viernes, 5 de diciembre de 2008

Joe Kidd (1972)


Dentro de la filmografía de Eastwood podemos encontrar, como en cualquier otra de larga trayectoria, obras menores que no suelen ser citadas debido a su escasa repercusión, independientemente de su calidad cinematográfica. De entre los westerns en los que Eastwood actuó o dirigió, el más olvidado sea probablemente Joe Kidd, quizás no sin razón. Aunque el proyecto nació del propio actor, a raíz de su gran interés por un guión de Elmore Leonard, Joe Kidd no dejó de ser el último precio que Eastwood tuvo que pagar a la Universal por su (visto desde la perspectiva de entonces) "capricho" de dirigir Escalofrío en la noche. Y, a pesar de que el actor se comprometió con el proyecto como haría posteriormente con cualquier otro que se rodara a instancias de su Malpaso Company, Joe Kidd no dejó de ser, a la postre, un film fallido.

Con todo, Joe Kidd no deja de ser una película interesante. Los admiradores acérrimos del actor no necesitamos de mucho más que de su presencia para disfrutar de una película. Además, el film tiene momentos espectaculares o entretenidos, pero el conjunto no termina de funcionar adecuadamente. Lo cual no deja de ser en cierto modo sorprendente, ya que Eastwood contó con un director tan sólido como John Sturges, que se desenvolvía a la perfección tanto en westerns y el género de acción como en tramas cercanas a la ciencia ficción. Un hombre que tenía en su haber clásicos como Los siete magníficos, La gran evasión o El fuego y la palabra era un hombre de garantía. Sin embargo, en Joe Kidd la chispa no parece prender del todo. Tal vez el director no se sintiera del todo cómodo con el guión, tal vez (como podría desprenderse de su trayectoria posterior, compuesta por tres películas de las cuales sólo he visto McQ) simplemente su momento ya hubiera pasado (Sturges se retiraría en el 76). Sea cual sea la razón, lo cierto es que Joe Kidd destaca más por la labor de sus intérpretes que por una dirección demasiado correosa.

El reparto y equipo técnico de la película es el que se puede esperar de una producción de Eastwood. Sin presión alguna, el actor y productor contrató sólo a aquellos intérpretes y técnicos que ya conocía por haber coincidido con ellos o por haber llamado su atención de alguna forma. Entre los primeros están Don Stroud (el maluto de La jungla humana) o Dick Van Patten (a quien conoció rodando Rawhide), o el compositor Lalo Schifrin, mientras que entre los segundos podríamos contar a John Saxon y a Robert Duvall, el malo de la película, y cuyo buen hacer habitual es de lo mejor de la cinta. Todos resultan bastante bien en sus papeles. Stroud retoma su por entonces algo habitual papel de tipo ido e irascible; Van Patten aporta su simpatía habitual y su actitud enratonada; John Saxon quizás no quede muy convincente como el bandido revolucionario mejicano Luis Chama, pero su carisma suple el detalle; y por último, Duvall, qué decir de él. Dudar de su buena interpretación sería un insulto. Este hombre simplemente nunca falla.

La trama, a grandes rasgos, es la siguiente. Kidd (Eastwood) es un guía de caza borrachín y pendenciero, quien anteriormente trabajó como cazarrecompensas. Durante una de sus (probablemente habituales) estancia en la cárcel cruza su camino con Luis Chama, quien junto con sus hombres asalta la prisión para rescatar a un par de los suyos y de paso tratar de secuestrar al juez de distrito. Sin embargo Kidd se pone de parte de la ley y salva al juez, matando además a uno de los secuaces de Chama.
Tras la huída de los bandoleros llega a la ciudad Frank Harlan (Duvall), un rico y despiadado terrateniente que junto a sus matones está dispuesto a tomarse la justicia por su mano y acabar con Chama de una vez por todas, harto de sus rapiñas y su ascendencia revolucionaria entre sus trabajadores hispanos. Harlan trata de convencer a Kidd para que trabaje para él como guía, pero éste afirma no tener nada contra Chama. Hasta que, tras regresar a su hogar, descubre que Chama le ha robado sus caballos y ha maltratado a uno de sus ayudantes. Es entonces cuando Kidd se une al grupo de Harlan.

Kidd, el personaje de Eastwood, volvía a ser representado con el aura de El Hombre Sin Nombre. Un tipo de no muchas palabras, gesto seco y mano rápida, y con una particular idiosincrasia justiciera bañada por un gran cinismo. Kidd no dudará en ponerse de parte de los débiles y de la justicia de toga y mazo, pero no dudará tampoco en quitarse de enmedio a aquel que le moleste.
Por su parte Harlan representa la opresión del hombre blanco y la explotación de las razas étnicas, en este caso los mejicanos, que ven como sus tierras han pasado con los años a manos de los avanzados güeros. A pesar de esta moderna reivindicación de las minorías en el género del Oeste, Joe Kidd no deja de ser formalmente un western clásico, cuyos únicos guiños al nuevo western (fuera espagueti o político) son Kidd y la opresión de los terratenientes. Con todo, en una singular y, valga la redundancia, única escena, la parte revolucionaria también se lleva lo suyo con el súbito retrato de Chama como un líder mesiánico al que parece preocupar más su supuesta causa que el pueblo por el cual se supone que lucha. Sin embargo, esta circunstancia queda aislada en dicha escena, que acaba contrastando con el destino final del bandido.

Joe Kidd queda, en mi opinión, como un western correcto cuyo mayor atractivo son sus actores y personajes y determinadas escenas como el lanzamiento por las escaleras del loco Lamarr o el ataque en tren de Kidd. La película es ideal para incondicionales de Eastwood y del Salvaje Oeste.

Leer critica Joe kidd en Muchocine.net

1 comentario:

Fantomas dijo...

Es tan cierto aquello del olvido de aquellas cintas llamadas "obras menores", que ni siquiera habia escuchado algo sobre esta cinta. Como buen seguidor de Eastwood ya la anoté para buscarla cuanto antes.

Saludos.