domingo, 3 de agosto de 2008

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981)

¡Traed gasolina para mayor gloria de Humungus!

Tras el inesperado éxito internacional de Mad Max, su director y creador George Miller rechazó oferta tras oferta para seguir con su rutina anterior a la primera película del policía loco Max Rockatansky: ir a cursos de cine, escribir guiones, y seguir preparándose. Mad max había sido su primer largo, y a pesar del éxito creía que aun tenía mucho por aprender. Pero pronto tanto Miller como su sosias Byron Kennedy consideraron que el personaje de Max todavía podía dar mucho de sí, y comenzaron a prepara una secuela que llevara a Rockatansky a nuevos parajes y nuevas historias.
Mad Max 2 se iniciaba con el relato de una voz protagonista de la historia de la película, que rememora el pasado, tiempos en que la falta de combustible, la guerra y el desorden han llevado a la Tierra y a países como Australia al borde de la anarquía. En esta segunda parte el caos es todavía mayor, y cualquier trazo de ley y orden como la que representaba Max ha desaparecido. El propio Max ya nada tiene que ver con el joven policía, y se ha convertido en un merodeador que viaja a través del páramo en busca de gasolina. Por lo que sabe, al final las bandas de moteros y demás locos de la carretera han impuesto su dominio.

No sé cuantas veces habré visto Mad Max 2, probablemente una veintena de veces. Y aunque para la mayoría es la mejor parte de la trilogía de Max, yo le sigo teniendo gran respeto al primer film y sus vibrantes persecuciones en carretera. Aunque hay que reconocer que en Mad Max 2 hay más vehículos, más personajes variopintos, una gran imaginería de trajes y coches; en definitiva, más medios, y un villano más carismático, el gran Humungus. Lo cierto es que si la primera película había redefinido el género apocalíptico, Mad Max 2 se convirtió en la gran referencia para un buen puñado de films que le siguieron y que se inspiraron o copiaron directamente el poderoso estilo visual de Mad Max 2. Parte de la responsabilidad para esa extraña mezcla de punk apocalíptico y diseños a base de restos es del director artístico Graham Walker y la diseñadora de vestuario Norma Moriceau; no resulta sorpredente que anteriormente hubiera trabajado en la película de los Sex Pistols The Great Rock 'n' Roll Swindle. El inolvidable look de zarrapastrosos como Humungus, su fiel Wez y el resto de inadaptados se lo debemos al genio de Moriceau, por lo que es justo citarla.

Para la secuela George Miller escribió una historia junto a dos colegas que tenía lugar mucho tiempo después del final del primer film; un Max más mayor y solitario, cuya única compañía es la de un perro, viaja en su remozado y viejo Interceptor V8 disputándose restos de gasolina con toda clase de bandas de motoristas. Tras tropezarse con Wez y hacerse con la gasolina del derribado vehículo de unos malutos, Max encuentra un autogiro aparentemente abandonado, pero que en realidad es una trampa de su dueño, el Capitán del Autogiro (Gyro Captain en el original). Sin embargo el tiro le saldrá por la culata y para salvar la vida el individuo le hablará a Max de un recinto donde extraen petróleo y lo refinan; el sueño de cualquier merodeador. Max llega al lugar y contempla como las hordas de Humungus no dejan de acechar el reducto de civilización que es el campamento del pozo petrolífero. Cuando una partida de búsqueda del campamento fracasa, Max se ofrece para llevarles un vehículo lo bastante potente como para cargar con un gran depósito de gasolina y dejar atrás el infernal páramo. Todo ello a cambio de mucha gasolina. Max cumple su trato y obtiene su gasolina, pero un encontronazo con los hombres de Humungus cambiarán sus planes.

Los cursos cinematográficos que realizó Miller entre la primera y la segunda película le debieron de ayudar a construir una historia que más allá del futuro apocalíptico y los personajes desequilibrados era una revisitación del viejo choque entre buenos y malos, y de la tradición del rufián que protege a gente honrada e indefensa de gente más malvada que él; por decirlo así Mad Max 2 es una mezcla futurista de Los siete samurais y Raíces profundas. Aunque en realidad el estudio cinéfilo y el historicismo están de más cuando uno puede regodearse en las fragorosas escenas de la venganza de Humungus y la espectacular huída final hacia la libertad.

Para esta segunda parte Miller volvió contar con Mel Gibson para el papel de Max. A pesar del éxito de Mad Max un Gibson al que habían doblado en los Estados Unidos no había llegado aun a los circuitos internacionales, aunque había establecido una carrera sólida en Australia. Sin embargo con esta también exitosa segunda parte y la película de Peter Weir El año que vivimos peligrosamente se ganó el pasaporte hacia Hollywood y la fama más absoluta. Ningún otro personaje u actor de importancia repitió en la segunda parte.
Por destacar unos cuantos personajes y actores, hablemos del carismático (y aparantemente homosexual) punk warrior Wez, el fiel mastín guerrero de Humungus, interpretado por un tal Vernon Wells, y del que imagino poco se ha vuelto a saber. El Gyro Captain de dentadura tan podrida como su cerebro ("¿recuerdas la lencería femenina, Max?") es el carismático Bruce Spence, junto a Gibson el único actor importante que repetiría en la tercera entrega. Spence se dejó ver en la saga de Matrix y en la versión extendida de El señor de los anillos como la Boca de Sauron. La defensora del campamento de ojos glaciales es Virginia Hey, que tal vez conozcan los fans de la amorfa serie Farscape.
Aunque junto a Max quien comparte la medalla de oro de los personajes es el culturista sueco Kjiell Nilsson, quien interpreta al enmascarado rey del páramo, el ayatolá del rock and roll, Humungus, un villano a recordar por todos los tiempos. Nunca un tipo con cuatro pelos y en taparrabos se vio tan carismático en la pantalla. Para mí Humungus es uno más de la familia.


Humungus, un tipo con clase

Mad Max 2 se convirtió en el film más caro del cine australiano, y constituyó otro gran éxito de taquilla, haciendo de sus personajes (Max y Humungus por ejemplo) iconos del cine de los 80. Llevó a Gibson y Miller a Hollywood e interesó a los estudios norteamericanos, lo que nos regaló una tercera parte que, sin estar a la altura de las dos primeras, no dejaba de tener sus buenos momentos.

¿Resucitará Max Rockatansky algún día? Quién sabe; sería apetecible pero sin George Miller de por medio daría miedo; aunque el director desde luego no se encasilló y cuando dejó atrás a Max rodó cintas como El aceite de la vida o la más reciente Happy Feet. Ya comenté que se había hablado de una precuela, el tiempo nos dirá. Pero de momento les emplazo a la tercera y última entrega de las aventuras del loco Max.

3 comentarios:

Kal Zakath dijo...

Pues no estaría nada mal otra entrega de MadMax, ya que están tan de moda los remakes últimamente. Y Gibson aún daría juego al personaje.

Fantomas dijo...

Yo soy uno de los tantos que considera a esta como la mejor de las tres entregas. Todo un clásico de culto del cine ochentero.

Excelente reseña.
Saludos.

Anónimo dijo...

Bueno, pues sí. SSe hizo la cuarta entrega.
Muy logrado el vestuario y personajes, pero me sobra acelerador.