viernes, 22 de agosto de 2008

Crónica de Nueva York I: Central Park y Midtown Manhattan


Amanecemos con una alucinógena pregunta de un (según su versión) medio dormido Rated R. Literalmente la frase fue: "¿Cómo se dice propina en inglés?". A medio camino entre la risa y una lógica indignación Carl le manda a hacer puñetas, pues el día anterior no había dormido demasiado. Como debían ser todavía las siete de la mañana intento volver a dormir, pero a pesar del cansancio el jet lag parece que tiene otros planes. Entre los pajaritos y el ruido de un camión no logro conciliar el sueño, a pesar de que habré dormido unas cuatro o cinco horas como mucho. Me levanto, miro por la ventana, junto a la escalera de incendios, y contemplo la calle. Hago alguna foto, mientras Rated R finalmente se despierta también. Hacemos tiempo esperando a que Carl abra los ojos. Hacia las diez y pico Rated R y yo empezamos a hacer el desayuno. Pincho "Man Of Constant Sorrow" de la BSO de O Brother! para que Carl se desperece. ¡Lo siento amigo, es hora de ver Nueva York!


La vista con la que amanecíamos todos los días

La primera cita con Nueva York es Central Park, a tan sólo unas calles de distancia de nuestra casa. Pasamos por el museo Guggenheim que está en obras, y nos acercamos a ver su interior. Hay que pagar para ver la colección pero entrar en el hall es gratis. Tras echar alguna foto nos adentramos en Central Park, el pulmón de Nueva York. Si El Retiro madrileño es grande, evidentemente Central Park lo es aun más. Aunque no cuente con una estatua al Anticristo ni el monumento a Alfonso XII, el parque es enorme y cuenta con todo un castillo (el Belvedere Castle), bancos de madera con nombres de sus benefactores, árboles y plantas y mucha tranquilidad. Uno de los puentes de Central Park (no logré localizar cuál en concreto) apareció en la portada de los Ramones Too Tough To Die.


Una escultura arácnida en el Guggenheim

En definitiva, Central Park es grande y hermoso. Nada más adentrarnos en el gran parque vemos una vista familiar: el gran estanque Jacqueline Kennedy Onassis, por cuyas orillas la gente pasea y sobretodo se ejercita corriendo. Sí, por allí es por donde corría Dustin Hoffman en Marathon Man. Bajando por una curva, al pie de una escaleras de piedra, se encuentra el viejo edificio de máquinas en el que Hoffman mantenía la batalla final contra el diabólica Ángel Blanco. Seguimos paseando y cruzamos la extensea área de cesped donde los neoyorquinos toman el sol y juegan al béisbol, y nos acercamos a la Cleopatra's Needle, uno de los tres grandes obeliscos que en su día ordenara levantar Tutmosis III en Heliópolis. Hoy se hallan repartidos por Londres, París y Nueva York. El periplo del viaje del obelisco desde Egipto hasta su emplazamiento actual en Nueva York fue largo y plagado de dificultades, y tardó más tiempo en ser llevado desde el puerto de Nueva York hasta Central Park que el que les llevó a los egipcios tallarlo y trasladarlo a la ciudad sagrada. Por cierto que el obelisco data de mucho antes del nacimiento de la famosa Cleopatra.


Cleopatra's Needle

Tras haber cruzado Central Park de este a oeste vamos en búsqueda de otro punto neoyorquino en el que se funden turismo y mitomanía: el edificio Dakota. Flanqueado por la Quinta Avenida y Central Park West, el parque está rodeado de lujosos hoteles y espléndidos edificios de finales del XIX y principios del 20. De camino al Dakota pasamos por delante de una esplendorosa iglesia y el frontón neoclásico del Museo de Historial Natural. En la esquina con la 72 vemos el bello Dakota. Aunque su magnífico tejado no es visible, le vienen a uno a la mente escenas de La semilla del diablo. No sé si será muy común pero despué supe que hay gente como algunos amigos de Carl que estaban convencidos de que la mujer de Polanski había sido asesinada allí. Evidentemente Sharon Tate fue apuñalada muy lejos de allí. Como bien sabe el mundo entero, quién si encontró allí su final fue John Lennon a manos del infame Mark David Chapman. Doblando la esquina se encuentra la puerta principal del edificio, donde además de un agobiado portero siguen existiendo las macetas donde Chapman dejó su copia firmada del Double Fantasy para esperar al regreso del Beatle y acabar con él.




El Dakota alrededor de 1890

Dejando el Dakota atrás nos internamos por primera vez en el sucio y loco mundo del metro de Nueva York. Compramos unas Metro Card de viajes ilimitados para metro y bus por 25 dólares al empleado de la MTA, aunque en la máquina no sé por qué nos marcaba 40. Mientras esperamos al tren escuchamos un tremendo griterío proviniente de la calle. No sabemos si hay alguna celebridad suelta o están asesinando a gente en masa. Como luego descubriremos se está celebrando el Día Nacional de la República Dominicana.



Nos bajamos en la estación de la calle 42 dejando atrás la voz del conductor del metro señalando la estación a ritmo de rap (¡el maravilloso mundo de los conductores de metro y bus de NY y sus locuciones no tiene precio!). Nuestra siguiente parada es Times Square. Para llegar allí debemos esquivar grandes gentíos de dominicanos y calles cortadas. Entramos en Times Square por la parte sur, a través de Broadway, entre la 43 y la 44, y lo primero que aparece ante nuestros ojos es el viejo Paramount Building, las antiguas oficinas de la productora en cuyo teatro se estrenaron centenares de films clásicos y donde cantantes como Frank Sinatra o Tommy Dorsey volvieron locas a sus fans. En los 60 el lugar se convirtió en un vulgar edificio de oficinas, desapareciendo cualquier rastro de los vestigios de la Paramount, incluído su bonito arco tan decó. El viejo glamour volvió, cosas de la vida, gracias al dinero que producían los luchadores de la World Wrestling Federation, que se hizo con el edificio hace unos años restaurando el característico logo de los estudios.

Times Square nació como tal en 1904 gracias a la decisión de Adolph S. Ochs de trasladar la central del New York Times a un rascacielos de nueva construcción en lo que no demasiado tiempo antes habían sido los terrenos de una granja. Se comenzó la construcción de una estación de metro y a las tres semanas de su nueva denominación apareció en el lugar un anuncio eléctrico sobre un banco, en la esquina de la 46 con Broadway. La vieja sede central del New York Times de Ochs está hoy repleta de anuncios luminosos, como el característico panel de Yahoo!, y frente a él se congregan cada Nochevieja miles de neoyorquinos para despedir el año. Creo que no había menor manera de entrar en la afamada plaza.

Al visitar muchas ciudades, entre ellas Nueva York, hay dos términos irreconciliables: el aire "auténtico" y la seguridad. Hoy en día para un turista como yo es mucho más seguro atravesar las calles de la Gran Manzana, incluso de noche. Desde finales de los 80, y especialmente tras las alcaldías de Rudolph Giuliani y Michael Bloomberg, Nueva York ha perdido parte de su viaje encanto, esto es, el Nueva York de novelas y películas, ganando en seguridad y mejorando el comercio. El Times Square de hoy, repleto de anuncios luminosos, tiendas de lujo y demás poco tiene que ver con el lúgubre, sucio y lujurioso Times Square de Midnight Cowboy. Los clubes de striptease, la droga y la prostitución han dado paso a las tiendas de Virgin y M&M's. En contrapartida días después pude pasear por la zona sin que desaparecieran mi dinero o mi cámara de fotos.

Uno de los programas matinales más prestigiosos de la televisión yanqui, Good Morning America, se retransmite en vivo desde los estudios de la ABC en Times Square. Nosotros dejamos las tiendas para otro día, y mientras nos largamos de allí no puedo evitar fijarme en un restaurante de la Bubba Gump Shrimp Company, propiedad de Viacom (he ahí la conexión con Forrest Gump). Echo un último vistazo al teletipo luminoso que durante tantas décadas ha dado noticias a los norteamericanos, y con las clásicas imágenes en blanco y negro de las celebraciones del fin de la Segunda Guerra Mundial en Times Square y la visión en la retina de una de las últimas atracciones de Times Square, Naked Cowboy, el vaquero en calzoncillos armado con guitarra que tiene gran éxito entre las turistas femeninas.


Hitchcock en Broadway

Mientras bajamos por la 40 para llegar a la Quinta Avenida veo el cartel de un teatro donde están representando 39 escalones, la obra que en su día rodara Hitchcock para la gran pantalla. En la 40 con la Quinta vemos la New York Public Library, la majestuosa biblioteca metropolitana por cuyas escaleras bajaran aterrorizados cuatro tipos en Los cazafantasmas. Con el tiempo siempre apretándonos lamentablemente nunca llegamos a entrar, una lástima porque dicen que sus interiores son espectaculares. Subimos por la sexta para contemplar el imponente Rockefeller Plaza, un gigantesco rascacielos donde en invierno la gente patina y donde se pone el árbol de Navidad. En verano la pista de patinaje se convierte en una terraza protegida por toldos donde tomar algo. Bajamos de nuevo y cruzamospor delante de la catedral de San Patricio, donde, esta vez sí, echamos un vistazo, aunque sea para atisbar el altar donde se rodaron algunas de las célebres escenas del bautismo en El padrino. Frente a la catedral echamos una foto a la gran estatua del dios Atlas sosteniendo el mundo, una imagen perfecta para representar el poderío de John D. Rockefeller y su Standar Oil.


Ghostbusters!

Hubo un tiempo en que en Nueva York se alzaba una majestuosa estación de tren construída en granito rosa, con grandes columnas de estilo corintio y una sala central inspirada en las Termas de Caracalla. Dicha estación era la antigua Pennsylvania Station, una maravilla arquitectónica que en los 60, con la Amtrak (la corporación ferroviaria) en plena crisis, fue demolida entre grandes protestas para construir oficinas y el nuevo Madison Square Garden. Dicha pérdida sirvió para la aprobación de una ley para la protección de los monumentos históricos de la ciudad y la salvación de nuestro siguiente parada turística, la Grand Central Station, una bella estructura típica de la beaux art norteamericana. En los 70 se planeó su demolición para construir un gigantesco edificio de la Pan Am, una compañía aérea que hoy ni siquiera existe. Por suerte tras la deshonrosa experiencia de la Penn Station los tribunales fallaron en favor de la historia y la arquitectura.

De camino a la estación divisamos el Empire State (prácticamente se divisa desde todo el centro de Manhattan) y la inconfundible cúpula del edificio de la Chrysler. Al llegar a la fachada de la Grand Central nos saluda el dios Mercurio, flanqueado por Hércules y Minerva, de pie sobre un reloj dorado. Por una suerte de puente los taxis van dejando rápidamente a pasajeros en un nivel superior de la estación. Al entrar en la intersección previa al vestíbulo un cartel recuerda la labor de aquellos que levantaron el edificio. Al penetrar en el vestíbulo uno cree estar en una sala de baile al ver todas las elegantes lámparas que cuelgan del techo. Sobre el eje central se divisa el techo adornado con motivos zodiacales que fue descubierto en 1998 tras una larga restauración. Una gigantesca bandera americana conmemora los atentados del 11-S. En la Grand Central la gente va y viene, compra billetes, los turistas hacen fotos y, como comprobé más tarde, los recién casados se retratan besándose.
En el centro se encuentra lo que se conoce como Main Concourse, el conjunto de taquillas donde se venden los billetes y que está jalonado por el característico reloj circular. Al contemplar el fabuloso interior es inevitable recordar a un desesperado Cary Grant comprando billetes de tren en su huida de Con la muerte en los talones, o a los pasajeros bailando vals en la onírica escena de El rey pescador.

Tras abandonar la estación seguimos caminando y cogemos la Quinta Avenida, pasando todo el tramo de tiendas lujosas y de grandes marcas (Tiffany's, Zara y demás) hacia la Sexta para coger allí un autobús hacia la Segunda Avenida. Carl ha quedado con unos amigos suyos (otros españoles en el exilio) y vamos a cenar por el Village. Acudimos al lugar convenido pero está cerrado, con lo que seguimos hacia Avenue A, a un café llamado Yaffa, donde vamos a comer finalmente. Allí tomo un brunch, esa mezcla tan yanqui de almuerzo y desayuno . El que pido yo, bastante típico al parecer, consiste en una base de pan con huevos y queso bastante apetecible. El sitio no está mal, y está a medio camino entre lo barato y lo caro, dependiendo de lo que se pida.
Mientras esperábamos al resto de amigos me fijé en que el lugar hacía esquina con cierta calle, St Mark's Place. Tras finalizar la cena Rated R quiere ir a comprar algo de ropa para la familia y demás (ya se sabe que allí la ropa de marca, y más con la ventaja del euro sobre el dólar, sale más barata), con lo que Carl, quien obviamente no desea hacer tan algo aburrido como acompañar a dos turistas de compras, nos deja las llaves de su apartamento mientras él se va con sus amigos. Rated R y un servidor subimos por St Mark's Place hasta los números 98 y 96. Los edificios están intactos. En esas escaleras Mick Jagger esperaba a su amigo Keith Richards en el videoclip de "Waiting On A Friend". Sí amigos, esa dirección sirvió de majestuosa portada al Physical Graffiti de Led Zeppelin.


Physical Graffiti

De vuelta al metro Rated R y yo realizamos una actividad imprescindible para el viajero primerizo de Nueva York: perderse. Aunque resulta fácil aclararse con las calles gracias al sistema racional de números y avenidas, el metro, con sus líneas, sus letras, sus local y express y demás, es otro asunto. Por mucho que lo intentamos, no logramos ir hacia el norte (uptown) y siempre acabábamos más al sur. En muchas estaciones para cambiar de dirección hay que salir y cruzar la calle. En cierto momento así lo hicimos, ¡y de nuevo fuimos downtown! Exasperados decidimos salir del metro e ir andando.
En la calle 34, con Broadway y la Sexta, se encuentra el cartel de una tienda más grande del mundo. Es el de Macy's, una especie de Corte Inglés yanqui, en cuyos grandes almacenes se puede encontrar más o menos de todo, sobretodo artículos de moda. Como toda gran marca, Macy's cuenta la historia del sueño americano. Fue fundada a mediados del XIX por un cuáquero que vio como su negocio se fue expandiendo poco a poco hasta llegar a ser próspero para luego ser comprado por otros peces gordos. La historia de cualquier empresa norteamericana. Si vais a Nueva York y os interesa la ropa de marca a buen precio, Macy's es uno de los lugares en los que mirar. No olvidéis pedir el descuento del 11% reservado a extranjeros.

Una vez Rated R había terminado con sus aburridas compras era hora de llamar a Carl para quedar con él en casa. Lo que no habíamos previsto es que usar los teléfonos públicos nos daría tantos problemas. Primero de todo tuvimos que pedir cambio para el teléfono. Se lo pedí a una dependienta de Macy's que me miró con cara de horror, como si le estuviera pidiendo una dosis de crack. Aun así me lo dio, pero los teléfonos de Macy's no hacían más quedarme las gracias y devolverme los quarters. Seguimos probando en otros teléfonos sin resultado alguno. Al parecer no marcábamos el código correcto. Fue una extraña experiencia, como retroceder en el tiempo a los días en que no había teléfonos móviles.

Al llegar a casa, agotados, no habíamos podido ponernos en contacto con Carl. Pensamos que de todas formas regresaría a casa pero no fue así. No le volvimos a ver hasta el día siguiente.

10 comentarios:

Nina la ratona dijo...

No puedo. Siento mucha y muy corrosiva envidia. No quiero seguir leyendo. Bueno sí, dónde está Carl?????

RAÚL dijo...

me encantó la crónica, amena, describiendo la geografía fundamental de la ciudad, el omnipresente cine, como no podía ser de otra forma, marcando las pautas del itinerario (o viceversa), las anécdotas personales, las sensaciones... GOODWORK!!

sylvia dijo...

Pues me añado a esta envidia :) Pero qué buena la crónica (y qué memoria cinefilo-musical tienes!)...
XD
...a seguir disfrutando...

Angus dijo...

Aw man, I'm goin', that's all there's to it, I'm fuckin' goin'.

Adrian Vogel dijo...

Siguiendo con las citas cinematográficas, si no me equivoco el Main Concourse de Grand Central es también una escena de una de Brian de Palma (en la que homenajea a Ensestein). No recuerdo los títulos de ninguna de las dos. Ni de la parodia de la escena de Brian de Palma que ruedan después los ¿de loca academia de policía?… Al otro lado de la estación, en Park Avenue, está el Waldorf Astoria. Donde se encuentran 15 plafones del pintor y muralista español, el catalán Josep Maria Sert. Están en la llamada Sala Sert. Y Sert además también fue el encargado de la decoración y los murales del Rockefeller Center.

Para daros una idea del estrecho pero largo Central Park: de norte a sur es como del centro de Madrid al aeropuerto de Barajas.

Möbius el Crononauta dijo...

Nina: Normal, ¡yo la he sentido miles de veces!

Raul: ¡gracias! Tuve que ir apuntando lo que veíamos cada día para no liarme.

Sylvia: gracias. Lo de la memoria ya se sabe, ¡lo que no recuerdo lo busco en Internet!

Angus: well, go ahead!

Adrian: tuvimos esa discusión sobre Grand Central. Me parece que la estación en cuestión está en Chicago. Las películas deben ser la de Elliott Ness y alguna de la saga "Agarralo como puedas". No llegué a entrar en el Waldorf, y en el Rockefeller no llegué a ver pintura alguna. Pero sí recuerdo alguna escena de un pintor trabajando en el Rockefeller en alguna película.

perem1 dijo...

Estoy siguiendo la cronica, pero cuando he leido lo de St Mark´s Pace hasta los numeros 98 y 96 y me encuentro con la foto del edificio que sirvió para la portada del "Physical" de Led Zeppelin...... sin palabras..... brutal.....!!!!

de momento he parado de leer la cronica, sigo mirando la foto, y evidentemente ya la he guardado.

Un saludo.

Adrian Vogel dijo...

Yes, Los Intocables. Y ahí va estar la solución al dilema. La acción se desarrolla en Chicago pero el rodaje es en Nueva York... ¿O es al revés?

Möbius el Crononauta dijo...

Perem1: desde luego, todo un pedazo de mitología rockera todavía incólume. Ver ese edificio delante de uno, tocarlo, es indescriptible. Incluso hay una especie de lavandería jipi en uno de los bajos llamada "Physical Graffiti".

Adrian: desde la acción transcurría en Chicao. No sé si rodarían alguna parte en NY, pero por lo que recuerdo no me parece que fuera Grand Central.

Adrian Vogel dijo...

Ya me haces dudar, pero juraría que son las escaleras que hay al lado del Oyster Bar (desembocan en el lobby, el Grand Concourse). La memoria y la edad no suelen llevarse bien…