martes, 29 de abril de 2008

Una mujer bajo la influencia (1974)

Inestabilidad emocional, locura, enfermedad mental. Muchos son los grados y muy personales los casos, y durante mucho tiempo el demonio parecía acechar tras cualquier comportamiento que se saliera de lo normal. Todavía existe una invisible línea difícil de medir y de trazar, que separa lo excéntrico, lo sensible o lo diferente (y sobretodo si se dan los tres casos a la vez) de lo anormal, de comportamientos de lunáticos. Un alma sensible constreñida por normas sociales y por pautas de conducta que no toleren la diferencia puede fácilmente romperse en pedazos y ahogarse en un frasco de prozac o en una institución mental. Una mujer bajo la influencia es la historia de una familia que se ve abocada a enfrentarse al problema del desorden emocional que raya en una enfermedad mental. La película ha sido también mi primera experiencia con el John Cassavetes director, y la experiencia ha sido realmente gratificante.

El director independiente y actor y estrella ocasional nos ofrece en esta cinta un descarnado retrato de una sensible mujer y ama de casa, Mabel Longhetti, que se ocupa de sus niños y de su marido Nick, un rudo trabajador italiano que desloma para mantener a su familia. Un día los niños se van con la abuela y Mabel se prepara para una noche romántica con su marido. Pero éste se ve obligado a trabajar esa noche, y no acude a la cita. Algo dentro de Mabel comenzará a resquebrajarse, y su comportamiento se irá tornando cada vez más errático. Esa misma noche una desesperada Mabel que busca afecto y ahogar sus penas en alcohol acabará en la cama con un desconocido. Desde entonces nada volverá a ser igual.
Nick quiere a su esposa y a su familia, pero en realidad vive en un mundo distinto al de su mujer. Ella sueña despierta con El lago de los cisnes, y trata de expresarse como ella siente que debe hacerlo, al tiempo que quiere ser una buena mujer y ama de casa, como su marido espera de ella. Pero Nick llevará a sus compañeros de trabajo a comer a casa, y Mabel acabará mostrándose incapaz de ser una correcta anfitriona. Nick vive en un mundo de normas, de nóminas y largas horas de trabajo, y se muestra incapaz de aceptar el espíritu libre que bulle bajo la piel de su esposa.
Cuando la salud mental de Mabel se deteriore Nick tratará de ayudarla, pero en el fondo es incapaz de entender lo que le está pasando a su mujer, y cuando se sienta abrumado recurrirá a la violencia verbal y física para intentar a tajar un mal al que no sabe enfrentarse. ¿Será su última y tal vez única opción recluirla en una institución mental?

Todo lo que esperaba de John Cassavetes lo he encontrado en Una mujer bajo la influencia: una historia de personajes, altas dosis de realismo, una trama de clase trabajadora que pudiera ocurrir en cualquier lugar de Occidente, y grandes interpretaciones. Si hablar de cine independiente norteamericano es hablar de Cassavetes desde luego será por algo. La fuerza descarnada de sus diálogos, su buen trabajo de actores, su lirismo cotidiano, y, por qué no, sus pequeñas dosis de buen humor (como la escena en que Nick le da cerveza a sus hijos y éstos acaban algo tarumbas) hacen de Una mujer bajo la influencia una gran muestra de cine directo centrado en historias cotidianas.
Además tenemos a dos pedazos de intérpretes como son la musa y esposa de Cassavetes, Gena Rowlands, que simplemente está espléndida como la sensible y frágil Longhetti, y un amigo del director, Peter Falk, y es que echando un vistazo a los títulos de crédito se comprende que todo queda en familia. Falk realiza también un excelente trabajo y nos muestra en la pantalla su lado más rudo, tan diferente del apacible teniente Colombo al que nos tenía acostumbrados.
Si quieren desintoxicarse de cine palomitero o disfrutar de un gran trabajo actoral y de un gran del independiente norteamericano, Una mujer bajo la influencia es una buena opción.

Jugando con Narciso: un premio


Pues no esperaba yo más premios de otros blogs, y menos desde donde ha venido, pero bienvenido sea, aunque sólo sea por la labor publicitaria que conlleva. En esta ocasión tenemos un premio a la brillantina (¿o es brillantez?) que me viene desde una planta, concretamente la quinta, del señor banderas, quien guarda un ligero parecido con Keith Richards. Tendré que hacer sitio en mi vitrina (no porque esté llena de premios, sino porque está llena de discos y muñecos de Star Wars) para colocar este premio Brillante Weblog 2008.

Como ya sabéis es preciso que ahora premie a otros siete blogs que considere brillantes, dejar aquí sus enlaces, enviar mensajeros a caballo a los respectivos blogueros y una vez hecho todo eso podré acurrucarme en mi oscura cueva y acariciar mi tessssorooo hasta que el río lo reclame. Así que vamos allá.


Enhorabuena a los premiados, y vosotros veréis lo que hacéis:

  • Quesito Rosa: Clásicos del cine (de la A a la Z) y televisión catódica, comentado todo con desparpajo y también con estilo, según el caso, por tres sospechosos habituales.
  • San Free Bird 72: Rock and roll y derivados, de todos los tipos y colores. Sólo espero que algún día cambie el color de la letra. Aún así, ¡premio!
  • Boquitas pintadas: Muchos libros, bonitas fotos y reflexiones de todo tipo. Ideal para cualquer momento de la semana, aunque yo lo asocio con los domingos por la tarde. Será porque es como pasear por el jardín.
  • Cinemascope: Una mirada al séptimo arte. Y muy certera e ilustrativa además.
  • Un respeto a los clásicos: Cine, literatura, y mucha música. Se merecen el respeto, y el premio también.
  • Interpreta-sones: Uno de mis últimos descubrimientos. Funanbulismo léxico, curiosos ditirambos, y música popular de ayer, de hoy y de siempre. Y adivinanzas. ¿Alguien da más? Ideal para viajes cortos.
  • La linterna mágica: Cine, cine y más cine. Alicia y marcbranches recordándonos por que el séptimo arte es tan grande.

lunes, 28 de abril de 2008

Garras humanas (1927)

Esta es una historia que cuentan en el viejo Madrid...

La unión de dos talentos como Lon Chaney y Todd Browning nos dejó algunos de los mejores títulos del cine mudo, de los que lamentablemente no todos se han conservado. La increíble destreza interpretativa y mimética de Chaney eran el contrapunto perfecto para las oscuras tramas de Browning, y en muchos casos actor y director colaboraron estrechamente para crear un clásico de la fantasía y el terror tras otro. En el salto del mudo al sonoro Browning perdió a Chaney aunque paradójicamente fue entonces cuando se ganó la inmortalidad dirigiendo a Bela Lugosi en Drácula. Pero para entonces los dos amigos ya nos habían dejado su film más retorcido, Garras humanas.

Resulta terrible pensar que durante mucho tiempo Garras humanas era casi una leyenda urbana, una película perdida que circulaba por los mercadillos más extraños en una copia de baja calidad. Como sucede a veces en estos casos el milagro se produjo y se localizó una copia en 35mm y casi completa en Francia. Así lo que hoy podemos ver no es el film tal como se estrenó en su día, pero los apenas 50 minutos de metraje bastan para quedarse maravillado.

Como reza la introducción del film, la historia se desarrolla en España. Browning localizaba de nuevo la trama en su querido circo, esta vez en un circo de gitanos donde las grandes estrellas son Malabar, un hércules que dobla barras de hierro y levanta grandes pesos, y Alonso ("Alonzo the armless" en la versión original), un hombre sin brazos que con los pies dispara un rifle y lanza cuchillos a su ayudante Nanon, la bella hija del dueño del circo.
En principio lo que narra Garras humanas es una suerte de triángulo amoroso, pero obviamente tratándose de Todd Browning todo resulta de lo más enfermizo. Nanon es la clase de mujer que volvería loco a cualquier hombre, una belleza morena a la que sin embargo domina una extraña obsesión: sufre una aversión a las manos de los hombres, y odia ser tocada por ellos. En el otro lado tenemos al forzudo Malabar, un apuesto musculado bastante bonachón y que está perdidamente enamorado de Nanon, pero cada vez que éste se acerca a ella o intenta tocarla es rechazado de forma tajante. Por supuesto el tercer elemento en discordia es Alonzo, que se ha convertido en una especie de confidente de Nanon, puesto que al carecer de brazos es al único que no teme. Pero en realidad Alonzo está perdidamente enamorado de Nanon, de una forma obsesiva, aunque la ama en secreto. Y precisamente es un gran secreto el que esconde Alonzo, y que sólo su pequeño compañero Cojo conoce.

Como veis no estamos ante la típica historia de amor al uso. Las retorcidas connotaciones sexuales son más que patentes, y el devenir de la trama confluye en un psicótico clímax de sideshow y horror psicológico, tan o más impactante como el de la celebérrima cinta de culto Freaks. Un Lon Chaney libre de todo maquillaje que se muestra magnífico a lo largo de toda la cinta hace suyo el momento de máxima tensión dramática, desplegando en unos pocos planos toda una serie de intensas emociones que demuestran no sólo el por qué de su gran popularidad en los años del mudo sino que dejan patente también el gran intérprete que fue. Inconmensurable.
Chaney se puso una vez más las cosas difíciles en el rodaje, y esta vez tenía que llevar durante la mayor parte del tiempo un incómodo corsé, aunque la mayoría de escenas en la que trabaja con los pies fueron dobladas por Paul Desmuke, un auténtico lanzador de cuchillos que nació sin brazos, lo cual no le impidió llegar a trabajar también como juez de paz.
Aunque obviamente es Laney quien se lleva todas las escenas, destacan en el reparto una jovencísima Joan Crawford que interpreta a Nanon y que se estaba labrando su ascenso hacia el estrellato más pasado de vueltas. El enano John George, que participó en casi todas las películas de terror y fantásticas de los años 30, y que en años subsiguientes aparecía en los estudios siempre que se requiriera a alguien de corta estatura, está también impecable como la mano derecha (perdonen la incorrección) de Alonzo, el pequeño Cojo.

Garras humanas constituyó un éxito de público (no hay que olvidar que Lon Chaney era una de las grandes estrellas del mudo) pero la crítica atacó furibundamente el film, como ocurriría posteriormente con Freaks, que al no contar con alguien como Chaney se hundió en la taquilla. En ambas películas Browning demuestra que estaba adelantado a su tiempo, y que sus impactantes y macabras puestas en escenas tenían más sentido en un mundo que hubiera conocido los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la tensión de la Guerra Fría. En Garras humanas Browning demostró ser todo un maestro del horror psicológico, y que a pesar de toda la casquería actual y de los excelentes efectos especiales la gran parte de cintas de terror actuales languidecen en comparación con las excelentes pesadillas freudianas de Browning. Seguramente no se volvió a ver algo así en las pantallas hasta el Psicosis de Hitchcock.
Lo cierto es que resulta terriblemente excitante poder sentirse incómodo viendo películas como ésta, al tiempo que uno disfruta de la belleza de toda una Crawford y se emociona con el talento de todo un Chaney. Terror de la vieja escuela para seguidores del amor menos convencional. Garras humanas, todo un clásico del mudo.

Leer critica Garras humanas en Muchocine.net

domingo, 27 de abril de 2008

Una niñera en Manhattan

¿La canción que le habría gustado poder hacer a los Oasis? En mi opinión, desde luego que sí.

El grupo, Lilys. El disco, Better Can't Make Your Life Better. La canción, "A Nanny In Manhattan". Y que los hermanos Gallagher se mueran de la envidia.



Here I go out the door of my
Apartment before I miss my train
And there's no way that is happening
Coz my girl you see
Has been doing things without me
So I'm going to see
What's been going on without me
Is my ex a film critic?
And now living as a nanny in manhattan

Hear this from me
Some folks are telling jokes about the
Secrets she writes about all
Words for each and every one of those
Songs about people that you know

From the train to the car
And as we drove I kept calling
Leaving cute one liners there on your machine
I'm looking in your window
And there's some guy looking back at me

Please tell me what the hell is happening
Well your ex, the film critic
Is now living as a nanny in Manhattan
Hear this from me
Some folks are telling jokes about the things that she wrote
Words for each and every one of those
Songs about people that you know

This is what I mean
So it should sound mean
It's just because you ain't actin' like a friend
Like our last phone call

Forget to chill
You need to know
And don't ever talk to me that way again

Fiebre del sábado noche (1977)

1977 vio el nacimiento de dos iconos modernos: la galaxia de Star Wars y Tony Manero. La fiebre disco, con sus zapatos brillantes, pantalones de campana, cadenas doradas y grandes solapas se extendió por el mundo como la peste. Quién sabe cuantos de jóvenes bloggers fueron concebidos tras una noche de bailes al ritmo de los Bee Gees. Y es que en 1977 todo el mundo quería ser Tony Manero.

Un tal Nik Cohn publicaba en junio de 1976 un artículo en el New York Times sobre la vida y rituales de una nueva tribu urbana que campaba por las discotecas de Manhattan moviéndose al ritmo de una curiosa mezcla de sonido Philadelphia, soul y funk flácido. La música disco había nacido y con ella toda una nueva cultura con jóvenes dispuestos a entregarse a la pasión del baile. Tribal Rites of the New Saturday Night fue el título del artículo que inspiró Fiebre del sábado noche, aunque veinte años después su autor confesara que fue todo una invención. Algo de verdad habría supongo, y si no fue así, lo cierto es que después del estreno del film sí la hubo.

Si la vida de John Travolta ya se había vuelto difícil tras conseguir una enorme popularidad entre jóvenes y adolescentes (especialmente entre ellas) tras su participación en la serie Welcome Back, Cotter, su personaje de Tony Manero la volvió imposible. De repente Travolta se convirtió en el personaje más popular de la Tierra. Y es que seguramente nadie podría haber encajado mejor en el papel del carismático chulo Manero, el rey de las pistas de la discoteca 2001 Odyssey (una discoteca que existió realmente, por cierto).
Travolta ya tenía un pasado como bailarín, pero para el papel de Manero se preparó de forma concienzuda, haciendo ejercicio y bailando durante tres horas diarias. De hecho en un determinado momento del rodaje amenazó con dejarlo todo si una escena de baile en la que había trabajado especialmente era eliminada. Por supuesto la escena (
"You Should Be Dancing") se quedó.

Jóvenes de clase obrera que viven con sus padres y se ganan la vida como pueden en trabajos de larga jornada y con un sueldo más bien magro, y cuyas vidas no parecen tener un futuro especialmente brillante. Pero cualquier pena o tribulación queda atrás los sábados por la noche. Es entonces cuando esos jóvenes se convierten en los amos de la pista, se sienten a gusto y dilapidan sus pequeños sueldos en las discotecas de la ciudad, bebiendo alcohol, tomando drogas, bailando hasta desfallecer y tratando de llevarse a alguien del sexo opuesto a la parte trasera de un coche. Y en una discoteca de Manhattan el rey de esos jóvenes se llama Tony Manero.
Manero es un italoamericano cuyo padre está en paro y cuya beata madre siempre le está recordando lo bueno que es su hermano mayor, que se ha hecho sacerdote y se ha ganado el respeto de la comunidad. Sin embargo Manero tiene posters de Rocky, Serpico y otros héroes del momento en su habitación, y su mente está más preocupada de sus trajes, sus pases de baile y su pelo que en el poder de arriba. Si algo hay que Manero se tome en serio, más que las relaciones con las mujeres o el trabajo, es el baile. ¡No oses llegar tarde si has quedado para ensayar bailes con Tony Manero! Ese es el mundo de Fiebre del sábado noche. Bailes, sexo machista, sudor, solapas... un amigo de Manero, el joven Bobby (Barry Miller, ¡chocante era verle en su fugaz aparición en La última tentación de Cristo!), a quien nadie parece tomar en serio y que está preocupado por que ha dejado embarazada a una chica. Peleas con bandas latinas. Juventud y testosterona en grado máximo.

Todo comenzará a cambiar para Manero cuando conozca a su alterego en versión femenina, una reina de la pista llamada Stephanie. Tras verla bailar Manero le propondrá que sea su pareja para el próximo concurso de baile en la Odyssey. Ella, tras cabilarlo un poco, acepta. A Manero no le duelen prendas en echar con cajas destempladas a su previa pareja de baile, una sencilla chica que bebe los vientos por Manero.
Por supuesto desde un principio Manero tratará de seducir a Stephanie, pero se encontrará con que esa es una chica distinta a las que está habituado, y que de fácil tiene poco. Su relación tendrá que ceñirse sólo al baile. Aunque Manero en el fondo no perderá la esperanza, aceptará el tratado, obsesionado por dar lo mejor de sí en el concurso.
En el transcurso de los ensayos Manero irá conociendo a Stephanie mejor. Es una chica que bien pudiera haberse criado en un barrio como el de Manero, pero que luchó para salir de esa ratonera social, y dejó su particular Brooklyn por Manhattan. Cuando el hermano mayor de Tony regrese tras haber dejado atrás sus votos, comenzará a plantearse el significado de su vida, sus amistades, su entorno; en definitiva, su futuro. Y todo eso mientras los hombres le envidian y las mujeres le desean, bailando en las pistas del Odyssey. ¿Llegará a cambiar la vida de Tony Manero?

Evidentemente Fiebre del sábado noche no habría sido igual sin la BSO que la acompañaba. Amén de algún son popular del momento como ese "Disco Inferno" de 50 Cent lo que destaca es la estupenda obra de los Bee Gees, lo mejor que hicieron en sus vidas los hermanos Gibb. Temas como
"How Deep Is Your Love", "More Than A Woman", "Night Fever", "You Should Be Dancing" o, sobretodo, la inmortal "Stayin' Alive", hacen del disco una maravilla que se convirtió desde el momento de su publicación en una de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, cosechando un éxito sin precedentes que sólo pudo ser superado por el señor Michael Jackson.

Un espectacular traje blanco, un dedo apuntando al cielo... esa imagen ya clásica ha entrado a formar parte del Panteón icónico de Hollywood, junto a una Marilyn a la que se le vuelan las faldas o un John Wayne con un rifle en una mano y una silla de montar en la otra. No soy aficionado de los bailes por lo general, y menos aún en las discotecas actuales, pero, ¡no me importaría ser Tony Manero por un día!

96 Tears

No es algo que suela ocurrir a menudo, pero cuando sucede puede llegar a ser todo un acontecimiento. Seguro que todos tenéis algún leve recuerdo infantil de una serie, película, canción, etc. del que os gustaría saber título, fechas, o algo así. Yo desde hace mucho tiempo tenía un fragmento de unos teclados en el cerebelo, seguramente en la parte reptiliana. Pero hasta entonces me había resultado imposible descifrar el criptograma.
El caso es que cerca de mi pub favorito hay una discoteca con un "apartado" por decirlo así donde suelen pinchar rock. Hace unos sábados allí que me dirigí para acabar la noche, y sucedió. Esa melodía comenzó a sonar. Realmente milagroso. Así que obviamente me dirigí al DJ para hacer mis averiguaciones.

? & The Mysterians, también conocidos como Question Mark And The Mysterians. El grupo cuyo cantante vive escudado tras unas gafas de sol y que asegura ser un marciano que convivió con los dinosaurios. El grupo practica un garaje rock con reminiscencias de surf, con el típico sonido de tantas bandas semi underground de la época. La canción que tanto buscaba resultó ser "96 Tears", su mayor éxito, su canción por excelencia. Ahi os dejo un video, algo desincronizado, pero con un buen sonido. Y ese crescendo dramático a mitad de canción, mmm. You're gonna cry 96 tears.

sábado, 26 de abril de 2008

Asesino de virgenes


Un día de estos me gustaría dedicar una extensa entrada a los Scorpions, y recordar aquellos tiempos en que no eran una máquina de fabricar baladas asesinas. Los tiempos del reinado de la NWOBHM y el poderoso hit "Rock You Like A Hurricane", con ese inolvidable y cutre videoclip, o ese maravilloso pero olvidado doble álbum en vivo que es Tokyo Tapes.
De momento la disertación sobre los Scorpions tendrá que esperar. Hoy me apetece rescatar una de las canciones más histérica y pasada de vueltas de la banda, "Virgin Killer", del álbum de mismo título, cuya portada nos recuerda una vez más el dudoso criterio de la banda para ilustrar sus discos. You're a demon's desire!

jueves, 24 de abril de 2008

La batalla de a quién puede importarle menos

A ver cuántos se esperaban esta...

Hace ya muchos años que solía despertarme todos los días con esta tonadilla en la cabeza. La razón era bastante simple: se conectaba el radio-reloj y un anuncio que no paraba de sonar cada dos por tres tenía de fondo "Battle Of Who Could Care Less". No creo ser el mayor fan de Ben Folds Five en el mundo, pero la canción siempre me ha gustado. Ni una sola nota de guitarra, pero las melodías son realmente bonitas, al menos me daban buen rollo por las mañana. Ahora tengo un maldito sonido enervante de despertador. Lamentable.

Stone Cold

Me gustan estas tranquilas noches en que el frío va quedando atrás pero todavía refresca, y uno puede dejar la ventana abierta y sentir de vez en cuando las caricias de las brisas. Ni frío luterano ni calor achicharrante, sino un ambiente fresco realmente relajante. Y de fondo los Rainbow más comerciales, los del melódico Joe Lynn Turner, y el hierático Ritchie Blackmore demostrando que aunque siguiera los pasos de Abba no había perdido ni un ápice de gusto al ejecutar los solos. "Stone Cold", un clásico de la década de lo japonés, las hombreras y Michael J. Fox.

miércoles, 23 de abril de 2008

El malvado Zaroff (1932)

El cazador cazado. La presa en esta ocasión es el animal más peligroso de todos: el hombre. Cuando un experto cazador de safaris (Joel McCrea) alcance una perdida isla del Pacífico como único superviviente de un naufragio, descubrirá que ser la presa no es nada divertido.

Basada en un popular relato corto de Richard Connell, El malvado Zaroff dejó una huella indeleble en el imaginario colectivo, de tal modo que su historia ha sido constantemente revisada una y otra vez a lo largo de las décadas en forma de distintos largometrajes, desde el A Game of Death de Robert Wise hasta la sorprendente Juego de supervivencia, ya en plena década de los 90. Nótese que a pesar de las semejanzas La presa desnuda no debería ser incluida en esta categoría puesto que se basa en hechos reales.
La producción de la RKO es una película de aventuras imbuída de un notable horror gótico, producto sin duda de la enorme popularidad en aquellos días de los terrores de la Universal. Los magníficos decorados de la mansión del conde Zaroff recuerdan a las oscuras estancias del Drácula de Bela Lugosi, y el propio malvado responde a esa mezcla de elegancia aristocrática y refinada perversidad, aunque probablemente esta características ya pudieran encontrarse en el personaje original de la historia.
Los recargados decorados de exteriores resultan igual de familiares, aunque en esta ocasión la razón es la simultaneidad de rodajes tan típica de la época. Rodada al mismo tiempo que King Kong, muchos de los decorados de El malvado Zaroff pueden ser vistos también en el clásico del gran gorila. Mientras por el día se rodaba King Kong, por las noches llegaba el turno para las locuras del conde Zaroff. Dicho plan de rodaje obligaba en muchas ocasiones a rodar durante todo el día a Fay Wray y Robert Armstrong, quienes también participaban en King Kong.

Seguramente fuera intención de Richard Connell realizar un alegato contra la caza deportiva de animales, pues en el film son varios los diálogos en que se cuestiona dicha práctica, y la historia en sí misma resulta un claro alegato en contra de la matanza de tigres, antílopes y demás fauna. Tras visionar El malvado Zaroff no deja de sorprenderme que no haya sido abanderada por las asociaciones ecologistas, y no busquen en mis palabras ironía alguna. Como estudio sociológico o ensayo sería estupendo leer un trabajo sobre El malvado Zaroff como primeriza (aunque tangencial) muestra de ecologismo en Hollywood.

Aparte de la recordada scream queen Fay Wray y la cómica interpretación alcohólica de Armstrong destaca por méritos propios el actor Leslie Banks como un inolvidable Zaroff. Banks era un actor de lo más atípico, una especie de estrella freak, cuyo lado izquierdo de la cara quedó desfigurado durante la Primera Guerra Mundial, pero que no le impidió desarrollar una prolífica carrera en Hollywood. En cierto modo, según que lado del rostro cogiera la cámara, podía ser un perfecto villano o un tierno galán. Su regio porte, su frialdad y sus expresiones más sicóticas hacen de su Zaroff uno de los villanos por excelencia del cine. Igual de terroríficos son sus fieros perros de caza (grandes daneses que pertenecían a Harold Lloyd) y sus sirvientes cosacos.
La película fue codirigida por Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, este último artífice también de King Kong junto a Merian C. Cooper. El propio Cooper ejerció de productor asociado en esta película junto a David O. Selznick, y el papel de Armstrong fue obra directa de Cooper, quien detestaba la imagen amable que del alcohol se había dado en la gran pantalla. No deja de ser curioso que años después se asociara con el bebedor John Ford. La música corre a cargo del ínclito Max Steiner, con el sonido de los cuernos de caza como pequeño leifmotiv; es un sonido que no deja de recordarme a la magnífica banda sonora de Los vikingos.

I was thinking of the inconsistency of civilization. The beast of the jungle, killing just for his existence, is called savage. The man, killing just for sport, is called civilized. It's a bit inconsistent, isn't it?

Ticket To Ride (con lapsus)

Estaba pensando que ya es año y pico el que ando escribiendo y aún no habían aparecido ellos, lo cual es imperdonable. Claro que la lista de imperdonabilidades es realmente larga y vergonzosa, pero no siempre trato de ir a lo obvio. En fin, sólo para quitarme la espinita aqui va una bella copla de The Beatles, uno de los grupos definitivos de la historia. Gocen con el "Ticket To Ride" en playback (no se les ve muy animados con el tema) y con hilarante lapsus a cargo de John Lennon. She's got a ticket to ride...

Mi primo Vinny (1992)

El otro día me lo estaba preguntando. ¿Qué habrá sido de Ralph Macchio? ¿Estará haciendo teatro en el off-Broadway? ¿Se habrá casado y se habrá retirado? ¿Vivirá entre cartones? Seguramente fue uno de los actores más inexpresivos de los 80, pero no cabe duda de que reinó por lo alto en aquella extraña década, entre patadas, volteretas y encerado de coches. Pero tras protagonizar Mi primo Vinny parece que se lo engullera el Hades.

Realmente el verdadero protagonista de la película es Joe Pesci, que hizo de su estrafalario personaje Vincent LaGuardia Gambini un pequeño hito del cine de aquellos días. Hasta tal punto debió encariñarse Pesci con el personaje que años después cuando se metió a hacer de crooner publicó un disco titulado Vincent LaGuardia Gambini Sings Just for You. Desde luego la sonoridad del nombre era espectacular.
¡Qué gran tipo Joe Pesci! Menuda máquina, junto a Bobby De Niro y Scorsese nos ha dado personajes realmente inolvidables, desde aquel atormentado hermano de LaMotta en Toro Salvaje hasta el salvaje Tommy Devito de Goodfellas. También era agradable verle como el peculiar testigo chatterbox en la saga de Arma Letal, y desde luego era también lo más destacable de las dos primeras Solo en casa. Pero junto a sus papeles de gángster violento mi favorito probablemente sea el del viejo Vincent LaGuardia.

Una lata de atún llevará al joven Gambini y su amigo, recién graduados que viajan en coche por los Estados Unidos, a una prisión del estado de Alabama, al considerárseles culpables de un atraco a mano armada y asesinato que ha tenido lugar en la misma tienda donde han parado a comprar el dichoso atún. Ante la imposibilidad de pagarse un abogado recurren al primo del joven Gambini, el impagable Vincent LaGuardia, un "espagueti" de Nueva York repleto de tópicos y de lo más dicharachero que acaba de sacarse el título de abogado.
Enfrente tendrá a un experimentado fiscal sureño y al estricto juez Haller, el tipo de juez que uno se imagina impartiendo justicia en la vieja Alabama. Evidentemente desde un principio el desparpajo de Vinny cochará de frente con la recia austeridad de Haller, dando lugar a varios diálogos realmente alucinógenos. Las acusaciones de desacato no pararán de llover sobre el pobre Vinny.
Entre los problemas de sueño de Vinny y su inexperiencia habrá que sumar a su bella novia peluquera y ex-mecánico que está deseando casarse y ayudar a Vinny en su caso, pero éste se hace el macho y le dice que no hace falta. De paso Vinny tendrá tiempo para solventar un pequeño problema con un matón del lugar al más puro estilo LaGuardia, que acabará con una espectacular golpe mezcla de salto y directo al mentón que no se veía desde los tiempos de Bud Spencer y Terence Hill. Mi primo Vinny es una más que entretenida película que satisfará por partes iguales tanto a los que gusten del género de juicios como a los admiradores del gran Pesci.

¿Recordáis la leyenda urbana (o no, ¡quién sabe!) que decía que Marisa Tomei no había ganado el Oscar a la mejor secundaria, sino que fue una equivocación de Jack Palance?. No sé que me parece más fascinante, si la historia en sí o que tuviera de protagonista al bueno de Palance (no dejen de ver al pobre Jack desesperándose en Gor 2. No es broma ni juego de palabras, ¡existe!). El caso es que la por entonces desconocida Marisa se hizo con el galardón, y aunque está muy bien en el papel de inteligentísima y a la vez algo macarra novia de Vinny no sé yo si era para tanto premio.
Y aparte del mencionado Pesci, es imprescindible rendir honores al gran Herman Munster (perdón, quise decir Fred Gwynne) que está impecable como el duro juez Haller. Lamentablemente fue su última aparación en la gran pantalla, pero se fue con un carismático papel como colofón a una intensa carrera. En unos meses hará 15 años que nos dejó, así que rendidle tributo visionando algún capítulo de Los Munster o contemplando sus enfrentamientos con Pesci en Mi primo Vinny.

lunes, 21 de abril de 2008

En sueños

Cuesta pensar en tantas leyendas que nos han dejado y que ya no están nosotros. Por ejemplo, esos Traveling Wilburys que probablemente nunca volverán a reunirse, no sin el bueno de George Harrison. O el bueno de Lefty, el primer Wilbury que dejó este triste mundo, justo cuando el reconocimiento del público volvía a sonreírle de nuevo. "The Big O", el eterno hombre de negro oculto tras gafas oscuras, el hombre de la voz divina, el irrepetible Roy Orbison. Al menos se fue de forma impecable, con ese magnífico disco llamado Mystery Girl. Apenas un año después el globo terráqueo no pararía de escuchar su archifamosa "Oh, Pretty Woman", pero él ya no estaría allí para verlo.
Evidentemente, la carrera de alguien que influyó en Lennon y McArtney y tantos otros grandes compositores no podía reducirse a un solo hit. Muchas son las canciones de renombre que nos dejó, aunque como bien sabréis aquellos que hayáis visto Terciopelo azul hay una ciertamente diferente, sobretodo después que David Lynch nos dejara anodados con su retorcida reinterpretación del tema. El propio Orbison quedó horrorizado al ver el uso que el tétrico Lynch había dado a su composición en la película, pero es innegable que la combinación entre imágenes y música era perfecta. Desde entonces para mí "In Dreams" me resulta una canción decididamente oscura, aunque evidentemente es tan bella como todo lo que hizo Orbison en vida.

El monstruo de tiempos remotos (1953)


Decía Rubio en El bueno, el feo y el malo algo así como que el mundo se dividía en dos clases de personas: los que tienen un arma y los que cavan. También podría decirse que hay personas que sólo verían una silla de madera vieja mientras que otras reconocerían un Luis XIV o algo así (lo siento, no soy muy ducho en muebles). Respecto a El monstruo de tiempos remotos, está claro que no todo el mundo podría apreciar el encanto de una película así.

Como bien sabe cualquier fan del gran Ray Harryhausen, en muchas ocasiones su trabajo en los efectos técnicos era mejor que las propias películas en sí. El monstruo de tiempos remotos tal vez no sea una película tan sólida como otras de su era, pero desde luego es un puro trabajo artesanal, y tiene ese encanto díficil de explicar a alguien acostumbrado a ver sólo los últimos estrenos.

1950 ya había visto películas de ciencia ficción, y en 1952 un nuevo elemento se añadió al género: el monstruo colosal suelto en una gran ciudad. Tras el exitoso reestreno de King Kong en dicho año, los productores (igual que pasa hoy en día) se aprestaron a repetir la fórmula. Para ello un par de avispados y el productor Jack Dietz idearon la trama de un dinosaurio marino que atacaba faros y extendía el terror en las costas de Nueva Jersey. Al resultar que dicha historia coincidía más de lo deseado con un relato corto de Ray Bradbury, para evitarse problemas los productores compraron los derechos de la historia. Fue así como nacía The Beast from 20.000 Fathoms.

Una prueba nuclear en el Antártico libera a un viejo dinosaurio (evidentemente la película inspiró en parte el fenómeno de Godzilla) que desde más allá de la península de Labrador viajará con la corriente marina hacia el estuario donde solían retozar sus antepasados. En el camino no tendrá más remedio que atacar barcos pesqueros y destruir un faro, mientras un superviviente de la expedición polar intenta convencer a sus congéneres humanos de que no está loco.
Ya en Nueva York el científico logrará convencer a un paleontólogo y a su hermosa ayudante, y con la colaboración de la Marina saldrán en busca del bicho. El entusiasmado profesor se meterá en un batiscafo para observar las aguas e intentar localizar al redosaurio. Su arriesgada acción a lo Plinio el Viejo evidentemente le costará la vida. El monstruo no tardará en llegar a Nueva York, con destructivas consecuencias.

Es evidente que el gran atractivo del film es contemplar algo tan bello como son los viejos efectos especiales de Harryhausen, su famoso Dynamation, un arte del pasado perdido en el tiempo pero que tiene el mismo encanto que hoy en día a un alfarero haciendo jarrones o un artesano haciendo cestas de mimbre. Las escenas de pánico quizás no estén demasiado conseguidas, y la gente más que huir parece que pierda el autobús, y la escena del ciego tal vez sea algo confusa, pero cualquier otro elemento queda al margen cuando uno ve al dinosaurio retorciendo coches y aplastando edificios.

Como es de esperar, el redosaurio será díficil de matar, con lo que se recurrirá a una extraña estratagema: carga un isótopo radiactivo en un lanzagranadas y acabar así con el dinosaurio y todas sus bacterias antediluvianas. La inocencia de aquellos viejos films es realmente entrañable, no cabe duda. Así, lo que liberó la energía nuclear lo elimina de nuevo la radioactividad. Como diría Homer: radioactividad, causa y solución de todos nuestros problemas.
El monstruo de tiempos remotos constituyó el primer gran trabajo en solitario de Ray Harryhausen, y fue el primero de una prolífica carrera que marcó toda una época. ¿Hay sitio en nuestros hogares, en plena era digital repleta de efectos por ordenador, para las viejas películas del maestro? En mi opinión definitivamente sí.

Por cierto, la referencia al clásico de Leone no es gratuita. Por El monstruo de tiempos remotos pulula un jovencito Lee Van Cleef.

domingo, 20 de abril de 2008

Biografía e Historia

Nace un nuevo blog, fruto de mis cuitas y una larga reflexión en una lejana cueva de Capadocia, en el que daré rienda suelta a mi pasión por la historia y todo lo relacionado con ella. Todavía no he decidido si seguiré publicando artículos sobre historia en esta Cinta de Moebius, pero aquellos que gustéis de leer sobre nuestro pasado tenéis en este nuevo blog un rincón dedicado exclusivamente a la historia, a sus momentos históricos y a los hombres que la forjaron. Obviamente el ritmo de publicación será mucho más lento que el que suelo tener aquí, pues las entradas sobre historia son con mucho las que más tiempo me suelen llevar. Pero si echáis un vistazo de vez en cuando o usáis algún aparato como Bloglines o similar veréis que cada cierto tiempo habrá un nuevo vistazo hacia el pasado. Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hago escribiéndolo. Un saludo.

He aquí la nueva criatura.

sábado, 19 de abril de 2008

No podemos vivir sin Badfinger

Hay grupos que definitivamente nacen con mala estrella. ¿Quién recuerda a Badfinger hoy en día? Un tema como "Without You" parece que surgiera de la nada cuando Mariah Carey hundió sus dientes en ella. Maldita sea, ¡juraría que incluso alguien como Harry Nilsson es más popular hoy en día que los pobres Badfinger! Porque también Nilsson lanzó en su día una versión del "Without You". Así que justo es dedicar unos minutos a escuchar la preciosa versión original, que poco tiene que ver con artistas de eso que llaman R&B.

Jefferson Airplane

Una mañana de 1968 Nueva York despertó con las notas de la nueva música de los hijos de Acuario. Una banda de la Costa Oeste estaba ofreciendo música gratuita desde el tejado de un estudio a un montón de pasmados viandantes neoyorquinos. Cuarenta años después la anécdota apenas sí sobrevive al contacto con los Beatles, cuya famosa última actuación fue la que todos hemos recordado después, pero no está de más recordar que hubo un precedente. Y a la sombra del ciclópeo legado musical de los cuatro de Liverpool se encuentra un conjunto que marcó a toda una época y a toda una generación de hippies idealistas. Expandan su mente y sigan al conejo blanco; esta noche viajaremos junto a los Jefferson Airplane.

En 1965 los hijos del baby boom norteamericano habían crecido. Nada les faltaba: ni trabajo, ni bienestar, ni diversión. Pero gran parte de los jóvenes de la gran potencia se sentían insatisfechos. Buscaban un nuevo sentido a sus vidas, nuevas preguntas y nuevas respuestas, y renegaban de los valores paternos. Otros simplemente eran cabezas huecas inmersos en una nueva corriente espiritual que devendría en una todopoderosa moda. Al otro lado del mundo Vietnam se sumergía en un conflicto sin fin.
Fue en esa convulsa Norteamérica donde un aspirante a Bob Dylan llamado Marty Balin había decidido formar una banda, como tantos otros después de que unos tipos de Liverpool hubieran seguido los pasos de Colón armados con guitarras y canciones tan contagiosas como la viruela. Balin unió fuerzas con otro músico folk, Paul Kantner, formando el núcleo de la futura banda. Viendo la necesidad de buscar un solista Kantner contactó con un amigo suyo que acababa de graduarse en la universidad. Jorma Kaukonen, oriundo de la capital federal, había seguido a su padre militar durante años por medio mundo, hasta que a su regreso recaló en la soleada california. Kaukonen, un apasionado del blues, vaciló en aceptar la oferta, pero finalmente entró a formar parte del grupo. Con él llegó el nombre para la banda, Jefferson Airplane. Un amigo de Kaukonen, sabedor de su admiración por la música negra, le apodaba "Blind Thomas Jefferson Airplane".
Para compartir tareas vocales con Balin ficharon también a la cantante Signe Anderson, mientras que tras algún cambio de batería se encargó de las baquetas un guitarrista, Skip Spence, que había pasado por los Quicksilver Messenger Service. Jack Casady, un viejo amigo guitarrista de Kaukonen, se encargó con maestría de las cuatro cuerdas. La banda había debutado en el legendario club The Matrix de San Francisco, y poco a poco comenzaron a ganarse un buen puñado de seguidores por toda la Bay Area. A finales de aquel año compartieron cartel con The Great Society, un grupo que en cuestión de meses iba a formar parte de la historia de los Airplane.
Entre números y conciertos patrocinados por Bill Graham y Chet Helms, los grandes gurús de la escena de San Francisco en la época, la banda consigue un contrato con RCA. Tras publicar algún que otro single graban su primer LP, Jefferson Airplane Takes Off, un correcto disco que mezcla rock y folk que reflejaba sobretodo las ideas compositivas de Marty Balin. Pero la banda estaba a punto de cambiar y dar su particular gran salto hacia adelante.
Tras grabar el disco Skip Spence deja al grupo para fundar Moby Grape. Poco después, a finales de 1966, la cantante Signe Anderson, que había estado embarazada, da a luz a su hijo y decide dedicarse plenamente a su labor de madre, dejando la música. Fue entonces cuando una joven que había trabajado como modelo para unos grandes almacenes hizo su entrada en la banda.


Grace y Janis

La alta y físicamente imponente Grace Slick había decidido un buen día que ella también quería dedicarse a la música. Dotada de una poderosa voz había formado junto a su marido The Great Society, grupo que había coincidido en más de una ocasión con los Airplane. Cuando Grace recibió la propuesta de unirse a la nueva sensación de la ciudad no se lo pensó dos veces. Bajo el brazo Slick trabjo dos composiciones: "Somebody To Love" y "White Rabbit". Cuando Spencer Dryden llegó para hacerse cargo de la batería, la formación clásica de la banda había quedado completada.
Cambios, cambios, cambios. Una nueva etapa se abría para los Jefferson Airplane. La banda cambió de manager y contrató los servicios del todopoderoso Bill Graham, quien les llevó por primera vez a la Costa Este. En Los Angeles la banda comenzó a grabar las canciones para su segundo disco, aunque tuvieron tiempo para acudir al Golden Gate Park de San Francisco donde se celebraba el festival cultural "Human Be-In", el pistoletazo de salida para el Verano del Amor.
Publicado apenas un mes después, en febrero del 67, Surrealistic Pillow se convirtió no sólo en un éxito de ventas, sino en una suerte de homólogo norteamericano al excelente Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Rock, trazos de folk y pura psicodelia hicieron del disco una piedra angular de todo el movimiento californiano. A las mejoradas composiciones de Slick, la seminal "Somebody To Love" y el, en palabras de la propia cantante, "cuento ilustrativo para padres explicando por qué sus hijos toman drogas" que era la hipnótica "White Rabbit" (repleta de imaginería de Lewis Carroll y cuyo ritmo se había inspirado en el Bolero de Ravel) había que añadir otros grandes temas como "Today", "She Has Funny Cars" o la deliciosa "Plastic Fantastic Lover", una oda de Balin a su nuevo estéreo, aunque más bien parecía un homenaje a un dildo. En los créditos del álbum figuraba el entrañable Jerry Garcia como "asesor espiritual", aunque qué duda cabe de que su mano sobrevuela el estupendo sonido del que goza todo el disco.
Surrealistic Pillow es el disco que encumbra definitivamente a Jefferson Airplane en el Olimpo de la América contracultural, y que les lleva a participar la famosa edición de aquel año del festival de Monterey, donde, como todos los demás, tuvieron que plegarse ante la potencia escénica de Jimi Hendrix. Las apariciones televisivas también contribuyeron a hacer de la banda uno de los conjuntos más populares de la época.
Sexo, drogas, rock and roll. En aquella época ése era el estilo de vida no sólo de las rockstars sino también de la gran mayoría de hippies que pululaban por todo el país y que hicieron de la California de Reagan su paraíso del amor. El uso de drogas era más que frecuente entre los Jefferson Airplane. A la cabeza iba Grace Slick, que además de fumar hierba, esnifar coca y tomar LSD se bebía ingentes cantidades de alcohol. Con la nueva concepción de amor libre que inundaba toda América la cantante se unió sentimentalmente durante un breve tiempo al bajista Casady, para después iniciar una relación con Paul Kantner. El matrimonio de los Slick se estaba viniendo abajo, pero desde luego en la California de los 60 no había tiempo que perder, y esperar a una demanda de divorcio se debía antojar como algo francamente estúpido.
A finales del 67 aparecía el tercer trabajo de los Airplane, After Bathing at Baxter's, que ofrecía más psicodelia fermentada en LSD y vino californiano. La influencia de Balin declinaba, mientras que eran Slick y Paul Kantner quienes firmaban la mayoría de composiciones. "The Balad of You and Me and Pooneil", la folkie "Martha", la dura sonoridad de "The Last Wall Of The Castle", los duelos de voces de "Two Heads", la canción para el amanecer que es "Won't You Try/Saturday Afternoon"... canciones que poco tenían de pop, y que por lo general no eran especialmente accesibles, pero que trataban de llevar al oyente a nuevas percepciones y nuevos estados de la mente.
En febrero del 68 Bill Graham es despedido debido a un conflicto con Grace Slick. Tener que lidiar con una cantante que en pleno ataque de ácido podía ponerse a efectuar poses de karate en mitad de concierto no debía ser fácil. Aunque también en una ocasión Marty Balin, también repleto de ácido, se cayó del escenario impactado por unos gigantescos pechos en la audiencia.
A Graham le sustituyó Bill Thompson, quien les consigue una mansión en Fulton Street, cerca del distrito bohemio de Haight-Ashbury. El caserón pronto se convertirá en el distintivo centro neurálgico de la banda, y donde vivirán todos en armonía comunal. A mediados de año la banda se embarca en una gira por Europa junto a los Doors, que por supuesto generará más de una anécdota, como un colocado Morrison desfalleciendo en plena actuación de los Airplane.
Crown Of Creation es el cuarto disco del grupo. La psicodelia va quedando atrás, siendo reemplazada por el poder de las guitarras eléctricas, siguiendo los pasos de la Hendrix Experience o los Who, cuyo bajista tenía a una especie de homólogo americano en la figura de Jack Casady. Aunque los juegos vocales de Slick y Balin y el sello de la banda siguen ahí. La cantante aporta una canción que dedica a Spencer Dryden, "Lather". Otros temas destacables son la propia "Crown of Creation" o "Greasy Heart". Una composición desechada por los Byrds, "Triad", es versioneada por la banda. Poco después la RCA lanza un álbum en directo, Bless Its Pointed Little Head. En agosto de 1969 Jefferson Airplane saludan al sol mientras abren uno de los tres días del totémico festival de Woodstock.

En otoño de aquel año la banda se recluye de nuevo en el estudio para grabar un nuevo disco. En medio de protestas estudiantiles y reivindicaciones sociales y con la guerra de Vietnam en su punto álgido, Volunteers estaba obviamente cargado de referencias políticas, lo que trajo problemas al grupo con la compañía. El título original Volunteers of America tuvo que ser acortado, aunque las combativas "Volunteers" y "We Can Be Together" pudieron ser grabadas. La guitarra pedal steel de Jerry Garcia marca los surcos de "The Farm", y una versión, esta vez de Crosby, Still & Nash, es grabada por la banda, "Wooden Ships". Volunteers estaba destinado a ser el último gran álbum de la banda.
La Era de Acuario estaba tocando a su fin. En diciembre de 1969 los Airplane acuden a la llamada de los Rolling Stones, quienes se habían montado su propio festival en el circuito de Altamont. La historia del desastre en el festival es bien conocida: pensando que los Ángeles del Infierno californianos serían como los entrañables tarugos ingleses, los Stones contrataron a los temidos Hell's Angels como seguridad. El caos no tardó en adueñarse del lugar. En mitad de la actuación de los Airplane los motoristas comenzaron a pegar a un pobre tipo. Un indignado Balin bajó para poner paz, con lo que recibió una buena tunda de golpes. No contentos con eso subieron al escenario y prosiguieron con Kantner mientras Slick, repleta de sustancias una vez más, no dejaba de cantar.
Fue por entonces cuando Grace Slick, antigua alumna del Finch College de Nueva York, fue invitada a una cena de gala en la Casa Blanca. Tricia Nixon, la hija del retorcido presidente republicano, había asistido al Finch junto a Grace. Al ser Slick el apellido de casada de la cantante, no relacionaron a la antigua alumna con la combativa cantante de los Airplane. Grace acudió al evento llevando al poeta contracultural Abbie Hoffman, y con los bolsillos repletos de LSD. Su plan era ¡poner una buena cantidad del alucinógeno en el té del presidente! ¿Imagináis algo así? Habría sido impagable ver a un Nixon empapado en LSD alucinando mientras los presidentes de los cuadros le hablaban o algo similar. Pero los miembros de seguridad obviamente reconocieron a Hoffman y a su extraña acompañante, y Slick nunca pudo llevar a cabo su cachondo plan.
En 1970 el desilusionado batería Spencer Dryden, con quien últimamente Grace había mantenido relaciones, deja la banda. Tras ser sustitudo por Joey Covington la banda prosigue su rutina de conciertos, drogas y alcohol. La única grabación que realizaron por entonces fue el single "Have You Seen the Saucers?".
El ritmo de trabajo para la banda comenzó a descender mientras Casady y Kaukonen montaban el proyecto paralelo Hot Tuna, y Kantner grababa su primer disco en solitario. En 1971 Kantner y Slick tienen una hija, China Wing Kantner. La cachonda Slick le comunicó a la enfermera que estaba rellenando el parte de nacimiento que la niña se iba a llamar "god" (Dios), en minúscula, pues querían que fuera una chica "modesta". Por entonces Marty Balin, a quien ya pocos tenían en cuenta, deja también el grupo. Bark, el séptimo trabajo de la banda, es un disco menor, sin la garra de sus anteriores obras. La crisis comenzaba a ser palpable, y para colmo Slick sufría un grave accidente de coche que la mantuvo fuera de los escenarios durante varios meses.
Las diferencias entre Kaukonen y Casady y la pareja de hippies descontrolados que eran Kantner y sobretodo Slick eran cada vez mayores. En 1972 ve la luz Long John Silver, el último álbum del grupo hasta la fugaz reunión de 1989. Como final de gira la banda registra dos actuaciones en el Winterland de San Francisco. Thirty Seconds Over Winterland era el canto del cisne para la banda.
El batería Covington es el primero en abandonar el barco. Casady y Kaukonen le siguen poco después, decididos a concentrarse en sus Hot Tuna. 1974 vi el nacimiento de Jefferson Starship. Miembros que iban y venían, una época que definitivamente había quedado atrás... poco quedaba de los días de gloria. El alcoholismo de Slick se acentuó de tal manera que durante una desastrosa gira por Alemania fue expulsada de la banda. Los restos de la Jefferson Airplane siguieron sobreviviendo como pudieron, llegando a esos amorfos Starship de los 80 con Slick de nuevo al frente.
Pero la verdadera esencia de la banda está en esos primeros discos que formaron parte la banda sonora de un trozo de la América contemporánea. Música imperecedera, amor universal, encuentra el amor. En palabras de Grace Slick: feed your head.

La joven de la perla (2003)

Probablemente el mayor problema que tiene La joven de la perla es la intrascendencia de su historia, su poca consistencia. Pocos son los momentos de tensión, mientras que tanto las relaciones como las confrontaciones de los personajes se van diluyendo poco a poco en una narración de gran interés costumbrista pero de poca fuerza dramática. Cuando uno cree que el clímax de la película está a punto de llegar, ésta se acaba.
Por otro lado, personalmente creo que dos son las grandes bazas de la película. La primera y principal razón es su colorista y cuidada fotografía, que unida a una estupenda ambientación y una formidable dirección artística hacen de la película de Peter Webber un placer para los ojos. Por momentos uno se puede imaginar como la vida de un pobre criado en alguna casa burguesa, o ser un rico comerciante de tulipanes que acude a cenas y encarga cuadros a sus protegidos. Como ya he dicho, hay que destacar sobretodo el trabajo de Eduardo Serra, quien parece que él mismo haya aplicado delicadas pinceladas a cada fotograma de la cinta. A aquellos críticos que hablaron de La joven de la perla como un cuadro en movimiento quizás no les faltara razón.
La segunda razón, y totalmente subjetiva, es la presencia de la carnosa belleza de Scarlett Johansson, quien a pesar de que su aspecto recuerda por momentos al David Bowie de la era Ziggy Stardust sigue estando realmente bella. Su interpretación no es especialmente brillante que digamos, pero como la actriz es una debilidad personal pues no podía más que destacar su aparición en la pantalla como la joven doncella Griet (nombre que además no podía evitar relacionar en determinados momentos con cierto gag de John Cleese, pero eso ya son cosas de mi cerebro enfermo).
El regusto que uno tiene al acabar de contemplar La joven de la perla es que podía haber sido mucho más, pero que lamentablemente ha quedado como un retazo (preciosísimo, eso sí) de una época y un momento ya pasadas, de una Holanda histórica y ciertamente interesante, pero cuyo conjunto visto como espectador dista de ser lo que la mayoría entendemos por una buena película.

miércoles, 16 de abril de 2008

Respeto

Si me pusieran entre la espada y la pared y tuviera que elegir a una vocalista de la música popular del siglo XX creo que me quedaría con ella, la majestuosa Queen of Soul, el volcán escénico y la voz de Dios, la gran Aretha Franklin. Qué más se puede decir de colosos así. Mejor dejar que la música hable por sí sola. "Respect", clásico entre los clásicos.

El desafío de las águilas (1968)

Al sur de Salzburgo, en Austria, se levanta el Schloss Hohenwerfen, una antigua fortaleza medieval que durante gran parte del siglo XX se usó como campo de entrenamiento para la policía austríaca. En 1968 seguía usándose como tal. Por entonces el hijastro de Richard Burton le comenta que le gustaría verle como protagonista en un film de acción. El carismático actor británico recoge el guante y acaba llamando al afamado escritor de novelas bélicas y de acción Alistair McLean. Varias de sus novelas como Los cañones de Navarone ya han sido llevadas al cine. Por lo tanto se le pidió al escritor que pergeñara una nueva historia. Tras reconvertir la fortaleza de Hohenwerfen en el "Schloss Adler" y unas semanas de trabajo McLean volvía bajo el brazo con una nueva narración, una historia de aventuras ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Nacía así la novela Where Eagles Dare.

El actor galés criado en el teatro declaró en una ocasión sobre los actores norteamericanos que "todos parecen tener una letargia dinámica, parece que no hagan nada y lo hacen todo". La cita podría aplicarse perfectamente al estilo interpretativo de un Clint Eastwood al que cuando ofrecieron el proyecto se mostró reticente a interpretarlo. Al fin y al cabo era una estrella emergente en los Estados Unidos, y figurar en los créditos bajo Richard Burton no le complacía. Pero los más de 800.000 dólares que cobró le persuadieron a meterse una vez más en una película de acción.
Aunque en principio totalmente diferentes, la conexión entre Eastwood y Burton fue instantánea, lo que acabó derivando a lo largo del rodaje en una gran amistad que incluyó (cómo no) a la emperatriz de Hollywood Elizabeth Taylor. Por otro lado Eastwood agradeció la presencia de Burton ya que así los molestos fans le dejaron en paz, mientras que el galés se vio acosado allá donde iba por los inquietos cinéfilos y caza-autógrafos.


Burt y Liz

1944. Un general norteamericano es derribado dentro de las líneas enemigas. El militar es una figura clave en los preparativos del desembarco de Normandía. Inmediatamente se organiza un comando cuya misión es penetrar en el corazón de Baviera y rescatar al general antes de que los alemanes consigan hacerle hablar. Seis hombres, cinco británicos y un norteamericano, y una mujer que actuará como enlace serán lanzados en paracaídas sobre el nevado suelo del Reich. El jefe del comando pronto descubrirá que hay un infiltrado en sus filas. ¿Cuál será de todos ellos?

El desafío de las águilas es una contundente producción que sigue los parámetros de películas anteriores como la ya citada Los cañones de Navarone o Doce del patíbulo, es decir, historias de acción y aventuras enmarcadas en un conflicto bélico (por lo general la Segunda Guerra Mundial) donde un variopinto grupo de especialistas debe cumplir una arriesgada misión. A las espectaculares escenas de acción el guión añade una interesante trama que salta de sorpresa en sorpresa, manteniendo al espectador en vilo hasta el final.
El por entonces casi desconocido Brian G. Hutton elaboró (con la ayuda del director de especialistas Yakima Canutt) impresionantes secuencias en los altos picos del castillo. Destacan las luchas sobre un teleférico que en realidad nunca tuvo aquella fortaleza; dichas secuencias fueron rodadas en exteriores distintos al del Schloss Hohenwerfen. En general, tantos las persecuciones como los tiroteos dentro del castillo o las escaladas y descensos por las montañas están rodados con un envidiable pulso narrativo y una contundencia visual repartida en planos cortos y rápidos muy bien construida. Eastwood, como era habitual en él, rodó sus escenas de acción y sus escaladas. Es también el mismo Burton quien sube por la cuerda que cuelga en una pared del castillo, pero amparado por la oscuridad fue ayudado por una grúa.
El mismo aliciente tienen escenas más calmadas como la larga conversación que tiene lugar en un gran salón del castillo, y que por momentos recuerda al clímax de algún caso de Hercule Poirot.

Es imposible negar que toda la película está puesta al servicio de Richard Burton, que con su buen hacer y su carisma bigger than life destaca por encima del resto del reparto, incluyendo a Clint Eastwood, cuya presencia parece sobretodo enfocada hacia la exterminación de nazis y soldados de la Wehrmacht. Con todo, tanto fans de Eastwood como seguidores del buen cine de acción no deberían perderse esta bala cinematográfica de 7'92 mm.

Nota para fans del heavy metal: efectivamente, Iron Maiden homenajearon a la película en su canción "Where Eagles Dare".

Leer critica de El desafío de las águilas en Muchocine.net

La guerra de los mundos (1953)

La primera adaptación del clásico inmortal de H.G. Wells es uno de los títulos por excelencia de la era dorada de la ciencia ficción cinematográfica, y pese a su sencillez y la inocencia que desprende ningún blockbuster de gran presupuesto con efectos digitales puede superar en entretenimiento y encanto kitsch a esta producción de la Guerra Fría.

Curiosamente las raíces del proyecto se remontan a los años 20, cuando la Paramount se hizo con los derechos de la obra de Wells. Cecil B. DeMille fue el primer candidato para dirigirla, pero el proyecto se fue posponiendo. También se le ofreció rodar la película al maestro Hitchcock, y más tarde se quiso que Orson Welles, el artífice de la gran farsa radiofónica, debutara con la adaptación cinematográfica de la invasión marciana. Pero no fue hasta que la ciencia ficción inundó las pantallas en los años 50 en que el proyecto se puso realmente en marcha.
En un principio fue de nuevo DeMille quien se encargara del proyecto. Puesto que Hitchcock no estaba interesado el veterano director se fijó en George Pal, que había producido una de las pioneras cintas de ciencia ficción, Destination Moon, y el clásico Cuando los mundos chocan. A partir de entonces fue Pal quien se hizo cargo del trabajo, quedando DeMille en las tareas ejecutivas. La adaptación escrita corrió a cargo de un guionista con un nombre muy "kubrickiano": Barré Lyndon.

Personalmente una de las pocas cosas en las que la versión de Spielberg mejora a la vieja La guerra de los mundos es la imponente presencia de los ingenios mecánicos andantes dotados de grandes patotas que en su día retratara H.G. Wells de manera tan magistral. Aunque en la versión 50s se intentó también construir esos aparatos, finalmente la idea fue abandonada en favor de unas triangulares naves volantes (dicen que el diseñador se inspiró en los cisnes para crearlas) que tampoco estaban nada mal.


Es inevitable hablar de ciencia ficción 50s y del Terror Rojo y la Guerra Fría. De forma consciente o inconsciente, la gran mayoría de películas de aquella época jugaban con el pánico que el ciudadano norteamericano medio tenía al hipotético (según la propaganda gubernamental casi inminente) ataque soviético. Los malvados rusos eran prácticamente autómatas, demonios inhumanos con sed de sangre. Aunque no todas las películas de aquella época elaboraron un paralelismo tan claro como el del clásico de Don Siegel La invasión de los ladrones de cuerpos, lo cierto es que se jugaba con esa idea. Cuando hace unos días me encontré con la oportunidad de volver a ver La guerra de los mundos, me llamó la atención de que cuando se habla de una invasión de todo el planeta Tierra el único país de la esfera soviética que es nombrado es China. ¿Estaba la URSS en connivencia con los viscosos marcianos?

Aunque algunos elementos estén hoy desfasados (o quizá no tanto), no deja de resultar divertido contemplar escenas como las del sacerdote enfrentándose a los invasores con la fe y la Biblia como única armas (¡cualquier buena película de invasores debería tener una escena así!) para lógicamente ser exterminado en el acto, o la típica impotencia de los militares que recurren a bombas termonucleares ("las habíamos evitado hasta ahora para proteger a la población civil"; the army cares!) y a un avión ala volante que nunca funcionó para intentar acabar con los bastardos de otro mundo. Impagable es también el personaje del profesor Forrester, esa clase de personaje que parece tener todas las respuestas y deduce la verdad en un instante (y si alguien cree que personajes así ya no existen, que eche un vistazo a Independence Day). Sin olvidar a la protagonista femenina cuya principal función es dar gritos.
Un aspecto de La guerra de los mundos que siempre me pareció curioso es el diseño de las criaturas. Aun hoy cuando veo a ese extraño ser aventurarse en la derruída granja me sigue recordando al juego Simon, ese de apretar teclas de colores en una misma secuencia. Como ven los paralelismos infantiles pueden ser realmente extraños. ¿Y qué me dicen de esa extraña fijación alienígena por el número tres? Es un detalle algo tonto quizás, pero en una mente juvenil esas explicaciones pseudocientíficas tenían un efecto poderoso.
En definitiva, ni todo el poder del Rey Midas de Hollywood podría hacerme olvidar La guerra de los mundos de 1953.

martes, 15 de abril de 2008

Graham Central Station

Seguramente hoy en día no habría un Flea, ni funk metal, ni fusión, ni desde luego bajistas que maltraten sus cuerdas a base de slap sin la figura de Larry Graham, el bajista de manos enormes capaz de sacar ritmos diábolicos de cuatro simples cuerdas. Trabajó con colosos como Jackie Wilson o The Drifters antes de unirse a la genial y revolucionaria banda Sly & The Family Stone. Tras grabar un clásico tras otro deja el grupo en 1972 para emprender carrera en solitario. El resultado fue Graham Central Station, una poderosa banda de funk sudoroso que facturó un puñado de buenos discos en la segunda mitad de los 70. Como pequeña delicatessen os dejo un video con la poderosa "Pow".

jueves, 10 de abril de 2008

Un día de furia (1993)


Imagino que la manera más sedentaria de quitarse tensiones o frustraciones de encima es echarle un vistazo a Un día de furia. Romper platos o golpear un saco de arena supongo que también son buenas opciones. Lo cierto es que de vez en cuando es entretenido seguir las andanzas del colega D-fens mientras descarga su ira contra un mundo que parece que se le ha vuelto en contra, mientras el pobre Robert Duvall a quien nadie parece tomar en serio trata de dar con él. Impagables escenas como la discusión que tiene con el coreano del badulaque, o insistencia en obtener un desayuno en una hamburguesería cuando ya es la hora del almuerzo. Un día de furia nos lleva a unas duras veinticuatro horas de un hombre blanco que cada día afronta los atascos, el ruido, la violencia y todos esos incovenientes que nos encontramos día a día, y que a veces pueden hacernos perder los nervios. En este caso el oficinista rabioso es Michael Douglas, convertido en un cruce imposible entre Rambo y el arquetípico Jack Lemmon agobiado.
No dejaba de resultar curioso ir al cine a ver esta película cuando aún estaban recientes los famosos disturbios de Los Angeles, el caso Rodney King y todo aquello. Un día de furia parecía una versión WASP del asunto. Lo cierto es que por entonces, al igual que hoy, me pareció una película diferente y muy entretenida. Un pequeño clásico de los 90 por derecho propio.
Lo más sorprendente de todo es que está dirigida por Joel Schumacher. ¡Qué cosas!

Gene Tierney, la Venus de Hollywood

Como surgida de las manos creadoras de Praxíteles, la actriz Gene Tierney gozaba de una belleza casi irreal incluso para los estándares de su época, cuando en cierta ciudad californiana la belleza irreal era la norma. Encandiló tanto a espectadores como a productores y cineastas e incluso miembros de la realeza, y aunque durante un tiempo su vida fue tan perfecta como un cuento de Hadas, pronto la cruda realidad golpeó en ella como lo hizo con tantos otros trabajadores de Tinseltown. Durante muchos años Gene Tierney parecía la clase de chica que siempre elige al hombre equivocado, pero por suerte conoció el amor verdadero. Y nosotros, pobres mortales, tenemos la suerte de tenerla a ella, una actriz cuya hermosura rivalizaba con las maravillas de la naturaleza, y que además demostró que no sólo era una cara bonita. Pues hubo un tiempo en que las grandes estrellas de Hollywood eran capaces de interpretar un personaje de manera eficiente. Hubo un tiempo en que los dioses del Olimpo se reencarnaron en figuras humanas, estableciendo su nuevo Olimpo en la Meca de cine. Aquélla fue la era en que Gene Tierney maravilló al mundo.

Gene Eliza Tierney vino al mundo en Brooklyn, Nueva York, un 19 de noviembre de 1920. Sin duda heredó la belleza de su madre, Belle Taylor, una profesora de gimnasia que había contraido matrimonio con Howard Tierney, un joven emprendedor que tras la Primera Guerra Mundial comenzó a trabajar como agente de seguros. Como muchos otros en aquella fabulosa década, Howard pronto prosperó y se convirtió en un adinerado hombre de negocios. Gene era la mediana de tres hermanos, y todos crecieron bajo la férrea disciplina de Howard. A los seis años Gene se mudó junto a su familia a un gran caserío, signo de que las cosas le iban bien a Howard. En su matrimonio, en cambio, no todo iba tan bien. Debido a las constantes peleas de sus padres la joven Gene se refugió en su propio mundo de fantasías. Dicen que la adolescente demostró grandes dotes para la imitación.
Con 15 años la futura actriz se trasladó a la vieja Europa para estudiar durante dos años en un colegio suizo donde aprender francés y saber cómo ser una señorita. En Lausana Gene pasó dos de los años más felices de su vida. Cuando regresó descubrió que su padre había contraido grandes deudas tras un costoso proceso judicial, y que habían perdido la casa de campo. Aun así Howard Tierney era de esos hombres que no se arredraba por las circunstancias. De cara al mundo exterior Howard seguía siendo un tipo elegante y con clase. De hecho en 1938 se permitió darle a su familia un vieja a la Costa Oeste. Allí visitaron los estudios de la Warner Brothers, donde Gene quedó fascinada por la magia de la fabricación de cine. Aunque seguramente hubo alguien más fascinado aún ese día. El director Anatole Litvak quedó impresionado por la belleza de una chica de 17 años llamada Gene Tierney, y le animó a que se hiciera actriz. De hecho le hizo una prueba de cámara, que gustó tanto que los estudios le ofrecieron un contrato estándar, pero a sus padres no les pareció buena idea y no hubo trato. La familia regresó a Connecticut.


La adolescente Tierney posa junto a su amigo

Pero el veneno de la actuación ya corría por las venas de la joven. Aunque su padre quería que fuera una chica de clase alta más que obtuviera un jugoso matrimonio, ella tenía otros planes. Tras la típica puesta de largo de las familias bien Gene viajó a Nueva York para realizar una prueba en Broadway. En apenas un mes la actriz debutaba en el escenario con una pequeña comedia, Mrs. O'Brien Entertains. La obra no obtuvo buenas críticas, pero fueron muchos (incluido algun crítico) quienes quedaron deslumbrados por el magnetismo de la actriz. Tras participar en su tercera obra, The Male Animal, Gene Tierney se había convertido en la nueva sensación de Broadway.
La feliz actriz se encontraba haciendo lo que le gustaba, y cobrando además por ello 750 dólares a la semana, que ingresaba religiosamente en una sociedad de promoción que su padre había creado para ella. Con The Male Animal fueron muchos quienes quedaron prendados de la actriz. Richard Widmark, por ejemplo, vio por primera vez a Gene sobre el escenario de Broadway. Como también lo hizo el todopoderoso capo de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, quién inmediatamente dio instrucciones de que se fichara a aquella deslumbrante joven de ojos verdes. Las puertas de la moderna Babilonia se abrían así para Gene Tierney.


En 1940 Gene debutaba en el cine junto a Henry Fonda en el film del Oeste La venganza de Frank James. Aunque se había esforzado por mejorar y ofrecer una gran actuación, la actriz consideró que en la gran pantalla sonaba como una "Minnie Mouse furiosa". Una revista incluso la tachó como la "peor revelación femenina del año". Pero si algo cuenta en Hollywood más que las críticas es la recaudación, y La venganza de Frank James se reveló como un gran éxito de taquilla. La actriz siguió participando en películas a las órdenes de directores de prestigio como John Ford en La ruta del tabaco o Henry Hathaway en Sundown, una temprana película de propaganda bélica, al tiempo que comenzaba a fumar para hacer el tono de su voz más grave. Con los Estados Unidos ya entrados en guerra Tierney ofrece su primer gran papel glamuroso en El embrujo de Shangai, bajo la dirección de todo un Josef Von Sternberg.

Para entonces Gene había conocido en 1940, en el transcurso de una fiesta, al conde Oleg Cassini, un dandy metido a diseñador de vestuario en la Paramount. Cassini, mayor que Gene, europeo y divorciado, tuvo en la actriz un profundo impacto. El flechazo fue mutuo. Como el mismo Cassini afirma, "quise poseerla porque era una obra maestra". Enseguida se habló de matrimonio, pero todo el mundo parecia oponerse a la idea. Howard Tierney amenazó con declarar a su hija mentalmente inestable, mientras que los estudios se apresuraron a organizarle citas a Gene y a quitarle la idea de la cabeza. Por el momento su relación habría de esperar. Aunque poco después Gene descubriría con horror que el padre que se oponía a su boda tenía una amante. Decepcionada y angustiada, la actriz volvió de nuevo a los brazos de Cassini. El 1 de junio de 1941 la actriz viajó a Las Vegas de incógnito (usando el nombre de Belle Starr, el nombre del personaje que había interpretado por entonces) y allí se casó en secreto con su resplandeciente conde.
Las represalias no tardaron en llegar. Los estudios presionaron a Cassini para que anulara el matrimonio. El se negó y la Paramount le puso en la calle. El furioso padre de Tierney clamó contra ella en la presa. Como respuesta ella deshizo la sociedad de representación de su padre. Pero nuevamente su padre le había traicionado. Los ahorros de la actriz habían sido usados por Howard para tratar de sacar a flote su hundido negocio. Gene decidió no volver a hablarle nunca más. Al poco tiempo sus padres se divorciaron.
A pesar de toda esta sucesión de contratiempos Gene siguió trabajando en todo tipo de papeles y géneros, desde películas propagandísticas como Thunder Birds o Infierno en la Tierra, películas exóticas como El hijo de la furia o comedias como Rings On Her Fingers, en la que había una espectacular escena con Gene en traje de baño. En 1943 trabajaba junto al nunca suficientemente ponderado Ernst Lubitsch en la entrañable comedia romántica El diablo dijo no. Durante el rodaje Gene descubrió que estaba embarazada.
Eran tiempos en que hombres como Oleg Cassini se enrolaban en el ejército y actrices como Gene Tierney hacian campaña para que la gente comprara bonos de guerra y entretenían a los soldados de permiso. Así que cierta noche Gene acudió a la famosa Cantina de Hollywood donde actrices de la talla de Marlene Dietrich o Joan Crawford servían bebidas y bailaban con los soldados. Días después la pobre Gene descubría con horror que había contraído la rubeola. Los médicos aseguraron a la actriz que no tenía de qué preocuparse, con lo que la joven viajó hasta Kansas para reunirse con Oleg en la base militar donde estaba destinado. Allí pasó unos cuantos meses como la feliz esposa de un soldado.


En octubre de aquel año la actriz dio a luz a una niña prematura. La llamaron Daria. Nació siendo parcialmente ciega. Y con horror al poco tiempo descubrieron que era además sortada y sufría un severo retraso mental. Todo a consecuencia de la rubeola. Ante la desesperación de la actriz, su marido le dijo que no había ninguna esperanza para Daria. Impotente, Gene lloró, gritó, como lo haría cualquier madre en su situación. Cuenta Oleg que tuvo que dejar el hospital, sabiendo que Gene nunca volvería a ser la misma.
Algún tiempo después, ya en Los Ángeles, una admiradora se acercó a Gene. Como suele pasar en esos casos, la joven le dijo que era una gran admiradora suya, y que servía con de auxiliar con los Marines. Es más, le confesó que se habían conocido meses atrás, en la Cantina de Hollywood. Y que tal eran sus deseos de conocerla que para ello se había escapado de su base, donde estaba en cuarentena por padecer la rubeola. ¿Cómo enfrentarse a una noticia así? Gene la miró en silencio y se marchó. Su propio éxito le había costado la salud de su única hija. Gene Tierney, amargada, repleta de cólera, sintiéndose culpable, volvió a la Twentieth Century Fox sin ganas de trabajar. Le ofrecieron un proyecto que había sido destinado para Jennifer Jones. Intentó rechazarlo sin éxito. Nada presagiaba que aquella fuera a ser una película distinta. Pero Otto Preminger se puso tras las cámaras y dio al mundo un clásico imperecedero: Laura.
Magia en estado puro. Una actriz cuya vida personal se encuentra en uno de sus peores momentos y que en pantalla refulge como mil soles. Una interpretación magnífica. Viendo a Gene Tierney interpretando a Laura Hunt nadie diría que estaba atravesando tiempos tan duros. Eso es el cine. Como biej dijo Ray Davies: Because celluloid heroes never feel any pain/And celluloid heroes never really die.

Laura
fue el epítome de la misteriosa y exótica belleza y la imagen de chica común y al tiempo inalcanzable que la actriz encarnó a la perfección, y que inspiró a David Raskin una de las bandas sonoras clásicas de la historia del cine. La película fue un tremendo éxito e hizo de Gene Tierney una de las mayores estrellas de su tiempo. Otra gran película no tardó en seguir a Laura. Darryl Zanuck le ofreció a Gene uno de los papeles más codiciados por aquellos días: el de la hipercelosa y obsesiva Ellen del bestseller literario Leave Her to Heaven. Dicho papel fue una de las mejores y más interesantes interpretaciones que nos dejó Gene Tierney. Que el cielo la juzgue nos dejó a la mejor Tierney y una inolvidable y terrena escena en un lago de aguas frías. Por el papel de Ellen la actriz obtuvo su primera nominación al Oscar.


Curiosamente en la vida real Tierney estaba convirtiéndose en una pequeña Ellen. Cada vez sentía más celos de Oleg y siempre tenía alguna sospecha (a la postre fundada) de que su marido la engañaba con otra. Poco a poco su matrimonio se venía abajo, mientras su carrera estaba en lo más alto. Tras la finalización de la guerra fue la primera actriz en dejar sus huellas en el famoso paseo del Grauman's Chinese Theatre. Que el cielo la juzgue constituyó un enorme éxito, al que siguieron trabajos de renombre como El castillo de Dragonwyck, El fantasma y la señora Muir o Vorágine, otra cinta de film noir a las órdenes de Otto Preminger.
Infidelidades, peleas en público, la salud de su hija... poco a poco todas esas circunstancias fueron mellando el ánimo de la actriz. Todo un Howard Hughes, quien en el pasado había tratado (como era habitual en él) de seducir a Gene sin éxito, pagó de su bolsillo a un especialista para los cuidados de Daria. Fue dicho especialista quien finalmente convenció a Gene de que la enfermedad de su hija era incurable y que debía ser recluida en una institución.

Tras semejante golpe emocional el matrimonio entre Oleg y Gene fue a peor. Hughes, mientras, apremiaba a la actriz para que se divorciara y se casará con él, lo que una noche le valió un golpe de Oleg y se tradujo en una espectacular persecución en coche por las calles de Los Ángeles.
Tras separarse temporalmente de Oleg, otro mujeriego entró en la vida de Gene: el futuro presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Pronto entabló una relación con el recién elegido congresista, y le pidió el divorcio a Oleg, quien le aconsejó que se olvidara de un político católico. Gene albergaba esperanzas de casarse con Kennedy, algo que obviamente nunca pasaría. Pero de nuevo la actriz no parece que eligiera al hombre correcto. Como era de esperar, finalmente Kennedy le dijo que no podía casarse con ella. Con el corazón roto Gene volvió a los brazos de Oleg, y en noviembre de 1948 ambos tuvieron otra hija, esta vez perfectamente sana, a la que llamaron Christina.
Con grandes cargas ecónomicas que sobrellevar Gene siguió trabajando. Actuó junto a su previo admirador Richard Widmark en Noche en la ciudad, con Danny Kaye en En la Costa Azul y con Glenn Ford en El secreto del lago. En su vida personal, mientras, el nacimiento de su hija no había servido para mejorar las cosas. Durante el rodaje de Martín el Gaucho junto a Rory Calhoun (sí, el homnre que conmueve el corazón de Montgomery Burns) Gene le exigió a Oleg que se trasladara junto a ella a Argentina. El conde le dijo que su trabajo se lo impedía, y aquella fue la gota que colmó el vaso. Gene comenzó a escribirle confusas cartas a su marido. Al regreso de la actriz a los Estados Unidos Gene y Oleg se divorciaron.

Gene comenzó a notar que algo no iba bien. Comenzó a olvidar cosas, a comportarse de forma errática de vez en cuando. Sin saber exactamente qué le pasaba, decidió seguir trabajando. En 1952 se fue de vacaciones a París con su madre y su hija. Allí conoció a Aly Khan, hijo del potentado Aga Khan. Aly era un famoso playboy que había estado casado con Rita Hayworth. Gene inició una relación con el soltero de oro, y nuevamente pareció que no era el hombre adecuado. El Aga Khan no veía con buenos ojos la relación. Así que cuando Aly le propuso matrimonio a Gene le impuso una dura condición: que abandonara su carrera, su religión y su familia. Tal vez la actriz hubiera abandonado las dos primeras, pero separarse de su familia, por quien tanto había luchado, era impensable. La relación se rompió.
Otro nuevo fracaso sentimental que Gene tuvo que sobrellevar mientras rodaba Sinuhé, el egipcio. Mentalmente inestable, en su siguiente proyecto, La mano izquierda de Dios, la actriz parecía totalmente ida. Su compañero de reparto Humphrey Bogart tenía que murmurarle sus frases, y en los descansos ella se apartaba de todos y se iba a un rincón. El colapso definitivo llegó mientras ensayaba una aparición en televisión. Se desmayó en el estudio y tuvo que ser llevada a su casa. Gene se trasladó a Nueva York junto a su madre. Allí la actriz dormía durante muchas horas, y a menudo sufría alucinaciones. O tal vez se quedaba contemplando un retrato de Daria para luego romper a llorar. Fue entonces cuando su familia decidió internarla en un psiquátrico.

Muchos recordaréis el caso de Frances Farmer. En aquellos años la mayoría de psiquiátricos parecían más un castillo del horror que una institución hospitalaria. Al igual que la malograda actriz a quien homenajeara Kurt Cobain, también Gene Tierney hubo de sufrir aquellos tremendos tratamientos de electrochoque que destruían la mente más que otra cosa. Las cosas empeoraron cuando la trasladaron al Institute For Living, un psiquátrico de irónico nombre en Hartford cuyas habitaciones parecían celdas, y donde continuaron con aquellos tratamientos tan antediluvianos que contribuyeron a las pérdidas de memoria de la actriz. Tras su triste paso por Hartford Gene volvió a Nueva York. Allí un día la actriz se levantó, abrió la ventana y salió a la cornisa del piso catorce donde vivía. Durante unos angustiosos momentos parecía que fuera a suicidarse, pero finalmente volvió a entrar. Una vez más, la actriz fue trasladada a otra institución psiquiátrica, la clínica Menninger, en Kansas. Aunque esta vez sería diferente.
En Menninger los electrochoques quedaron atrás. Con medicación y terapia la actriz comenzó a mejorar, y en 1958 le dieron el alta. La actriz se fue de vacaciones a Aspen, y allí conoció a Howard Lee, un ejecutivo de una petrolera que había estado casado con Hedy Lamarr (era pues un tipo con buen gusto). El flechazo entre los dos fue instantáneo, y ambos comenzaron a salir. Gene regresó a Hollywood, pero las presiones y atenciones que le dedicaban los admiradores y la prensa la condujeron a otra recaída. En Navidad la actriz ingresaba de nuevo en Menninger. Tras más meses de tratamiento los médicos le propusieron que trabajara media jornada en algún lugar cerca de la clínica. Así fue como pronto los titulares de periódicos y revistas anunciaron que Gene Tierney, la gran estrella de Hollywood, trabajaba como dependienta en una pequeña tienda de Topeka, Kansas. Sin embargo la actriz disfrutó la experiencia y le ayudó a salir adelante. A finales de 1959 los médicos le habían dado el alta.


Resulta irónico que mientras Kennedy ocupaba la Casa Blanca Gene Tierney volviera a la gran pantalla con una película como Tempestad sobre Washington, como irónico era también que Oleg Cassini hubiera sido nombrado diseñador personal de Jacqueline Kennedy. Pero nada de eso importaba si Gene tenía a su Howard Lee con ella (ambos se casaron en julio del 59), y papeles que interpretar. Aunque la desgracia no la abandonó del todo: Gene sufrió un aborto de un hijo que esperaba junto a Lee. Tras el estreno de la película con Preminger todo el reparto fue a una cena de gala a Washington. Allí Gene y Jack Kennedy recordaron viejos tiempos.
La actriz rodó algunas películas más, pero pronto se dio cuenta de que su tiempo había pasado. Nuevas actrices jóvenes interpretaban los papeles más jugosos, y una actriz cuarentona tenía difícil seguir trabajando en Hollywood. Su última aparició en la gran pantalla fue interpretando a una mujer celosa en En busca del amor. Desde entonces vivió en un retiro total junto a su marido, tan sólo reapareciendo brevemente en algunos trabajitos para televisión.
Aunque la memoria le siguió jugando malas pasadas de vez en cuando, Gene Tierney vivió feliz el resto de sus días. En 1981 perdió a Howard Lee, pero logró salir adelante. La actriz que un día había comenzado a fumar para dotar de carácter a su voz fallecía poco antes de cumplir los 71 víctima de un enfisema. Nos dejaba el legado de una gran actriz, grandes clásicos y el rostro de una estrella inmortal cuya belleza nunca se marchitará.