viernes, 19 de septiembre de 2008

Anatomía de un asesinato (1959)


Las cartas de admiradores indignados llegaron por decenas. ¿Qué hacía George Bailey sosteniendo unas bragas rotas y hablando sin tapujos sobre una violación? ¿Qué clase de película era aquella en la que se pronunciaban palabras como "puta", "esperma", "bragas" o "penetración"? ¿Qué había sido del bueno, limpio y decente James Stewart? ¡Si hasta su indignado padre había dejado un anuncio en el periódico local instando a los vecinos a que no vieran la sucia película de su hijo!

Anatomía de un asesinato fue un punto determinante en la historia del cine. Sería exagerado decir que por si sola cambió el rumbo de los acontecimientos en Hollywood, pero junto a otros títulos de esa década que ya moría puso las bases para que en los 60 todo cambiara, culminando en la década siguiente con películas donde cualquier palabra o desnudo eran posibles. Muchos espectadores se sintieron ultrajados por tanta franqueza en una película, pero seguramente también muchos acudieron a las salas llevados por el morbo. La historia que se tocaba no era desconocida pues el libro del abogado Voelker en el que la película estaba basada había sido todo un best-seller. Bajo seudónimo Voelker hizo una novela basándose en un caso que había llevado exitosamente defendiendo a un oficial del ejército acusado de asesinato. Siendo probable que no escatimara detalles no es de extrañar que Otto Preminger se sintiera atraído por esa historia.

La película no sólo rompía los convencionalismos del vocabulario (panties era una palabra sucia, cuesta de imaginar), sino que hacía del teniente Manion un acusado muy ambivalente. Hasta la fecha los enjuiciados solían ser claramente culpables o inocentes, pero el teniente era un caso distinto. Tanto la interpretación del estupendo Ben Gazzara como todo lo que se cuenta sobre él (disgustaran o no los flashbacks a Preminger fue un acierto no incluir ninguno) nos da a entender que tal vez pudiera haber tenido ese "impulso irresistible" del que se habla en el film para acabar con la vida del presunto violador de su esposa Laura, o tal vez no.
Y esa es otra. ¿Qué pensar de Laura? Parece concluyente que hay violación, pero de nuevo todo lo que sabemos del personaje, por lo que declaran de ella y por su comportamiento, puede llevarnos a juzgar a la señora Manion de formas muy distintas. Su "soltura" al relacionarse con los hombres y su constante flirteo con el personaje de Stewart, el abogado Biegler, induce al espectador a plantearse muchas cosas. El avieso Preminger nos pone en un brete sin apenas darnos cuenta, instalándonos en nuestro propio banco de jurado en forma de sillón, haciéndonos saber que es nuestro deber declarar culpables o inocentes al matrimonio Manion. ¿Estaba el teniente fuera de sí al apretar el gatillo, o sabía lo que hacía? ¿Creyó a su esposa cuando le dijo que la habían violado? ¿Incitó Laura de algún modo al dueño de la cantina? ¿Es ella una víctima, o le salió mal el juego que se traía con otro tipo más que quedó prendado de ella? Y encima el final de la cinta en realidad no aclara nada, dejando al espectador la opción de acabar de hornear su empanada mental, decidiendo si dentro hay tomate o no lo hay.


El Duque y Lee Remick

A ritmo de jazz, unos títulos de créditos de un extraño estilo expresionista minimalista a cargo de uno de los mejores diseñadores de títulos de la historia, Saul Bass, nos ponen en estado de alerta: Anatomía de un asesinato va a ser una película llena de aristas. Y mientras la acción se desarrolla nos acompañará al estupenda banda sonora de Duke Ellington (atención a su cameo), una de esas que realmente se pueden escuchar en disco. Cuando veamos al sencillo abogado de pueblo Biegler conducir de vuelta a casa tras irse de pesca los acontecimientos se irán sucediendo sin parar. Mientras la señorita Rutledge (estupenda Eve Arden) se queja a Biegler de su sueldo atrasado en su particular estilo mordaz, el borrachín picapleitos y amigo de Biegler le pone al teléfon y le insta a aceptar un caso del que el abogado pescador nada sabe. Comienza entonces uno de los casos judiciales más interesantes de la historia del cine.

A pesar del riesgo que corría, James Stewart demostró ser un tipo listo al aceptar un papel así. Aunque su viejo padre considerara que casi se había pasado al porno o algo similar, el papel de Biegler sirvió al actor para proseguir en tarea de ir más allá de los personajes de tipo honrado y sin mácula. De todas formas ya se había mostrado vengativo en algún western, y el retorcido Hitchcock le acababa de aproximar, sin que nadie pareciera darse cuenta, en el mundo del fetichismo. Aunque lo realmente importante es que Stewart, una vez más, estuvo magnífico como el abogado que lucha contra el Goliat de la fiscalía.
Y ese Goliat no era otro que George C. Scott, que acababa de empezar a actuar como quien dice, y que con su papel del fiscal de ciudad dio un nuevo sentido a las palabras frialdad y mala leche, llamando al mismo tiempo la atención de toda la industria.

Y, como dirían Monty Python, Supracosmically Inter-Universally Ultra Alphabetically Hyper Starring estaba Lee Remick quien, entre otros papeles, pasó a la posteridad por su buen hacer como la coqueta y descarada Laura Manion. Aunque Preminger siempre la quiso a ella el contratarla fue algo complicado, pero cuando Lana Turner rechazó el papel y los ceñidos vestidos que lo acompañaban finalmente la Remick dio el sí, firmo. Y gracias a Dios tuvimos su mirada de profundidad años luz en la película.
Y no cerraré esta entrada sin nombrar a uno de los más entrañables jueces que se hayan visto en una película, el juez Weaver, interpretado por un abogado real, Joseph N. Welch, quien al parecer estuvo en la plantilla de defensores del Ejército el día en que el senador McArthy se pasó de listo y apuntó su dedo hacia los militares. Craso error. Como lo sería el dejar pasar esta película.


7 comentarios:

Milgrom dijo...

Es cierto que en esa época, una película como esta era absolutamente necesaria aunque hoy en día y más después de los innecesarios fuck de Tarantino, quede obsoleta. No como película, que es imprescindible en cualquier adicto al cine, sino por lo del lenguaje, no te vayas a pensar...

GINEBRA dijo...

¡soberbio!!!!! No recuerdo haber visto esta película, pero la buscaré y la veré. Muy completo el post, actor, director, banda sonora y hasta créditos. Muy interesante. Möbius ,deberían contratarte como crítico de cine y música. Quizás lo seas... jejejejeje. Un beso y buen día.

Möbius el Crononauta dijo...

Milgrom: evidentemente el lenguaje de la película ya no escandaliza a nadie hoy en día. Pero ya le gustaría a Tarantino llegar a tener una carrera como la de Preminger.

Ginebra: de nuevo, gracias. No soy crítico, al menos no profesional, y viendo lo que algunos críticos escriben por ahi, ¡no sé si quiero serlo!

alicia dijo...

Una de las mejores películas judiciales (y mira que ese género tiene joyas como Testigo de cargo o Matar a un ruiseñor) Reparto perfecto, música perfecta, dirección perfecta... una joya de las que ya no se hacen

Pablo dijo...

"Ese testigo es incompetente, irrelevante,in..."
"Demasiadas palabras que empiezan con i, puede preguntar, señor".

Uno de los mejores filmes de tema judicial que se han realizado en toda la historia.
Una película que por obligación se debe de ver, tanto si a uno le gustan los temas judiciales, como si no le gustan.
Porque esto amigos-as mios, es una película verdaderamente redonda.
Como excelente es tu reseña. Saludos, amigo Moebius.
http://pablocine.blogia.com

Inos. dijo...

Clásico con todas las letras. Inmensos Stewart, Scott y el resto del cast. Preminger en su salsa. Hasta el afiche diseñado por Bass es uno de los más famosos del cine.

Excelente post, maese Möbius.

sammy tylerose dijo...

A mi el cine judicial me suele aburrir soberanamente. No soporto las adaptaciones de Grisham. No obstante, con "Anatomía..." disfruté como un camello!