No hace demasiadas horas nacía, hace 52 años, un presumiblemente bonito niño en Schenectady, Nueva York. Sus padres eran
Philip Andre y
Ann Rourke. Los felices papás decidieron ponerle a su hijo el mismo nombre que su progenitor, un culturista aficionado. El pequeño creció y cuando sus padres se divorciaron
Philip Andre Jr. se mudó junto a su madre a Florida. Otras fuentes afirman que nació en ese estado. Es curiosa la desinformación que hay sobre algunos aspectos de la juventud del futuro actor. Todavía no parece estar claro si acudió a clases de interpretación en el instituto.
Lo que sí hizo desde edad bastante temprana fue practicar deporte. Se aficionó al boxeo a los 12 años, y desde entonces boxeó con cierta regularidad. Según el propio actor llegó a ser
sparring del futuro campeón
Luis Rodríguez, quien en una ocasión le provocó una conmoción cerebral. Algun tiempo después, en 1971, Rourke recibió de nuevo otra conmoció cerebral durante un campeonato amateur en Florida. Los médicos le aconsejaron que dejara el boxeo por un tiempo. Entre 1969 y 1973 había cosechado 20 victorias y 7 derrotas.
Si siempre tuvo interés en la interpretación o se decidió entonces a intentar ser actor, parece ser otro objeto de controversia. Lo cierto es que tras dejar el boxeo acabó en Nueva York, donde logró entrar en el Actors Studio. Tras breves experiencias en el teatro se lanzó a por el cine y la televisión. Ya por entonces se hacía llamar
Mickey Rourke. Debutó en el cine con un breve papel en la película de
Steven Spielberg 1941. Siguió compaginando cine y televisión. En 1980 consigue un papel en otra gran producción, la célebre y ruinosa
La puerta del cielo de
Michael Cimino.
Mickey no sólo era un gran actor. Su carisma en la pantalla era evidente. Tenía algo que no se aprendía. Demostró que podía captar la atención del público en cualquier escena en la que participara si el papel era lo bastante jugoso. Su breve papel en el
thriller erótico
Fuego en el cuerpo dio mucho que hablar. En apenas dos años estaba a las puertas de ser un gran nombre en Hollywood. Por entonces el actor se casaba con la también actriz
Debra Feuer.
Mickey Rourke no era el típico actor al uso. Su primera gran pasión había sido el boxeo, no la interpretación. Y cuando se decidió por esta última su máximo interés era interpretar. Aunque muchos otros afirmaran lo mismo, no le hacían ascos a las ventajas del estrellato. En realidad
Rourke tampoco. Pero su distorsionada imagen de Hollywood le traería muchos sinsabores. Llevaría mucho peor que otros el descubrir que en muchas ocasiones los actores eran para los estudios poco más que ganado.

El director
Barry Levinson llamó a
Rourke para protagonizar junto a
Kevin Bacon y
Steve Guttenberg una historia sobre unos adolescentes y sus tribulaciones al encontrarse en la antesala del mundo adulto.
Rourke obtuvo muy buenas críticas por su papel en
Diner, y uno de los espectadores a quien impresionó con su actuación fue
Francis Ford Coppola, quien vio en él al perfecto chico de la moto de
La ley de la calle. Subido sobre su moto, colmando la pantalla con su presencia, y con su característico siseo que llevó al equipo de sonido a apodar el film como '
mumble fish' por las dificultades que tenían para seguir las apenas audibles frases del actor. No fue raro por entonces que le compararan con el
Brando de
Salvaje o se hablara de un nuevo
James Dean. De la noche a la mañana
Rourke se convirtió en la nueva sensación de Tinseltown.
Llegó a
Sed de poder de la mano de
Michael Cimino, quien fue despedido por desavenencias con los productores, lo que no gustó nada al actor. De todas formas la película sobre los dos hermanos que se meten en problemas al robar a la mafia significó otro paso firme en la carrera de
Rourke y una prometedora carrera para
Eric Roberts que sin embargo acabó en nada. Tras rodar
Eureka vuelve a trabajar para
Cimino en la interesante película policial
Manhattan Sur.

No sé como acabó
Rourke en
Nueve semanas y media. Desde luego fue un paso en falso que sin embargo le convirtió en una gran estrella. Del difícil rodaje se han dicho muchas cosas. Que el director,
Adrian Lyne, manipuló a
Kim Basinger, que en cierta forma malmetió entre ella y Rourke para obtener lo que quería de ellos. Tambíen se ha hablado de que
Rourke y
Basinger eran dos personas totalmente opuestas, y que el ex-boxeador se reía de los caprichos de la actriz, quien exigía agua mineral de calidad para laverse el pelo. Que la actitud macarra del actor, con frases parecidas a la que encabeza este artículo volvía loca a la actriz., lo que llevó a
Basinger a hablar de
Rourke como el "cenicero humano". Y muchas otras cosas. Pero
Nueva semanas y media fue un gran éxito (desde luego no por su aburrida historia) y en una película erótica que marcaría a toda una generación. La popularidad del actor se disparó, y muchas adolescentes adornaron sus paredes con posters y fotografías del actor, que m mientrastanto no se mostraba interesado en entrevistas o fiestas con estrellas, sino en buenos papeles. Lo cual no impidió que comenzara a hablarse del salvaje estilo de vida de actor. Los hay que siempre han negado que las correrías del actor fueran tan apocalípticas, como su segunda mujer,
Carré Otis. Pero ver a
Rourke tan entusiasta de las motos y con amigos en el mundillo del rock era pensar inmediatamente en salvajes orgías a ritmo de
Mötley Crüe.
El corazón del ángel fue el momento álgido de
Rourke. Su Harry Angel pasó a la historia del cine y fue capaz de tratar de tú a tú a un grandioso
Robert De Niro, quien como solía hacer probó al actor con sus famosas improvisaciones, de las que al parecer el carismático Mickey salió bien librado. Sin embargo la polémica envolvió al fin; aparte de leyendas diabólicas y extraños fenómenos, y alguna que otra protesta de algunos cristianos radicales,
El corazón del ángel fue específicamente atacada por la fervorosa escena de amor entre
Rourke y
Lisa Bonet, quien acabó de un plumazo con su imagen de virginal hija de
Bill Cosby. El director, Alan Parker, se vio obligadó a recortar algunas partes especialmente sensibles para que no le endosaran una X al film.
Rourke se enfureció una vez más, incapaz de comprender cómo se podía mutilar el arte de esa forma sólo por el temor al fracaso en taquilla.
El borracho (Barfly), basada en una historia de
Charles Bukowski, brindó al actor más

excelentes críticas. Sin embargo a su leyenda negra de amante de las fiestas hubo que sumar una fama de actor difícil. Tan diplomático como un obús del 36,
Rourke despreciaba a los productores y la industria. Se negaba a seguir su juego, a darles la mano y sonreír. El tipo que había colgado en su caravana durante un rodaje un cartel que prohibía la entrada a los "jodidos productores" se estaba cerrando muchas puertas sin saberlo. Y en cuando dejara de ser rentable se desharían de él.
Un requiem por los que van a morir sin embargo dejó beneficios, y en su siguiente proyecto
Rourke pudo ser feliz durante unos meses filmando una historia que él mismo había escrito basándose en sus experiencias pugilísticas.
Homeboy contó además con la participación de su mujer,
Debra Feuer. También aprovechó por entonces para grabar un rapeado en el disco de su amiguete
David Bowie Never Let Me Down.
Algunos debimos intuir que algo no marchaba bien cuando
Rourke participaba en un film encarnando a
San Francisco de Asís, un papel que no le iba en absoluto. El tropezón de
Francesco no logró arreglarlo con la correcta
Johnny el Guapo, pero lo que vendría a continuación sería todavía peor.
Rourke estaba cansado de actuar. Parecía moverse por alguna extraña inercia; sus problemas personales acabaron con su matrimonio, mientras no paraba de recibir papeles intrascendentes. Hollywood le parecía una farsa. Parecía encontrarse en tierra de nadie. No quería jugar al juego de la industria, pero aceptaba papeles que no le interesaban. Su ritmo de vida era caro. Y seguramente no sabía que más hacer si no era actuar. Fue entonces cuando su carrera se fue a pique con la nefasta
Orquídea salvaje, un intento de hacer una nueva
Nueve semanas y media que fue un absoluto desastre. Lo único que sacó en positivo
Rourke de todo aquello fue conocer a la modelo
Carré Otis, de quien se enamoró y con quien se casó en tiempo récord. Aun tuvo tiempo de rodar un interesante y olvidado film de nuevo a las órdenes de
Cimino (
37 horas desesperadas). En 1991
Rourke se hundía más en la mierda actuando junto al gigoló
Don Johnson en
Dos duros sobre ruedas; desde luego el actor era consciente de la porquería en que se metía, porque tras sorprenderse del éxito que obtuvo el film cogió una depresión de caballo, convencido de que Hollywood era un circo y él era uno de tantos payasos, una prostituta que aceptaba cualquier papel por dinero. Tras participar en
White Sands el actor dejó la interpretación.
El MarielitoComenzó entonces una confusa etapa en la vida de
Rourke. La noticia de que el actor volvía al ring dejó a muchos helados. Tras sus primeros combates se habló de boxeo vergonzante, de combates amañados y de caprichos de una estrella. Sin embargo también hay fotos del actor con la cara partida y llena de cortes y moratones. Personalmente diría que quizás le amañaran unos cuantos combates al principio para subir lo suficiente de caché mientras se preparaba para los verdaderos púgiles. De todas formas la verdad sólo la sabrán quienes hayan presenciado esos combates.
Entre pelea y pelea el actor trataba de esquivar como podía a los paparazzis, que se habían

lanzado sobre él tras su boda con
Carré Otis. Los rumores de desavenencias en la pareja no tardaron en llegar. La pareja era carne de portada. Hasta que en 1994 fue detenido por maltratar supuestamente a su mujer. Fue cuando le tomaron la famosa foto policial en la que le dedica su característica sonrisa burlona a la cámara. Sin embargo la modelo no apareció para formalizar denuncia alguna. En 2007 habría otro posado para la policía por conducir ebrio.
También entre combate y combate el actor se desplazaba a los platós televisivos si la oferta era lo bastante jugosa. La televisión española tuvo el honor de recibirle en algunos cutreprogramas (antológica su fugaz aparición en
Goles son amores, en plan "coge el dinero y corre") que mostraron a la nación lo pasota que podía ser
Rourke y lo largas que tenía las manos con las presentadores de buen ver. Ocupado con sus combates y sus provechosas apariciones en televisión el actor no dudó en rechazar un papel en
Pulp Fiction, papel que iría a parar a
Bruce Willis.
Cuando en 1995 decidió retirarse del boxeo y volver a actuar comprobó que su nombre ya era parte de la prehistoria, y que sin buenos contactos no iba a tener buenos papeles. Un cóctel de excesos, muchos golpes y cuarenta añazos fueron moldeando el rostro del actor, que de
sex symbol pasó a ser un rostro extrañamente hinchado. Con fama de problemático, con muchas enemistades entre los productores y con una cara deformada a golpes,
Rourke tuvo que tragarse su orgullo y empezar desde abajo, presentándose a audiciones y aceptando lo que le ofrecieran. Por delante le esperaban películas baratas, filmes de acción con
Van Damme y una bochornosa segunda parte de
Nueve semanas y media. Cuando logró por fin un papel jugoso en
La delgada línea roja todas sus escenas acabaron en la sala de montaje. En 1997 se unía a un director que tampoco estaba en su mejor momento,
Coppola, para rodar
Legítima defensa, una adaptación del por entonces escritor de moda
John Grisham. Un año después se divorciaba de
Carré Otis. El actor siguió actuando allá donde se le quisiera.
Rourke entró en el nuevo milenio con otro despropósito: un videoclip de
Enrique Iglesias. Sin embargo su nombre volvió a las revistas especializadas como un distante sonido traído por una brisa lejana. Allá, a lo lejos, algunos comenzaron a señalar que la actuación de
Rourke en la película S
pun era de lo mejor que había hecho en años. Su carrera estaba próxima a cambiar cuando se cruzó con
Robert Rodriguez en
El mexicano, una película cuyo reparto daba la impresión de que hubiera sido decidido en una noche de fiesta con todos sus amigos. Parecía que en esa película aparecía todo el que se acercaba a saludar.
El año del regreso de
Rourke a la vida fílmica y a la existencia de los medios fue 2005. Tuvo un papel destacado en la publicitada
Domino, pero fue sobretodo su extraordinaria aparición como Marv en
Sin City la que recordó a media humanidad que este tipo había nacido para rodar películas, y descubrió a la otra media un tipo carismático.
Es poco probable que
Rourke recupere su antiguo status de gran estrella. En realidad ni siquiera sabemos si lo quiere. Pero muchos esperamos que no vuelva a desaparecer en películas de bajo presupuesto y nos regale su gran presencia en interesantes papeles de secundario. Pero puede que al final el actor llegue a más que eso. No hace mucho saltaba la noticia de que
The Wrestler, dirigida por
Darren Aronofsky y que contaba con
Rourke como protagonista, había ganado el León de Oro en el Festival de Venecia. El actor no deja de decirle a todo aquél que quiera escuchar que es la mejor película que haya rodado. Ya se habla de una candidatura al Oscar. Pase lo que pase, el cine actual le necesita. El mundo necesita a
Mickey Rourke.