuyo único poder es el poner los puntos sobre las íes.

La historia del personaje de Bogart, el alcohólico y acabado director Harry Dawes, comienza en el entierro de la condesa Torlato-Favrini, una rutilante estrella de Hollywood que ha encontrado la muerte en la flor de su juventud. Dawes comienza entonces a rememorar cómo acompañando al gélido empresario Kirk Edwards, que busca un nuevo rostro para su primera película como productor, y a Oscar, el sudoroso ayudante de Edwards, descubren a la deslumbrante bailarina Maria Vargas, una mujer de carácter a la que logran convencer, sobretodo gracias a Dawes, para que acuda a Roma a rodar una prueba de cámara, que será el comienzo de una extraordinaria carrera. Así, a través de sucesivos flashbacks, narrados por diferentes personajes que han acudido al entierro y que en su día conocieron a Maria, vamos conociendo los detalles de la vida de Maria tras su encuentro con Dawes, y cómo llegó a su triste final.

Dirigida y escrita por Joseph L. Mankiewicz, La condesa descalza es otro particular vistazo al showbusiness (al igual que su aclamada Eva al desnudo), centrándose en esta ocasión en la figura del juguete roto, de la flor marchita, de la estrella que todo lo tiene y que en realidad no tiene nada. Se dice que Mankiewicz basó a su condesa en la figura de Rita Heyworth, y aunque no sea un dato confirmado, bien pudiera haber sido así. El personaje de Maria Vargas guarda ciertamente relación con algunos aspectos de la propia vida de la Heyworth.
Repleta con unos estupendos diálogos, que van desde el melodrama a la más sarnosa ironía, Mankiewicz relata la historia del ascenso y caída de Maria Vargas como gran estrella del cine. Mujer que adora a su padre y odia a su madrastra, verá en Dawes a un segundo padre, alguien en quien puede confiar y que se encariña con ella, yendo más allá de evidente su sex appeal. Tal vez sea ésa la razón por la que decide acompañarle a los Estados Unidos, buscando el sueño de las nuevas princesas de cuento, las actrices de Hollywood, sueño que muchas niñas habrían tenido al ver en la pantalla por primera vez a los grandes nombres dirigidos por los grandes directores.
Por supuesto, Maria será una gran estrella, la más grande de todas, la nueva sensación. Comprará casas, vestidos joyas. Pero su desgracia sobrevendrá cuando vea que los hombres no pueden ver más allá de la estrella, más allá del cuerpo. La excepción es Dawes, pero la relación que los une es muy distinta. Maria tratará de buscar la felicidad entre aburridos millonarios, en fiestas de productores, en partidas de póker con duques y nobles venidos a menos. Pero en realidad añora a los bailarines gitanos y a los mozos de cuadra, el mundo que dejó atrás.
Pero aunque aparantemente fuerte e independiente, Dawes sabe que dentro de ella se esconde una niña que sigue buscando a su príncipe azul, al hombre de ensueño de los cuentos. Evidentemente Dawes sabe que ese hombre no existe, pero Maria cree haberlo encontrado tras conocer conde Torlato-Favrini. Pero realidad y cuentos nunca se han llevado bien.

La condesa descalza no sólo es una historia sobre una estrella de alma rota, es también un arma arrojadiza de Mankiewicz, quien no duda en lanzar algún dardo a Howard Hughes a través de Kirk Edwards, además de dibujar un decadente retrato de la alta sociedad europea, la jet set de la Riviera Francesa. Es un irónico retrato de la vida, de esos que también sabía trazar Mankiewicz, y que iba a dominar cada vez más el resto de su carrera, salvando ese mastodóntico oasis que fue Cleopatra.

Aparte del mencionado Bogart, tan magnífico como siempre, en La condesa descalza resplandece una Ava Gardner en pleno apogeo y que no sólo dio en esta película una de sus mejores interpretaciones sino que además se mostró sensual como nunca. El erótico baile de flamenco (una de las escenas preferidas de Ava, inmersa en plena fiebre de España) y la aparición en traje de baño ante las babosas miradas masculinas en un yate son dos de las escenas más impactantes que nos haya dado la belleza de esta mujer.
De hecho fue de España de donde había venido Ava para rodar este film en Italia. Allí tuvo que enfrentarse a las acusadoras miradas de Bogart, amigo de Frank Sinatra, y que no había visto con buenos ojos la escapada de la actriz a España donde hizo lo que quiso y se revolcó con toreros y demás exóticos personajes de la península. En sus escenas juntos Bogart le puso las cosas difíciles a la actriz, improvisando o equivocándose a propósito en los diálogos, pero como más tarde reconocio Ava aquello la ayudó a mejorar su interpretación.
Y si alguien destaca por su interpretación es Edmond O'Brien, el sudoroso Oscar, que obtuvo su tocaya estatuilla por su estupenda labor haciendo de hombre para todo y yesman de Edwards. Dicen que el actor estaba convencido que le dieron el premio por la escena en que habla por teléfono con Dawes sobre Maria. O'Brien está tan genial al teléfono que seguramente no le falte razón.

Las grandes frases de Mankiewicz, el magnífico derrotado Bogart, la divina Ava... demasiadas buenas razones como para no descalzarse en el sillón y ver esta estupenda película.

Oh boy!

The Ed Sullivan Show era un programa capaz de hacer estrellas de la nada, de una forma que ningún formato de televisión actual podría igualar. Desde que comenzar a funcionar a finales de los 40, y sobretodo cuando se convirtió en referencia para toda una nación, era el paso obligado para cualquier artista que deseara ser una estrella. El arisco Ed Sullivan esperaba a cambio una sumisión total, y dado su agrio carácter cualquier contestación ambigua o desplante podía significar que el artista en cuestión entrara en la lista negra del popular presentador. Los roces que tuvo con varios de los músicos que por allí pasaron son ya leyenda. El más famoso de todas probablemente sea el de los Doors, que ya comenté. Hoy toca el verses de Ed Sullivan contra Buddy Holly y sus Crickets.

En enero del 58 Buddy Holly y su banda tenían programada una segunda actuación en el Ed Sullivan Show. La banda debía tocar dos temas, uno de los cuales iba a ser "Oh Boy!" que había obtenido un gran éxito durante la segunda mitad del año anterior. El primer problema surgió cuando Ed Sullivan hizo saber a Holly que prefería que no tocara el single. Buddy le contestó al presentador que había prometido a sus amigos de Lubbock que tocaría ese tema, con lo que no había trato. Esa misma tarde la banda debía presentarse en los estudios para ensayar, pero Sullivan comprobó con sorpresa que sólo Holly estaba presente. Al preguntar al músico por el paradero de los Crickets, este le dijo que no lo sabía.

"Supongo que los Crickets no están muy entusiasmados por aparecer en el show", dijo Sullivan. Un evidentemente poco entusiasta Holly le contestó que esperaba que estuvieran más entusiasmados que él. Sullivan estalló en cólera, y con su rencor habitual puso todo tipo de problemas a la banda a la hora de actuar. Les redujo el tiempo de actuación a una sóla canción, y perversamente pronunció de forma extraña el nombre del líder de los Crickets. Y lo que era aun peor, ordenó que le bajaran el volumen de la guitarra a Buddy Holly, que difícilmente podía escucharse (al principio se ve claramente como trata de subir el volumen de su guitarra sin éxito). Durante toda la canción la guitarra es prácticamente inaudible, y durante el solo simplemente parece desaparecer.

Por supuesto Sullivan elevó un veto sobre la banda acerca de futuras aparaciones en el programa, pero el éxito de la actuación fue tal que, como le ocurría a veces, tuvo que tragarse su orgullo y volver a invitarlos una tercera vez.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Alexander Nevsky (1938)


Podría decir que me acerqué a esta película por un interés en profundizar en el cine soviético, por el nombre de Sergei Eisenstein en los títulos de crédito de la dirección, o cualquier razón similar... pero la pura verdad fue la razón principal fue la influencia que Alexander Nevsky tuvo en John Milius y en su obra magna Conan el bárbaro. No sé cuantos críticos podrían asociar una película protagonizada por Schwarznegger con Eisenstein sin que les explotara la cabeza en plan Scanners, pero personamente para mí el dato era como cuando un grupo al que uno sigue habla en una entrevista de tal banda o cantante, o cuando Axl llevaba camisetas de Junkyard o gorras de NWA... ¡sencillamente había que escuchar esos grupos! El caso es el mismo. Si John Milius reconoce influencias de Alexander Nevsky en su bárbara película (y no era la única referencia en la carrera del director; en su delirante Amanecer Rojo un cine anunciaba la programación dela¡ film soviético), pues hay que ver esa película.
Las referencias, a nivel superficial al menos, parecen encontrarse en un plano estético: las armaduras y cascos de Thulsa Doom y sus secuaces están inspirados (casi calcados) en la de los príncipes teutones del film de Eisenstein. Al igual que Doom, el gran líder teutón se rodea de dos guerreros aparentemente más letales que el resto. El mercadillo de Novgorod recuerda a aquel por el que se pasean Conan y Subotai, y donde un camuflado Milius ofrece a los ladrones auténtico loto negro de Estigia. Y una frase del propio Nevsky ("el templado no es lo que importa, sino el brazo que lo maneja") inspira claramente una de las lecciones que Thulsa Doom imparte a un apalizado Conan.

A pesar de El acorazado Potemkin y Octubre, Sergei Eisenstein nunca lo tuvo fácil para desarrollar su carrera en la Unión Soviética. Sus innovaciones, sus extraños planos y sus manías parece que nunca acabaron de encajar del todo con el espíritu leninista. Y a mediados de los 30, tras un rocambolesco periplo por Europa y América, y un fallido intento de trabajar en Hollywood, el director volvió a la URSS cabizbajo, deprimido por un film que se estaba acabando sin él en Méjico, y con el rabo entre las piernas; era un extraño en una industria cinematográfica que él había ayudado a levantar con su talento. Aquel judío burgués era altamente sospechoso. Y para colmo de males, el primer proyecto que tomó en sus manos al volver a suelo ruso, El prado de Bezhin, resultó un desastre mayúsculo. Las autoridades rechazaron el trabajo. Sería demasiado prolijo relatar aquí todo lo que envolvió aquel rodaje; resumiendo, algunos culparon a Eisenstein de lo ocurrido; otros hicieron responsables a los productores, sobretodo al productor ejecutivo de la industria soviética, Boris Shumyatski; algunos apuntaron a intervenciones políticas, especialmentes de las altas instancias, de la más alta incluso.

Pero fue de esa más alta instancia de donde vino una via de escape para Eisenstein. José Stalin, que no era famoso por dar segundas oportunidades, hizo una excepción con el director. El bigotudo dictador culpó a Shumyastski de lo ocurrido (con lo que le acabaron recetando una dosis de nueve gramos, que diría Solzshenytsin) y ofreció a Eisenstein un proyecto, a elegir entre dos, para salvar su reputación. El director se decantó por una revisitación de la figura histórica de Alexandr Nevski, un héroe nacional ruso y santo de la Iglesia Ortodoxa que vivió en el siglo XIII.

Esta vez Stalin no quería sorpresas. Eisenstein sería vigilado de cerca por Dimitri Vasiliev, un ayudante de dirección con quien compartiría títulos de crédito, y que reportaría directamente a Moscú de los detalles del rodaje. Otro elegido del Politburó supervisaría el guión final. El otrora director estrella debió sentir en su cuello la correa soviética y lo corta que ésta era.

Evidentemente el cine soviético, especialmente el de aquella época, siempre va más allá de lo que vemos en pantalla. Si viéramos un corto de un granjero ordeñando una vaca, las connotaciones irían más allá. Bien estaríamos ante una alabanza del perfecto nivel de producción soviético de leche, o ante una alegoría de los zares explotando al pueblo. En Alexander Nevsky todo va más allá de esos lejanos acontecimientos del siglo XIII.
A grandes rasgos, Alexander Nevsky, el personaje, es un príncipe campesino (un noble apegado a la tierra, el único aceptable, en contraste con los malvados burgueses de la ciudad) que ha ganado celebridad por haber derrotado a los suecos en la batalla del Neva. Al principio del film una delegación mongola acude a verle para intentar comprarle y que ofrezca su talento militar al emperador mongol. Evidentemente Nevsky rechaza la oferta ostensiblemente, afirmando que sólo pone su espada al servicio de la Madre Rusia. Y pronto habrá necesidad para ello cuando un gran ejército teutón comience a fagocitar territorio ruso a un ritmo endiablado.

Cuando uno ve Alexander Nevsky se ve tentado a pensar que la película se rodó tras 1941. Las referencias son realmente obvias. Se podría pensar también en que Eisenstein se inspiraba en la guerra contra Alemania durante de la Primera Guerra Mundial, pero la sucesión de acontecimientos en la película encajan mejor con la invasión alemana de junio del 41. Tal vez Eisenstein fuera un visionario, o tal vez habría leído durante su viaje por Europa el Mein Kampf y sabía de las intenciones del perverso Adolfo. Fuera cual fuera la razón, lo cierto es que cuando Alexander Nevsky adquirió una verdadera relevancia dentro de la frontera soviética fue tras la agresión nazi, mientras los panzers avanzaban por la estepa rusa como los blindados caballeros teutones de la película. Alexander Nevsky parecía filmada especialmente para esa fatídica fecha. Si Stalin la había soterrado en algún oscuro almacén tras el pacto antinatura con Hitler, en 1941 la desempolvó y distribuyó por toda Rusia para dar ánimos a la población y los combatientes. En 1938, dicen, todo lo que Eisenstein había conseguido de Stalin tras la proyección del film fue una lánguida frase: "Después de todo, sí eres un buen bolchevique". Pero viniendo de quien venía debió sonarle al director como música celestial.

Alexandr Nevsky constituyó la primera película sonora de Eisenstein. Sin embargo el film denota que Sergei era un director formado en el cine mudo, y que había conseguido la gloria cinematográfica en el cine mudo. El diálogo en la película es escaso. Si se sustituyeran los diálogos por rótulos impresos no habría mucha diferencia entre esta película y un film mudo. Las imágenes, acompañadas por la magnífica partitura de todo un Prokofiev, son las que predominan en la historia, y las que hacen avanzar a ésta. Rótulos blancos en un fondo negro nos llevan de un lugar a otro de la geografía rusa.

Los guerreros teutones, ocultos permanentemente, la mayoría, tras sus grandes yelmos y almetes, son así deshumanizados y presentados casi como autómatas. Destruyen matan y saquean sin que veamos expresión alguna. Parecen actuar de forma mecánica.
La horda germana no sólo representa la amenaza extranjera, sino que engloba a todos los enemigos de la Unión Soviética. Los siniestros monjes que acompañan al ejército y esa especie de obispo-papa católico avisan al espectador de los peligros de la religión, y de los atentados que contra el pueblo se hacen en su nombre, como el lanzar niños a la hoguera. Alexander Nevsky también atrae la atención sobre la amenaza que puede acechar dentro de la propia Rusia. Cuando llegan las noticias de la invasión, el pueblo clama para que se lanze a los combatientes rusos contra los guerreros teutones, y que sea, por supuesto, Nevski quien lidere esa cruzada. Pero los príncipes y nobles de Novgorod responden que es mejor dialogar y tratar de comprar al enemigo. Mientras todo eso ocurre un agente de los germanos ordena a un secuaz que hable en contra de Nevski, pero su intento será en vano. Por aclamación popular el príncipe campesino será llamado en defensa de la nación. Como particular signo soviético, una vez los teutones sean derrotados se juzgará a los prisioneros. Los soldados rasos serán liberados, pues no dejan de ser en cierta forma hermanos campesinos que "han sido obligados a luchar". Los oficiales serán liberados tras un suculento rescate. El gran líder teutón no correrá tanta suerte, así como los religiosos y como el traidor ruso, que será despedazado por las masas. Nevski, en su discurso al pueblo, da un aviso (sabiendo que quien lo hace no es traidor, cosa importante en la Rusia estalinista) a las potencias extranjeras: "quien a espada venga a Rusia, a espada perecerá".

Alexander Nevsky es ejemplo de la prodigiosa técnica de Eisenstein y de su buenhacer en el montaje. Con un estilo narrativo ágil y eficaz, para el observador atento escenas como las que se pueden contemplar durante la larga secuencia de la batalla final gozan todavía de un gran valor estético. Los efectos de sonido tal vez estén desfasados, pero no me extrañaría que Peter Jackson hubiera echado un vistazo a esta película de vez en cuando mientras rodaba El retorno del rey.

Leer critica Alexander Nevsky en Muchocine.net

viernes, 19 de septiembre de 2008

Escala en HI-FI

Evidentemente no fui contemporáneo de Mochi y su Escala en HI-FI; si no hubiera sido por programas como el que tenía Guillermo Summers nunca habría sabido de los entretenimientos catódicos de la televisión en blanco y negro. El otro día viendo la cabecera del mítico programa en playback, y pensaba lo bien que estaría que nos desearan felicidad al comienzo de los telediarios y demás antes de contarnos lo mal que está el mundo y de mostrarnos imágenes morbosas por "puras razones informativas". ¿Se imaginan? Con su la la la la rá... nuevo ajuste de cuentas entre bandas en...

Anatomía de un asesinato (1959)


Las cartas de admiradores indignados llegaron por decenas. ¿Qué hacía George Bailey sosteniendo unas bragas rotas y hablando sin tapujos sobre una violación? ¿Qué clase de película era aquella en la que se pronunciaban palabras como "puta", "esperma", "bragas" o "penetración"? ¿Qué había sido del bueno, limpio y decente James Stewart? ¡Si hasta su indignado padre había dejado un anuncio en el periódico local instando a los vecinos a que no vieran la sucia película de su hijo!

Anatomía de un asesinato fue un punto determinante en la historia del cine. Sería exagerado decir que por si sola cambió el rumbo de los acontecimientos en Hollywood, pero junto a otros títulos de esa década que ya moría puso las bases para que en los 60 todo cambiara, culminando en la década siguiente con películas donde cualquier palabra o desnudo eran posibles. Muchos espectadores se sintieron ultrajados por tanta franqueza en una película, pero seguramente también muchos acudieron a las salas llevados por el morbo. La historia que se tocaba no era desconocida pues el libro del abogado Voelker en el que la película estaba basada había sido todo un best-seller. Bajo seudónimo Voelker hizo una novela basándose en un caso que había llevado exitosamente defendiendo a un oficial del ejército acusado de asesinato. Siendo probable que no escatimara detalles no es de extrañar que Otto Preminger se sintiera atraído por esa historia.

La película no sólo rompía los convencionalismos del vocabulario (panties era una palabra sucia, cuesta de imaginar), sino que hacía del teniente Manion un acusado muy ambivalente. Hasta la fecha los enjuiciados solían ser claramente culpables o inocentes, pero el teniente era un caso distinto. Tanto la interpretación del estupendo Ben Gazzara como todo lo que se cuenta sobre él (disgustaran o no los flashbacks a Preminger fue un acierto no incluir ninguno) nos da a entender que tal vez pudiera haber tenido ese "impulso irresistible" del que se habla en el film para acabar con la vida del presunto violador de su esposa Laura, o tal vez no.
Y esa es otra. ¿Qué pensar de Laura? Parece concluyente que hay violación, pero de nuevo todo lo que sabemos del personaje, por lo que declaran de ella y por su comportamiento, puede llevarnos a juzgar a la señora Manion de formas muy distintas. Su "soltura" al relacionarse con los hombres y su constante flirteo con el personaje de Stewart, el abogado Biegler, induce al espectador a plantearse muchas cosas. El avieso Preminger nos pone en un brete sin apenas darnos cuenta, instalándonos en nuestro propio banco de jurado en forma de sillón, haciéndonos saber que es nuestro deber declarar culpables o inocentes al matrimonio Manion. ¿Estaba el teniente fuera de sí al apretar el gatillo, o sabía lo que hacía? ¿Creyó a su esposa cuando le dijo que la habían violado? ¿Incitó Laura de algún modo al dueño de la cantina? ¿Es ella una víctima, o le salió mal el juego que se traía con otro tipo más que quedó prendado de ella? Y encima el final de la cinta en realidad no aclara nada, dejando al espectador la opción de acabar de hornear su empanada mental, decidiendo si dentro hay tomate o no lo hay.


El Duque y Lee Remick

A ritmo de jazz, unos títulos de créditos de un extraño estilo expresionista minimalista a cargo de uno de los mejores diseñadores de títulos de la historia, Saul Bass, nos ponen en estado de alerta: Anatomía de un asesinato va a ser una película llena de aristas. Y mientras la acción se desarrolla nos acompañará al estupenda banda sonora de Duke Ellington (atención a su cameo), una de esas que realmente se pueden escuchar en disco. Cuando veamos al sencillo abogado de pueblo Biegler conducir de vuelta a casa tras irse de pesca los acontecimientos se irán sucediendo sin parar. Mientras la señorita Rutledge (estupenda Eve Arden) se queja a Biegler de su sueldo atrasado en su particular estilo mordaz, el borrachín picapleitos y amigo de Biegler le pone al teléfon y le insta a aceptar un caso del que el abogado pescador nada sabe. Comienza entonces uno de los casos judiciales más interesantes de la historia del cine.

A pesar del riesgo que corría, James Stewart demostró ser un tipo listo al aceptar un papel así. Aunque su viejo padre considerara que casi se había pasado al porno o algo similar, el papel de Biegler sirvió al actor para proseguir en tarea de ir más allá de los personajes de tipo honrado y sin mácula. De todas formas ya se había mostrado vengativo en algún western, y el retorcido Hitchcock le acababa de aproximar, sin que nadie pareciera darse cuenta, en el mundo del fetichismo. Aunque lo realmente importante es que Stewart, una vez más, estuvo magnífico como el abogado que lucha contra el Goliat de la fiscalía.
Y ese Goliat no era otro que George C. Scott, que acababa de empezar a actuar como quien dice, y que con su papel del fiscal de ciudad dio un nuevo sentido a las palabras frialdad y mala leche, llamando al mismo tiempo la atención de toda la industria.

Y, como dirían Monty Python, Supracosmically Inter-Universally Ultra Alphabetically Hyper Starring estaba Lee Remick quien, entre otros papeles, pasó a la posteridad por su buen hacer como la coqueta y descarada Laura Manion. Aunque Preminger siempre la quiso a ella el contratarla fue algo complicado, pero cuando Lana Turner rechazó el papel y los ceñidos vestidos que lo acompañaban finalmente la Remick dio el sí, firmo. Y gracias a Dios tuvimos su mirada de profundidad años luz en la película.
Y no cerraré esta entrada sin nombrar a uno de los más entrañables jueces que se hayan visto en una película, el juez Weaver, interpretado por un abogado real, Joseph N. Welch, quien al parecer estuvo en la plantilla de defensores del Ejército el día en que el senador McArthy se pasó de listo y apuntó su dedo hacia los militares. Craso error. Como lo sería el dejar pasar esta película.


jueves, 18 de septiembre de 2008

47 fucks de Mr. Soprano

Exacto, 47 años cumple ese portento llamado James Gandolfini, quien tras epatar a medio mundo como Tony Soprano durante seis temporadas seguramente se ha unido al club de los Christopher Reeve, Mark Hamill y demás tipos unidos a un personaje. Bien sabe Sean Connery lo que le costó dejar el JB; tal vez Gandolfini no tenga tanta suerte, pero ya se ha ganado la inmortalidad. En fin, poneos vuestros mejores trajes, encended un buen puro, engullid unos ñoquis y celebrad que este wiseguy siga entre nosotros.

Quería aprovechar la entrada para traer al blog a Max Koch (pronunciado 'cook'), el imitador de Tony Soprano de moda en Youtube, que tampoco duda en meterse en la piel de Silvio Dante, Al Pacino, Nicholson, y otros actores, y montarse un The Sopranos vs the Joker.

Arizona Baby (1987)


Arizona Baby es, como podría decir un burgalés, otra particular olla podrida de los Coen cuyos ingredientes no son las alubias rojas o el chorizo, sino los Looney Tunes, las road movies de los 60 y 70, La noche del cazador, el "caso del bebé Lindbergh" y las referencias al cine de Sam Raimi, padrino cinematográfico de los hermanos, y a quien habían entregado un último guión tras el debut de Joel Coen como director (aunque ya sabemos la dualidad que se esconde tras el nombre) en Sangre Fácil un par de años antes.

H. I. McDunnough, una especie de antecedente del bueno de Earl Hickey, vive con su mujer Ed en una caravana en mitad de la árida Arizona. Son una pareja peculiar, aunque feliz. Él ex un ex-presidiario; ella una ex-policía. Podría decirse que tienen todo lo que necesitan. Pero lamentablemente no pueden tener hijos. Así, cuando se enteran de que un próspero vendedor local, Nathan Arizona, ha tenido quintillizos, la desesperada Ed convence a H.I. para que robe uno de los bebés. De todas formas tiene demasiados. La aparentemente inoperante policía entrará en acción, pero lo que preocupará a la pareja será una inesperada visita de unos antiguos socios de H.I. Y lo que es peor, un cazarrecompensas de fino olfato se pondrá en la pista de los secuestradores.

Con Arizona Baby los Coen comenzaban a establecer la que sería su pauta de saltar de un género a otro adaptándolos a su estilo, lo que en la práctica convierte a sus historias casi en una sola cosa. De la oscura Sangre fácil se descolgaban en su segundo trabajo con una comedia dentro de una road movie, o viceversa, aunque en realidad todos sus films, en mayor o menor grado, siempre tienen algun toque de humor, normalmente bastante negro.

Sangre fácil desde luego apuntaba maneras, era un debut que pasó desapercibido en su día, pero estaba claro que la pareja de hermanos tenía talento. Su progresión, en los seis años que van del estreno de su ópera prima a Muerte entre las flores fue espectacular. Arizona Baby no es tan grandiosa, tan firmemente épica como lo sería su historia sobre gángsters, pero era singularmente diferente a la mayoría de films de la época. De hecho fue la primera película que vi de los Coen, y desde luego hasta entonces nunca había visto algo tan peculiar. En fin, no hay mucho más que decir: hoy en día todo el mundo conoce la filmografía de los hermanos. Arizona Baby fue otro paso más en una carrera perfecta hasta que cometieron el error de aceptar un encargo ajeno.

Los Coen escribieron el papel de Ed específicamente para Holly Hunter, quien había colaborado con los hermanos en su debut, aunque no llegara a aparecer en pantalla. Su papel de la menuda Edwyna, desesperada por ser madre, tiene ese nervio que caracterizó también al de su segunda colaboración con los hermanos varios años después. H.I. fue interpretado por Nicolas Cage, cuando aun no era una estrella y se preocupaba de elegir papeles interesantes. Por supuesto aparece también en el reparto la sempiterna Frances McDormand como una especie de Peggy Bundy, en un papel totalmente opuesto al que interpretara en Sangre fácil. Otro habitual de los Coen firmaría su debut en esta película, el gran John Goodman, quien encaja perfectamente en el papel de preso fugado con patillas de rocker. Sus bramidos a lo largo del film son antológicos.
El desconocido Randall "Tex" Cobb, un tipo de cuyo nombre nunca nos acordaríamos de no ser por Internet, pero cuyo imponente físico se ha dejado ver en unas cuantas películas, desde luego había nacido para encarnar al barbudo motero cazarrecompensas y masacrador de conejos y otros animalillos. Cobb fue boxeador de los pesos pesados antes de comenzar a trabajar como actor, y participó en un largo y sangriento combate contra el campeón Larry Holmes que llevó al famoso periodista deportivo Howard Cosell a renegar del boxeo.
Arizona Baby, otro título a completar en la filmografía de los hermanos más geniales de los últimos tiempos.

Porn Wars

Ya cuando Hitchcock hablaba de la acción y la reacción en el cine, usando tres planos (plano de un rostro mirando, de lo que ve y de su reacción) hacía notar que cambiando el segundo plano un abuelito entrañable (él mismo) podía convertirse en un viejo verde. Ese axioma es por supuesto universal, y algún iluminado lo usó con una famosa escena de Star Wars.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Criaturas feroces (1997)

Casi diez años después de haber rodado la magnífica Un pez llamado Wanda, el reparto y parte del equipo originales se reunían de nuevo para crear una comedia ambientada en el zoo Marwood (¿tendrá algo que ver ese nombre con el de John M. Cleese?). De nuevo dos ex-Monty Python, Cleese y Michael Palin, se reunían junto a Jamie Lee Curtis, Kevin Kline y algunos otros actores del anterior film para revivir el espíritu de ese clásico de la comedia de finales de los 80.

Criatures feroces mantuvo parte del reparto, una protagonista femenina con nombre que empeza ba por W, Kline de nuevo como un excéntrico americano y con doble papel: de fiero millonario y de su inútil hijo; Palin pasaba de tartamudo a locuaz sabelotodo, mientras que Cleese más o menos se mantenía en ese papel de tipo digno y aristocrático que se ve envuelto en un enredo tras otro, y que al final se lleva a la chica. De todas formas aunque la química entre los actores seguía intacta tanto la historia como el guión flojeaban. El film no es una máquina de relojería cómica tan precisa como en su anterior trabajo. Por alguna razón . Uno se sonríe ante los intentos de los cuidadores del zoo por adaptarse a la nueva política del ex-policía y nuevo director del zoo Rollo (Cleese) segun la cual sólo los animales más salvajes interesan al público. Así intentan convencerle de que osos hormigueros y demás bichillos inofensivos son realmente terribles.
Uno se parte a carcajadas con la delirante escena en la que Rollo acaba lamiendo la herida de una visitante del zoo, y se ríe con todos los equívocos sexuales que rodean al personaje de Cleese y que despiertan el interés de la voluptuosa Jamie Lee Curtis. Pero la locuacidad de Palin aunque es hilarante no mata de risa, y Kline ni interpretando dos personajes se acerca al inolvidable Otto de Un pez llamado Wanda.

No, el film no está a la altura de su antecesor, pero es una entretenida comedia con buenos momentos, y cualquier acérrimo seguidor de los viejos Monty Python seguro que disfruta con las actuaciones de Palin y sobretodo con las trabas linguísticas, slapsticks y demás del gran John Cleese, quien no sólo se queda con Jamie Lee, sino que además la llama Wanda. Con un par. Y qué par. Bueno y el de John Cleese también.

Mickey Rourke, la sonrisa del pícaro

"- What do you look for in a woman? - It's like when I buy a horse. I don't want a thick neck and short legs."

No hace demasiadas horas nacía, hace 52 años, un presumiblemente bonito niño en Schenectady, Nueva York. Sus padres eran Philip Andre y Ann Rourke. Los felices papás decidieron ponerle a su hijo el mismo nombre que su progenitor, un culturista aficionado. El pequeño creció y cuando sus padres se divorciaron Philip Andre Jr. se mudó junto a su madre a Florida. Otras fuentes afirman que nació en ese estado. Es curiosa la desinformación que hay sobre algunos aspectos de la juventud del futuro actor. Todavía no parece estar claro si acudió a clases de interpretación en el instituto.
Lo que sí hizo desde edad bastante temprana fue practicar deporte. Se aficionó al boxeo a los 12 años, y desde entonces boxeó con cierta regularidad. Según el propio actor llegó a ser sparring del futuro campeón Luis Rodríguez, quien en una ocasión le provocó una conmoción cerebral. Algun tiempo después, en 1971, Rourke recibió de nuevo otra conmoció cerebral durante un campeonato amateur en Florida. Los médicos le aconsejaron que dejara el boxeo por un tiempo. Entre 1969 y 1973 había cosechado 20 victorias y 7 derrotas.

Si siempre tuvo interés en la interpretación o se decidió entonces a intentar ser actor, parece ser otro objeto de controversia. Lo cierto es que tras dejar el boxeo acabó en Nueva York, donde logró entrar en el Actors Studio. Tras breves experiencias en el teatro se lanzó a por el cine y la televisión. Ya por entonces se hacía llamar Mickey Rourke. Debutó en el cine con un breve papel en la película de Steven Spielberg 1941. Siguió compaginando cine y televisión. En 1980 consigue un papel en otra gran producción, la célebre y ruinosa La puerta del cielo de Michael Cimino.
Mickey no sólo era un gran actor. Su carisma en la pantalla era evidente. Tenía algo que no se aprendía. Demostró que podía captar la atención del público en cualquier escena en la que participara si el papel era lo bastante jugoso. Su breve papel en el thriller erótico Fuego en el cuerpo dio mucho que hablar. En apenas dos años estaba a las puertas de ser un gran nombre en Hollywood. Por entonces el actor se casaba con la también actriz Debra Feuer.

Mickey Rourke no era el típico actor al uso. Su primera gran pasión había sido el boxeo, no la interpretación. Y cuando se decidió por esta última su máximo interés era interpretar. Aunque muchos otros afirmaran lo mismo, no le hacían ascos a las ventajas del estrellato. En realidad Rourke tampoco. Pero su distorsionada imagen de Hollywood le traería muchos sinsabores. Llevaría mucho peor que otros el descubrir que en muchas ocasiones los actores eran para los estudios poco más que ganado.
El director Barry Levinson llamó a Rourke para protagonizar junto a Kevin Bacon y Steve Guttenberg una historia sobre unos adolescentes y sus tribulaciones al encontrarse en la antesala del mundo adulto. Rourke obtuvo muy buenas críticas por su papel en Diner, y uno de los espectadores a quien impresionó con su actuación fue Francis Ford Coppola, quien vio en él al perfecto chico de la moto de La ley de la calle. Subido sobre su moto, colmando la pantalla con su presencia, y con su característico siseo que llevó al equipo de sonido a apodar el film como 'mumble fish' por las dificultades que tenían para seguir las apenas audibles frases del actor. No fue raro por entonces que le compararan con el Brando de Salvaje o se hablara de un nuevo James Dean. De la noche a la mañana Rourke se convirtió en la nueva sensación de Tinseltown.

Llegó a Sed de poder de la mano de Michael Cimino, quien fue despedido por desavenencias con los productores, lo que no gustó nada al actor. De todas formas la película sobre los dos hermanos que se meten en problemas al robar a la mafia significó otro paso firme en la carrera de Rourke y una prometedora carrera para Eric Roberts que sin embargo acabó en nada. Tras rodar Eureka vuelve a trabajar para Cimino en la interesante película policial Manhattan Sur.

No sé como acabó Rourke en Nueve semanas y media. Desde luego fue un paso en falso que sin embargo le convirtió en una gran estrella. Del difícil rodaje se han dicho muchas cosas. Que el director, Adrian Lyne, manipuló a Kim Basinger, que en cierta forma malmetió entre ella y Rourke para obtener lo que quería de ellos. Tambíen se ha hablado de que Rourke y Basinger eran dos personas totalmente opuestas, y que el ex-boxeador se reía de los caprichos de la actriz, quien exigía agua mineral de calidad para laverse el pelo. Que la actitud macarra del actor, con frases parecidas a la que encabeza este artículo volvía loca a la actriz., lo que llevó a Basinger a hablar de Rourke como el "cenicero humano". Y muchas otras cosas. Pero Nueva semanas y media fue un gran éxito (desde luego no por su aburrida historia) y en una película erótica que marcaría a toda una generación. La popularidad del actor se disparó, y muchas adolescentes adornaron sus paredes con posters y fotografías del actor, que m mientrastanto no se mostraba interesado en entrevistas o fiestas con estrellas, sino en buenos papeles. Lo cual no impidió que comenzara a hablarse del salvaje estilo de vida de actor. Los hay que siempre han negado que las correrías del actor fueran tan apocalípticas, como su segunda mujer, Carré Otis. Pero ver a Rourke tan entusiasta de las motos y con amigos en el mundillo del rock era pensar inmediatamente en salvajes orgías a ritmo de Mötley Crüe.

El corazón del ángel fue el momento álgido de Rourke. Su Harry Angel pasó a la historia del cine y fue capaz de tratar de tú a tú a un grandioso Robert De Niro, quien como solía hacer probó al actor con sus famosas improvisaciones, de las que al parecer el carismático Mickey salió bien librado. Sin embargo la polémica envolvió al fin; aparte de leyendas diabólicas y extraños fenómenos, y alguna que otra protesta de algunos cristianos radicales, El corazón del ángel fue específicamente atacada por la fervorosa escena de amor entre Rourke y Lisa Bonet, quien acabó de un plumazo con su imagen de virginal hija de Bill Cosby. El director, Alan Parker, se vio obligadó a recortar algunas partes especialmente sensibles para que no le endosaran una X al film. Rourke se enfureció una vez más, incapaz de comprender cómo se podía mutilar el arte de esa forma sólo por el temor al fracaso en taquilla.
El borracho (Barfly), basada en una historia de Charles Bukowski, brindó al actor más excelentes críticas. Sin embargo a su leyenda negra de amante de las fiestas hubo que sumar una fama de actor difícil. Tan diplomático como un obús del 36, Rourke despreciaba a los productores y la industria. Se negaba a seguir su juego, a darles la mano y sonreír. El tipo que había colgado en su caravana durante un rodaje un cartel que prohibía la entrada a los "jodidos productores" se estaba cerrando muchas puertas sin saberlo. Y en cuando dejara de ser rentable se desharían de él.
Un requiem por los que van a morir sin embargo dejó beneficios, y en su siguiente proyecto Rourke pudo ser feliz durante unos meses filmando una historia que él mismo había escrito basándose en sus experiencias pugilísticas. Homeboy contó además con la participación de su mujer, Debra Feuer. También aprovechó por entonces para grabar un rapeado en el disco de su amiguete David Bowie Never Let Me Down.

Algunos debimos intuir que algo no marchaba bien cuando Rourke participaba en un film encarnando a San Francisco de Asís, un papel que no le iba en absoluto. El tropezón de Francesco no logró arreglarlo con la correcta Johnny el Guapo, pero lo que vendría a continuación sería todavía peor.
Rourke estaba cansado de actuar. Parecía moverse por alguna extraña inercia; sus problemas personales acabaron con su matrimonio, mientras no paraba de recibir papeles intrascendentes. Hollywood le parecía una farsa. Parecía encontrarse en tierra de nadie. No quería jugar al juego de la industria, pero aceptaba papeles que no le interesaban. Su ritmo de vida era caro. Y seguramente no sabía que más hacer si no era actuar. Fue entonces cuando su carrera se fue a pique con la nefasta Orquídea salvaje, un intento de hacer una nueva Nueve semanas y media que fue un absoluto desastre. Lo único que sacó en positivo Rourke de todo aquello fue conocer a la modelo Carré Otis, de quien se enamoró y con quien se casó en tiempo récord. Aun tuvo tiempo de rodar un interesante y olvidado film de nuevo a las órdenes de Cimino (37 horas desesperadas). En 1991 Rourke se hundía más en la mierda actuando junto al gigoló Don Johnson en Dos duros sobre ruedas; desde luego el actor era consciente de la porquería en que se metía, porque tras sorprenderse del éxito que obtuvo el film cogió una depresión de caballo, convencido de que Hollywood era un circo y él era uno de tantos payasos, una prostituta que aceptaba cualquier papel por dinero. Tras participar en White Sands el actor dejó la interpretación.


El Marielito

Comenzó entonces una confusa etapa en la vida de Rourke. La noticia de que el actor volvía al ring dejó a muchos helados. Tras sus primeros combates se habló de boxeo vergonzante, de combates amañados y de caprichos de una estrella. Sin embargo también hay fotos del actor con la cara partida y llena de cortes y moratones. Personalmente diría que quizás le amañaran unos cuantos combates al principio para subir lo suficiente de caché mientras se preparaba para los verdaderos púgiles. De todas formas la verdad sólo la sabrán quienes hayan presenciado esos combates.
Entre pelea y pelea el actor trataba de esquivar como podía a los paparazzis, que se habían lanzado sobre él tras su boda con Carré Otis. Los rumores de desavenencias en la pareja no tardaron en llegar. La pareja era carne de portada. Hasta que en 1994 fue detenido por maltratar supuestamente a su mujer. Fue cuando le tomaron la famosa foto policial en la que le dedica su característica sonrisa burlona a la cámara. Sin embargo la modelo no apareció para formalizar denuncia alguna. En 2007 habría otro posado para la policía por conducir ebrio.
También entre combate y combate el actor se desplazaba a los platós televisivos si la oferta era lo bastante jugosa. La televisión española tuvo el honor de recibirle en algunos cutreprogramas (antológica su fugaz aparición en Goles son amores, en plan "coge el dinero y corre") que mostraron a la nación lo pasota que podía ser Rourke y lo largas que tenía las manos con las presentadores de buen ver. Ocupado con sus combates y sus provechosas apariciones en televisión el actor no dudó en rechazar un papel en Pulp Fiction, papel que iría a parar a Bruce Willis.

Cuando en 1995 decidió retirarse del boxeo y volver a actuar comprobó que su nombre ya era parte de la prehistoria, y que sin buenos contactos no iba a tener buenos papeles. Un cóctel de excesos, muchos golpes y cuarenta añazos fueron moldeando el rostro del actor, que de sex symbol pasó a ser un rostro extrañamente hinchado. Con fama de problemático, con muchas enemistades entre los productores y con una cara deformada a golpes, Rourke tuvo que tragarse su orgullo y empezar desde abajo, presentándose a audiciones y aceptando lo que le ofrecieran. Por delante le esperaban películas baratas, filmes de acción con Van Damme y una bochornosa segunda parte de Nueve semanas y media. Cuando logró por fin un papel jugoso en La delgada línea roja todas sus escenas acabaron en la sala de montaje. En 1997 se unía a un director que tampoco estaba en su mejor momento, Coppola, para rodar Legítima defensa, una adaptación del por entonces escritor de moda John Grisham. Un año después se divorciaba de Carré Otis. El actor siguió actuando allá donde se le quisiera.
Rourke entró en el nuevo milenio con otro despropósito: un videoclip de Enrique Iglesias. Sin embargo su nombre volvió a las revistas especializadas como un distante sonido traído por una brisa lejana. Allá, a lo lejos, algunos comenzaron a señalar que la actuación de Rourke en la película Spun era de lo mejor que había hecho en años. Su carrera estaba próxima a cambiar cuando se cruzó con Robert Rodriguez en El mexicano, una película cuyo reparto daba la impresión de que hubiera sido decidido en una noche de fiesta con todos sus amigos. Parecía que en esa película aparecía todo el que se acercaba a saludar.
El año del regreso de Rourke a la vida fílmica y a la existencia de los medios fue 2005. Tuvo un papel destacado en la publicitada Domino, pero fue sobretodo su extraordinaria aparición como Marv en Sin City la que recordó a media humanidad que este tipo había nacido para rodar películas, y descubrió a la otra media un tipo carismático.

Es poco probable que Rourke recupere su antiguo status de gran estrella. En realidad ni siquiera sabemos si lo quiere. Pero muchos esperamos que no vuelva a desaparecer en películas de bajo presupuesto y nos regale su gran presencia en interesantes papeles de secundario. Pero puede que al final el actor llegue a más que eso. No hace mucho saltaba la noticia de que The Wrestler, dirigida por Darren Aronofsky y que contaba con Rourke como protagonista, había ganado el León de Oro en el Festival de Venecia. El actor no deja de decirle a todo aquél que quiera escuchar que es la mejor película que haya rodado. Ya se habla de una candidatura al Oscar. Pase lo que pase, el cine actual le necesita. El mundo necesita a Mickey Rourke.