viernes, 14 de noviembre de 2008

Meteoro (1979)

Dicen que llegar tarde es una mala costumbre. No está bien hacer esperar a la gente. Tampoco está bien apuntarse a una moda o movimiento cuando éste ya ha pasado. Es lo que le pasó a la American International Pictures, que trató de subirse al carro de las películas de desastres cuando dicho género ya estaba sufriendo sus últimos estertores. Los estudios llegaron a la moda tarde y mal, y el resultado fue Meteoro, una película justamente olvidada pero que no deja de tener sus pequeños, y escasos, momentos de gloria. Gloria de serie B, pero gloria al fin y al cabo.

Nada más comenzar el film los títulos de crédito a lo Superman ya nos reafirma en la idea de que los productores han buscado arañar dólares siguiendo la estela de cualquier cosa que fuera popular por aquellos días. Y al basarse la trama en meteoros y demás cuerpos espaciales, resulta obvio que las lumbreras tras la gestación de este film también trataron de arrastrar a su cine a algún fan beodo de Star Wars.
Y es que la causa de todo está en un choque espacial. Una cápsula de observación de la NASA que está observando a un cometa en un cinturón de asteroides se cruza en el camino del mismo, desprendiendo un masivo trozo de roca, al que llamarán Orpheus, con tan mala suerte que la gigantesca china se dirigirá hacia la Tierra a toda velocidad, dejando a los pobres seres inteligentes del planeta, y a los humanos también, con apenas una semana de plazo para hallar una solución y evitar el mayor desastre que viera la humanidad desde que Cleopatra acabara prácticamente con los estudios MGM.

Para evitar el desastre la NASA arranca de sus carreras de barcos al científico Paul Bradley (Sean Connery), un antiguo cerebro de la organización que dejó su despacho después de que un proyecto suyo destinado a desviar meteoritos rampantes se lo apropiara el Pentágono para sus chuflas bélicas. Sin embargo un viejo compañero de Bradley, el jefecito Harry Sherwood (Karl Malden), convencerá al reluctante Bradley de que colabore de nuevo con los tipos de caqui para salvar a la humanidad. El doctor Bradley aceptará, pero de paso dedicará a Sherwood la frase más inolvidable del film: "¿Por qué no me metes también una escoba por el culo? Así te barreré la moqueta mientras salgo de aquí".
En fin, mientras iremos viendo como el formidable meteoro se va acercando más y más, el tal Bradley va mirando papeles, planos, y teorizando acá y acullá, preocupándose por los datos que le va facilitando Sherwood. Cinco millas de diámetro para una roca son muchas millas. ¿Podrán salvar al mundo de un pedrusco tal que iguala en densidad a El Dorado de Saura?

Bradley pronto se da cuenta de que si el ejército no le brinda apoyo poco va a poder hacer, y de que la carga de los misiles pensandos en su día para desviar alocados cuerpos celestes no será suficiente para acabar con la amenaza de Orpheus. Por supuesto, en pleno 1979, los misiles están apuntando a la Unión Soviética. Bradley convence al comandante en jefe yanqui, uséase, el presidente (Henry Fonda), para que admita públicamente que poseen tal tecnología, pidiendo de paso ayuda a los soviéticos buscando el que den el mismo paso y aúnen esfuerzos contra el meteorito.
Como la cosa está que arde, los rusos envían una delegación científica a Nueva York. Bradley traba así conocimiento con la bella intérprete que vino del frío, Tatiana (Natalie Wood). Entre cálculo y cálculo el yanqui y la soviética cruzarán miraditas y sonrisitas, y obviamente no tardará en llegar el romance.

Mientras el tiempo hace la maratón, las delegaciones no llegan a ningún acuerdo, temerosas de revelar la extensión de sus armamentos al enemigo para elaborar un proyecto común anti-pedrolos. Bradley y Tatiana se desesperan, mientras no falta el típico general facha yanqui , un tal Adlon(Martin Landau), que no hace más que poner trabas a todo y acabar con la santa paciencia del pobre Bradley, quien seguramente preferiría estar refocilando con Tatiana, aprovechando los pocos dáis que le quedan al mundo, en vez de estar discutiendo obviedades con un obtuso tipo cargado de medallas.

A tres días de que llegue el meteoro los primeros fragmentos de mismo alcanzarán la Tierra, con tan mala suerte de que una familia siberiana tendrá que salir huyendo antes de que uno de los fragmentos arrase su hogar. Mira que la estepa es grande, pero nada, tenía que caer en el último sitio habitado de Siberia.
El resto de fragmentitos se deshacen en la atmósfera, tiñendo la noche europea de "fuegos artificiales", como lo describe el general Adlon. Evidentemente el genera no pierde oportunidad de poner a parir a Bradley al resto de científicos jipiosos y antipatriotas. Como ve que las cosas se están saliendo de madre, el jefe de la delegación soviética, Alexei Dubov, tras protestar en ruso un ratillo, decide cooperar con los yanquis y permitirles que usen el equivalente misilero ruso, pomposamente llamado "Pedro el Grande". Ver a un general norteamericano dando un portazo es, por fin, prueba suficiente de que los USA no traman nada malo contra la URSS.

Mientras los misiles espaciales van siendo dispuestos, siguen cayendo trozos de roca por todo el planeta, arruinando pistas de esquí (así podían utilizar fragmentos del film Avalancha y ahorrarse unas perrillas) y creando una tremenda ola gigante, hoy llamadas tsunami, que aparte de llevarse por delante a un pobre pescador y sus allegados, se dirige furiosamente hacia Hong-Kong. Llega entonces el para mí momento cumbre de la película, con miles de chinos corriendo de un lado para otro en unas cutre-escenas de pánico.
El momento más cómico del film tiene lugar entre las idas y venidas de asustados asiáticos, cuando, para mostrar el pillaje que siempre irrumpe en cualquier tumulto apocalíptico, muestran a un chino que pasa al lado de una tienda, ¡y se lleva un cuadro! Sin duda es la escena de pillaje más paupérrima de la historia del cine. Como diría Churchill, nunca tantas risas debieron tanto a tan poco.

Tras el desastre en el Mar de China llegan unas escenas de tensión mientras los yanquis esperan a ver si los rusos cumplen su palabra y disparan sus misiles contra Orpheus. La tensión que se respira es tan alta como la que pueda tener una bombilla gastada, pero todos respiramos con alivio cuando Bradley deja de comerse las uñas y los misiles soviéticos salen en dirección a la roca locuela. El general Adlon se va a su despacho ante la indiferencia general, y entonces entran en acción los misiles norteamericanos. Sin embargo un cacho de pedrusco alcanzará Nueva York antes de que se disparen los misiles, destruyendo la ciudad, Torres Gemelas incluídas. Siguiendo la línea de efectos especiales baratos, dado que el presupuesto de efectos debió ir en su mayor parte para las maquetas de las mencionadas torres (dinero malgastado pues luego es todo muy confuso), la destrucción de Nueva York consiste básicamente en escenas de archivo tintadas que muestra edificios cayéndose y demás derrumbamientos.

Como toda película de desastres que se precie, las estrellas del film lo pasarán mal tratando de salir de los escombros, ya que Nueva York se les ha caído encima. En medio de paredes derrumbadas y tuberías rotas los científicos salvan el pellejo como pueden. Mientras, en el espacio, Orpheus es finalmente aniquilado, con lo que el resultado final es Tierra 1 - Pedrusco 0, aunque en el parte de lesionados figuren unos pescadores, Hong Kong, Nueva York y el cuadro de un barquito.

¿Y qué ocurre finalmente con Bradley y Tatiana? Pues, como sé que estarán enormente intrigados con el asunto, les emplazo a ver la película.
Meteoro fue el fútil intento de una productora especializada en producciones baratas de crear un film de gran presupuesto. Sin embargo no debieron contar con que para filmar un film de gran presupuesto hay que tener, ante todo, un gran presupuesto. Tras esta perogrullada se esconde una película de efectos especiales baratos, que incluyen escenas de archivo, maquetas mal filmadas y defenestrados guiños a Star Wars. Los productores pudieron liar a unas cuantos grandes nombres en horas bajas para atraer al público, incluyendo a un Sean Connery que aun trataba de quitarse de encima a cualquier precio la etiqueta de James Bond, pero aun así los resultados del film fueron más desastrosos que cualquier meteorito. El pobrecito film da pena, y si fuera humano, sería un pequeño robotín que vende cerillas en la nieve. Pero, amigos, yo les digo, aunque me tachen de loco, que sólo por la escena del "pillaje" hongkonés merece la pena echarle un vistazo a Meteoro. Eso sí, acompáñenlo de cervezas y amigos, o probablemente maldigan mi nombre por el resto de los tiempos.

5 comentarios:

ANA HIMES dijo...

Hola de nuevo!
Te mando un link para que pueda descargarte el álbum completo de Grand Avenue, seguro que hay algún tema que musicalmente te agrada más ;-)

http://rapidshare.com/files/146429940/granavenida.rar

Besos

Alex dijo...

Toma ya! Macho me encantan todas las películas que comentas.

1 saludo

Neli dijo...

jaja.
Bueno, yo no maldeciré tu nombre por el resto de los tiempos. Tu me has enseñado la peli pero soy yo la que decido verla (ahora me pica la curiosidad) aunque solo sea por esa escena que citas :-)

Un beso.

Perem dijo...

Creo, pero no acabo de estar seguro, que llegué a verla, y creo que me aburrió bastante, pero igual voy equivocado, ves a saber... en aquella época fueron unas cuantas las pelis de este tipo.

Un saludo.

Anónimo dijo...

pues es mejor que armegedon, o depp impact, aceptable cine de catastrofes.