viernes, 26 de septiembre de 2008

Charly (1968)

Partamos de la premisa, con la que muchos hombres han estado de acuerdo a lo largo de la historia, de que el tonto, el bobo, el ser que no parece darse cuenta de lo horrible del mundo, de sus burlas, es más feliz que el común de los mortales. Podríamos decir que ésta es una cuestión para la filosofía. Una segunda aproximación a esta película sería el comentar los límites de la ciencia, y cuánto hay en ella de verdadero altruismo y no de satisfacción personal.

Basada en el excelente libro Flores para Algernon de Daniel Keyes, Charly fue un proyecto por y para Cliff Robertson, quien se hizo con los derechos de la historia tras interpretar el papel de Charly Gordon en televisión. Desde luego la jugada le salió bien porque acabó llevándose la estatuilla al Mejor Actor. Aunque todos sabemos de la predisposición de Hollywood a galardonar este tipo de papeles dramáticos con algún tipo de tara, no hay que negar que Robertson hace un buen trabajo.

Retomando la premisa del principio, Charly es la historia Charly Gordon, un tipo de 32 años, un retrasado con bajo coeficiente intelectual que trabaja en una panadería donde es constante objeto de burlas y bromas por parte de sus compañeros. Sin embargo Charly responde a ellas alegremente, tal vez porque se quede con la forma y no con el fondo. Por las noches Charly acude a las clases nocturnas para adultos de la bella Alice Kinian, trabajando duro para intentar mejorar sus capacidades. Como le dice a la profesora Kinian, Charly tan sólo quiere ponerse al nivel de los demás. Mientras todo eso ocurre, un ratón de laboratorio, Algernon, es sometido a una cirugía experimental que incrementa su inteligencia. El pobre Charly verá como el nuevo Algernon le derrota en las pruebas a las que son sometidos ambos. Los científicos buscan una cobaya humana, y el elegido será Charly.

Evidentemente tras ver la película cada uno extraerá sus propias moralejas. Para mí una de ellas es que la inteligencia es un arma de doble filo. Cuando Charly responda al tratamiento verá que los que creía sus amigos no hacían más que convertirle en objeto de entretenimiento; que sus crecientes sentimientos hacia la señorita Kinian serán demasiado complejos para asumir de un solo golpe, y que, en definitiva, el mundo apesta. Una segunda moraleja sería que en ocasiones la ciencia parece pasar por encima de sentimientos con tal de lograr epatar al mundo científico, o al menos eso es lo que ocurre en Charly.

¿Por qué la gente nunca se atrevería a reírse de un cojo o un ciego pero se ríe de un idiota? Esa es la pregunta que se hace un cada vez más lúcido Charly, a la par que descubre que el mundo está podrido, y que el género humano dista mucho de ser grandioso. Cuando sea presentado ante una granada audiencia de científicos, un rabioso Charly descargará su tenebrosa visión de la humanidad en sus respuestas a los científicos. Más guerras, más armas, niños siendo educados por la televisión... nada nuevo bajo el sol.

Repasando la filmografía de Ralph Nelson me da la impresión de que es un director que siempre se queda a medias. Tic, tic, tic es una película endeble que trata de seguir la estela de films como En el calor de la noche, y que se mantiene tan sólo por el buen hacer y el carisma de sus protagonistas. El atípico western Soldier Blue, aunque mejor, no invita a varias revisiones. Sus películas resultan demasiado mundanas, y Charly no es una excepción. Seguramente un John Huston habría sido capaz de sintetizar todo el dramatismo de la novela en apenas una hora y cuarenta minutos, pero a Nelson se le escurre entre los dedos mucho de la evolución del personaje de Charly Gordon, quedando la película más en el ámbito del melodrama televisivo que del gran drama que hubiera debido ser. Además algunos de los irritantes tics poppies tan típicos de muchas producciones de la época usados en secuencias que resumen parte de las vivencias de Charly no ayudan nada a la historia. Que de la banda sonora se ocupe Ravi Shankar es buen ejemplo de lo que trato de decir.

Con todo, la historia de Flores para Algernon es tan irresistible que sólo por ella y el buen hacer de Cliff Robertson la película sigue siendo interesante. Que la poco efectista (aunque sea quizás de recurso fácil) escena en la que Charly hace callar a un bar repleto de risas ayudando a recoger lo que un camarero de pocas luces ha tirado sea de las mejores de la cinta muestra por donde debería haber sido conducida la película. Como film, Charly es un film fallido en varios puntos, pero en otros sigue teniendo gran vigencia. No es éste, desde luego, uno de esos casos en que la película mejore en modo alguno a la novela. Pero quien no disponga de tiempo para leerla o para buscarla, o quien desee acercarse primero a la trama a través de una película, Charly no es mal substituto. De todas formas la hermosa novela de Daniel Keyes es de lectura imprescindible.

1 comentario:

Milgrom dijo...

Esta pelicula la vi hace poco por primera vez. Me recordó al episodio de Los Simpson en el que a Homer le quitan el lápiz del cerebro y se vuelve inteligente, dándose cuenta de la hipocresía de la sociedad. Si que es cierto que es demasiado melodramática pero apunta grandes ideas.