lunes, 25 de agosto de 2008

Crónica de Nueva York V: No Sleep Til Brooklyn

Aschin Wildeboer, el nadador ¿español? que alcanzó la final de los 100 m de natación seguía siendo una broma recurrente entre los tres tras su espléndida actuación en dicha final. El pobre hombre pronto fue rebautizado como 'Vindemor', y así su apellido iba cambiando: 'Vandelor', 'Condemor', etc. En fin todo esto viene a que tras otra retransmisión de la enésima victoria de Michael Phelps a la hora del desayuno nos despedimos de Carl y partimos, bajo un día soleado, hacia el metro. Hoy pasaremos la mañana en Brooklyn.

El Lower East Side, el antiguo barrio de los tipos duros, barrio de clase obrera. Dicen que es el barrio preferido de Eddie Nichols, el cantante de los Royal Crown Review. No estoy demasiado familiarizado con su música, aunque quien le conozca se imaginará que clase de lugar es el Lower East Side.

La idea que le propuse a Rated R fue recorrer la orilla del East River Park y contemplar los tres puentes más famosos de Manhattan. Nos bajamos en Delancey Street y caminamos hacia la orilla. Las calles, las tiendas y el tráfico poco a poco van quedando atrás. Contemplamos la imponente estructura suspensoria del puente de Williamsburg, conocida antaño como "la pasarela de los judíos", pues muchos de ellos abandonaron Manhattan (el Lower East Side fue el primer gran barrio judío de Nueva York) en dirección al barrio de Williamsburg en Brooklyn. Ahora mismo el único nombre notable que me viene a la memoria es Barbra Streisand, que se crió en Williamsburg. En fin.
Los bloques de pisos que recuerdan a los que encontramos en cualquier ciudad española denotan una cosa: los projects que dicen aquí, es decir, vivienda gubernamental a bajo precio para las familias pobres. A los pies de los primeros tramos del puente la vista es solitaria, lo cual a mí me reconforta en cierta manera. Es fácil imaginarse lo que debía ser aquél lugar hace un par de décadas. Hoy por los parques se ve a alguna madre paseando a su hijo, algunos coches aparcados, y edificios altos y feos. Dudo que dos turistas como nosotros se hubieran aventurado en un barrio así en tiempos más duros.

Cruzando una pasarela llegamos al parque y a la orilla del East River. El puente de Williamsburg lo domina todo, mientras seguimos andando por un camino arcilloso donde la gente practica jogging y pasa algún coche de Parques y Jardines o algo similar. A nuestra izquierda se ven canchas de baloncesto, bancos, verdes arbustos, árboles. Según nos acercamos al puente de Manhattan el parque va desapareciendo. Aparecen los muelles, alguna que otra grúa, basura. El Nueva York más feo que pocos turistas ven. Situado entre el de Williamsburg y el de Brooklyn, el puente de Manhattan es el hermano pobre de los tres grandes puentes, aunque dejaría en pañales a cualquier puente español que haya visto.
La nueva atracción turística del Lower East Side y del puerto son las cascadas artificiales que algún lumbreras ha colocado en el río. A la altura del puente de Manhattan vemos la primera. Imagino que no están hechas para verse desde atrás, como la vemos nosotros viniendo desde el Williamsburg. Pero por delante no mejoran mucho más; lo cierto es que son bastante cutres.


Un tramo de calle en el Lower East Side

Intentamos olvidarnos de las pobres cascadas cuando nos vamos acercando al puente de Brooklyn, una belleza de piedra y acero a cuyos pies hay un paseo con bancos desde donde algunos orientales se dedican a pescar, mientras otros descansan o algún turista disfruta de las vistas comiendo un helado. No falta algún homeless que se eche una siesta aprovechando el buen día.
Llegados a los pies del puente surge una pregunta. ¿Por dónde diablos se sube? Entonces Rated R muestra su sorpresa pues creo que no había comprendido del todo mi plan: sí, vamos a cruzar el puente a pie. La caminata desde la parada de metro y a través de la orilla no está mal, pero la primera vez que se va a Brooklyn hay que cruzarlo por el puente. El metro está bien para regresar a Manhattan o volver una segunda vez. Las vistas desde el famoso puente merecen ser vistas.


La Nueva York menos turística

Subiendo por la cuesta calle arriba, hacia el interior de la isla, buscamos la entrada al puente. Un tipo con una cerveza en las manos y unos cascos me para por mi camiseta de los Allman Brothers. Resulta ser puertorriqueño y tras contarme que su madre le dio un disco de la gran banda sureña que no supo apreciar hasta tiempo después, de las matanzas de nuestros antepasados los conquistadores y demás, nos dice que sigamos unas manzanas más hacia el comienzo del puente. Inevitablemente nos pide una moneda. Con su desparpajo y tras haberle comentado a Rated R que tiene cara de conquistador se la ha ganado. Can you spare a dime?, la frase que soltaba Humphrey Bogart en El tesoro de Sierra Madre es bastante fácil que la oigáis en Nueva York. Bien, tras subir unas calles más, pasar por delante del Ayuntamiento y otros edificios gubernamentales y cruzar algún paso de peatones, nos adentramos en el puente de Brooklyn. El sol arde en lo alto, el paso está dividido entre peatones y ciclistas (y hay que tener cuidado si uno invade el carril ciclístico) y bajo, a los lados, los coches van de un lado a otro. El cemento deja paso a un suelo de madera por el que se deja ver el agua varios metros más abajo. No sé cada cuánto lo revisarán, pero si algún día la madera cede va a haber un par de turistas menos.
Entre oportunistas veniendo agua helada a un dólar seguimos el camino, echamos fotos de las maravillosas vistas y decidimos que cruzar a pie el puente desde luego ha sido una magnífica idea. En una curiosa yuxtaposición un monumento posa para su novio sobre otro monumento. Estuvimos a un paso de preguntar si podíamos echar unas fotos nosotros también. En fin, seguimos puente abajo para llegar, cansados y sedientos, al famoso barrio de Brooklyn. Uno de los primeros edificios que uno puede ver es el Watchtower, una gran mole sede mundial de los Testigos de Jehová.

Brooklyn es un barrio venerable y antiguo. Paseando por Henry Street y alrededores se pueden encontrar casas de madera y otros hogares conservados de la era anterior a la Guerra de Secesión. El que quizás sea el poemario más famoso de los Estados Unidos, Leaves of Grass, al parecer fue escrito por Walt Whitman en Brooklyn. Otro gran literato, Paul Auster, fue también residente de Brooklyn. La bella Clara Bow, el temible Al Capone, el bueno de Peter Criss o el malcarado Lou Reed son famosos hijos de Brooklyn. Bobby Fischer comenzó a aplastar ajedrecistas en Brooklyn. Sí, Brooklyn es un barrio venerable que ha dado grandes cosas al mundo. Y quizás la mayor de todas haya sido la Brooklyn Lager, creada por un periodista de Associated Press que aprendió a confeccionarse su propia cerveza en una bañera durante sus largas temporadas en Arabia Saudí, donde evidentemente el alcohol está prohibido. Al regresar a Nueva York en los 90 y enfretarse a las aquíferas Budweiser, Coors y demás, se decidió a montar una fábrica de cerveza. La Brooklyn Brewery es la única fábrica de cervezas en Brooklyn, un barrio que estuvo repleta de ellas en siglos anteriores gracias a los inmigrantes alemanes. La Brooklyn Lager es de sabor fuerte, "estilo anterior a la Prohibición" como reza su publicidad, y se ha convertido en la cerveza por antonomasia de Nueva York. Brooklyn, Yuengling, Stella o alguna otra de importación; ésas son las grandes cervezas que uno se puede tomar en la Gran Manzana. Porque si en algo hay en lo que Estados Unidos no son una potencia mundial es en cerveza y café. Creo que esto ya lo dije.


Manhattan desde el puente

Y precisamente una cerveza era lo que necesitábamos tras cruzar el puente. Pero en los (sorprendentemente tranquilos) barrios de Brooklyn Heights al parecer no es tan fácil encontrar un pub abierto al mediodía, con lo que tras pasear y buscar sin éxito decidimos que era hora de comer. Propuse ir a Grimaldi's, una veterana pizzería de Brooklyn famosa por sus largas colas, aunque no supimos localizarla, sobretodo porque yo creía que estaba más alejada de lo que en realidad estaba, con lo que decidimos no andar más y entrar en un sitio acogedor llamado Saggy's. Es un pequeño local situado en Henry Street si no recuerdo mal, de comida órganica y vegetariana. Lo cierto es que no me importó beber agua y comer unos deliciosos macarrones con queso, y acabar con un zumo de verduras y frutas. Nos atendieron bien y se merecían la propina, que aún nos costaba algo calcular.

Inciso: en realidad cualquier guía os detallará lo de las propinas, pero lo que aprendimos nosotros con Carl fue bastante simple: un 10/15 por ciento del total para un taxista, un dólar para barman y camareros y el doble de lo que marque en impuestos (taxes) en las cuentas de restaurantes. Si uno paga con tarjeta lo más probable es que se cobren la propina que crean conveniente.



En fin, a mí al menos no me importó dejar una buena propina en Saggy's. Nos atendieron bien y la sonrisa de la camarera valía miles de propinas. Decidimos que es hora de abandonar Brooklyn, dejándonos muchas cosas en el tintero: Prospect Park, la Grand Army Plaza, el botánico, o New Utrecht Avenue, donde se rodó la famosa persecución en coche de The French Connection. Regresamos (esta vez sí) en metro hacia Manhattan para pasear por el Financial District.

Según reza la leyenda, el holandés Peter Minuit adquirió Manhattan a los indígenas por bienes valorados en unos 24 dólares. Teniendo en cuenta que aquellos indios no tenían concepto alguno de propiedad de tierras y demás, la jugada comercial tuvo su miga. No resulta extraño que la parte de Manhattan que fue ocupada primero por los colonos sea hoy conocida como Financial District. El primer punto de colonización blanca en Nueva York fue Governors Island. En la punta sur de Manhattan nacieron el primer puesto comercial de pieles y el primer fuerte. Esa tarde Rated R y yo decidimos visitar todo aquella zona. El origen de la capital del mundo, de la Gran Manzana, y el corazón económico del Imperio. Wall Street, el antiguo emplazamiento de empalizadas y muros que sirvieron a los holandeses para defenderse más de británicos que de indios, nos espera.

Tras salir del metro bajamos por Nassau Street donde el primer edificio que divisamos es el edificio de la Reserva Federal, objeto de codicia del hortera hermano de Hans Gruber en La jungla de cristal 3: La venganza. Siguiendo por Nassau llegamos a Wall Street. Al igual que el puente de Brooklyn está copado por turistas. Echamos las correspondientes fotos a la sede de la Bolsa con su gigantesca bandera de los Estados Unidos (resultado del 11-S imagino) y al Federal Hall, con una estatua de ¿Hamilton quizá? (no estoy seguro), y seguimos hacia Bowling Green, sin recordar que por allí anda el famoso toro escultórico que un artista construyó y dejó en la zona tras la crisis bursátil del 87. Así que no nos hicimos fotos con el dichoso toro.


Castle Clinton, fortaleza sin becarias

Por Bowling Green llegamos al Battery Park, que me llevaron a recordar la canción de Metallica, aunque hable del Battery de San Francisco. Entramos en el parque y salimos a los muelles y el paseo marítimo, donde nos sentamos a descansar en un banco contemplando las vistas de la Estatua de la Libertad mientras escuchamos el agradable romper de las olas. En esta zona los holandeses construyeron sus primeros asentamientos. El desaparecido Fort Amsterdam, testigo de muchas batallas, entre ellas el asedio al que George Washington y sus hombres sometieron al fuerte. De hecho habíamos divisado unas calles antes un edificio (un pub me parece) donde hacia alguna referencia al primer presidente norteamericano. Tal vez se tomara una cerveza allí. En fin, el único fuerte que queda en pie es Castle Clinton, construido por los norteamericanos para defender la zona de los curiosos y furiosos británicos.

Siguiendo hacia el norte, donde un par de rednecks puros y duros nos preguntan por la localización de la Zona Cero, nos dirigimos a observar la misma. En las paredes de una calle adyacente hay un mural de bronce conmemorando los hechos de aquel fatídico día. Años atrás a uno le podían preguntar dónde estaba cuando el ataque a Pearl Harbor, la llegada del hombre a Luna o algo similar. Hoy en día seguro que todos recordábamos qué estábamos haciendo aquel 11 de septiembre. Mientras siguen los debates para ver qué se va erigir en el enorme hueco que dejaron las Torres Gemelas, las obras para acondicionar el lugar y restaurar la línea de metro continuan. Echar un par de fotos y dedicar alguna reflexión a aquellos días es lo único que se puede hacer en el lugar. Muchos comercios y vendedores ya rodean la zona, que poco a poco vuelve a revivir. Tras un largo día de caminatas decidimos regresar a la que va siendo nuestra calle favorita, Bleecker Street, para tomar unas pintas. De camino vemos algún edificio interesante, como el Woolworth, un bello rascacielos cuyo interior (prohibido a turistas) dicen que es el igual de suntuoso.

Hay una regla de oro en el metro de Nueva York: si está repleto, no esperar a que nadie se apretuje para dejarnos amablemente un sitio, cosa que probablemente no sucederá. Hay que empujar mientras se grita claramente Excuse me! Esa querencia tan anglosajona por los modales es habitual en Nueva York como lo es en Irlanda o Gran Bretaña. Por supuesto puede ser muy artificial; allí pueden lanzarte un furioso sorry con toda la mala leche del mundo, pero aún así lo siguen diciendo, mientras que aquí seguramente mentaríamos a todas las madres y santos del mundo. En fin, en nuestro candor al intentar coger el metro no fuimos lo bastante "educados". Los vagones venían repletos y mientras trataba de hacerme sitio Rated R me soltó su ya mítica frase "si yo no entro tu no entras", con lo que desistí y buscamos otros vagones. Rated R se puso delante de uno y logró. Cuando me disponía a hacer lo mismo las puertas se cerraron en mis narices. Estupendo. "Si yo no entro tu no entras". Yeah, sure!


La fachada del Woolworth

Por suerte ya sabíamos a que parada nos dirigíamos, pero el siguiente metro que cogí era un express con lo que se saltó la dichosa parada. Al salir cogí otro precipitadamente creyendo que iría hacia bajo, pero no. Bien, era hora de salir a la calle y tomar uno en dirección downtown. Pero, ¡voilà! estaba cayendo una buena tormenta. En fin, tomé airé y salí bajo la tromba de agua. Para colmo era imposible cruzar una acera sin encontrarse con un gigantesco charco de agua. Cuando volví a entrar al subterráneo estaba calado hasta los huesos. Y encima el dichoso metro tardó eones. Cuando por fin me encontré con un seco e impaciente Rated R en Christopher Street le recordé el lema del día. "Si yo no entro, tu no entras". Manda huevos.

Caminando por Bleecker la lluvia hace acto de aparición otra vez. Buscamos refugio a la entrada de un pub. Ya que estamos decidimos entrar y pedir un par de Stellas. Al rato Rated R me comenta que estamos en un bar de ambiente. Yo le pregunto que cómo lo sabe, y me dice: "porque la única chica que hay es ésa de ahí, por esta revista con tíos musculos en la portada y porque el local está decorado con fotos de musculados hombres en bolas". Pues sí, había sido una escena tonta de película, pero no le faltaba razón. En fin, la lluvia no tardó en escampar y nosotros seguimos camino hacia el Peculier Bar en Bleecker, St un sitio donde presumen de tener más de 300 cervezas de todo el mundo. Efectivamente al ver la carta es cierto. La representante española es la Alhambra. Sin embargo sale más a cuenta pedirse unas pintas, que es lo que hacemos. Son 4'35 pero nos cobran cinco dólares. La propina está incluida. Como en casi cualquier pub allí se puede cenar, pero decidimos darle una nueva oportunidad al Blind Tiger. Mientras apuramos la última decido que no me quiero ir de los States sin pinchar alguna canción en los modernos jukeboxes. Por un dólar me dan dos canciones. "My generation" de los Who y "Monkey Man" de los Stones son las agraciadas. De camino al Blind Tiger vemos por fin una tienda donde venden camisetas de rock y películas. No demasiadas, pero algunas hay, aparte de típicos recuerdos para turistas. Rated R adquiere una suntuosa camiseta de Carlito's Way. Yo no veo nada que me llame la atención así que seguimos.

El Blind Tiger es uno de esos sitios populares en el que es difícil encontrar sitio. Los lugares más cotizados son los que están situados frente a unas ventanas abiertas donde en verano debe resultar delicioso sentarse a charlar, tomar una cerveza y ver a la gente ir de un lado para otro. Nosotros no tenemos tanta suerte y nos conformamos con la barra., que ya es No hay Yuengling ni Brooklyn ni nada parecido en los tiradores, así que tomamos una lager inclasificable. Ya están sirviendo cenas por el local. Contemplo la bonita chimenea que adorna el centro del local mientras el Blind Tiger se sigue atestando de gente. Es hora de regresar a casa. Salimos y nos encontramos con el Diluvio de nuevo. Con tanta gente dentro ni se oía la lluvia. Pensando que quizás pare pronto salimos hacia el metro. Tras pasar unas cuantas calles nos damos cuenta de que vamos en la dirección equivocada. Y la lluvia no deja de caer. Decidimos buscar refugio en un pub que habíamos visto a la ida con un luminoso que indicaba "classic rock". Puestos a refugiarnos del agua mejor un sitio con buena música que otro bar de ambiente. Llegamos al lugar completamente empapados. Pedimos unas cervezas. El rock clásico se intuye, hasta que un tipo con una acústica comienza a ensayar. Hay mesas reservadas para cenar. Al parecer uno se puede engullir una cerveza mientras el tipo canta. Cuando regresamos dos días después descubrimos que para empezar hay una entrada de cinco dólares.

Resumiendo: salgo a la cabina de enfrente para hacer partícipes a Carl de nuestra situación y en cuanto la lluvia nos lo permite partimos hacia casa. Al llegar imagino que tendríamos que haber visto un cartel en la puerta en el que Carl nos decía que no venía a cenar, pero tras tanto resguardanos de la lluvia en pubs nuestro estado es algo confuso. Estamos cansados y medio borrachos; mi cena consiste en una manzana. Esperando a Carl acabamos por quedarnos dormidos. Un día bastante completo, al menos.

6 comentarios:

Neli dijo...

Nueva York siempre me ha parecido una ciudad fria e impersonal pero después de leer tus relatos estoy empezando a cambiar de idea.
Enhorabuena por disfrutar tanto de las cosas y por hacer de la casualidad una suerte, ya sea vestido con los Allman Brothers, o sin ella :-)
Besos.

sylvia dijo...

Madre mía, sí que tienes tiempo (y ganas) de escribir mientras estás allí... Genial! Me voy a imprimir tus crónicas y a usarlas si hay suerte el año próximo y hago realidad mi ilusión de visitar esta ciudad! :)

Möbius el Crononauta dijo...

Neli: Mucha gente tiene esa concepción de NY, y no les faltará razón, pero una ciudad tan grande y con tanta historia tiene mucho que ofrecer, eso seguro.

Sylvia: Ahora estoy aquí, si estuviera allí no creo que me dedicara a escribir tanto, jeje.

Desde luego es una ciudad para ver aunque sólo sea una vez.

Aitor Diaz Paredes dijo...

Entre la escena del metro y la del bar gayer me he reído cosa fina jaj Estás haciendo una guía de NY que ya quisieran los de Lonely Planet, super ameno.

perem1 dijo...

Comparto la opinión de que estas haciendo una descripción muy buena de NY. Pero yo voy otro derrotero, estoy viendo las fotos, y la mayoría las estoy asociando con alguna peli.

De momento no he visto, no se si la tienes, la famosa foto de la peli "Erase una vez América" debajo del puente.

Eso si, me están entrando unas ganas de coger un avión y plantarme en NY!!!!!!!

Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Aitor: me alegro de que te guste. La verdad es que la Lonely Planet nos fue bastante útil.

Perem1: no llegué a dar con ella, aunque seguro que estuvimos muy cerca. Lo que es seguro que la calle con la famosa vista está en Brooklyn.