viernes, 29 de agosto de 2008

Crónica de Nueva York VIII: De Grimaldi's a Little Korea

Como era de suponer tras la noche de fiesta nos levantamos tarde. Como la noche anterior se había hablado de las pizzas de Grimaldi's viajamos de nuevo a Brooklyn, acompañados de Carl, dispuestos esta vez a encontrar el sitio. La pizzería es una institución en Brooklyn y es famosa tanto por sus pizzas como por sus colas. El fundador, Patsy Grimaldi, aprendió a hacer pizzas con su tío Patsy Lancieri, fundador de Patsy's y aprendiz del gran maestro Lombardi. Como en todas las veteranas pizzerías de Nueva York su lema son pizzas enteras, nada de porciones, y un horno a carbón.

Tras comprar nuevas MetroCard cogimos el metro, hicimos el obligado transbordo hacia Brooklyn a través de la calle, aprovechando para fotografíar el Palacio de Justicia, otro icono cinematográfico de Nueva York. Si no me falla la memoria aparece en películas como El padrino, Carlito's Way y La costilla de Adán. En poco rato estaríamos al otro lado del East River.


Para el que esté alojado en Manhattan acudir a Grimaldi's significa tener que ir hasta Brooklyn y esperar durante media hora o más en unas largas colas donde ponen tanto a clientes de mesa como a gente que quiere pizza para llevar. Lo más probable es que a cualquier hora del día haya una gran cola en la puerta de Grimaldi's. Al menos en verano parece ser así.
No sé cuantos seran los neoyorquinos residentes en Manhattan que crucen el río para ir a comer a Grimaldi's. Carl, neoyorquino de adopción, esperaba que realmente mereciera la pena todo el trayecto y la larga espera. Así pues, ¿sale a cuenta perder tanto tiempo en la cola de Grimaldi's? Depende de la persona, supongo. En opinión de Carl, que ya había probado muchas pizzas neoyorquinas, la masa estaba muy buena. Saquen sus conclusiones.


Colas en Grimaldi's

Quién haya estado en Italia quizás tampoco desee perder tanto tiempo por una pizza de Brooklyn. Personalmente, que no he estado en Italia, diré que nunca había probado una pizza como la de Grimaldi's. La masa, su sabor, era casi como pan, como imagino que se supone debe ser. No sé, también se pierde mucho tiempo yendo en ferry hasta Liberty Island, aunque ya no se pueda uno meter en la Estatua, y la gente sigue yendo. Creo que tras probar las pizzas los tres coincidimos en una cosa que se podría resumir en el eslogan "venga por las pizzas, quédese por el señor Grimaldi".
En verdad no sé si se llamaba así, pero así fue como le bautizamos. Con un familiar acento italiano el señor G le recibe a uno en la cola y pregunta por el número de personas. Toma nota de la gente que espera, controla que todo esté en orden y se vuelve a la pizzería, donde se pasea por las mesas controlándolo todo, preguntando a los clientes por sus pizzas y bromeando con ellos. El señor G es todo un profesional en lo suyo. Nos preguntó si estaba todo bien, y de donde éramos. Al decirle que de España, preguntó si Madrid o Barcelona. Ninguna de las dos. Bueno, el señor G venía dispuesto a hablarnos de Gaudí y así lo hizo. "Era un genio, pero murió pobre, le atropelló un tranvía". "Por eso no quiero ser un genio", decía. Evidentemente es más que probable que el señor G tenga preparado un comentario o chiste por país. Si le hubiéramos dicho que éramos de Japón seguro que habría dicho "ah, Kurosawa, era un genio, murió pobre..."
Sï, aguantamos bastante tiempo en la cola bajo un sol que causaba estragos y provocó una lipotimia. Poco a poco, mientras se iba avanzando, uno deseaba llegar a los árboles que nos ocultaron Grimaldi's la otra vez para tener algo de sombra. Tras la lipotimia sacaron un bidón de agua y unos vasos de plástico para que no acabáramos todos por los suelos. ¡El señor G cuida de todo! Pasamos el tiempo hablando, por primera y única vez, con un compatriota quien, al igual que Carl, vivía en la ciudad y estaba llevando a sus amigos de excursión. Trabajaba como cámara para Antena 3, y nos relató cómo iba conociendo la ciudad gracias a las visitas.

A pesar de la simpatía del señor G, nos tocaron los camareros más lelos, y aunque pedimos agua tres veces ésta nunca llegó. Se lo ibamos a decir al señor G cuando exclamó, con su simpatía de restaurador italiano: "¡Eh Joey, dame la cuenta, que aquí hay unos chicos que quieren darme dinero y no saben cuanto!". Olvidamos el agua, el carisma del señor G era demasiado para nosotros.

Bajando por Old Fulton Street hay un pequeño muelle con magníficas vistas y una heladería al parecer bastante clásica también. Juraría que todos los que comíamos en Grimaldi's acabábamos allí. Otra larga cola. Al diablo, disfrutemos las vistas y volvamos a Manhattan. Con los viajes, colas y demás eran ya casi las siete. Cogimos el metro y nos dirigimos al Downtown, de vuelta a la zona universitaria, por donde se encontraba la amiga de la noche anterior. Sedientos, entramos en un pub al azar y pedimos tres vasos de agua y tres pintas. Cuando llega nuestra amiga de sus compras jugamos un par de partidas al billar. La acompañamos hacia el metro en Union Square, y allí nos despedimos de ella. Alucinamos con la rave que está teniendo lugar allí, donde la gente baila al ritmo de sus Ipods, y de vez en cuando se arrancan con gritos y demás. La discoteca silenciosa. Mientras Carl habla por teléfono nos dedicamos a ver como la muchachada baila. Como diría Homer, "esto se está volviendo demasiado abstracto". Unos negros que aparecen por allí también se quedan ojipláticos. What's going on here, man? ¡Ah, Nueva York! Veremos cuándo llega la moda aquí, si es que no lo ha hecho ya.


Silent Rave


JJOO en Times Square


La moderna Babilonia


Palace Theater, de Bob Fosse a Una rubia muy legal. ¡Broadway vive!


Batería callejero


La deuda nacional yanqui

En fin, cogemos dirección norte para volver al Flatiron y tomar alguna foto, y seguir hacia Times Square, de obligada visita nocturna. Me pregunto cuanto duraría un epiléptico sin sufrir un ataque en la luminosa nocturnidad de Times Square. Repleta de gente, mucho más que por la mañana, Times Square es una extraña mezcla de turistas, gente que pasea y vendedores callejeros al amparo de los anuncios luminosos. Observamos a un batería callejero armado con dos baquetas y un cubo de plástico, al estilo del brutal músico callejero de Matrimonio de conveniencia. Eso me recuerda que en el metro de Harlem vi a uno con un set de batería completo. Poco después nos quedamos anonadados con un tipo que en poco más de media hora pinta paisajes futuristas con sprays de colores y unos cuantros trozos de papel y cartón. Verle trabajar es hipnótico.
Nueva York por la noche es como una gran postal: Times Square, el Empire State iluminado con los colores de la bandera, los rascacielos, los semáforos...

Tras reunirnos finalmente con dos amigos franceses de Carl nos dirigimos hacia Little Korea, donde obviamente vamos a cenar en un restaurante coreano. No me encontraba demasiado hambriento, y tras intentar pedir sushi o alguna ensalada, diciéndome a todo que no podía ser, y mientras el resto pedían carne a la que acompañaban decenas de platitos con salsas verduras y no sé que más, me pido una especie de sopa. El camarero me avisa de que es picante, y le digo si muy picante o sólo un poco. "Just a little", dice, con su cerrado acento. Bien, cuando un coreano dice sólo un poquito quiere decir mucho. Menos mal que me gusta el picante. Y menos mal que el agua la sirven a tutiplén.

Tras dejar el restaurante coreano comenzamos a andar hacia la parada de metro. A los pocos pasos contemplamos unas persecuciones y como estalla una pelea entre algunos coreanos y unos latinos o afroamericanos, no estoy seguro. Parece como si los chicos se hubieran ido de algún sitio sin pagar. Por alguna razón todos están armados con periódicos o revistas. Deben ser los nuevos tiempos post Giulani de las peleas raciales. Al escuchar las sirenas de un coche policial el grupo se dispersó. Pero el único coche patrulla que apareció por allí ni siquiera paró. No habría escena de Canción triste en Hill Street.

A la entrada del metro nos despedimos de los frances y momentáneamente de Carl, quien acudirá después. Poco después aprovecho para tomar una foto de una estación de metro desierta, cosa que hasta entonces no habíamos visto, y en poco tiempo nos encontramos de nuevo en casa.

2 comentarios:

raskolnikoff dijo...

latinos y coreanos pegándose con periódicos ... the times they are a-changing.

Aitor Diaz Paredes dijo...

El señor G es un crack, muy bueno lo de "Si le hubiéramos dicho que éramos de Japón seguro que habría dicho "ah, Kurosawa, era un genio, murió pobre..." jajaj Apuesto a que sí.