domingo, 30 de noviembre de 2008

El día después (1983)

Telefilm producido por la ABC, sobre El día después se ha dicho y escrito mucho desde el día de su estreno. Algunos la tildaron en su día de exageración. Otros, que daba una imagen demasiado suave del holocausto nuclear. Incluso parece que, en sus memorias, Ronald Reagan llegó a escribir el efecto que tuvo en él la película, cambiando su visión sobre la disuasión nuclear. Sea cierto o no, desde luego El día después no dejó a nadie indiferente. No era la primera película que se rodaba sobre una guerra nuclear, pero sí era la primera en abordar de una forma realista sus consecuencias. Probablemente muchos norteamericanos (y muchos soviéticos, cuando fue emitida la película ya durante el gobierno de Gorbachov) se enfrentaron por vez primera a la realidad que entraña el uso de las armas atómicas en un hipotético conflicto con la URSS.

Tras el comienzo del ataque nuclear en la película, la cadena no emitió anuncio publicitario alguno. Se preparon servicios telefónicos para acoger las llamadas de histéricos o de espectadores que se hubieran sentido abrumados por la historia. A la emisión del telefilme siguió un debate entre Carl Sagan, Henry Kissinger, Robert McNamara, William F. Buckley Jr. y otros experts sobre la conveniencia o no de la disuasión nuclear. Los televidentes pudieron, por ejemplo, escuchar por primera vez el término "invierno nuclear", o de su metáfora de dos enemigos acérrimos encerrados en una habitación llena de gasolina, uno con nueve mil cerillas y otro con siete mil cerillas.

La primera parte de la película se centra en la vida cotidiana de varios ciudadanos de Kansas. Padres y madres, hijas e hijos, médicos, granjeros, etc. Cualquiera podría ser el típico ciudadano medio. Mientras viven sus vidas como lo haría cualquiera de nosotros, las noticias en telediarios, partes radiofónicos y otros medios de comunicación van comunicando una serie de hechos preocupantes en Europa que acerca cada vez más la posibilidad de un conflicto armado entre los Estados Unidos y la URSS. La mayoría no cree que la guerra nuclear sea realmente posible. "No pueden estar tan locos", dicen algunos. En el 62 ya se impuso la cordura. Y sin embargo... el problema de las mechas es que pueden encederse.

Cuando estalla la guerra llegan algunas de las escenas más espectaculares del film, donde se entremezclan imágenes de archivo militares con superposiciones de lanzamientos de misiles cuya fuerza se basa en tomar el punto de vista del ciudadano de a pie. Contemplar a alguien en una calle mientras observa como los misiles cruzan el cielo no requiere de más efectos especiales para cautivar al espectador.
Lo que sigue a continuación es un crescendo de radioactividad, invierno nuclear, enfermedad, destrucción, muerte, derrumbamiento de la ley y el orden... un completo y realista caos (¡y que quizás se quede corto!) cuyas escenas más duras fueron sin embargo suprimidas por los censores de la ABC. Aun así, los resultados son particularmente sombríos.

El día después cuenta con un plantel de actores diverso entre estrellas y actores noveles. Uno de los personajes principales lo interpreta Jason Robards, el del médico de un hospital. Otros nombres que aparecen son el de Steve Guttenberg o el de John Lithgow, aunque la verdadera protagonista es la trama en sí.
Mención aparte para el plano final de Jason Robards y otro superviviente. Estremecedor y, al mismo tiempo, lleno de humanidad.

No sé como se luchara la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cómo se luchará la Cuarta: con piedras y palos. Esta cita de Albert Einstein que usan en la película me sirve para resumir el mensaje de la película: que nada ha creado el ser humano más terrible que las armas atómicas, y que en la guerra nuclear no hay vencedores y sólo vencidos. Hasta el día de hoy tan sólo Japón ha sufrido las consecuencias de un bombardeo atómico. Hoy eso sería, como dicen en el film, "un juego de niños". Hasta el día de hoy la disuasión parece haber funcionado de alguna extraña forma. En los momentos más extremos la cordura parece haberse impuesto. De momento, aquí seguimos.

Un 20 de noviembre hace veinticinco años se estrenaba El día después. Hoy el mundo ha cambiado mucho. Espero que lo suficiente para que no tengamos que preocuparnos por el día que ha de venir.