lunes, 25 de agosto de 2008

Crónica de Nueva York VI: Una histeria del Bronx, Harlem y un sandwich

Extrañados por la ausencia de Carl, hasta que bajamos y vimos un cartel en la puerta que imagino deberíamos haber visto la noche anterior, salimos de nuevo hacia el metro. Nuestro plan es ir hacia el norte y ver dos de los guetos más famosos de Nueva York: Harlem y el Bronx.

The Bronx is burning! En 1977, durante una retransmisión de las finales de las World Series de béisbol, el mítico periodista deportivo Howard Cosell pronunció esa mítica frase mientras el helicóptero de la cadena ABC sobrevolaba el estadio de los Yankees mientras el fuego consumía parte del Bronx. Aunque el barrio, como el resto de Nueva York, es un sitio más seguro (incluso dicen que el antaño temido South Bronx se está aburguesando) pronto descubrimos que todavía puede ser un sitio que impone.

Nuestro plan era visitar el barrio donde se crió Martin Scorsese, Belmont, y donde rodó Malas calles, y tal vez subir al norte para visitar el cementerio de Woodlawn, donde creíamos que tal vez podríamos encontrar la última morada de algunas leyendas del jazz. Tras hacer un lioso transbordo en la 161 y ver de refilón el estadio de los Yankees, bajamos en la 184 dispuestos a rendir tributo al barrio del gran cineasta. El primer problema que nos surgió fue que en nuestro mapa el Bronx apenas contaba con el nombre de las grandes avenidas, con lo que era algo confuso encontrar el camino hasta Belmont. Segundo, conforme dejamos atrás la gran avenida y nos fuimos adentrando en unas calles que cada vez tenían peor aspecto, nuestro aplomo fue, valga la redundancia, desplomándose. Es un momento en que uno maldice sus pintas de turista y el haber visto de pequeño Distrito Apache: el Bronx. No sé si existen todavía peligrosas gangs ni si se dejarían ver a las once de la mañana, pero divisamos a unos cuantos tipos que bien podrían serlo. Tras preguntar a un obrero por la avenida de Belmont nos dice que aún nos queda largo trecho. Toda la imaginería que a lo largo de los años le han llegado a uno del Bronx hace su efecto y decidimos que lo sentimos por Scorsese pero que será mejor volvernos, lo cual probablemente fue, como más tarde nos dijo Carl, una tontería. Pero me temo que no fuimos con la mentalidad correcta (es decir, olvidarse de lo que se ha visto en la tele y el cine); el Bronx todavía puede imponer bastante.


Dos símbolos yanquis

Aunque el béisbol no me importe demasiado, los Yankees son una institución de Nueva York, y toda una referencia cinematográfica, con lo que echar un vistazo a su estadio era parada obligada. Sin embargo no sé que metro cogimos que al parecer se saltó esa parada, y acabamos directamente en el barrio de Harlem.


A diferencia del Bronx, donde los únicos turistas que vi fue a mí y a Rated R, el Harlem desde luego ya no sólo no es sitio vedado para blancos sino que además está lleno de turistas. Parece un barrio en proyección, y aunque sobretodo la parte norte sigue siendo eminentemente negra, dicen las guías que ya cuenta con un gueto gay y unos cuantos habitantes blancos. Los lugareños no han perdido el tiempo y en las grandes calles y avenidas las aceras están llenas de puestos donde se vende de todo un poco. Hasta se ve a algún cachas de ébano haciendo demostraciones de flexiones y demás cosas musculares.

Evidentemente la prioridad número uno es acercarse hacia el templo negro llamado Apollo Theater, donde se grabó uno de los mejores directos de la historia a cargo de James Brown, donde debutó Ella Fitzgerald y tantos otros grandes nombres de la música negra se labraron su leyenda, y donde Buddy Holly actuó para un atónito público negro. En su marquesina se podía leer un emotivo recuerdo para el lamentablemente recién fallecido Isaac Hayes, así como el cómico Bernie Mac. Tiramos calle arriba por la 125 sorteando puestos callejeros y algún que otro sonado, mientras observamos la vida en Harlem. Viejos afroamericanos sentados contemplando el mundo me retrotraen a escenas de Haz lo que debas.
Tras intentar localizar un restaurante de Nathan's que juraría había por la zona, decidimos dejar el sinsentido y volver hasta la Quinta y bajar a la 124 para cruzar el Marcus Garvey Park. Como nos hizo saber un lugareño que pasaba por el lugar (dijo algo así como that was a great folk, player; si no me hubiera pillado echando una foto tal vez me hubiera dado tiempo a reaccionar para que nos contara su visión del gran hombre) la figura de Marcus Garvey es bastante respetada en Harlem, y lo cierto es que su historia es fascinante. Busquen información sobre él y no quedarán defraudados. Los títulos que se arrogó (emperador del Reino de África y Caballero Comandante de la Suprema Orden del Nilo entre otros) son una buena prueba de ello.


Striver's Row


En esta calle estaba el Cotton Club

Del parque nos dirigimos a la avenida de Lenox para subir hacia la scalles 138 y 139, zona conocida como Striver's Row, un conjunto de históricas viviendas de finales del XIX donde se instaló la élite negra de Harlem y que al parecer fue el núcleo del futuro gran barrio afroamericano. De camino vemos los grandes letreros del YMCA de Harlem que acogió a jóvenes afroamericanos recién llegados a la ciudad, como Malcom X. Tras pasar por una calle donde Rated R me comenta algo de Buddy Holly que pone en su guía llegamos a la 142 con Lenox donde se levantó en su día el Cotton Club. Hoy en día hay existe un nuevo Cotton Club abierto en otra parte de la ciudad, pero el original estuvo aquí hasta que cerró allá por la Segunda Guerra Mundial. Siendo ya las cuatro de la tarde dejamos atrás ese pedazo de historia negra para bajar al Midtown y comer algo.

Parece que existe una especie de leyenda urbana según la cual ningún mortal ha logrado acabarse un sandwich Woody Allen en el Carnegie Deli (Séptima con la 55). Decidido a comprobarlo fuimos allí para comer, y de paso echar una foto al Carnegie Hall, que siempre me trae recuerdos de la canción de los Who "Success Story". La historia tras el nombre del sandwich es sencilla: en ese restaurante se rodaron las escenas de los representantes artísticos de ese deliciosa película de Allen titulada Broadway Danny Rose. No las tengo todas conmigo si no sería también el restaurante favorito de Walter Matthau en La pareja chiflada. Evidentemente los dueños del local aprovecharon la publicidad extra de la peli de Woody con el sandwich y una referencia en la carta. Pero el Carnegie Deli es más que eso, y pasa por ser uno de los más clásicos y mejores delicatessen de Nueva York. Rated R prefirió una hamburguesa; yo (con mis ataques mitómanos enfermizos) fui a por el sandwich Woody Allen.
Antes de profundizar en el sandwich, el Carnegie Deli es uno de esos lugares donde a uno le sientan codo con codo con unos desconocidos, costumbre bastante habitual en los States. Lo cual da pie a algo de small talk como cuando una especie de ejecutivo contempló con algo de sombro como traían mi pantagruélico sandwich Woody Allen.


¡George 'Hannibal' Peppard comía en el Carnegie!

En fin, rodeado de retratos autografiados de famosos e instantáneas de la clientela célebre, puedo afirmar que yo, al menos, no pude acabarme el maldito sandwich Woody Allen. ¿Que en qué consiste? En una montaña de corned beef y pastrami con unas casi inexistentes capas de pan que sirven de excusa para tildar al plato de sandwich. La hamburguesa iba por el mismo camino. Creo que el truco para acabarse el Woody Allen está en no probar los pepinillos que sirven de aperitivo. Yo creo que me jalé cuatro. Delirios mitómanos aparte recomiendo totalmente el sitio para ir a comer una buena hamburguesa o bagel o intentar el reto del sandwich Woody Allen.


Sandwich Woody Allen

Tras pedir que me envueltan los restos de sandwich para llevar (si lo de la propina obligada es un signo bárbaro lo de pedir los restos sin que a uno le miren mal es signo ineludible de progreso; a ver cuando se instaura en España) salimos a dar un paseo sin rumbo fijo para rebajar los trozos de cemento que teníamos por estómago. Por el camino, en el Rockefeller, vemos el Radio City Music Hall.

John Jacob Astor IV era un rico heredero de la familia Astor que escribió alguna novela de ciencia ficción. William Waldorf Astor algo parecido pero sin historias futuristas de por medio. Ambos contruyeron dos hoteles y contribuyeron al primer hotel Waldorf-Astoria, que fue demolido para hacer sitio al Empire State. El segundo que abrieron más tarde sobrevive hoy en Park Avenue, donde nos hicimos alguna foto estúpida.
Mientras el cielo comienza a cubrirse de negras nubes nos dirigimos al 220 E de la 42 para ver el News Building, durante gran parte del siglo XX sede del Daily News, periódico sensacionalista que puso su granito de arena al film noir con sus fotografías en blanco y negro de crímenes de todo tipo, y cuyo edificio sirvió de inspiración para el Daily Planet de Supermán. En la película Richard Donner tuvo el buen gusto de seguir usándolo como las oficinas donde trabaja Clark Kent, con lo que cuando vi su fachada recordé a Christopher Reeve saliendo apresuradamente por la puerta giratoria mientras descubría la gran S en su pecho. Lástima que con las cabinas modernas lo tendría difícil para pasar inadvertido. A diferencia del Woolworth allí no parece haber porteros ni nadie que impida el paso, y entramos en el hall para echar alguna foto al gigantesco globo terráqueo que adorna la entrada.
Al salir el cielo está ennegrecido; Metropolis se está transformando en Gotham. Aún tenemos que ir al supermercado si queremos cenar y tener algo que desayunar, con lo que nos vamos apresuradamente hacia Grand Central para coger el metro de vuelta. El cielo nos dará tregua hasta que acabamos las compras. Al salir un torrente de lluvia cae en la ciudad. No hay más remedio, habrá que mojarse un poco.

Con una lluvia incesante poco nos queda por hacer salvo recluirnos en casa. Como suele pasar la programación es una porquería. Recurrimos a los Juegos Olímpicos donde vuelven a torturanos con Michael Phelps. Nuestro menú televisivo durante casi toda nuestra estancia en Nueva York era el jodido nadador: sus victorias, las repetición de sus victorias, lo que desayunada, los planos de su madre, entrevistas con sus primos, entrevistas con Michael Phelps, con el pobre Spitz (¿se está convirtiendo en Jodorowsky?) diciéndole lo genial que era que fuera a ganar ocho medallas. Para no agobiarnos con Phelps vamos zapeando con un concurso llamado Pussycat Dolls; al parecer es reality donde buscan a una nueva miembro de una especie de grupo de coristas o algo así. Todo indica que la más perraca es la que acabará ganando. Dejaré las moralinas aparte porque lo cierto es que lo vemos a gusto. Lo que me recuerda a los anuncios publicitarios de "la vuelta al cole" donde lo importante es cómo se va a vestir la muchachada para no quedar mal. Imagino que aquí debemos estar a un paso de eso.
Volviendo a los Juegos, un apunte: aunque participan en mil modalidades, la retransmisión de los Juegos en los USA se ciñe sólo a las pruebas donde hay norteamericanos. En los prolegómenos de alguna carrera de atletismo uno creía estar viendo una competición de salto porque sólo enfocaban al norteamericano. También era curioso ver en los saltos de trampolín cómo con una gran tecnología (no sé si habrá llegado aquí) se podían ver todas las etapas del salto de los estadounidenses. Da igual que luego quedaran cuartos o quintos; si uno quería ver el salto detallado del ganador, se chinchaba. En realidad, nada sorprendente. Si hubieran tenido televisión no me imagino a los romanos enfocando a los representates de Creta o algún sitio así en los antiguos Juegos.

6 comentarios:

Adrian Vogel dijo...

El restaurante que buscabais en Harlem ¿era el Silvia’s?

Möbius el Crononauta dijo...

No, ese lo vimos, pasamos por delante de él y de todos los Silvia's que hay al lado.

buscábamos un Nathan's

Adrian Vogel dijo...

¿Todos los Silvia's que hay al lado? ¿Cuantos hay ahora?

Ad Ayin dijo...

Dios... el Yankee Stadium. ¿Sabías que es el último año que existe? Lo derrumbaran una vez acabe la temporada. Que emoción que hayas estado ahí (tengo que robarle a alguien ese momento)

¿No te habras robado una piedra de su construcción? ¿Me la vendes?

Möbius el Crononauta dijo...

Adrian: pues había un Silvia's restaurante, y en los edificios adyacentes más sitios llamados Silvia's, os e han expandido o han abierto peluquerías con el mismo nombre

Ad Ayin: Pues el metro nos llevó más lejos de lo deseado antes siquiera que pudiéramos tocarlo..

Angus dijo...

Ostia, ese sandwich de pastrami es brutal... ¡¡Yo quiero uno!!