lunes, 20 de octubre de 2008

El club de los poetas muertos (1989)


No me imagino cómo debe ser la vida, o sobretodo, como debía ser, en esos prestigiosos colegios privados repletos de normas, uniformes, tradición y severa disciplina. Recuerdo que cierto verano en que conducía fuera de la ciudad donde tenía un pequeño trabajo veraniego veía una valla publicitaria de un colegio al parecer de influencia anglosajona, cuyo eslogan era que "formaban líderes". No personas adultas, responsables, buenos ciudadanos, o simples buenos estudiantes. No, formaban líderes. Lamentable.

El club de los poetas muertos narra la historia de unos cuantos chicos destinados por decisión de sus padres a ser médicos, abogados y demás, que viven a la sombra de un poderoso y antiguo colegio privado del Este de los Estados Unidos, donde mandan la tradición, el honor, la disciplina y, por lo general, un espíritu de lo más decimonónico. La vida de esos chicos cambiará, para bien o para mal, cuando conozcan al nuevo profesor de literatura, el señor Keating, un antigulo alumno del colegio que les llevará más allá de la poesía, y les hará ver que hay otra vida fuera de las reglas y los rebaños. Individualismo, tomar las decisiones por uno mismo, labrarse el camino... un grupúsculo de ideas y conceptos que los nuevos miembros del renovado Club de los Poetas Muertos resumirán con un latinismo: carpe diem.

El director australiano Peter Weir obtuvo con El club de los poetas muertos uno de sus mayores éxitos, siendo ademas uno de los mejores títulos de su carrera. Weir siempre me ha parecido un gran contador de historias, puesto que las tramas de sus películas suelen ser bastante interesantes, teniendo además por lo general algún elemento que invita a la reflexión. Sin embargo, como director me ha parecido, en bastantes ocasiones, poco más que correcto. Creo que a su pulso narrativo le falta garra, y el potencial dramático de historias como la El club de los poetas muertos parece quedar siempre, en mi opinión, a medio gas. Pero como ya he dicho los apuntes que ha realizado sobre conflictos y cuestiones morales de lo más diverso siempre me han parecido interesantes de ver. En este caso El club de los poetas muertos no es una excepción.

Recuerdo el comentario que hacían en Los Simpson sobre el daño que El club de los poetas muertos había hecho a la profesión del profesor, llenándola de educadores que trataban de ser "guays". Aunque desde el punto de vista de un profesor veterano (especialmente de los de centros donde la disciplina no sea la de un colegio privado de los años 50) las andanzas de Keating puedan parecer una broma de ciencia ficción, más allá del realismo, anacronismo o cualquier defecto que se le pueda sacar a la historia, subyace la idea de la importancia de la educación más allá de números y letras. El enseñar a pensar, a reflexionar, a analizar, a no seguir el camino de los demás sólo porque sea el más transitado. A considerar la poesía, por poner un ejemplo extraído del film, no cómo una gráfica matemática, sino como algo que se puede sentir, llevar dentro de uno, degustar. A ver el mundo de una manera distinta, más vital. Incluso más allá de colegios, alumnos y educadores, el carpe diem de Neil Perry y sus amiguetes significa ser uno mismo, en todas las circunstancias de la vida.

Como película, El club de los poetas muertos seguramente cuente con planos inolvidables ni con un estilo arrebatador. Casi incluso parece por momentos algo desfasada. Y la historia tal cual la pintan tal vez no sea muy realista (en esa época y en ese colegio pocos se habrían subido a su pupitre). Pero como metáfora poética la película sigue siendo vigente. El contenido es bueno, pero el continente tal vez quede atrás como las lunchboxes.

El del profesor Keating seguramente sea el papel definitivo de Robin Williams. Yo siempre le preferiré como el vagabundo loco de El rey pescador, pero hay que aceptar que en esta película estuvo muy bien. Por supuesto Williams es uno de esos actores que no dejan indiferente. Media humanidad parece odiarle (quizás no falta de razón), y la otra parece amarle. Bueno, me pregunto si alguien puede amar a Robin Williams, pero esa es otra cuestión. Aunque por lo general me parezca un actor de rebote, su Keating (oh capitán, mi capitán) es de lo mejor que ha hecho y probablemente vaya a hacer.
Y, dando paso al comentario tontuno de la entrada, diré que resulta paradójico que Robert Sean Leonard, el futuro doctor Wilson de House, acabe así por no querer estudiar medicina. Claro que su padre matasueños es todo un Clarence Bodiker, la versión humana de Cráneo Rojo, Kurtwood Smith. También aparece por la película un jovencito Ethan Hawke.

Salvo que sean enemigos de Robin Williams, si no han visto El club de los poetas muertos no creo que se mueran de asco si lo hacen. Aunque es muy probable que si no son profesores de pipa y coderas no lleguen a amar el film. Y es que, desde 1989, ¿qué profesor no sueña con que sus alumnos le llamen 'oh capitán, mi capitán'?

10 comentarios:

Perem dijo...

Recuerdo que en aquella época, y estamos hablando de hace algunos años, salí del cine diciendo que me había encantado la película. Ahora, la duda es si al volverla a ver me produciría la misma sensación, pero mejor que lo dejemos en duda.

Un saludo.

CaminanteDeNoche dijo...

A mi me gustó.

Besos

ISOBEL dijo...

me gusto mucho, jajaja no te diré lo que estoy pensando respecto al saludo, que lo escrito escrito queda, besitos

paulamule dijo...

Pues a mí me pareció un tostón insoportable. Y además odio al jodido Robin Williams. Salud.

RAÚL dijo...

a mi me encantó, desde luego, y de la misma forma que después de ver karate kid salí del cine decidido a ser experto en artes marciales, con el profesor keating sentí la necesidad de enseñar como el capitán, para intentar construir un mundo mejor, en definitiva. luego hice la objeción de conciencia en un colegio, de los conflictivos, y bueno, las realidades abofetean profusamente las ilusiones de uno!! (me pasó lo mismo al comprobar que mi patada de la grulla era un puro churro)

Yolandera dijo...

jaja yo estaba enamorada de robert sean leonard en esa peli...cómo pasan los años madre miaaa!

Lillu dijo...

A mí me gustó muchísimo cuando la vi por primera vez, pero en posteriores revisiones ya me pareció, como dices, un poco excesiva y desfasada en algunas cosas. Aún así, me parece una gran película.

Yo soy de las que adoraba a Williams pero también con el tiempo se me ha ido haciendo pesado y ahora lo soporto mucho peor. Sin duda me quedo con su papel en "El rey pescador". Y sobre Peter Weir, me encantó "El show de Truman", "Único testigo" (a pesar de su típico estilo de rodar ochentero estándar) y alguna más. Por lo menos es un director interesante y con una trayectoria coherente, sin ningún gran fiasco.

saluditos!

Jim Garry dijo...

Siempre me gustó esa peli. Comparto tu opinion de que ha quedado algo desfasada pero la idea que propone, la de pensar, la formarte como individuo más allá de las reglas de un instituto pijo, me parece que sigue vigente. Y bueno, discrepo un poco con lo de Weir como director. No está entre mis favoritas pero tiene unas cuantas pelis con buenas maneras, mi favorita es El año que vivimos peligrosamente con la gran Sigourney y el petardo de Mel Gibson.

Saludos.

without dijo...

Bueno...no és un peliculón, pero tampoco está nada mal...hay cosas muchisimo peores.

Castigadora dijo...

Recuerdo que en esta película fue cuando me enamoré de la escritura, de la poesía y del teatro.
Los actores y los personajes eran increíbles. Y el mensaje siempre me gustó

Un beso