martes, 4 de noviembre de 2008

El enemigo de las rubias (1927)


Tercer film (cuarto si contamos la inacabada Number 13) como director de Alfred Hitchcock, y verdaderemente el primero con trama a su servicio y su toque personal, El enemigo de las rubias (también conocido últimamente como El inquilino, más fiel al original The Logder) es una película muda basada en una obra de teatro bastante popular por aquellos días, drama que a su vez se había basado en una novela de Marie Beloc Lowndes, cuya escritora se inspiró en los asesinatos de Jack el Destripador.

Evidentemente Hitchcock todavía se estaba formando como director, y aun estaba lejos de su mejores trabajos ingleses y más aún de su madurez artística en Norteamérica, pero ya desde su primera cinta como director (incluso, al parecer, ya como ayudante de dirección y como rotulista) había dado muestras de su inigualable talento visual. La notable diferencia fue que por primera vez Hitchcock tenía entre sus manos una historia con la que se sentía a gusto, una trama de suspense, género al que dedicaría su vida y su carrera, y al que en el cine llevaría a cotas de calidad todavía no superadas.

La influencia que el impresionismo alemán ya estaba ejerciendo sobre el joven director se pone de manifiesto ya en los créditos, con ese título que muestra una sombra distorsionada rodeado por imposibles ángulos, y el subtítulo que nos adelante que estamos ante una "historia de la niebla londinense". La película se abre con una gran fuerza, mediante el asesinato en primer plano de una mujer rubia, una imagen realmente impactante, un golpe en el rostro del espectador. El grito ahogado de la víctima da paso a un cartel luminoso, recurrente a lo largo del film, que anuncia el espectáculo de unas coristas de rizos de oro. A partir de ahí Hitchcock decide mostrarnos todo el proceso que envuelve a un asesinato, desde que se encuentra el cuerpo hasta que los informes llegan a la gendarmería y los periódicos. Un asesino de rubias anda suelto en la ciudad, y la policía parece incapaz de pararle los pies. Se muestran las reacciones del público. El pánico cunde entre las mujeres rubias.

Durante una de esas escenas Hitchcock ya demuestra su eterna curiosidad por lo visual, tratando de hacer que la parte trasera de un camión de reparto se asemeje a un rostro con ojos. Momentos más tarde tratará de innovar de nuevo, mostrando los pasos que hacen oscilar una lámpara usando un cristal transparente. Una forma imaginativa de indicar pasos en un piso superior en los tiempos del mudo.

La historia gira aldedor del misterioso inquilino que llega a una pensión en mitad de la noche, al hogar de un matrimonio cuya hija rubia es cortejada por un detective de la policía. La extraña conducta del inquilino pronto hará sospechar a la pareja de que se trata de El Vengador, el asesino de rubias. Sin embargo, su hija irá acercándose cada vez más al hombre misterioso, ante el disgusto del policía.
Por supuesto el suspense se halla en saber si el inquilino es o no el verdadero asesino. Para ello Hitchcock retrata un personaje oscuro, un hombre de extraña conducto, de extraños ojos hipnóticos, que realiza misteriosas salidas en la noche. Para el espectador moderno la malificación del inquilino tal vez resulte algo burda, pero el estilo visual de la película sigue siendo tan válido hoy como hace ochenta años. Hitchcock, quien se apoyaba en los consejos de su fiel ayudante y novia, Alma Reville, logra establecer por momentos un vigoroso pulso narrativo, del cual los quince primeros minutos son un extraordinario ejemplo del mismo. Sin duda los espectadores británicos de la época debieron de quedarse sin aliento ante una demostración tal de agilidad, más inusual si cabe tratándose de un director patrio.

Cuando el productor Michael Balcon puso a Hitchcock en el proyecto, éste comenzó a trabajar en él con un gran entusiasmo. Un tal Eliot Stannard escribió el guión en tiempo récord, el mismo que le llevó a Hitchcock (como fue proverbial durante toda su vida, ya tenía la película en su cabeza) dibujar los storyboards y señalar todos los detalles de mobiliario y utillería. Balcon apostó por el guión y contrató a algunas de las mayores estrellas de su época, entre ellas el muy popular actor Ivor Novello para el papel de inquilino. Hitchcock habría querido respetar el final del guión, y ver como al final el inquilino se perdía en la niebla de Londres, sin dejar claro si era o no culpable. Pero al entrar Novello en el proyecto tuvo que plegarse a los deseos de Balcon, y dejar clara la inocencia del protagonista.

Sin duda el gran Hitch había rodado su mejor film hasta la fecha. Daba muestras de un estilo visual ágil, imaginativo e impecable, y ya adelantaba parte de sus futuros tics, con escenas dramáticas dentro de una casa que tenían lugar cerca o en escaleras, primeros planos refulgentes, y una narración muy precisa. Sin embargo, cuando el capo de la Gainsborough Pictures, el corto de miras C.M. Woolf, vio el resultado, decidió (tal vez influenciado por la inquina del antiguo superior de Hitch, el director Graham Cutts) que no era lo bastante buena y congeló el estreno del proyecto, como ya hiciera con los dos films anteriores de Hitchcock. Fue entonces cuando intervino Balcon, desesperado por recuperar algo del dinero que estaba perdiendo en aquellos proyectos, y convencido de que Ivor Novello atraería al público. Pero para que el film llegara a estrenarse se desarrolló una rocambolesca historia que casi era digna de un film de suspense del maestro.

Lo primero que hizo Balcon fue llamar a Igor Montagu, un joven rotulista que había trabajado también remontando películas extranjeras. El productor le enseñó a Montagu la copia final de The Lodger, quien quedó impresionado por el trabajo de Hitchcock, y le preguntó qué podía hacerse por mejorar el film. Montagu sugirió algunos cambios pequeños y nuevos títulos, y posteriormente se entrevistó con Hitchcock. El director estuvo de acuerdo en las precisiones de Montagu, con lo que se refilmaron unas pequeña escenas, se redujeron el número de rótulos y se crearon algunos nuevos (de corte más impresionista) a cargo del cartelista norteamericano McKnight Kauffer. Con esos pequeños cambios Balcon organizó un preestreno que fue todo un éxito, lo que le permitió finalmente sacar a la luz El enemigo de las rubias, película que se convirtió en un éxito inmediato.

Era el comienzo de una larga y exitosa carrera como director de suspense y terror, aunque Hitchcock aun tendría que superar muchos obstáculos hasta convertirse en un autor con suficiente independencia. Sin embargo ya en su tercer film se permitió dar rienda suelta a su sexo sentido visual, jugar con la psique del espectador, y rodar escenas de su protagonista homosexual con jarrones de flores al fondo o a su actriz principal esposada como broma de su galán policía. Sutiles muestras del fino y oscuro humor de Hitchcock que ya comenzaban a darse en aquel lejano 1927.

5 comentarios:

Adrian Vogel dijo...

No lo conocía. Gracias por la info.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Yo sí la conocía pero nunca tuve ocasión de verla...

La de NUMERO 13 también tengo muchas ganas de intentar pillarla.

Saludos Moebius!

ROCKLAND dijo...

yo tampoco la ví y anoto tu recomendación.
Saludos

Möbius el Crononauta dijo...

Adrian: de nada.

Alberto: Si no me equivoco Number 13, así como todos las películas como director de Hitch anteriores a The Lodger, se encuentran desaparecidas. ¡Pero si dieras con alguna copia, no dejes de hacernoslo saber!

rockland: seguro que gustará a cualquier fan de Hitch.

sylvia dijo...

Me la apunto!