martes, 12 de agosto de 2008

La balada de Dwight Frye

29 de septiembre de 1930. Un coche de caballos se desliza por una colina de los terrenos traseros de los estudios Universal. En su interior viaja un supuesto agente de una compañía mobiliaria que acude a una cita con un temible conde. El rodaje de Drácula sería el comienzo de la edad de oro del terror hollywoodiense, y de uno de sus actores más carismáticos, Dwight Frye. El mundo le olvidó durante décadas, hasta que su nombre resurgió al tiempo que volvían a reponerse todos aquellos viejos films de terror. Pero él nunca fue una gran estrella en su día como Boris Karloff, ni tuvo a un Tim Burton que rescatara su nombre para el gran público como sucedió con Bela Lugosi. Pero su nombre pervive en el recuerdo de muchos fans del cine de culto, y en el título de uno de los clásicos de la Alice Cooper Band.

Dwight Illif Fry nacía un miércoles 22 de febrero de 1899 en la pequeña localidad de Salina, Kansas. Sus padres, Charles y Ella, eran dos granjeros temerosos de Dios, sencillos y trabajadores, que esperaban un futuro mejor, como muchas otras familias del Midwest norteamericano. Poco después la familia se trasladaba a Denver, Colorado en busca de mejor suerte. Desde muy joven Dwight mostró interés por las artes, tomando clases de piano y voz. Mucho de lo que sabemos del actor en aquellos años nos ha llegado a través de un álbum de recortes que Dwight comenzó a confeccionar desde muy joven. El primer recital de piano del que se tiene noticia está en el álbum y data de 1913.
Para cuando los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial en 1917, Dwight ya había dado muchos recitales y conciertos en solitario. Como muchos otros chicos de su edad estudiaba en un instituto, el West Side High School. Allí tomó contacto por primera vez con el teatro, participando en una representación llamada "The Honeymoon". Fue amor a primera vista. Cada lunes Dwight acudía a la representación de noche de la Denham Stock Company, lo que llevó a decidirse por su futuro al acabar el instituto: sería actor. Y así se lo anuncio a unos atónitos padres cuando tras graduarse Dwight les comunicó que se dedicaría a la interpretación.
No demasiado tiempo antes, cuando sus padres eran jóvenes, los actores y actrices ostentaban el mismo rango que prostitutas y ladrones. En 1917 la actitud hacia ellos había mejorado algo, considerándose como una profesión nada respetable llena de pillos que se no pagaban las facturas de hotel y donde la moral brillaba por su existencia. Ningún padre decente dejaría que su hijo o hija se casara con alguien dedicado al teatro.

Y los no muy contentos padres de Dwight le presionaron para que aceptara un empleo decente como secretario en una compañía de negocios. Dwight aceptó sin dejar por ello de acudir a clases de interpretación y a las representaciones de la Denham. En el verano de 1918 un amigo de la familia Fry, Emett Vogan, llegaba a la ciudad para actuar en la Denham.
Decidido a seguir su carrera como actor, el 16 de junio de 1918 Dwight se salía con la suya, y debutaba con un pequeño papel en la Denham. Orgulloso la dejó poco después hasta que le otorgaran papeles de más enjundia.

Como la mayoría de actores en aquella época Dwight había comenzado a trabajar en una stock company; este tipo de compañías teatrales pequeñas, que podían ser itinerantes o residentes en un teatro determinado, tenían una plantilla de siete u ocho intérpretes especializados cada uno en cierto tipo de papeles (el galán, la dama, el personaje gracioso, los personajes de carácter de más edad, etc.) y que representaban en los pequeños pueblos y ciudades los grandes clásicos del teatro y los éxitos de Broadway de la temporada anterior. Cada semana o cada pocas semanas el repertorio cambiaba, pasando de un drama de Shakespeare a alguna comedia ligera, en una sucesiva rotación de obras que tenían a los actores y actrices muy ocupados. Si a eso le añadíamos los viajes en tercera y las estancias en hoteluchos de mala muerte, quedaba claro que la vida del actor en una stock company no era nada fácil.
A la espera de mejores papeles Dwight siguió el consejo de sus padres y entró en un curso de empresariales en la Universidad de Colorado en Boulder. Pocos meses después el amigo Vogan le informaba de que el "juvenile" o el actor especializado en papeles de joven inocente y enamorado había abandonado la Denham para combatir en Europa. Llegaba así la primera gran oportunidad para Dwight. Dejó la universidad y añadió una "e" a su apellido, creyendo que así quedaba más elegante. Así le conocería la posteridad, como Dwight Frye. Mientras la fama le aguardaba, Frye trabajó en la Denham hasta el final de temporada a finales de septiembre. Sin embargo, el dueño de la Denham, O.D. Woodward, había decidido cerrar la compañía y buscar nuevos objetivos aparte de dedicarse al cine, habiendo ya rodado algunos films en unos estudios que poseía en Denver, en los que es posible que Dwight hiciera su debut cinematográfico, aunque no está demostrado.

Dwight siguió a Woodward hasta Spokane, en el lejano estado de Washington, para trabajar en la nueva compañía Woodward Players. Eran los aciagos días de la terrible epidemia de gripe que se estaba llevando muchas vidas, y la partida del director de negocios de Woodward no ayudó a la estabilidad de la compañía, pero Dwight acabó la temporada con éxito, con una obra distinta cada siete días y 10 actuaciones por semana. En el verano de 1919 Dwight actuó en Chicago y trabajó en la escena del vodevil de Nueva York cantando, bailando e interpretando chistes y gags. A unas cuantas calles de distancia John Barrymore reinaba en Broadway con su Ricardo III. Ése era el objetivo supremo de Dwight: Broadway. Para llegar allí tomó un obligado rodeo y se embarcó en una gira con otra stock company, la Myrkle-Harder, con doce actuaciones por semana. En mayo de 1922 el actor se unió al Colonial Theatre de Pittsfield, Massachusetts, donde debutó con la obra Adán y Eva. Tras acabar su contrato regresó con una Woodward Players en crisis donde cosechó críticas dispares. Allí conoció por primera vez a una bella bailarina y actriz morena llamada Laure Lee que encandiló al actor. A ambos les aguardaba un gran futuro juntos, pero por el momento Dwight se quedó con el rostro de Laura en su recuerdo mientras de maquinar alguna forma para destacar y salir del círculo vicioso de las compañías itinerantes. Actuando en Washington conoció a un actor que se convertiría en un buen amigo, Alexis Luce.


Dwight Frye como Renfield

Durante un período de paro, y de regreso a Denver, Dwight meditó sobre su carrera, que en los últimos meses le había reportado excelentes críticas, pero ningún pasaporte para Broadway. En el verano del 22 el actor regresaba al Colonial de Pittsfield para la sesión de verano. Una de las obras que interpretó fue la farsa Twin Beds. En una de las representaciones un productor de Broadway, Brock Pemberton, se encontraba entre el público. Aunque llegó tarde y se perdió el primer acto, lo que vio le impresionó lo bastante para hablar con Dwight y firmar allí mismo un largo contrato para trabajar en Broadway. El anhelado sueño del joven actor por fin se hacía realidad.
The Plot Thickens, una obra basada en una farsa italiana, significó el debut de Dwight en Broadway. Su labor le granjeó excelentes críticas, incluida la del prestigioso New York Times. A ese éxito inicial le siguieron otros como la prestigiosa obra de Pirandello Seis personajes en busca de un autor o Rita Coventry. A finales de 1923 su nombre figuraba entre los diez actores más pretigiosos de Broadway junto al del coloso de la escena John Barrymore. Ese verano había regresado a Pittsfield como estrella invitada.

Frye siguió trabajando incansablemente en los dos años siguientes. Su papel en A Man's Man, de 1925, le convirtió en una auténtica estrella de la escena. Sus métodos de interpretación eran peculiares. La actriz Josephine Hutchinson, compañera suya de trabajo, le describió posteriormente como "un actor del Método antes del Método". Si en A Man's Man tenía que salir sucio tras una pelea, se tiraba un saco de arena encima. "¿Por qué no tener dos trajes, uno limpio y otro sucio?" se preguntaba la actriz. "¿Por qué aislarse del resto de actores?". Sí, era el Método antes del Método.

A la exitosa A Man's Man le siguió una obra prestigiosa, The Goat Song, junto a Edward G. Robinson. En diciembre del 26 coincidía por primera vez con Bela Lugosi en The Devil in the Cheese. También trabajaba junto a Fredic March. En esa obra estaban el futuro Fritz, el futuro Drácula y el futuro doctor Frankenstein. Frye estaba en la cresta de la ola, y en 1928 sus padres se reunen con él en Nueva York, yéndose a vivir todos juntos a un apartamento de la calle 96. Mientras los papeles y las obras teatrales se iban sucediendo para el joven actor.
Frye no ocuparía demasiado tiempo ese apartamento. Para entonces se había reencontrado con la bella Laura Lee, y tras un breve cortejo ambos contraían matrimonio en agosto de 1928. El actor tuvo tiempo de irse de viaje de luna miel a las Bermudas y hacer su debut oficial en el cine con un cameo en The Night Bird. La feliz pareja se fue a vivir al apartamento de Laura. Con bastante dinero en los bolsillos, Dwight, su madre y Laura abrieron una tetería en el 44 Oeste de la calle 69 que atrajo a mucha gente del teatro y corredores de bolsa. En diciembre regresa a los escenarios con el diabólico personaje de "Alfons the spider" en la obra Mima. Una nueva etapa estaba a punto de abrirse para Dwight y para la nación entera. Pero ese verano el actor aún tuvo de tiempo de regresar una última vez a Pittsfield como estrella invitada de la obra Rip Van Winkle.

En octubre de 1929 el famoso "Crack" arruinó a los Estados Unidos, provocando una de las mayores crisis económicas de la historia. La familia Frye perdió su tetería, y Broadway entró en crisis junto con el país. La masacre financiera coincidió con cierta película llamada El cantor de Jazz que introducía a la gran masa el sonido en las películas. De un día para otro el cine mudo estaba pasado de moda. Y con él decenas de actores y actrices cuyas voces o acentos eran inaceptables para el cine sonoro. Fue entonces cuando Hollywood puso la vista en Broadway, y en todos aquellos magníficos actores de teatro con voces armoniosas y dicción perfecta. Actores como Dwight Frye.

Siendo profundamente religioso el actor recelaba de la baja moral reinante en Hollywood, pero la otrora pequeña población se había convertido en una gran oportunidad para los actores de teatro. Dwight y Laura se montaron en su Buick y partieron para Los Angeles. Con su calidad de estrella de la escena, su profesionalidad y su probada versatilidad el actor tenía esperanzas en encontrar trabajo pronto. Y resultó que su primer trabajo en la ciudad fue una obra de teatro: Rope's End, la base de la futura obra de Hitchcock La soga. El debut de Dwight en Hollywood fue un pequeño papel de gángster en la película The Doorway to Hell. Mientras rodaba su segunda película, Man To Man, Laura le comunicó que estaba embarazada. Si la vida familiar iba viento en popa, la gran oportunidad para el actor no tardaría en llegar. Carl Laemmle Jr. estaba preparando una nueva adaptación del clásico de Bram Stoker Drácula.

Había gente en la Universal que no lo veía claro, a pesar del éxito de la adaptación teatral, pero Laemmle estaba decidido a sacar el proyecto adelante. El director sería Tod Browning, quien tras perder al que iba ser su conde vampiro, Lon Chaney, aceptó al Drácula del teatro, Bela Lugosi, a quien Laemmle había rechazado anteriormente, pero el tiempo apremiaba y Bela encajaba en el papel. A pesar del activo interés de Bernard Jukes, el Renfield teatral, por repetir el papel, fue finalmente Dwight el elegido para interpretar a la pobre víctima del conde. Tanto Drácula como Renfield marcarían las carreras de Lugosi y Frye. Pero mientras Bela gozó del estrellato y la fama durante un breve período, Dwight hubo de conformarse con excelentes críticas y poco más. Poca recompensa para una vida a la sombra del comedor de moscas Renfield.

Tal vez pueda haber discusiones sobre quién fue el mejor Drácula de la pantalla, pero en cuanto a Renfield se refiere el trabajo que realizó Dwight sigue sin ser superado. Su transformación del correcto agente inmobiliario en el demente servidor del mal es prodigiosa: su maléfica sonrisa, sus gestos de insecto, su quebradiza voz al suplicar, su trágico lloriqueo en el manicomio... su entrega y talento, en definitiva, hicieron de su Reinfield un icono inmortal del cine, mientras que aquel día de San Valentín de 1930 Drácula se convertía en la sensación del año. Bela Lugosi pasaba a ser una gran estrella, mientras que Dwight tal vez fuera reconocido por unos pocos; pero lo que era más importante para él, el entramado de Hollywood se había quedado con su nombre. Para el día del estreno Dwight David Frye ya había nacido.

Tras participar con un pequeño papel en una obra del personaje Charlie Chan, The Black Camel, Dwight interpretó para la Warner al duro ayudante Wilmer en la primera versión de El halcón maltés. ¡Si tan sólo Huston hubiera pensado en él diez años después! En junio de ese año la Universal le volvía a llamar para su nuevo proyecto de terror: Frankenstein.

Junto a Colin Clive, Boris Karloff y su amigo y compañero en Drácula Edward Van Sloan, el mítico maquillaje de Jack Pierce y la sabia dirección de James Whale, Dwight completaba un excelente equipo en el que logró destacar a pesar de que su papel era más breve que el Reinfield. El actor era Fritz, el ayudante jorobado inexistente en la novela original de Mary Shelley. A ratos histriónico y a ratos espectacularmente sutil, Frye volvió a sentar la base para futuros ayudantes locos. A la crueldad de su personaje (destacando la escena en que tortura al pobre monstruo) añadió sutiles toques de humor negro e improvisaciones que hicieron las delicias de James Whale y del público, como las famosas murmuraciones de Fritz al bajar por las escaleras del torreón.

Recordaba Jack Pierce como por la mañana, durante las sesiones de maquillaje, Dwight era una persona afable que incluso "bromeaba de vez en cuando". Al caer la tarde el personaje de apoderaba de él y se convertía en una figura oscura que tricaba por el plató atemorizando al equipo de rodaje. Mientras Karloff tomaba té disfrazado como el monstruo, el jorobado Fritz permanecía vivo incluso en las pausas del rodaje.

El 20 de noviembre de 1931 se convocó a la prensa a la premiere de Frankenstein en el teatro Alhambra. La película fue otro indiscutible éxito para la Universal de Carl Laemmle Jr. Boris Karloff lograría sobrevivir a su personaje, desarrollando una larga carrera aunque para siempre se le identificara con el monstruo de los electrodos. Dwight no iba a tener esa suerte.
El gran público, el de las palomitas, el que se aterrorizaba, se reía o seguía la melodía para huir de la tragedia de la Depresión, nada sabía del versátil Dwight Frye del teatro. Los dos mayores éxitos que había tenido el actor en la gran pantalla habían sido dos películas de terror. Dwight era el secundario de los seres malvados y deformes. Su destino quedaba sellado.

Mientras Lugosi y Karloff disfrutaban del estrellato y las fiestas, Dwight buscaba trabajo. Lo encontró en la Columbia para tres películas: Attorney for the Defense, donde encarnaba a un hombre inocente erróneamente acusado de un crimen; la desaparecida By Whose Hand? y The Western Code, donde resulta chocante ver a Dwight vestido de vaquero del viejo Oeste. A finales de 1932 rueda un film independiente, A Strange Adventure.
En resumen, trabajos variados que pasaron sin pena ni gloria por la cartelera. Los pocos que se fijaran en él en alguna de esas películas seguramente no le relacionarían con los malvadamente orgíasticos Renfield y Fritz.

El terror llamó de nuevo a su puerta cuando le ofrecieron el papel del pobre loco Herman en The Vampire Bat, junto a la reina del grito Fay Wray y el oscuro Lionel Atwill. Con familia, casa y un coche empeñado, Dwight no podía sino aceptar.
Dwight no hizo de Herman una mera repetición de Renfield y Fritz; aportó muchos matices al papel del loco del pueblo, causando terror o pena según fuera necesario. Tal y como la historia necesitaba Herman es al principio un ser enigmático y oscuro, para luego adoptar un aire inocente y una actitud naïf que hacen del pobre Herman un personaje adorable. Cuando el pueblo asustado descarga su furia contra el pobre retrasado mental Dwight da lo mejor de sí mismo poniendo nuestro corazón en un puño con uno de sus característicos lamentos que pocos actores han sido capaces de repetir con tanto éxito.

En marzo de 1933 Dwight estrenaba obra teatral, Criminal at Large, intentando escapar de los personajes neuróticos y terroríficos. Giró por todo el país con la obra y luego participó en otras, cosechando grandes amistades en el mundillo del teatro. A su regreso a Los Angeles Dwight asumió otro papel de psicópata en La farándula trágica, para luego hacer un cameo como reportero en otro clásico del terror, El hombre invisible.
Esas Navidades Dwight estaba en Boston embarcado de nuevo en una obra teatral. Cuando le llegó una oferta de Broadway sin duda su ara se iluminó. Le requerían para participar en una comedia, alejándose así de sus oscuros personajes de Hollywood. Dwight aceptó y en febrero de 1934 se estrenaba en la comedia de tres actos Queer People. La obra fue un fracaso monumental. Era la última vez que Dwight pisaba un escenario de Broadway.
Mientras su mujer Laura se quedaba en Nueva York trabajando en una obra, Dwight se escapaba a Filadelfia para seguir pisando un escenario de teatro. Ese verano ambos giraban juntos en la obra The Pursuit of Happiness.

Para variar, cuando una película de terror se volvió a cruzar en su camino fue por un papel de "bueno". The Crime of Doctor Crespi, protagonizada por Erich Von Stroheim. Fue una de esas rápidas producciones rodada en ocho días. La pequeña compañía que la financió, Liberty Films, estaba al borde de la quiebra, y no se estrenaría hasta un año más tarde.
James Whale llamó de nuevo a Dwight para, una vez más, actuar en una película de terror. Tras su excelente experiencia con el director británico, el actor no dudó en aceptar. La simpatía era mutua y Whale ajudicó al actor tres papeles del guión original, que finalmente acabarían fundidos en su personaje Karl. Tanto Whale como Dwight se complementaban muy bien, teniendo ambos un particular gusto por el humor negro. El actor era un vehículo perfecto para que el director integrara momentos de comedia en medio del terror del monstruo. La novia de Frankenstein se aupó como un clásico absoluto del género, mostrando otro inolvidable papel para Dwight Frye. Lamentablemente la Universal recortó 15 minutos del film, incluyendo algunas estupendas escenas del actor y un particular gimmick que daba a entender que Karl tenía un pie más corto que otro.
1935 quedaría completado con Una aventura trasatlántica y un día de trabajo en El gran impostor donde interpretó a un fantasma para diversión de su hijo, que acudió junto a su padre a ver la película. The Crimes of Doctor Crespi finalmente veía la luz. Nacía entonces un apodo inmortal para Dwight, acuñado en el trailer de la película: "The Man who has Died a Thousand Deaths"; el hombre de la mil muertes nacía para la posteridad.

Ese hombre que para el gran público siempre acababa pereciendo veía como Broadway no le llamaba mientras las facturas se acumulaban. Volvió a Hollywood a trabajar en lo que le ofrecieran. Dos de las películas que rodó en 1936, Su primera escapada y El gran tipo ni siquiera le mencionaban enlos créditos. Así de pequeños eran sus papeles.

Dwight Frye era un hombre profundamente religioso que veía en películas como El monstruo de Frankenstein un simple trabajo, mientras las asociaciones cristianas bombardeaban a los films de terror con ataques de moralina y decencia. En 1936 Dwight Frye era un hombre de las mil muertes con una familia que mantener, un secundario de un género de terror que cerraba sus puertas tras la triste marcha de Carl Laemmle Jr. de la Universal. Ese año la familia Frye abandonaba su pequeña mansión de estilo español y se mudaba a un complejo de apartamentos cerca del Hollywood Bowl.

En 1937 el papel más destacado de Dwight fue el de Vindecco de The Shadow; era, otra vez, una oscura figura que se oponía a una hispana que fue acreditada por vez primera como Rita Hayworth. En Something To Sing About (Los peligros de la gloria) Dwight tenía una cómica escena junto a James Cagney en la que interpretaba al típico peluquero gay. Al año siguiente Dwight interpretó a un pirómano en un episodio dirigido por Jacques Tourneur perteneciente a una serie titulada Crime Does Not Pay; en The Night Hawk Dwight era un asesino. En otras películas que rodó ese año apenas aparecía unos segundos. El actor buscó un respiro de sus insípidos papeles en Hollywood en el teatro. Participó en Night Must Fall donde era un psicópata que llevaba una cabeza en una caja de sombreros, como John Goodman en Barton Fink.
Hubo sin embargo una película en la que Dwight Frye debería haber aparecido, El hijo de Frankenstein. Ya no estaban Karloff ni Whale; a los apacibles rodajes de las dos anteriores entregas le siguió un caótico rodaje al mando de un tal Rowland V. Lee. Y la humillación máxima se produjo: la escena donde aparecía Frye fue suprimida. Como pequeño resarcimento un James Whale en desgracia le llamó para interpretar al mayordomo de Fouquet en La máscara de hierro.

Más papeles sin crédito, otra escena eliminada en I Take This Woman... a comienzos de década la carrera de Dwight se había ido a pique. Incluso tiempo después (y aun hoy) circularon rumores de que desesperado por actuar había participado en una película nudista. No hay pruebas de ello, pero lo que sí es cierto es que 1939 había sido un año especialmente horrible, y 1940 no empezó mejor. El género de terror que había hecho grandes a Lugosi y Karloff y que había estigmatizado a Dwight se estaba convirtiendo en la serie B de los 50. El actor participó en su primer y único serial (Los tambores de Fu Manchu) y obtuvo algunos pequeños papeles en pequeñas películas. En la única gran producción que participó, El hijo de Montecristo, su aparición no estaba acreditada. No es de extrañar pues que en 1941 decidiera retomar el papel de Renfield en un revival de la obra teatral.

Con la Segunda Guerra Mundial en marcha la carrera de Dwight Frye cayó irremisiblemente en la serie B y en las producciones baratas. Con tal de llevar dinero a casa el actor participaba en el primer proyecto que le cayera entre manos. Con suerte su nombre aparecía en los créditos. En 1942 participó en lo que parecía el salón de los actores caídos junto a Lugosi, Lionel Atwill, Cedric Hardwicke y la estrella de terror del momento, Lon Chaney Jr., en la barata secuela The Ghost of Frankenstein. Le siguió otro papel sin crédito en la película patriótica Danger In The Pacific, y un nuevo trabajo en una película de serie B, Dead Men Walk, metiéndose de nuevo en el papel de un jorobado malvado. En Frankenstein y el hombre lobo Dwight se reencontró con un Bela Lugosi interpretando al monstruo para el que hiciera un test en 1931, y que según la leyenda se había negado a interpretar por considerarlo indigno. El descastado Atwill también participaba en la película. Una vez rodada la productora destrozó el film, cortando todos los diálogos de Bela y metiendo tijera donde lo creyeron necesario.
Los tres siguientes trabajos de Dwight (incluyendo el clásico de Fritz Lang Los verdugos también mueren) no tuvieron crédito alguno; en Dangerous Blondes ni siquiera tenía diálogo. El actor rompió con su agente. Mientras Laura trabajaba a tiempo parcial, Dwight se convirtió en su propio agente. En verano el desesperado actor había comenzado a trabajar en el turno de noche de la fábrica de la Lockheed, contribuyendo al esfuerzo de guerra. Por el día salía a la calle para buscar papeles. La antigua estrella de Broadway y secundario de clásicos del terror hacía cola en los castings junto a los jóvenes aspirantes a actores y actrices; por la noche trabajaba frenéticamente.
Dwight ocultó a su familia algunos leves ataques al corazón que sufrió en la fábrica. Fanático religioso como era no acudió al médico. Su salud se deterioraba día a día mientras seguía manteniendo un imposible ritmo de trabajos nocturnos y audiciones diurnas. El actor seguía creyendo que encontraría el gran papel que le sacaría del pozo.
En otoño de 1943 Dwight creía que había dado con su pasaporte, sino a la fama, al menos al trabajo estable. El capo de la 20th Century Fox Darryl F. Zanuck estaba preparando un biopic sobre el presidente de los Estados Unidos James Woodrow Wilson. Y Dwight se enteró de que buscaban a alguien para el papel del Secretario de Guerra Newton Baker. Las audiciones en Technicolor se estaban llevando a cabo en los estudios de la Fox. Dwight creía que su gran oportunidad había llegado. Se coló en los estudios gracias a un amigo y se presentó al casting. Era un papel pequeño, pero enmarcado en una gran producción y muy alejado de los jorobados y los asesinos. Y lo consiguió.
Zanuck OK'd me but they wanted to do something about my hair. Así le escribía Dwight a su madre contándole que había conseguido el papel soñado. Tan sólo tendría que cambiar de peinado o algo así. Un exultante Dwight se llevó a su familia a un buen restaurante para celebrarlo. Todo parecía ir bien por fin para el actor. Pero hay un viejo dicho que habla de que algunos nacen para perder. El 7 de noviembre de 1943, domingo, Dwight fue con su familia al cine para ver la típica sesión doble. Ponían una de John Wayne, Una chica se divierte, y una del detective de Baker Street, Sherlock Holmes desafía a la muerte. La producción rescataba la cripta de Drácula y el poblado de Frankenstein. Una curiosa coincidencia. Al salir del Pantages Theatre la familia caminó hacia la parada de bus, donde cogieron uno para volver a casa. En medio del trayecto Dwight se desplomó en el pasillo del autobús. Todavía vivo, le llevaron a un hospital. Allí falleció de una trombosis. En el certificado de defunción constaba que su profesión era "diseñador de herramientas". Como muchos otros actores y actrices de Hollywood Dwight Frye fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park de Glendale. Para él nu hubieron grandes mausoleos, tan sólo una pequeña placa en el césped.

Dwight nunca llegó a ver su sueño hecho realidad. Cuando Wilson se estrenó en agosto de 1944, otro actor le suplantó como el Secretario de Guerra, papel que al final resultó ser mínimo. La película fue un sonoro fracaso, que se saldó con pérdidas millonarias. Laura, su mujer, entró a trabajar en una oficina de Hollywood para mantener a su hijo. Encontró consuelo en el antiguo amigo del matrimonio, Alexis Luce. Como a veces ocurre en estos casos, ambos acabaron contrayendo matrimonio en 1947. La familia se trasladó a Maine. Al menos Dwight tuvo suerte en una cosa: a diferencia de Bela, no vivió para ver Abbott y Costello contra los fantasmas, una burla a aquellas obras de arte por las que tanto habían trabajado Whale, Atwill, Karloff y tantos otros, entre ellos el mismo Dwight.

Tal vez Dwight muriera pensando que su nombre quedaría olvidado en el tiempo. En los horrores de la guerra el viejo terro de la Universal ya sólo asustaba a los niños, como bien se encargaron de demostrar Abbott y Costello. Sin embargo una solitaria carta llegó a la familia Frye en 1945. Un admirador de Dwight había escrito a la familia expresando su admiración por el trabajo del desaparecido padre y esposo. Todo pudo haber acabado ahí, pero a finales de los 50, en plena era atómica, un carismático presentador llamado Zacherley triunfaba en la televisión con su programa Shock Theatre. Las reposiciones de Drácula, El monstruo de Frankenstein y otros clásicos abrieron los ojos a muchos, y descubrieron aquellos viejos terrores a una nueva generación. Poco a poco el trabajo de los Whale, Lugosi, Karloff, Frye y un largo etcétera comenzó a ser valorado en su justa medida. Poco importaba si aquellas viejas películas daban miedo o no; eran buenas, artísticas, con buenos guiones, innovadores maquillajes y sólidos efectos especiales, y grandilocuentes decorados. Merecían la pena ser vistas. En los 60 la mítica Famous Monsters of Filmland rindió tributo a todos aquellos que participaron en la edad dorada del terror.

Ya en los 70 unos jóvenes melenudos grabaron una canción sobre la locura titulada "The Ballad of Dwight Fry". Para evitar problemas legales eliminaron la "e" del apellido. Curiosamente, Fry era el auténtico apellido de aquel viejo y carismático actor, que murió con una carrera destrozada, pero que renació en el colectivo de muchos admiradores que apreciaban aquellas viejas películas. En Hollywood siempre ha habido triunfadores y perdedores. Dwight Frye tal vez fuera de éstos últimos, pero allá donde esté seguro que se sentirá más que satisfecho sabiendo que 65 años después de su muerte sigue haciendo felices a tipos como yo.

3 comentarios:

Anwar A.K.A Felipe dijo...

Me gusta tu blog, lo añadiré a la lista del mío:

http://cinemaworldycomics.blogspot.com/

Visitame y comenta, seguro que te gustará. Saludos

Tío Marvin dijo...

Felicidades por el artículo, está muy bien documentado y es muy ameno. Ciao.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Estupendo rato lector. Estupenda biografía.