Star Wars Screen Test |
En este enlace el resto: Reynolds, Streisand y de nuevo Spacey como un cabreado Jack Lemmon.
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Estupenda condensación de las fatídicas dos semanas en octubre de 1962 durante las cuales la crisis de los misiles cubanos estuvo a punto de llevar al mundo a la hecatombe. Tomando como base el libro The Kennedy Tapes - Inside the White House During the Cuban Missile Crisis la película ofrece un retrato bastante fiel de los hechos para los estándares de Hollywood. Uno de los autores del libro, Ernest May, acepta que la visión de los hechos se enfoque desde el punto de vista de un asesor que en realidad no tuvo demasiado peso en los acontecimientos, pero critíca duramente los desdibujados retratos de los asesores de John F. Kennedy (salvo su hermano Robert) y la imagen diabólica que se ofrece del estamento militar por medio de sus mandos.
Marshall Chess, capo del mítico sello discográfico que llevaba el nombre de su padre, le vino con la idea a Muddy Waters: modernizar su sonido, grabar un sólido disco de blues rock como hacían sus discípulos blancos, usar wah wahs como su discípulo negro y añadir saxofones y órganos. Tomar de un compañero de generación (Willie Dixon) y de sus alumnos aventajados (The Rolling Stones) y regrabar algunos de sus temas, como "I'm Your Hoochie Koochie Man" o ese "Mannish Boy" inspirado en otro discípulo, Bo Diddley.
Probablemente ningún escritor se ha adentrado en la psique de sus personajes y nos ha ofrecido un retrato de nuestra alma pensante con tanto acierto como Fiódor Dostoievski. Raskolnikov, personaje principal, el estudiante asesino con sueños de grandeza, ha devenido en paradigma de la lucha interna del hombre entre el bien y el mal, del peso de la conciencia, de la singular locura del hombre brillante.

Como era de suponer tras la noche de fiesta nos levantamos tarde. Como la noche anterior se había hablado de las pizzas de Grimaldi's viajamos de nuevo a Brooklyn, acompañados de Carl, dispuestos esta vez a encontrar el sitio. La pizzería es una institución en Brooklyn y es famosa tanto por sus pizzas como por sus colas. El fundador, Patsy Grimaldi, aprendió a hacer pizzas con su tío Patsy Lancieri, fundador de Patsy's y aprendiz del gran maestro Lombardi. Como en todas las veteranas pizzerías de Nueva York su lema son pizzas enteras, nada de porciones, y un horno a carbón.

lipotimia. Poco a poco, mientras se iba avanzando, uno deseaba llegar a los árboles que nos ocultaron Grimaldi's la otra vez para tener algo de sombra. Tras la lipotimia sacaron un bidón de agua y unos vasos de plástico para que no acabáramos todos por los suelos. ¡El señor G cuida de todo! Pasamos el tiempo hablando, por primera y única vez, con un compatriota quien, al igual que Carl, vivía en la ciudad y estaba llevando a sus amigos de excursión. Trabajaba como cámara para Antena 3, y nos relató cómo iba conociendo la ciudad gracias a las visitas.





Tras reunirnos finalmente con dos amigos franceses de Carl nos dirigimos hacia Little Korea, donde obviamente vamos a cenar en un restaurante coreano. No me encontraba demasiado hambriento, y tras intentar pedir sushi o alguna ensalada, diciéndome a todo que no podía ser, y mientras el resto pedían carne a la que acompañaban decenas de platitos con salsas verduras y no sé que más, me pido una especie de sopa. El camarero me avisa de que es picante, y le digo si muy picante o sólo un poco. "Just a little", dice, con su cerrado acento. Bien, cuando un coreano dice sólo un poquito quiere decir mucho. Menos mal que me gusta el picante. Y menos mal que el agua la sirven a tutiplén.¿Y qué tendría que hacer? Buscar un protector, tomar un amo, y como una hiedra oscura que rodea un tronco lamiéndole la corteza, subir con astucia en vez de elevarme por la fuerza. ¡No, gracias! ¿Dedicar, como todos hacen, versos a los financieros? ¿Convertirme en bufón con la vil esperanza de ver nacer una sonrisa amable en los labios de un ministro? ¡No gracias! ¿Desayunar todos los días con un sapo? ¿Tener el vientre desgastado de arrastrarme y la piel de las rodillas sucias de tanto arrodillarme? ¿Hacer genuflexiones de agilidad dorsal? ¡No, gracias! ¿Tirar piedras con una mano y adular con la otra? ¿Procurarme ganancias a cambio de tener siempre preparado el incensario? ¡No, gracias! ¿Subir de amo en amo, convertirme en un hombrecillo y navegar por la vida con madrigales por remos y por velas, suspiros de amores viejos? ¡No, gracias! ¿Conseguir que Servy edite mis versos, pagando? ¡No, gracias! ¿Trabajar por hacerme un nombre con un soneto, y no hacer otros? ¡No, gracias! ¿Hacerme nombrar papa por los cónclaves de imbéciles de los mesones? ¡No, gracias! ¿No descubrir el talento más que a los torpes, ser vapuleado por las gacetas y repetir sin cesar: « ¡Oh!, ¡a mí, a mí, que he sido elogiado por el Mercurio de Francia!»? ¡No, gracias! ¿Calcular, tener miedo, estar pálido, preferir hacer una visita antes que un poema, releer memoriales, hacerse presentar? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!
Cantar, soñar, reír, caminar, estar solo, ser libre, saber que mis ojos ven bien, que mi voz vibra, ponerme al revés el sombrero cuando me plazca, batirme por un sí o por un no, hacer versos... trabajar sin inquietarme la fortuna o la gloria, pensar en un viaje a la Luna, no escribir nunca nada que no nazca de mí mismo y contentarme, modestamente, con lo que salga; decirme: «Amigo mío, conténtate con flores, con frutos, o incluso con hojas, si en tu propio jardín las siembras y las recoges.» Y si, por casualidad llegara al triunfo, no verme obligado a devolver nada al César; guardar el mérito para mí mismo, y desdeñar la parásita hiedra... O incluso, siendo encina o tilo, subir, subir... subir siempre solo, ¡aunque no alcance mucha altura!
"Cyrano de Bergerac", por Edmond Rostand

Extrañados por la ausencia de Carl, hasta que bajamos y vimos un cartel en la puerta que imagino deberíamos haber visto la noche anterior, salimos de nuevo hacia el metro. Nuestro plan es ir hacia el norte y ver dos de los guetos más famosos de Nueva York: Harlem y el Bronx.

Evidentemente la prioridad número uno es acercarse hacia el templo negro llamado Apollo Theater, donde se grabó uno de los mejores directos de la historia a cargo de James Brown, donde debutó Ella Fitzgerald y tantos otros grandes nombres de la música negra se labraron su leyenda, y donde Buddy Holly actuó para un atónito público negro. En su marquesina se podía leer un emotivo recuerdo para el lamentablemente recién fallecido Isaac Hayes, así como el cómico Bernie Mac. Tiramos calle arriba por la 125 sorteando puestos callejeros y algún que otro sonado, mientras observamos la vida en Harlem. Viejos afroamericanos sentados contemplando el mundo me retrotraen a escenas de Haz lo que debas.

Parece que existe una especie de leyenda urbana según la cual ningún mortal ha logrado acabarse un sandwich Woody Allen en el Carnegie Deli (Séptima con la 55). Decidido a comprobarlo fuimos allí para comer, y de paso echar una foto al Carnegie Hall, que siempre me trae recuerdos de la canción de los Who "Success Story". La historia tras el nombre del sandwich es sencilla: en ese restaurante se rodaron las escenas de los representantes artísticos de ese deliciosa película de Allen titulada Broadway Danny Rose. No las tengo todas conmigo si no sería también el restaurante favorito de Walter Matthau en La pareja chiflada. Evidentemente los dueños del local aprovecharon la publicidad extra de la peli de Woody con el sandwich y una referencia en la carta. Pero el Carnegie Deli es más que eso, y pasa por ser uno de los más clásicos y mejores delicatessen de Nueva York. Rated R prefirió una hamburguesa; yo (con mis ataques mitómanos enfermizos) fui a por el sandwich Woody Allen.

News Building, durante gran parte del siglo XX sede del Daily News, periódico sensacionalista que puso su granito de arena al film noir con sus fotografías en blanco y negro de crímenes de todo tipo, y cuyo edificio sirvió de inspiración para el Daily Planet de Supermán. En la película Richard Donner tuvo el buen gusto de seguir usándolo como las oficinas donde trabaja Clark Kent, con lo que cuando vi su fachada recordé a Christopher Reeve saliendo apresuradamente por la puerta giratoria mientras descubría la gran S en su pecho. Lástima que con las cabinas modernas lo tendría difícil para pasar inadvertido. A diferencia del Woolworth allí no parece haber porteros ni nadie que impida el paso, y entramos en el hall para echar alguna foto al gigantesco globo terráqueo que adorna la entrada.
Aschin Wildeboer, el nadador ¿español? que alcanzó la final de los 100 m de natación seguía siendo una broma recurrente entre los tres tras su espléndida actuación en dicha final. El pobre hombre pronto fue rebautizado como 'Vindemor', y así su apellido iba cambiando: 'Vandelor', 'Condemor', etc. En fin todo esto viene a que tras otra retransmisión de la enésima victoria de Michael Phelps a la hora del desayuno nos despedimos de Carl y partimos, bajo un día soleado, hacia el metro. Hoy pasaremos la mañana en Brooklyn.

encontrar casas de madera y otros hogares conservados de la era anterior a la Guerra de Secesión. El que quizás sea el poemario más famoso de los Estados Unidos, Leaves of Grass, al parecer fue escrito por Walt Whitman en Brooklyn. Otro gran literato, Paul Auster, fue también residente de Brooklyn. La bella Clara Bow, el temible Al Capone, el bueno de Peter Criss o el malcarado Lou Reed son famosos hijos de Brooklyn. Bobby Fischer comenzó a aplastar ajedrecistas en Brooklyn. Sí, Brooklyn es un barrio venerable que ha dado grandes cosas al mundo. Y quizás la mayor de todas haya sido la Brooklyn Lager, creada por un periodista de Associated Press que aprendió a confeccionarse su propia cerveza en una bañera durante sus largas temporadas en Arabia Saudí, donde evidentemente el alcohol está prohibido. Al regresar a Nueva York en los 90 y enfretarse a las aquíferas Budweiser, Coors y demás, se decidió a montar una fábrica de cerveza. La Brooklyn Brewery es la única fábrica de cervezas en Brooklyn, un barrio que estuvo repleta de ellas en siglos anteriores gracias a los inmigrantes alemanes. La Brooklyn Lager es de sabor fuerte, "estilo anterior a la Prohibición" como reza su publicidad, y se ha convertido en la cerveza por antonomasia de Nueva York. Brooklyn, Yuengling, Stella o alguna otra de importación; ésas son las grandes cervezas que uno se puede tomar en la Gran Manzana. Porque si en algo hay en lo que Estados Unidos no son una potencia mundial es en cerveza y café. Creo que esto ya lo dije.

Según reza la leyenda, el holandés Peter Minuit adquirió Manhattan a los indígenas por bienes valorados en unos 24 dólares. Teniendo en cuenta que aquellos indios no tenían concepto alguno de propiedad de tierras y demás, la jugada comercial tuvo su miga. No resulta extraño que la parte de Manhattan que fue ocupada primero por los colonos sea hoy conocida como Financial District. El primer punto de colonización blanca en Nueva York fue Governors Island. En la punta sur de Manhattan nacieron el primer puesto comercial de pieles y el primer fuerte. Esa tarde Rated R y yo decidimos visitar todo aquella zona. El origen de la capital del mundo, de la Gran Manzana, y el corazón económico del Imperio. Wall Street, el antiguo emplazamiento de empalizadas y muros que sirvieron a los holandeses para defenderse más de británicos que de indios, nos espera.
Siguiendo hacia el norte, donde un par de rednecks puros y duros nos preguntan por la localización de la Zona Cero, nos dirigimos a observar la misma. En las paredes de una calle adyacente hay un mural de bronce conmemorando los hechos de aquel fatídico día. Años atrás a uno le podían preguntar dónde estaba cuando el ataque a Pearl Harbor, la llegada del hombre a Luna o algo similar. Hoy en día seguro que todos recordábamos qué estábamos haciendo aquel 11 de septiembre. Mientras siguen los debates para ver qué se va erigir en el enorme hueco que dejaron las Torres Gemelas, las obras para acondicionar el lugar y restaurar la línea de metro continuan. Echar un par de fotos y dedicar alguna reflexión a aquellos días es lo único que se puede hacer en el lugar. Muchos comercios y vendedores ya rodean la zona, que poco a poco vuelve a revivir. Tras un largo día de caminatas decidimos regresar a la que va siendo nuestra calle favorita, Bleecker Street, para tomar unas pintas. De camino vemos algún edificio interesante, como el Woolworth, un bello rascacielos cuyo interior (prohibido a turistas) dicen que es el igual de suntuoso.
cotizados son los que están situados frente a unas ventanas abiertas donde en verano debe resultar delicioso sentarse a charlar, tomar una cerveza y ver a la gente ir de un lado para otro. Nosotros no tenemos tanta suerte y nos conformamos con la barra., que ya es No hay Yuengling ni Brooklyn ni nada parecido en los tiradores, así que tomamos una lager inclasificable. Ya están sirviendo cenas por el local. Contemplo la bonita chimenea que adorna el centro del local mientras el Blind Tiger se sigue atestando de gente. Es hora de regresar a casa. Salimos y nos encontramos con el Diluvio de nuevo. Con tanta gente dentro ni se oía la lluvia. Pensando que quizás pare pronto salimos hacia el metro. Tras pasar unas cuantas calles nos damos cuenta de que vamos en la dirección equivocada. Y la lluvia no deja de caer. Decidimos buscar refugio en un pub que habíamos visto a la ida con un luminoso que indicaba "classic rock". Puestos a refugiarnos del agua mejor un sitio con buena música que otro bar de ambiente. Llegamos al lugar completamente empapados. Pedimos unas cervezas. El rock clásico se intuye, hasta que un tipo con una acústica comienza a ensayar. Hay mesas reservadas para cenar. Al parecer uno se puede engullir una cerveza mientras el tipo canta. Cuando regresamos dos días después descubrimos que para empezar hay una entrada de cinco dólares.
Aunque el calor apenas ha hecho acto de presencia, las nubes se han tornado más oscuras de lo deseable en los últimos días. Uno siempre se olvida algo al hacer la maleta, y Rated R y yo no teníamos ni paraguas ni chubasqueros ni nada parecido. Habíamos conseguido resguardarnos de la lluvia hace un par de días, pero la amenaza de una tromba de agua sigue estando ahí. De todas formas nos levantamos tras una noche más que fresca y desayunamos de nuevo con las gestas del señor Phelps. Decidimos pasar la mañana rebuscando más discos, pero esta vez nos dirigimos a la Virgin Megastore, en Times Square.
P.J. Clarke's. Hay un tramo de la Tercera Avenida que fue en su día un barrio irlandés, dividido por un metro elevado. Centenares de tugurios y tiendas poblaban la zona. Oficialmente establecido en 1884, en algún momento de principios de siglo un irlandés llamado Patrick J. Clarke entró a trabajar en el pub que hoy lleva su nombre. Tras algunos años había ahorrado lo suficiente para comprar el local. Lo bautizó con su nombre y siguió sirviendo cervezas y cenas a sus compatriotas de la Isla Esmeralda. Tras la Segunda Guerra Mundial todo comenzó a cambiar. El metro elevado se soterró, los grandes rascacielos comenzaron a sustituir al viejo barrio irlandés y unos italianos, los hermanos Lavezzo, se hicieron con el local. A principios de los 70 toda la zona pertenecía a la inmobiliaria Tishman Realty. Los dueños del Clarke's se resistían a vender, y, como en las películas, la Tishman necesitaba ese espacio para levantar un rascacielos, el primero de varios. Pero ninguna oferta fue lo suficientemente jugosa, y tanto clientes como conservacionistas apoyaron al local. El rascacielos se construyó un poco más apartado de lo proyectado, y el P.J. Clarke's se salvó. El edificio, que data de al menos 1864, sigue en el lugar de siempre, el 915 de la Tercera, con dos pisos menos, pero único superviviente de otra era.