martes, 9 de septiembre de 2008

Hasta que llegó su hora (1968)

Tus amigos tienen una tasa de mortalidad muy alta, Frank.

Una figura distorsionada por el calor del desierto avanza lentamente. Es un recuerdo del pasado, un ángel de la muerte, un miembro de una raza en extinción. Su imagen se acerca más y más al tiempo que se acerca el momento de hacer justicia. La hora de la vendetta no tardará en llegar. Mientras tanto, el país cambia, y la civilización va acabando con la anarquía del viejo Oeste. Y una ex-prostituta será el símbolo de ese cambio y de las nuevas ideas que trae del Este. Sin embargo el que iba a ser su día más feliz se torna en una completa tragedia. Mientras los hombres parecen matarse a su alrededor por distintas causas, esa mujer tratará de salir adelante, y cumplir el viejo sueño de su asesinado marido: llevar la civilización donde no la había; levantar un pueblo, y hacer una fortuna. Prosperar. El viejo sueño americano.

En una de las secuencias iniciales y títulos de crédito más largos del cine, y en la que apenas hay diálogo (quitando al vendedor de billetes, durante varios minutos nadie dice nada), tres pistoleros aguardan la llegada de un tren que va con retraso. El director, Sergio Leone, había pensado en presentar a Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach como los tres forajidos que estaban a punto de ser rellenados con algo de plomo. Habría sido una bonita manera de dar carpetazo a la Trilogía del Dólar que le había hecho famoso. Sin embargo Eastwood tenía mejores cosas que hacer y Leone desechó la idea. En su lugar contrató a viejos rostros que ya conocía como el de Al Mulock, con quién ya había trabajado anteriormente; Mulock tendría un triste final durante el rodaje, al tirarse desde un balcón. A Woody Strode le llamó por ser un secundario de John Ford, y a Jack Elam por ser uno de los más reconocibles rostros malvados del western hollywoodiense. Strode comentaría que nunca en toda su carrera había tenido tantos primeros planos. El vendedor es encerrado en un armario. Primeros créditos. La india que lo ha visto todo sale huyendo. Strode contempla como su mujer en la vida real corre lejos de la estación.
Sin diálogo ni música, la secuencia está dominada por los sonidos amplificados: el goteo del agua, el molino que necesita aceite, la mosca que parece no querer despegarse de la barba de Elam (su rostro fue untado con mermelada). La música que había compuesto Ennio Morricone para la espera en el andén no parecía funcionar, con lo que propuso sustituírla por una "sinfonía de ruidos", una idea que había tomado de una performance de John Cale o alguno de su discípulos. Un hallazgo que encajó como un guante. Los tres forajidos que esperan al tren (referencia a Solo ante el peligro) juguetean con moscas o gotas, matando el aburrimiento. Es la calma antes de la tormenta. Cuando con un gran chirrido llega el tren, rodado con una espectacular toma inspirada en una similar de El caballo de hierro de Ford, el hombre al que esperaban no hace acto se presencia. Cuando los pistoleros vuelven la espalda, se escucha un sonido de ármonica. Al otro lado de las vías está su cita. Tras un corto y divertido diálogo sobre el número de caballos, se escuchan varios disparos. Todos caen. Pero sólo uno sobrevive. Es Ármonica, el hombre que toca en vez de hablar, y habla cuando debería tocar.

Las referencias a otros grandes western no acaban ahí. Todo el film está plagado de ellas, lo que lo convierte además en un vehículo perfecto para jugar a una especie de ¿Dónde está Wally? cinéfilo, buscando homenajes en cada escena. Tanto Leone como sus colaboradores en el guión (Bernardo Bertolucci, Dario Argento y Sergio Donati) introdujeron referencias a varias de las películas del Oeste con las que habían crecido. Johnny Guitar, Raíces Profundas, Rio Bravo, Ford y más Ford... Hasta que llegó su hora no era sólo una historia del Oeste, era un homenaje al mismo género norteamericano del western.

Un rifle de caza, un disparo y un faisán o algún otro pájaro que cae al suelo. La cámara ha seguido la bala y el vuelo de la presa. Brett McBain y su hijo pequeño han salido a cazar. Con una serie de planos preciosos Leone ya ha asociado en nuestra mente los disparos y el vuelo de los pájaros con la caza. Las chicharras cantan sin cesar. Es un sonido que lo domina todo. De repente dejan de cantar. Tan sólo momentáneamente. Pero la reanudación del canto no parece reconfortar a McBain.
Padre e hijo regresan a la casa familiar (como bien apunta Christopher Frayling en el DVD, es una casa grande y robusta, pensada para varias generaciones), -casa que por cierto todavía sigue en pie en Almería al parecer, y que fue hecha con restos del decorado de Campanas a medianoche- donde se está preparando una opípara comida para recibir a la nueva esposa de Brett, la bella Jill, una señorita de la ciudad. Mientras su hijo pequeño entra en la casa, Brett aprima a su hijo mayor Patrick para que se de prisa en salir hacia la estación para recoger a su madre. Su hija, Maureen, está poniendo la mesa. Brett se acerca al pozo para sacar agua. De nuevo, las chicharras enmudecen. Algo pasa. Vuelan los pájaros. Maureen los observa feliz. Se escucha un disparo. Brett mira los pájaros. Ninguno cae. Mira de nuevo. Los pájaros vuelan. Entonces comprende. Maureen cae al suelo. Brett trata inúltimente de alcanzar su revólver. Los disparos suenan y caen Brett y Patrick. Desde el interior de la casa la cámara avanza hacia la puerta. El pequeño sale para encontrarse con los cuerpos. Comienza a sonar el magnífico tema de Morricone "Like A Judgement". Impresionante.
De entre los arbustos comienzan a salir varios forajidos. Todos se apelotonan delante del pequeño. No vemos sus rostros. Hasta que la cámara gira desde las espaldas de su jefe para revelar el rostro del asesino: Henry Fonda. El villano sonríe ante la triste mirada del niño. Intuímos que le va a dejar con vida. Hasta que uno de sus secuaces pregunta: "¿Qué hacemos con él, Frank?". La sonrisa se borra de su rostro. "Ahora que me llamas por mi nombre"... un último disparo nos lleva a una nueva escena.

Ya desde Por un puñado de dólares el italiano había querido trabajar con Fonda, pero el agente del actor nunca le hizo llegar ninguno de los guiones. Esta vez fue diferente. Sergio Leone era un director de éxito. En esta ocasión el guión llegó. Pero era una pobre traducción literal del trabajo de Sergio Donati que no gustó al actor. Más tarde, cuando comiendo con unos amigos Fonda les comentó que tenía una cita con cierto productor italiano para rodar un western, el actor se sorprendió de que sus comensales hubieran oído hablar de él. Entonces Fonda llamó a Eli Wallach. "Olvídate del guión y trabaja con él", le dijo. Con Mickey Knox, el adaptador del guión al inglés como intérprete, Leone y Fonda se reunieron. La última condición era ver los films del italiano. En una mastodóntica sesión el actor vio toda la Trilogía del dólar. Al acabar la proyección, simplemente preguntó "¿Dónde está el contrato?".
Para el papel de Ármonica Leone tanteó de nuevo a Eastwood sin resultado. James Coburn tampoco mostró interés. Finalmente otro deseo frustrado del director, Charles Bronson, quien obtuvo el papel. Como dijo Leone, él era "el Destino, una especie de bloque de granito, impenetrable pero marcado por la vida".
Para interpretar a Cheyenne, el bandolero errante, Leone eligió a Jason Robards, quien había maravillado al director en una obra de Broadway. A pesar de las reticencias de Donati, Leone se entrevistó con el actor, quien se presentó borracho. El indignado director se marchó, pero el agente del actor le convenció para que le diera otra oportunidad. Por suerte para todos nosotros, Leone se la concedió. Durante el rodaje nunca hubo ningún problema con Robards.

La gran diferencia de Hasta que llegó su hora con los anteriores westerns de Leone es que la verdadera protagonista de la historia es una mujer. Entre los tiroteos, las venganzas y demás acciones masculinas, la aparentemente frágil Jill es la verdadera figura central de la película. Y para interpretar a Jill Leone eligió con mucho acierto a Claudia Cardinale, una estupenda actriz de increíble hermosura, "el mejor invento italiano desde los espaguetis" según David Niven.
La primera imagen que tenemos de Jill es al bajar del tren en la estación de Flagstone. En el primer borrador del guión Leone había descrito cómo se rodaría esa primera escena. Se verían unos zapatos, y entonces la cámara se situaría bajo la falda para ver que la mujer no lleva ropa interior. Felizmente Bertolucci y los demás le quitaron semejante idea de la cabeza.

Al no aparecer nadie a recogerla Jill decide alquilar una carreta. Con un memorable crescendo de la música descubrimos Flagstone mientras la cámara se eleva por encima del tejado de la estación. Jill sube al carromato que la transportará por Monument Valley (el homenaje es más que obvio; Leone se lo pasó como un niño rodando allí y haciendo gala de su conocimiento de la obra de Ford, señalando cada piedra y citando la correspondiente película en la que aparecía). De camino hacia la granja asistimos a una estupenda escena, una parada en una taberna de carretera en la que conocemos a Cheyenne, quien se encuentra por primera vez con Armónica ("¿sólo sabes tocar, o también sabes disparar?"). Tras los tensos momentos el tabernero (un breve pero divertido papel, interpretado por Lionel Stander, un expatriado de la Caza de Brujas) retoma la conversación con Jill como si nada.
Cuando Jill llegue por fin al hogar familiar llamado Sweetwater ("sólo un loco como McBain llamaría agua dulce a esa horrible parte del desierto") su vida cambiará. Ha perdido a su familia, y en la casa no hay dinero. A partir de entonces la historia girará entorno a ella y a la casa, cuyo secreto sólo parece conocer Armónica, el Destino. Tan sólo cuando Jill descubra la gran cantidad de maderos comprados por su marido y un cartel sin nombre comprenderá las intenciones de su marido.

Frank es la vieja y sucia arma de un símbolo del progreso, el potentado Morton (el italiano Gabrielle Ferzetti), cuyo sueño es levantar una vía de ferrocarril hasta el Pacífico antes de que una enfermedad terminal acabe con él. Con el tiempo, Morton se ha vuelto cada vez más débil, mientras que Frank es más fuerte (como vemos en una desubicada escena del film). A pesar de ser un personaje moribundo, la película habla del final de una era pero no para Morton, sino para Frank. A diferencia de El caballo de hierro de Ford, donde el ferrocarril marcaba un comienzo, en Hasta que llegó su hora el tren es el final de la era de los pistoleros como Frank o Armónica. A donde llega el tren llega la ley y el orden. Los forajidos van quedando arrinconados mientras el progreso avanza. Son una raza en extinción. "Vendrán otros Morton y la exterminarán". Frank se cree capaz de llegar a ser como Morton. Pero no comprende el valor y la fuerza del dinero. En su interior lleva una bala. Tan sólo lo entenderá en su enfrentamiento final con Armónica.

Cuando finalmente todos comprendan el valor de ese aparente páramo que es Sweetwater (un lugar con un pozo donde hay agua, y por donde va a pasar el tren, y donde una estación significa un nuevo y próspero pueblo) la acción comenzará a girar entorno a Jill, la que en un principio pareciera una frágil señorita del Este, pero quien es en realidad una dura ex-prostituta que maneja sus armas (su inteligencia y su cuerpo) tan bien como los hombres manejan sus pistolas. Será mediante la seducción como, tras varios intentos fallidos de acabar por ella por parte de los hombres de Frank, se libre de su destino a manos de éste, para acabar yaciendo con Frank en la cama mientras el pistolero, que iba a matarla, habla de casarse con ella. También está Cheyenne, el romántico forajido que ve en Jill y en su buen café una reencarnación de su madre, y quien parece ver con buenos ojos una perspectiva al lado de la bella mujer. Por último está el cuasi fantasmal Armónica, que en su primer encuentro con Jill casi parece que fuera a violarla, cuando todo se trata de salvarle el pellejo frente a los hombres de Frank. Los oscuros motivos de Ármonica van más lejos que el poder, el dinero o el amor. Armónica es una voz del pasado que se deja ver entre personajes muy terrenales.

Jill es el arquetipo de matrona, esposa o hija que levantó un país con sus manos. Hasta que llegó su hora es la visión de Leone sobre el nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos. Como buen italiano reconoce el gran papel que las mujeres juegan en la historia. En el caso del viejo Oeste, tal vez sean los hombres quienes conquistan territorios, pero son las mujeres quienes los civilizan. El destino final de Jill es servir a una causa, levantar una ciudad. Dar de beber a los sedientos trabajadores. Y si alguno se sobrepasa, bueno, "hacer como si no te hubieras dado cuenta", como dice Cheyenne. "Han trabajado muy duro". Ser, en definitiva, una figura maternal y civilizadora. Aunque en último término Jill parezca buscar protección en Armónica o Cheyenne, es fácil imaginársela en un futuro como una fuerte y solemne viuda que ha levantado una ciudad y es respetada por todos. Una especie de figura reverencial, una "madre de América".

Frank busca el dinero y el poder. Podría tomar a Jill por la fuerza, casarse con ella, pero como él mismo reconoce, "no sería un buen marido". De todas formas su destino está sellado. Armónica surge como defensor de ella. Pero como bien sabe Cheyenne, no es de los que se quedan. Sus motivaciones son otras. Son dos personajes casi anacrónicos. Tan solo el simpático Cheyenne parece capaz de adaptarse a la vida hogareña, junto a una mujer bella y fuerte. Pero como se verá, el destino se cruzará en su camino para que no sea así.

"No he venido por la finca ni por el dinero ni la mujer. He venido por ti". Cuando por fin algo en su interior le dice a Frank que no es un hombre de negocios, acudirá a buscar a Armónica. Aunque opuestos, son en cierto modo iguales. Armónica sabe que Frank acudirá. El esperado encuentro se producirá al mediodía. Las miradas se entrecruzan mientras Frank busca el dejar el sol atrás. Como ya hiciera en El bueno, el feo y el malo, Leone elige de nuevo un círculo para el duelo final. Los revólveres descargan su munición. El tren llega a Sweetwater. Una época queda atrás. La época de los Frank y los Armónica. Tan sólo quedará Jill, tan sólo habrá futuro para ella. En poco tiempo Sweetwater será un lugar próspero. Hasta entonces, ella dará de beber a los trabajadores sedientos. Y si alguno se propasa... bueno, hará como si no se hubiera dado cuenta.

Leer critica Hasta que llegó su hora en Muchocine.net

15 comentarios:

alicia dijo...

Pedazo películón, ese antológico comienzo en la estación, la primera irrupción de la banda de Henry Fonda, la música (un tema asociado con cada personaje), los ojos azules de Henry Fonda mas malos que nunca... Una gozada

Kal Zakath dijo...

Menuda disección de la película, a sus pies señor Möbius. Habrá que volver a verla en cuanto haya ocasión.

Inos. dijo...

Excelente crítica para un gran film, amigo Möbius. El maestro Leone se confirmó con el gran artesano que fue con la última gran epopeya del western. Un clásico en todos los sentidos.

sylvia dijo...

Dios mío, ¿has visto todas estas pelis? Tu blog me empieza a estresarme...positivamente pero a estresarme XDDD La anoto, la anoto :)

Angus dijo...

Qué película más épica. Adolece un poco del excesivo metraje (como casi todo Leone), pero es mítica. Peliculón.

Milgrom dijo...

Los mejores primeros planos de la Historia del Cine!!!

estanli cuvric dijo...

Oiga, Möbius, perdóneme el peloteo, pero se lo tengo que decir: es usted el puto amo, en serio. ¿Cómo diantres lo hace para escribir tantos postos y tan bien?

¿Usted no sabe lo que es la vagancia, no?

sammy tylerose dijo...

Maravilloso y agotador post. Lástima que no respetasen la idea de Leone del plano íntimo de Cardinale!
La tengo bajada y en lista de espera desde hace unos meses, probablemente pase a darle prioridad.

Möbius el Crononauta dijo...

Alicia: poco más que añadir.

Kal: Gracias. Siempre que la repongan hay que verla, desde luego.

Inos: En efecto, Leone se superó a sí mismo. Y aun había de ir más allá

Sylvia: Pues, para bien o para mal, ¡las he visto! No te estreses, esto es como el sexo, cada cual tiene su ritmo.

Angus: Nada nada, no le sobra ni una escena. Si en los USA la recortaron y fue un desastre.

Milgrom: ¡muy probablemente!

estanli: favor que usted me hace. la vagancia es todo un arte. Escribir así no es trabajar... ¡ojalá pudiera estar posteando todo el día!

sammy: prioridad absoluta. Hombre, lo de la Cardinale no era de buen gusto, aunque seamos muchos los que admiremos sus encantos. Para escenas porno ya estaba Joan Collins (cuando era joven, claro)

Antunes Ferreira dijo...

PORTUGAL + LISBOA

¡Hola Möbius!

Mira que la Joan Collins cuando chavalita no hacia escenas porno. Nada. Lo que entonces decíamos era cenas osadas...

Sin embargo, Claudia era un monumento. Después de le Gina, de la Sophia, de la Anita (que también lo eram...) solo la Brigitte marcó puntos. Ahora - marca perros...

Llegué a este blog por otros que visito. Llegué, miré y…me gustó mucho. Está muy bien hecho, es comunicativo, es agradable, es bonito - y bien escrito. Esta es una deformación profesional de un periodista jubilado y, dicen, escritor…. que cumplirá 67 el 20 setiembre… pero que continua bien, alegre, bromista y - vivo.

Solamente una notita: Durante 16 años trabajé en Diário de Notícias el cotidiano más importante de Portugal, donde llegué el jefe de Reacción - sin razón que lo justificara… Yo, por lo menos, no lo sé. Cosas de la vida, que nadie entiende… Ahora he publicado – mira, qué raro. Con esta edad sigo siendo loco… - mi primero libro de ficción «Morte na Picada», cuentos de la guerra colonial en Angola (1966/68) donde, bien contra voluntad, infelizmente participé como oficial (obligatorio, porque estudiaba en la Universidad de Derecho).

Soy casi fundador del PS, el Partido Socialista (portugués), pues que mi numero de filiado es 1233. ¡Qué «anciano» soy! Y he sido católico, pero me curé.

Muchísimo placer me darás si visitas mi blog y ahí dejas comentarios. E si lo quieres, puedes también enviarme tu contribución. Textos, fotos, dibujos, que sé yo… Y todavía más si lo divulgas a tus Amiga(o) s mi blog, y mi imeile o imilio (bromas mías…). Gracias.

Blog: www.travessadoferreira.blogspot.com
Imeile o imilio: ferreihenrique@gmail.com

Internet (teniendo en cuenta los aspectos negativos que también presenta) tiene una fuerza inconmensurable y un desarrollo tecnológico que se actualiza cada día. Me encanta, por supuesto.
Abrações (abrazos muy fuertes) y quesos (lo escribo siempre así. Rima con besos y también tienen muy bueno sabor…), distribuidos convenientemente.

- Mil perdones por este mensaje de largo… Como la espada de nuestro primero Rey Alfonso Enriques…

Y ahora, un poquitín de publicidad gratuita… ¿Mi libro? Hay quiénes dicen que es muy bueno. Que es el mejor que fue escrito en Portugal sobre el tema. Dicen… Obviamente que no debo yo decirlo… Otros dijeran, que porque son cuentos de guerra, es SANGRE y SEXO… Gamberros… Si llegas a leerlo, y por acaso, te gustó, tendrás que comprar muchos más. Para regalos de bodas, bautizados, cumpleaños, divorcios y fechas diversas es estupendo. Igual para funerales. Ofrecer la “Morte” (muerte) en la muerte queda muy bien. Hay que vender…Los euros siguen siendo muy raros y… caros…

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NOTA IMPORTANTE: Este texto de aprecio y de información es similar en todos los casos donde lo utilizo. Digo esto, para quién duda o sospecha porque aparece en distintos blogs. ¡Qué nadie se sienta engañadoo ofendido… Por supuesto, subrayo, que solamente lo uso cuando lo quiero, es decir, cuando me gusta lo que visito. Punto.
PS - Claro que normalmente escribo en Portugués. Si lo entiendes y quieres recibir cosas en la lengua de Camões, Pessoa o Saramago – dímelo. Gracias. Para mi es un poquitín mejor…

raskolnikoff dijo...

Otro gran post Moebius. No sabía lo de Jason Robards, igual le dijeron que en vez de Leone el director era Ford y por eso fue borracho ... La verdad es que tiene una pinta de bebedor impresionante.

No se me quitará en la vida la musiquilla de Armónica de la cabeza. Leone era un verdadero genio del cine.

Möbius el Crononauta dijo...

Vaya Don Antunes, otra cosa no, ¡pero se lleva premio al post más largo!
Jeje, acepto el spam por ser de algo interesante. Si hubiera algún texto que fuera digno de compartir lo haría con gusto. Intentaré publicitarle en lo que se puede. Y lamentablemente no sé habla portugués.

Raskolnikoff: Genio y figura, desde luego.

Tío Marvin dijo...

Vaya pedazo de post, le ha quedado genial. Debo reconocer que me gusta más la trilogía del dólar, pero ésta también es muy buena. un saludo

Pablo dijo...

El mejor spaghetti-western, que se ha realizado a lo largo de la historia del cine. Y en donde Sergio Leone, reunió a un soberbio elenco de "tipos duros",para contarnos una historia, que nada tiene que envidiar a cualquier clásico del género. Una obra maestra, se mire por donde se mire.
"Cuando tiene que hablar toca, y cuando tiene que tocar habla"...
Soberbio post, amigo mio. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

Ramón Ramos dijo...

Mi favorita de Leone es El bueno, el feo y el malo, pero desde luego tanto la trilogía del dolar, con Clint Eastwood de protagonista, como Hasta que llegó su hora, las 4películas son legendarias y tienen su merecido lugar en la historia del western y del cine en general.
Saludos,