viernes, 18 de julio de 2008

Tallo de hierro (1987)

Para los fans del viejo Jack Nicholson la película que dirigiera el fugaz Hector Babenco (Jugando en los campos del Señor) a finales de los 80, Tallo de hierro, les reafirmará en lo grande que es Jack cuando quiere. Sus detractores tal vez tengan aquí una oportunidad para congraciarse el actor de cejas estrambóticas contemplándole en un papel alejado de sus Joker y sus Jack Torrance. Ironweed, la novela de William Kennedy en la que se basaba la película, gozaba de un gran prestigio (con Pulitzer incluído), y fueron muchos los grandes nombres de Hollywood que se interesaron por interpretar a su protagonista, Francis Phelan. Paul Newman, Robert De Niro y otros pesos pesados se mostraron dispuestos a participar en el film, pero fue Nicholson quien estuvo siempre en la mente del director. Da igual que su contrato estipulara que podía abandonar el plató para ver los partidos de los Lakers, el viejo Jack fue el elegido.

La historia de Francis Phelan se remonta a principios del siglo XX, en plena era de huelgas y luchas por los derechos de los trabajadores. En una manifestación Phelan matará de una pedrada a un esquirol, quien se convertirá en la primera victíma del joven, siendo el principio de otras, entre las que se incluye su propio hijo de apenas unas semanas, quien se le escurrirá de las manos estando borracho. Comenzará entonces un exilio voluntario de Phelan, atormentado por la muerte de su bebé, dejando atrás a su familia y sus otros dos hijos, dedicándose a viajar por el país en trenes de mercancías y sobreviviendo como un vagabundo aferrado a la botella.
Años después, en plena depresión, encontramos a Phelan de vuelta a Albany, su lugar de origen, acompañado por extraños personajes de la calle como Rudy, un extraño vagabundo que filosofa y canta, y Helen Archer, una ex-cantante y concertista que sobrevive como puede junto a Phelan, formando una pareja de vagabundos en la que lo único que tienen es el uno al otro. De albergue en albergue, de esquina en esquina y de bar en bar, los tres personajes se irán topando con otros seres olvidados por la sociedad, como Oscar Reo, un antigua estrella de la radio que trabaja como cantante y camarero en un bar, o una mujer de Alaska que se hiela de frío en la calle con una gran borrachera.
El mundo de Tallo de hierro no es bonito, aunque está rodeado de cierta magia, de amistad y amor distintos a como los conocemos. Inmersos en calles sucias, malviviendo de los exiguos sueldos, conviviendo con locos y prostitutas, y perseguidos por espíritus de recuerdos pasados, Phelan y su particular grupo ahogan sus penas en alcohol, tratando de combatir al frío y huyendo de la policía y de las palizas de los grupos de vigilantes de ferrocarriles.

Tallo de hierro va más allá de la Depresión y de las culturas, pues en las calles de las grandes ciudades hay también esquizofrénicos, vagabundos, borrachos, y otras gentes que parecen pertenecer a otro plano distinto, a otro mundo que se entremezcla con el nuestro. Cada persona tiene su historia, y en la calle esa realidad es más verdadera que nunca. Seguro que en más de una ocasión nos hemos cruzado con algún Francis Phelan que hablaba a algún fantasma que nosotros no podíamos ver. Tallo de hierro es una película incómoda, triste, por momentos desgarradora, pero no exenta de belleza y cierta esperanza, en forma de esos conceptos que comúnmente llamamos amor y amistad.

Sobre Jack Nicholson se ha dicho y escrito mucho, y se ha hablado de su sobreactuación y sus gestos, pero algo innegable es que posee el carisma de las viejas estrellas, y que su sola presencia basta para llenar toda una pantalla. Para un admirador del actor como yo no me cabe duda de que Francis Phelan es uno de sus más emocionantes papeles. Me gustaría saber si alguien encuentra alguna pizca de sobreactuación en esta película. No cabe duda de que moles como Newman o De Niro podido regalarnos fantásticas actuaciones, pero Nicholson tiene ese punto de granuja que intercala con el hombre atormentado que favorece mucho al papel. En resumen, Nicholson es grande y en esta película lo es igual que en otros de sus grandes títulos.
Al pillo de Jack le acompaña Meryl Streep, que nos regala una triste y perdida Helen, en la línea dramática a la que nos tiene acostumbrados la Streep. Por supuesto fue nominada para el Oscar, ¡faltaría más!
Entre los secundarios destaca Tom Waits como el excéntrico Rudy, y quien conozca la carrera del músico sabra que este tipo de papeles le vienen como un guante, y una breve aparición del querido Fred Gwynne como el olvidado cantante de radio metido a barman. La esposa de Phelan (y si no fuera por los créditos no la habría reconocido) es Carroll Baker, la inolvidable lolita de Babydoll.

Tallo de hierro no es una película para ver en días depresivos, pero contiene una historia que aunque triste engancha al espectador por su pequeño toque de realismo mágico que resulta delicioso, y esa pequeña bella historia de amor entre Francis y Helen que ayuda a sobrellevar los momentos más duros del film. Tallo de hierro, un buen drama de los que ya no abundan.

2 comentarios:

RAÚL dijo...

yo he encontrado una pizca de sobreactuación en su última peli "ahora o nunca", con morgan freeman. un pizcón más bien. pero vamos, se le perdona absolutamente, aunque mejor que no haga ese tipo de papeles y conserve su gloria intacta, yo creo.

perem1 dijo...

La de veces que he tenido que hablar sobre Nicholson. Y siempre he dicho lo mismo, uno de los mas grandes, cuando se pone en serio a trabajar es como De Niro o Al Pacino. En "Tallo de Hierro" es Nicholson al 100% una actuación al igual que la de su compañera de reparto Meryl Streep impresionante, transmitiendo en todo momento todo lo que el personaje encierra dentro de si.

Me extendería mas, pero mejor dejarlo asi. Nicholson al igual que De Niro o Al Pacino, los mas grandes después del mas grande de todos que no es otro que Marlon Brando. Estos cuatro, siempre segun mi opinión están en los altares de los mas grandes.

Un saludo.