jueves, 24 de julio de 2008

No añoro mi juventud (1946)

Desde que Hollywood es un lugar aburrido regido por encorbatados universitarios con diplomas en marketing y demás el cine asiático parece que ha sido elegido por muchos críticos, cinéfilos y, sobretodo, muchos festivales de cine, como nuevo punto neurálgico del cine de historias, del cine bien entendido. Aunque por supuesto ese cine es tan grande y diverso como el propio continente. Poco tienen que ver las intimistas películas chinas con las cintas de acción de Hong Kong, el terror japonés con los sangrientos pistoletazos del cine coreano (por supuesto, estoy generalizando). Respecto al cine asiático aún estoy en pañales, y en general no es tan accesible como el europeo o el norteamericano. Pero en cuanto a cine asiático clásico se refiere, seguramente la mejor manera de entrar en ese particular mundo (y por la puerta grande además) es mediante la carrera de un director japonés (al que se acusó en su día de demasiado occidentalizado por sus compatriotas), o quizás debiera decir (desde la ignorancia, cierto es) EL director japonés, Akira Kurosawa. Y demonios, ya era hora de que apareciera por este blog. Lo que no sabía con qué película empezar. Siempre pensé que sería con alguna de sus monumentales obras de finales de los 70 y de los 80, pero hete aquí que me sorprendo a mí mismo hablando de su sexta película. En realidad, su primera película como artista.

Perdonen que contínue con este largo prólogo, me gustaría situarles un poco. Intentaré ser breve. Tras trabajar como ayudante de dirección y director de segunda unidad a lo largo de la década de los 30 y principio de los 40, Kurosawa se estrena como director con algunas escenas de la película Uma de Kajiro Yamamoto. El apellido del director debió ser profético, porque algunos meses después del estreno de Uma Japón entraba en guerra con los Estados Unidos. En esas circustancias rodó sus primeras películas, cuyo nexo común era la exaltación del espíritu nacional y el apoyo a la causa de la guerra.
Su primera película de posguerra es la desaparecida Los que construyen el porvenir, una historia a favor del sindicalismo en el mundo del espectáculo que Kurosawa no quiso hacer, y de la que renegó posteriormente. Así que desde el punto de vista del director podría decirse que su primera película de posguerra, y la primera libre de las ataduras del gobierno nacionalista militar, fue No añoro mi juventud. Fin del prólogo.

Escrita a medias entre Kurosawa y un dramaturgo metido a guionista, Eijirô Hisaita, la historia partía de hechos reales acaecidos en los años 30 en los que un profesor liberal fue perseguido por parte del gobierno, y la ejecución por traición de un estudiante en plena guerra. El productor, Keiji Matsuzaki, había asistido a la misma universidad que el ajusticiado estudiante, y puso mucho empeño en llevar a cabo esa historia.

Como en todo Japón, aquellos eran tiempos convulsos para el cine. Los estudios Toho en los que trabajaba Kurosawa vivían difíciles momentos y una huelga había afectado a la estructura interna de los mismos. Por ejemplo se había creado un Comité de Revisión de Guiones dominado por los comunistas. Rechazaron el guión de Hisaita, por haber otro de corte similar, con lo que el escritor y el director hubieron de rehacer la historia, dando más protagonismo a la heroína de la historia, Yukie.

Aparte del escaso presupuesto, los controles de los sindicatos, los cortes de energía y los mil y un problemas típicos del rodaje de una película, hubo un problema añadido: el hambre. El ayudante de dirección, Hiromichi Horikawa, que vivía en casa del director, recuerda como se mareaba al regresar cada día del plató. Uno de los actores recuerda lo díficil que fue abrir un agujero en la tierra para una determinada escena, pues al haber poca comida estaban todos muy débiles. Hubo alguna ocasión en que los ruidos estomacales del equipo arruinaron una escena. La realidad del Japón de aquellos días llegó también al mundo del cine.

No añoro mi juventud tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera se nos narra la actividad de resistencia estudiantil al cada vez más militarista y autoritario gobierno imperial mediante la figura del profesor Yagihara y de un grupo de estudiantes que le siguen, entre los que destaca Noge, el más activista de todos. En esta etapa de la película comienza a intuirse la admiración (y de la admiración al amor hay un paso) que la hija de Yagihara, Yuiko, siente por Noge. Otro de los estudiantes, Itokawa, siente a su vez un vivo interés por Yuiko. La joven y alocada Yuiko vive al margen de todas las intrigas políticas que se viven en la sociedad japonesa, pero éstas no tardarán en llegar a ella cuando su padre sea despedido de la universidad y Noge sea encarcelado. Pasa el tiempo, Noge desaparece de su vida e Itokawa ha decidido no afrontar riesgos y trabaja para el gobierno imperial como fiscal.
Cuando Yuiko sepa que Noge, quien ha trabajado en China, esta de regreso en Tokyo, partirá hacia la capital, donde tras trabajar de secretaria acabará casándose con Noge. Las circunstancias que luego acaecerán la acabarán llevando al poblado de los padres de Noge, donde se convertirá en una campesina.
No añoro mi juventud es la obra de un director de treinta y seis años pero con una experiencia considerable a sus espaldas. Aunque aún joven, Kurosawa ya ofrece detalles y bosquejos de su obra futura, y su particular estilo de sutiles y dramáticos planos, dejando fluir su influencia del cine europeo y norteamericano mediante el filtro de su particular idiosincrasia japonesa. Los planos en los que vemos a Yuiko a través del escaparate de la oficina de Noge mientras pasa el tiempo y ella no se decide a entrar son puro clasicismo hollywoodiense, mientras que los oscuros planos en que Yuiko afronta los duros interrogatorios tienen mucho del estoicismo japonés pintado con un pincel europeo.

Aunque la historia no fuera la que Kurosawa y Hisaita habían pensado, para el público no japonés (o tal vez incluso para el japonés de hoy que nada sepa de aquellos estudiantes) el verdadero dramatismo del film está en su segunda parte, donde Yuiko afronta a la manera japonesa (o a la manera japonesa según Kurosawa, quién declaró que en Yuiko quería expresar su visión para la recuperación de la nación) los sucesivos problemas que le van surgiendo, hasta acabar en esa población campesina, cuyas imágenes no pueden evitar evocarnos a la Scarlett de Lo que el viento se llevó. Aunque sea a cierto nivel estético, podría decirse que Yuiko es una Scarlett a la japonesa.

La narración se torna especialmente dramática en la última parte del film, donde Yuiko afronta la desdichada suerte de los padres de Noge, reclusos de su propia casa, trabajadores de la noche, despreciados por un pueblo que les llama "espías". Es en esos difíciles momentos donde Yuiko saca fuerzas de flaqueza y ayuda a levantar y cultivar (e incluso reconstruir) los campos de arroz de la familia de Noge. Evidentemente, no es difícil ver el paralelismo entre esos arrozales y el Japón de posguerra. Trabajo duro, valor, estoicismo. Ésa parecía ser la receta de Kurosawa para su destruído Japón.

Un personaje, y una actriz, son los que verdaderamente destacan en No añoro mi juventud. Evidentemente la fuerza de Yuiko sobrepasa a todos los demás personajes, y conforme Yuiko cobra protagonismo mejora el film. Setsuko Hara, la actriz que interpreta a Yuiko, era una estrella que se convertiría en mito al retirarse a principios de los 60, desapareciendo de la vida pública para siempre. Para entonces ya había rodado varios clásicos y había aportado su talento a uno de los escasos protagonistas femeninos en la filmografía de Kurosawa. Y mientras al joven director sólo le separaban cinco películas y cinco años de su gloriosa Rashomon.

Leer critica No añoro mi juventud en Muchocine.net

5 comentarios:

Yolandera dijo...

una pelicula exactamente!pero por favor q no sea tan petarda como los amantes del circulo polar q casi me muero de diabetes de tanta cursileria!( solo es mi opinion!)
me encana como tienes hecho este blog! currao currao! maniana con menos sueñ te leo con mas calma!
buenas noches!

Moncho Veloso dijo...

Realmente tiene muy buena pinta, así que tomo nota.

La verdad es que el cine asiático lleva ya unos cuantos años dándonos lecciones tanto a hollywoodienses como a europeos. Te recomiendo un par: Happy Together (de director hongkonés, por cierto) y Triciclo.

Y sé que lo que voy a decir hará afilar las uñas a muchos, pero Rashomon me dejó un dolor de cabeza de aúpa.

Jau!

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Es imposible nombrar el cine asiático y no recordar al genio Kurosawa. Yo voy viendo, poco a poco, toda su filmografía y algunas obras son joyas increíbles:

RASHOMON, SANJURO, KAGEMUSHA, LOS SIETE SAMURAIS...

Y aún me faltan ver obras como YOJIMBO y MADADAYO...

Reconozco que solo se me ha hecho pesada VIVIR (que muchos aclaman, por cierto).

Saludos, buen análisis, señor.

raskolnikoff dijo...

Me gustaría ver a los polloperas del Hollywood actual actuar en esas condiciones.

Otra que me apunto para ver, Rashomon me gustó mucho.

EURICE dijo...

Veo que casi todos estamos de acuerdo, Kurosawa un grande con los miticos del cine estadounidense. Kagemusha, y los 7 samurais mis preferidas.
Gracias por tu visita a mi blog, aunque llevará reloj, nunca llegaria tarde, me parece una falta de respeto hacia el que espera, y si mi virtud es la puntualidad, mi mayoe defecto es que no se esperar.
Saludos desde el medievo.