lunes, 14 de julio de 2008

Los tres mosqueteros

Dice Arturo Pérez-Reverte en su prólogo al clásico libro de Alejandro Dumas Los tres mosqueteros que hay libros tan unidos a memorias y sensaciones que al volver a abrirlos se agolpen los recuerdos de la primera vez en que se leyó dicha obra; que hay libros que constituyen banderas y patrias, que despiertan la curiosidad, la imaginación y los sueños en los hombres y particularmente en los niños y jóvenes cuya capacidad de asombro y de abstracción es todavía muy poderosa.
Hay películas o libros que parecen creados (y no me refiero a cuentos infantiles) para ser vistos o leídos en nuestros primeros años de vida, años de formación, de aprendizaje, y de inocencia. Libros que leídos siendo ya adultos nos pueden gustar o no, pero que nunca entrarán a formar parte de esa patria chica literaria. Por ejemplo, con el inminente estreno de la trilogía del píxel basada en los libros de J.R.R. Tolkien, me decidí a leer El hobbit y sobretodo El señor de los anillos. Aunque me gustaron, no me parecieron, especialmente la trilogía de Frodo Bolsón, nada del otro mundo. Desde entonces tengo la sensación de que llegué demasiado tarde. De que si lo hubiera leído con catorce años la historia hubiera sido muy distinta. De que hoy El señor de los anillos sería uno de mis libros de cabecera. Pero la realidad es como es.

También fue no hace mucho cuando me acerqué por primera vez a Los tres mosqueteros. Mis referencias infantiles o juveniles de la historia nunca vinieron del libro, sino de la televisión. De series de dibujos animados con perros y tortugas de protagonistas, de una película con un D'Artagnan bailarín, y de una fabulosa trilogía fílmica a cargo de Richard Lester (y no es la primera vez que la mento) que amo como a cualquier miembro de mi familia. Así que no puedo sino envidiar a Pérez-Reverte y a todos aquellos que tuvieron la suerte de acercarse a la obra de Dumas en épocas más propicias, porque la novela es deliciosa, como todo lo que he leído de Dumas (que no es mucho) hasta ahora. Aunque mi patria mosquetera está en tres viejas películas, Los tres mosqueteros es uno de esos libros que hay que leer aunque sea una vez en la vida. Si algún día el destino me llevara por extraños vericuetos que me llevaran a tener hijos, trataría, como esas marujas que presentan a castings a sus hijitas e hijitos tratando de vivir sus sueños de estrella del espectáculo en la forma de sus pequeños retoños, de hacer que leyeran Los tres mosqueteros siendo pequeños, esperando que supieran apreciar ese pequeño legado que les dejaría en sus vidas. Aunque de momento esa idea se me antoja de ciencia ficción, género que poco tiene que ver con las guardias del rey Luis XIII.

Todos para uno, y uno para todos. O algo así era.

4 comentarios:

Fraentic dijo...

D'Artacan y los tres Mosqueperros, esa serie de dibujos está grabada a hierro en mi memoria, mucho mejor que la soporífera Willie Fogg y la vuelta al mundo en 80 días con ese tema de Mocedades que, a un amigo mío, le produce verdadero pavor.

P.D. Leí el segundo libro de ESDLA e intenté repetidas veces leer el Silmarillion y no, es una prosa que no esta hecha para mi. TMI mr. Tolkien.

Aunque elogio el cariño y esmero con el que creó su magna obra

raskolnikoff dijo...

Tienes toda la razón en que hay libros que te marcan si los lees a una determinada edad. Para bien y para mal.

Mal me vino leer la "Metamorfosis" joven y bien me vino haber leído "El guardián entre el centeno" más talludo, entre otros. Los libros influyen muchísimo (generalmente para bien), sobre todo en la adolescencia.

Castigadora dijo...

Yo tuve la suerte de leerlo en esa epoca a la que te refieres entre los doce y los trece y me encantó llegó a ser mi historia favorita por mucho tiempo. De ahí mi afición por Dumas y todos sus escritos, fundamentalmente por (como no) el Conde de Montequistro, y el Tulipán negro.
Con el señor de los anillos llegué algo más tarde sobre los 20, y tienes razón tal vez fue algo tarde.
Un beso

Anónimo dijo...

En mi época adolescente leí alguna versión infantil de Los tres mosqueteros, que por cierto me sirvió para guiarme en mi reciente lectura de este libro, y que a mis 36 años me parece deliciosa, me está divirtiendo bastante, tal vez no he crecido mucho porque me entusiasma.
El Sr. de los anillos también lo leí grande, a los 30, y la verdad también me gustó mucho, me hice fanática, aunque mi fanatismo ya bajó un poco me sigue encantando.
Creo que nunca es tarde para estos libros ;) Saludos.
Blanca