jueves, 27 de noviembre de 2008

Cuando el viento sopla (1986)

El llamado período de détente que caracterizó las relaciones entre el hemisferio occidental y la URSS desde finales de los 60 llegó a su fin con la intervención soviética en Afganistán y la elección de Ronald Reagan. La tensión entre las dos grandes potencias mundiales creció de nuevo, y el Reloj del Día del Juicio Final avanzó sus agujas de nuevo. La carrera armamentística nunca había cesado, y ahora volvía a alcanzar grandes cotas de producción. De repente el mundo pareció intuir que el peligro nuclear acechaba de nuevo. Gobiernos como el británico actualizaron sus programas de defensa civil publicando panfletos y creando progamas de radio y televisión para informar a los ciudadanos de cómo actuar en caso de ataque nuclear. Fue durante aquellos días inciertos cuando el dibujante e ilustrador británico Raymond Briggs trabajó en su novela gráfica When The Wind Blows.

En 1986 el animador y director de cine Jimmy Murakami adaptaba la novela de Raymond Briggs en el film de animación Cuando el viento sopla. Sin embargo, las primeras escenas de la película son imágenes reales de unas protestas contra un transporte de misiles intercontinentales en Gran Bretaña.

La trama de la película gira entorno al matrimonio de los Bloggs (personajes creados por Briggs a partir de sus propios padres), una pareja de clase trabajadora que vive tranquilamente en una aislada casa de campo tras la jubilación del cabeza de familia, Jim. Su vida ha sido satisfactoria y feliz. Su hijo ya hace tiempo que partió del nido y vive casado y con hijos en la gran ciudad. Jim y su esposa Hilda viven tranquilamente su vida de jubilados, viendo la tele, escuchando la radio, conversando, leyendo el periódico. Tal vez Jim vaya de vez en cuando al pub local a jugar a los dardos, o Hilda invite a tomar el té a alguna amiga. Su concepto de la vida en general no va más allá de la cotidianidad y de los límites de su jardín y del horizonte que puedan divisar con su vista cansada. No acaban de comprender del todo el complicado movimiento de peones y alfiles que se juega en el tablero mundial, y que está atenazando al mundo con la terrible amenaza de la guerra nuclear.

Cuando periódicos y televisión hablen de la inminente guerra nuclear, Jim y Hilda se remitirán a la única guerra que han conocido, la Segunda Guerra Mundial, la cual rememoran con la nostalgia que dan los años. Recuerdan casi con diversión los momento pasados en los refugios fabricados en serie que se montaban en las casas. Recuerdan los discursos de Churchill y Roosevelt, lo simpático que era el tío Stalin con su bigote, y lo malos que eran los dictadores fascistas. Hilda no deja de maldecir a los alemanes mientras Jim le recuerda que ahora el enemigo son los rusos, aunque a veces él mismo se confunde. Como buen ciudadano y patriota, Jim trata de seguir paso a paso los consejos de los panfletos de información gubernamentales sobre el modo de actuación en una guerra nuclear. Con unas puertas y unos almohadones fabricará un rudimentario refugio en el salón de la casa, ante la desesperación de Hilda, quien asiste horrorizada al drástico cambio de decoración de su hogar.

Cuando finalmente se produce el ataque nuclear, el matrimonio tratará de valorar y adaptarse a las consecuencias del mismo con su inocente sencillez y su abnegada resignación. El mundo tal como lo conocían ha desaparecido, pero ellos siguen creyendo que saldrán adelante y que trasvolver a sacrificarse, como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, llegará la paz y podrán retomar su vida. Es entonces cuando comienza a cambiar drásticamente el tono del film.
Si antes nos habíamos sonreído ante las tontas ocurrencias del matrimonio, poco a poco se nos irá encogiendo el espíritu mientras el venerable matrimonio comienza a sucumbir a los efectos de la radiación, sin que lleguen a entender en ningún momento lo que les está ocurriendo.

Rodada usando animación y objetos reales usando el stop-motion, Cuando el viento sopla es una película entrañable y amarga a un tiempo, Constituye un sencillo, hermoso y precioso alegato antinuclear. Es una narración de unos hechos terribles como si fuesen vistos a través del prisma de un niño, o, en este caso, a través de un viejo matrimonio cuyo mundo es su hogar y cuya actualidad queda siempre matizada por sus recuerdos. Es un cuento apocalíptico y naïve, triste pero, en cierto modo, esperanzador. Ya han pasado más de veinte años desde su estreno, pero mientras haya armas nucleares en este desdichado mundo, películas como ésta seguirán siendo vigentes.

9 comentarios:

Akeru dijo...

Recuerdo que cuando la vi -pues solo he tenido valor para verla una sola vez- me sentí absolutamente indefensa. Tengo la mala costumbre de ser empatica con los personajes de las historias que veo o leo -y que me gusten, claro-, y a veces, es aterrador, como en este caso. Llore como una magdalena.

Besos, viajero.

elprimerhombre dijo...

Ostras, cuando he visto la portada y mientras iba leyendo tu comentario me iba acordando de la peli. La verdad es que la vi hace quizá diez años y ya no me acordaba. La vi en una clase de animación que me daban cuando hice ilustración (que ya no tengo casi ni puñetera idea de eso, lo dejé hace tiempo) y creo recordar que me gustó bastante o por lo menos me pareció interesante. Me la tendré que bajar para refrescar la memoria. Un saludo!

Alex dijo...

Asi que esta película tiene escenas grabadas en stop motion... Pues tendré que verla para aprender y mejor mi técnica.

Gracias por todas los títulos de pelis interesantes que pones, hay muchos que no conocía

Saludos

Möbius el Crononauta dijo...

Akeru: La primera vez que la vi también me dejó seco. Con los años la volví a ver y pude apreciar mejor no sólo el drama sino otros detalles

elprimerhombre: refresque usted y que lo disfrute

Alex: de nada, para eso estamos

Belén dijo...

Ala Moebius, que bonita esta peli! yo la grabé una noche que la echaban de madrugada y me pareció sublime... además tenía la excusa de que Tears For Fears usaban esa frase en mother´s talk..

Besicos

sammy tylerose dijo...

La vi de casualidad cuando la echaron por el canal 33 hace la tira de años. Es impresionante. La sencillez con que aceptan las consecuencias que acompañan el holocausto me dejó noqueado.

Möbius el Crononauta dijo...

Belén: sublime es la palabra, sí

Sammy: Pues sí, es increíble la historia.

tomas dijo...

Muy buen post. Recuerdo que la vi, casi de crío, en la tv. Y me dejó una sensación... rara, un malestar... Con los años la volví a ver y de nuevo sentí esa sensación, más fuerte quizás porque me abrumaba la sencillez de la parejita y como se resignaban-o ignoraban su suerte.
Saludos.

Angus dijo...

Acabo de verla.
Muy impresionante, aunque para ser sincero no me identificado mucho con los protagonistas. ¿Había tanta desinformación sobre los efectos de una bomba nuclear en el 82? ¡Llega la flema británica hasta tales extremos? ¿Cómo se puede estar tan ciego? ¿Es una metáfora sobre lo ciegos que estamos ante las barbaridades de este mundo? Oh, dear...