domingo, 9 de noviembre de 2008

Cuando el destino nos alcance (1973)


En un mundo superpoblado, la ciudad de Nueva York cuenta con una población de 40 millones de personas. Al igual que la población, en el año 2022 todo es desproporcionado. Las diferencias entre ricos y pobres son mayores que nunca. Una pequeña élite disfruta de los cada vez más escasos recursos naturales, viviendo en lujosas residencias, mientras la gran mayoría ha de contentarse con dormir en la calle, en las escaleras de edificios y cualquier rincón al abasto., y alimentarse mediante el racionamiento. Algunos afortunados comparten abarrotados pisos y pequeños cubículos. Las mujeres objeto lo son ya literalmente, y son simples posesiones de los adinerados. Uno de esos grandes potenciados es William Simonson, importante ejecutivo de la megacorporación Soylent Green (el imperio de la soja y las lentejas), que una noche aparece muerto en su piso, tras supuestamente haber descubierto a un ladrón.
Un duro policía, Robert Thorn, se hará cargo del caso. Thorn ha crecido en un mundo superpoblado, y no conoce otra cosa. Su compañero de piso, en cambio, sí recuerda los días en que había animales y plantas. Se trata de Sol Roth, un anciano que trabaja para Thorn como documentalista. Tras las primeras investigaciones Thorn comenzará a sospechar de que el asesinato de Simonson fue premeditado, y de que algún oneroso secreto se esconde tras su muerte.

Cuando el destino nos alcance es una película basada muy ligeramente en la clásica novela de ciencia ficción ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! de Harry Harrison. El film está dirigido por el "hombre-para-todo" Richard Fleischer, quien ya tenía experiencia en la ciencia ficción, aunque en esta ocasión la trama se basaba en una distopía más que en seres fantásticos y tecnología alucinante. Fleischer rodó una historia policíaca con el problema de la superpoblación como trasfondo. La tónica general del film seguía los patrones de muchas cintas de la época, narrando unos hechos que podían ser tomados como una crítica y un aviso de lo que podía ocurrir a la humanidad si no se tomaba pronto un nuevo rumbo. Cuando el destino nos alcance tal vez sea una de las primeras películas que trasladaban al espectador un mensaje ecologista, aunque de forma indirecta.

Fleischer consigue un sutil equilibrio entre las escenas de acción y la descripción del mundo futuro. Mediante el personaje de Thorn vamos conociendo las pautas sociales, los derechos y privilegios de cada clase, los brutales métodos policiales, y una especie de temor a un levantamiento popular siempre latente. Los turnos de trabajo de la policía son agotadores, y Thorn se ve implicado en varios casos a la vez, y tan pronto investiga como controla a las turbas en escuadrones antidisturbios. Cualquier súbita escasez en el alimento básico de la población, el "soylent green", puede provocar revueltas. Por otro lado los detectives se reservan el derecho de llevarse primero cualquier posesión de valor de un finado, incluyendo el uso eventual de alguna mujer mueble, lo que lleva a Thorn a iniciar una relación con Shirl, el mueble más preciado de Simonson.

El reparto es bastante sólido, comenzando por Charlton Heston, cuya estrella se encontraba en lo más alto, demostrando que tenía un gran olfato para hacerse con papeles memorables, vari0s de ellos dentro del campo de la ciencia ficción. Thorn sería un nuevo ejemplo de ello. Especialmente entrañable es el trabajo de un Edward G. Robinson enfermo que tuvo las fuerzas suficientes para completar el que sería su último papel, el del viejo Sol. Apenas sí podía oir, y muchas veces seguía hablando tras el "¡corten!" de Fleischer, pero al igual que los semidioses clásicos, Robinson mantuvo intacta su aura hasta el final. Otra veterana estrella, Joseph Cotten, también aparece brevemente al principio del film como el rico Simonson. El reparto principal quedaba completado con el atlético e inexpresivo Chuck Connors, que interpreta al guardaespaldas de Simonson, y a la bella Leigh Taylor-Young, cuyo rol en la película casi iguala al de su personaje, Shirl.

Cuando el destino nos alcance es una película que me ha acompañado a lo largo de gran parte de mi vida, y hay escenas que uno difícilmente puede olvidar. Queden para el recuerdo esas escaleras repletas de seres durmientes que Thorn tiene que sortear para llegar a su casa, o esa iglesia llena de refugiados con un sacerdote práctimente ido debido al agotamiento, buscando siempre más espacio dentro de su parroquia. O la improvisada escena en que Thorn y Sol degustan auténtica comida, con verduras y carne. Antológicas las lágrimas de Sol al volver a ver tras tantos años un trozo de bistec. Y quién no ha hecho el mismo gesto de Sol ante el poco entusiasmo que demuestra Thorn por la lechuga mientras le habla a algún joven imberbe de las maravillas de la discografía de tal o cual grupo que ya nadie parece recordar ni respetar. Y siempre se me ponen los pelos de punta al contemplar esa fabulosa escena en la que Sol se "retira" al "hogar". Teniendo en cuenta que Edward G. Robinson se fue tan sólo doce días después de terminar el rodaje, es casi inevitable compartir lágrimas con Thorn. No debió de costarle a Heston llorar por su amigo, siendo de los pocos sabedores de cuán poco le quedaba a Robinson para dejar este valle de lágrimas. Y, por supuesto, otro momento que ya es historia del cine es el inolvidable plano del brazo alzado de Thorn... mítico.

Cuando el destino nos alcance es una de esas películas que nunca me canso de ver. Por cierto, siempre me hizo mucha gracia la rudimentaria forma en que la policía deshace las populosas manifestaciones, con camiones armados con palas que alzan a la gente por los aires como si fueran bolsas de basura. En fin, les dejo, no sea que se acabe el soylent green en el mercadillo de la esquina.

15 comentarios:

GINEBRA dijo...

No me imaginaba que esta película fuera tu "compañera inseparable". Edward G. Robinson era un formidable actor que aquí está genial. Anoche volví a ver "Amores Perros", una de mis pelis preferidas, y estoy de acurdo contigo, el cine es magia y algunas pelis forman parte de la vida de uno. Un beso.

mr chesnutt dijo...

¿Como es que esta película me habia pasado inadvertida? Tendré que ponerle remedio a eso inmediatamente... la verdad es que hecho de menos la imaginación-ingenuidad de los setenta, donde con menos medios que ahora, se conseguian mucho mejores resultados... saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Ginebra: esta y muchas otras; son tan familiares para mí como cualquier amigo de la infancia, o cualquier juguete escondido en algún rincón. Ya lo decía Garci, el cine es muy grande.

mr chesnutt: pues sí que resulta raro que no supieras de ella, no está demasiado olvidada, de vez en cuando la emiten por algún canal, aunque nunca en horario de máxima audiencia, claro.

CaminanteDeNoche dijo...

Pues viendo el presente, creo que la realidad siempre supera la ficción y lo imaginable por nuestra mente es sólo un destello de lo que puede ser, ya que nuestra creatividad no parte de la nada,sino de la ya creado...
No recuerdo haberla visto pero tomo nota, me gusta el argumento.

Besos

lully desnuda dijo...

Pues la forma como la cuentas tú, la hace aún más intersante. Me hiciste viajar al 2022 en New York pero algo particular, me sentí haciendo parte de la gente pudiente y no como Las mujeres objeto como simples posesiones de los adinerados y, sabes, terrible sensación.

Me gusta el mensaje, aunque indirecto sobre la relevancia ecológica.

Besitos de peli para tí!

lully desnuda dijo...

Bueno, me explico, terrible sensación el sentir la marcada diferencia de clases sociales. Qué falta de equilibrio, y algo triste es que todo apunta hacia allá.

Te reitero mis besitos y te dejo un abrazo!

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Fíjate, que el rollo apocalípticorro de esta peli no es taaaaaaaan descabellado a este ritmo que se lleva, amigo de lo extraño que diría Martin Landau jajaj

ISOBEL dijo...

venga un beso de domingo para que tengas una buena semana

manurhill dijo...

Estupenda cinta de ciencia ficción de los setenta con Charlton Heston. Su descubrimiento en la fábrica de Soylent Green quita el hipo.

Saludos

Cecil B. Demente dijo...

Alguna vez he visto me he topado con ella en la tele y habré visto un par de escenas, pero no recuerdo habermela tragado entera, ni de peque ni nada. Aunque con esta crítica tan emotiva tendré que ponerme a ello.

Angus dijo...

La vi por última vez hará unos 10 años, y aunque el tema del Soylent no me impactó mucho (ya sabia de qué iba), si lo hizo el papel de Edward G. y el sitio ese al que va a morir con la Primavera de Vivaldi (si no recuerdo mal). No sabía que Edward G. muriera tan pronto, me gustaría volver a verla sabiéndolo para apreciar mejor el trasfondo.
Así que, a verla otra vez.

Noemí Pastor dijo...

¡Cómo me gusta esta serie destroyer tuya!

Pablo dijo...

¿Cual es su nombre completo?
William R.Simonson
¿Profesión?
Rico...
Muy buena reseña amigo mio. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

sylvia dijo...

Me gusta esto del mes apocalíptico (espero que no tenga que ver con las elecciones americanas)... Soylent Green me la pusieron en clase de geografía en el instituto...para ilustrar las teorías malthusianas, creo...No sé, me provocó gran impacto...tengo ganas de verla otra vez! Saludos.

Fantomas dijo...

Tremenda cinta setentera, a mi gusto una de las mejores películas apocalípticas de la historia del cine. Con un sólido reparto como tu mencionas, y con una gran historia, esta es una verdadera joya del cine de ciencia ficción.

Saludos.