lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando los mundos chocan (1951)

Todavía recuerdo a Homer, de pie junto a Bart sobre sus pequeñas patitas traseras, como un pequeño Rory Calhoun, despidiéndose de Marge, Lisa y Maggie, que se van a salvar de la destrucción mundial gracias a un cohete donde van los listos, técnicos, científicos y demás cerebritos. La frase de Homer ya es, por supuesto, mítica: "Recuerdame así, Lisa", dice cariñosamente. "¡Lleno de furia asesina!". Grande. Por supuesto, como suele suceder muchas veces en esa gran serie, la historia era un homenaje un clásico de la ciencia ficción, Cuando los mundos chocan.

Un buen día en un observatorio de Sudáfrica un astrónomo observa que dos grandes cuerpos celestes se dirigen a toda velocidad hacia la Tierra. Se trata de dos planetas, uno mortal, Bellus, y otro de tamaño similar a la Tierra, Zyra. Zyra pasará primero, provocando grandes desastres. Unos días después Bellus colisionará con nuestro planeta, haciéndolo añicos. En la era pre-Internet la información es entregada al piloto mensajero David Randall, quien deberá transportarla en secreto hasta Nueva York, donde la eminencia en astronomía Cole Hendron estudiará los datos. Esta es la premisa de partida de Cuando los mundos chocan, una producción de la Paramount basada en una obra de los autores Edwin Balmer y Phillip Wylie. Dichos estudios se lanzaron a aprovechar la popularidad del género de ciencia ficción, y eligieron para ello esta obra clásica, que constituye una de las pioneras de la edad dorada del sci-fi en el cine.

Sigamos con la historia, pues es en realidad la gran baza del film. Con el encanto y la inocencia características de muchas películas del género, Cuando los mundos chocan es una mezcla de entretenimiento puro y duro y momentos de comedia, la mayor parte involuntarios, a ojos de un espectador moderno.
En fin, una vez el piloto Randall, habiendo rechazado astronómicas cifras para revelar el contenido de su paquete a la prensa, entrega los documenos al doctor Hendron, éste y su equipo comprobarán que los cálculos son correctos. Mientras Hendron se reúne con lo que parece ser una comisión científica internacional en las Naciones Unidas, metidos en un cuartucho que contrasta con las imágenes de archivo usadas para las reuniones de los políticos (está claro que entonces los científicos eran tan poco respetados como ahora), el piloto Randall conoce a la hija de aquél, que está prometida con el ayudante médico de su padre, Tony Drake. Randall es apuesto e intrépido, y seguramente no ha leído un libro en su vida. Tony es un pobre moreno con bata en vez de chaqueta de cuero que tiene carrera universitaria. La elección pronto estará clara para Joyce, la hija de Hendron, de voluntad volátil.
En la comisión de científicos todos creen que Hendron y su equipo están locos, y todos piensan que los planetas no dañarán a la Tierra. Pero Hendron está emperrado en que sí, y tiene un plan para construir unos cuantos cohetes, modernas arcas de Noé, en los que salvar restos de nuestro civilización, pensando que Zyra es probable que sea habitable. Dos simpáticos vejetes, millonarios al parecer, deciden donar alegremente sus fortunas para empezar a levantar un campamento y un gran cohete con el que escapar del gran desastre mundial.
Sin embargo Hendron pronto se quedará sin perras, con lo que hará su entrada el que quizás sea el mejor personaje de la película, el paralítico multimillonario Sidney Stanton, una especie de Monty Burns que desprotica contra todo y contra todos, y que si aporta su fortuna para acabar el cohete es porque no quiere morir. En realidad el tipo quiere elegir a todo el pasaje, pero Hendron le dice que el proyecto no es su Iberia particular, y que será él quien elija quién va y quien no, siguiendo estrictos patrones científicos.

Patrones científicos que pronto tirará por la borda cuando su hija se enamore de Randall, dejando de lado al pobre Tony, quien obviamente no guardará mucha simpatía al pilotillo de castaño tupé. Joyce de hecho comenzará a tratar a patadas al doctor Tony sólo porque ya prefiere al piloto. Cuando Joyce llegue al campamento y se reúna con Tony, y éste le pregunte sobre si el viaje le ha ido bien, la Joyce le tratará con el mayor de los desprecios, hablándole de las listas de pasajeros, ni siquiera dignándose a contestar. ¡Vaya con la Joyce! En mi pueblo tienen un nombre para chicas así, pero no lo diré aquí, que es lenguaje de Mordor.
En resumen, que Hendron le dará una plaza fija a Randall, ante la indignación de éste, que para eso es el héroe de la película. Con razón, el hombre de barbilla rubicunda dice que sería mejor llevar a un científico, ingeniero o granjero al dichoso planeta Zyra. Pero nada, Hendron quiere tener contenta a la niña de sus ojos, por lo que algún pobre diablo con título universitario se convertirá en cenizas. Como se puede apreciar, tener un título universitario no es algo muy valorado cuando los planetas se salen de madre.

Según los planetas (casi tan mortíferos como el grupo granadino) se van acercando parece que el resto de países cambian de opinión, y según dice Hendron comienzan a construir sus propios cohetes, cohetes de los que no se vuelve a saber nada. Los preparativos siguen su curso, con una voz que sale por los megáfonos, afirmando todo el rato según pasan los días que van con retraso, que hay que darse prisa, que menos samba y más trabajar, lo que le hace a uno dudar si no estarán usando obreros españoles. Mientras, Stanton sigue protestando, Hendron sigue con sus cálculos y carantoñas, Joyce sigue tonteando con Randall, quien afirma todo el rato "que no voy, que no voy", y Tony se va resignando cada vez más a la idea de que le han levantado a la novia en su jeta.
Por supuesto, tendrá que ser un desalmado como Stanton quien avise al doctor Hendron de que probablemente una vez realizado el sorteo de quién va en la nave y quién no, haya gente que no se resigne a morir, y trate de amotinarse. Pero Hendron no le hace caso, pues debía leer mucho a Rousseau, y rechaza las armas que ha traído Stanton, quien las guarda en su habitación. Después se realiza el sorteo en plan colegial, con unas chapas de por medio, y el doctor Hendron anuncia que se publicarán unas listas en los vestuarios masculinos y femeninos para ver quién tiene pasaje y quién no. Qué bonito debe ser averiguar si uno está condenado a morir o no mirándolo en una lista, en plan alineación de fútbol. Randall trata de hacer el paripé de que ha cogido una chapita, pero Hendron, que las ha contado, no cae en la trampa, y trata una vez más de convencer al piloto para que vaya. Por lo demás el ayudante de Stanton, que le ha empujado la silla durante ocho años, se volverá loco y tratará de quedarse con una chapita que ha dejado un romántico joven cuya novia ha quedado fuera de las listas, pero Stanton acabará con él a balazo limpio. Otra cosa no, pero el paralítico es un tipo precavido.

Cuando por fin se supone que va a pasar Zyra por al lado de la Tierra, todos esperan a la hora señalada. Apenas pasado un minuto Stanton ya está protestando de que los científicos están todos locos, y de que nada va a pasar. Por supuesto en cuanto cierra la boca comienzan los terremotos y maremotos que acaban inundando ciudades y campos y haciendo una chanfaina con media humanidad. El cohete queda dañado y está a punto de irse colina abajo, con lo que entran en acción los servicios de emergencia, formado al parecer, aparte de por bomberos, por centenares de tipos en mangas de camisa que salen por los túneles en plan tropel de salvación.

El equipo de Hendron calcula minuciosamente el peso de carga y personas para ahorrar todo el combustible posible, ya que las maniobras para aterrizar en Zyra parece que van a ser complicadas, y al parecer el diesel está por las nubes. Pero en esto Randall y el pobre Tony atienden una llamada de socorro de un campamento que necesita ayuda, habiendo quedado aislado por la inundación. De camino ven a un pobre niño que está en un tejado, donde deben de haberle dejado sus padres. Randall acude a rescatarlo, bajando desde el helicóptero que pilota Tony. Durante un momento parece que Tony se va a largar con el niño dejando a Randall en el tejado, pero no, Tony se está volviendo un calzonazos y vuelve a por el piloto milhombres. Cuando el niño llega al campamento le meten también en el pasaje, pues no está bien dejar que los niños sean aplastados por planetas. Y de paso meten a una perrita que se encuentra el chaval, dejando atrás un par de pollos gordos. Y encima la perrita tendrá perritos. Como se puede ver, todo está científicamente calculado.

El tal Tony acaba volviéndose un pagafantas total tras descubrir a Randall observando a la bella Joyce mediante una cámara de la nave. Y es que Randall es el único capaz de pilotar de nave, aparte del doctor Hendron. ¿Cómo ha aprendido Randall a pilotar el cachibache espacial? Pues se me debió pasar, pero poco importa. ¡Esto es ciencia ficción 50s, amigos! Si quieren hiperrealismo, empáchense con El sol del membrillo (not!). Lo realmente relevante de la escena es que Tony decide utilizar la vieja técnica pagafantera de unir a su amada con el tipo más guapo, para ver si así gana puntos con la chica. Tony no solamente no ganará ningún punto, sino que además engañará a Randall, diciéndole que el doctor Hendron está malo del corazón y no aguantará el despegue, y por tanto es necesario que él pilote la nave. Evidentemente Randall es convencido en cuestión de segundos. Y es que se veía venir, oigan. Tanto "no voy, no voy" tenía que acabar así, en un "pues iremos yendo".

Finalmente llega el temido Bellus. Tal como Stanton había dicho, aparece un tipo lúcido que pregunta al resto por qué tienen que morir ellos y los elegidos no. A pesar de que un joven trata de entonar un discurso razonable, a lo Marge y su canción sobre la decencia carnal, nadie le hace caso y todos van a por las armas que Stanton ha dejado atrás, así, de cualquier manera, para tratar de colarse en el cohete. Con la nave a punto de despegar, los malutos rebeldes comienzan a disparar y a tratar de tirar las vallas de protección abajo. La rampa está dispuesta, el doctor Hendron sólo tiene que empujar a Stanton hasta arriba, los empecinados aun quedan lejos. Pero Hendron se queda embobado viendo cómo los descontentos saltan la valla a tiro limpio, hasta que sale de su ensoñamiento y le dice a Stanton algo así como "pues tenía usted razón". Así que impresionado por la naturaleza malvada del ser humano, Hendron decide por los dos y se va de la rampa, ante las, esta vez sí, lógicas protestas del ricacho Stanton. La rampa se repliega, los motores se encienden, y atrás quedan el heroico Hendron y el, muy a su pesar, también heroico Stanton, quien seguramente protestó hasta el fin de los tiempos, tiempos que debieron ser un par de horas a lo sumo.

Y así partió la nave de la esperanza hacia Zyra, en plan vuelo transcontinental, con todo el pasaje pudiendo observar por el parabrisas como la Tierra se hace pedazos. Así el viaje es más entretenido. Lástima que a pesar del sacrificio de Hendron y Stanton la nave se quede sin combustible, y Randall tenga que dejarla caer desde por encima de las nubes en plan vuelo libre... ¿hubo desperfectos, heridos, se murió el niñito y su perrita con sus cachorritos? ¿tocóle Tony el culo a Joyce en la confusión? ¿eres tu John Wayne? se preguntarán ustedes. Ah, ah... si quieren saber la respuesta a éstas y otras preguntas esenciales (¿quién mató a JFK? ¿es la mujer del Señor Fantástico Reed Richards la mujer más satisfecha del mundo del cómic?) deberán ver la película.

Cuando los mundos chocan, una entretenidísima película con entrañables momentos de comedia involuntaria. Si finalmente se hace el remake, con el director de Deep Rising, La momia, Van Helsing, y demás cine palomitero, ni todos los efectos especiales de este mundo podrán salvarle de la ignominia. Seguro que ni saca a un niño con cachorritos. Shame on you, Sommers! ¡Que el espíritu de Mortadelo y Filemón te lleve!


5 comentarios:

Lillu dijo...

Hmmm no sé si debería conocer esta película, pero no me suena de nada XDD Me faltan horas de rodaje, lo reconozco, jaja. (Por dios que no hagan un remake...)

saluditos!

saciuf dijo...

Necesitaré otra vida para ponerme al día con tanta película :D de momento me apunto todas, lo de verlas ya lo veo complicado.....

Adrian Vogel dijo...

Nunca había oido hablar de ella

Milgrom dijo...

Pues está es digna de verse y, además, disfrutarse como se merece. Un clásicazo en toda regla.

Alex dijo...

ooooh!! esta peli me encanta! jaja