miércoles, 30 de julio de 2008

Los tres mosqueteros (1973)

Por decirlo de alguna forma, y para que se entienda lo que siento por esta película (por toda la saga en realidad), éste es un film que defendería con los puños. A medio camino entre el vandalismo y lo irreverente y una fiel adaptación de la obra de Dumas, Los tres mosqueteros (subtitulada Los diamantes de la reina) es una genial película de aventuras deudora del viejo estilo; es como una hermana bastarda de la también estupenda versión con Gene Kelly ejerciendo de D'Artagnan. Aquellos que tilden esta película como obra menor es que son unos aburridos.

No sé si será cierto que la idea de esta adaptación la tenía Richard Lester desde los tiempos de sus trabajos con los Beatles, y que los de Liverpool iban a enfudarse en la piel de Atos, Portos, Aramis y D'Artagnan, pero la obra final es lo suficientemente iconoclasta para que dicha idea no resulte una locura. En Los tres mosqueteros aparte de la ya clásica historia de compañerismo y lealtad hay sitio para el humor de sal gorda, el slapstick, los dobles sentidos sexuales no demasiado rebuscados y la exaltación del golpe y la pantomima. El film desde luego no tiene el "toque Lubitsch", pero a mí me basta.
La versión de Lester huye del clasicismo estético de las adaptaciones previas de Hollywood, y presenta a unos mosqueteros más rudos, más sucios, y con más sentido histórico. En esta película desde luego no hay lugar para las sutiles coreografías del Gene Kelly espadachín; aquí los personajes no sólo usan espadas para combatir, sino que se sirven de puños, patadas, palos, ramas o cualquier objeto contundente que tengan a mano, incluídos paños mojados. Aunque guiados por un alto sentido del deber, su código de honor es bastante laxo en ciertos aspectos, convirtiendo a los mosqueteros en mitad caballeros y mitad pícaros, como queda demostrado en cierta escena situada en una taberna, donde los cuatro amigos hambrientos simulan una pelea para procurarse alimentos y bebida sin pagar ni un doblón.

Rodada en magníficos escenarios naturales de España y algún que otro estudio, y con una adaptación que ahondaba en la novela original, la duración original del film iba a ser de tres horas, pero los productores vieron que tenían bastante metraje para montar una segunda parte, que sería estrenada un año después. Los actores nada supieron de esta maniobra y se sorprendieron al verse en un segundo film del que nada sabían. Todos se dispusieron a demandar a la productora, todos salvo uno, cuyas ganancias eran de lo más sustanciosas.
La ambientación de la época, el cuidado del vestuario y los ya citados monumentos españoles hacen de Los tres mosqueteros del 73 una de las más verosímiles, sino la que más, versiones de la obra de Dumas. Otro elemento importante para ver la película es que se trata de la última versión del clásico (al menos entre las no-europeas) que realmente merece la pena. Si contamos El hombre de la máscara de hierro, cuyo reparto de mosqueteros era interesante aunque desaprovechado, y recordamos que de la versión del 93 lo único destacable era Tim Curry (¡el señor Frunk N Further en persona!) como el malvado cardenal Richelieu, nos encontramos con que desde el 74 ninguna otra versión ha superado a la de Lester. A la continuación de esta primera película, Los cuatro mosqueteros, se añadió a finales de los 80 El regreso de los mosqueteros, una tercera parte inferior a la anterior pero que no desmerece al resto de la trilogía, y que narra los hechos del segundo libro de las aventuras de D'Artagnan, Veinte años después. Aunque esta última versión pasó más desapercibida, los dos films de los 70 obtuvieron unas buenas recaudaciones.

Y el actor que ni se interesó en demandar a los productores era Charlton Heston, que encarnó como nadie al cardenal Richelieu (el mejor de todos los cardenales) y cuya caracterización era asombrosamente mimética con uno de los retratos más famosos del cardenal, y es que Heston parecía ser un molde perfecto para encarnar a personajes históricos.
En general el reparto de la película era soberbio: ninguna superestrella (o casi), pero actores conocidos y de sobrada talla para los personajes. Y es que para mí recordar esos nombres y esos rostros es como acordarme de mis primos o de amigos del colegio. D'Artagnan era Michael York; Richard Chamberlain era Aramis; Athos era el ultracarismático Oliver Reed; el elegante Frank Finlay era Portos. El criado de D'Artagnan es un regordete secundario británico al que muchos recordarán como el liante amigo de George Roper. En el apartado femenino tenemos a Geraldine Chaplin como la reina, a Faye Dunaway (¡ñam!) como la malvada Milady, y a Rachel Welch (¡ñam ñam!) como la amante de D'Artagnan, Constance, que en esta versión está casada, como debe ser, aspecto que en otras versiones se suele obviar. La mano derecha de Richelieu, Rochefort, es el gran Christopher Lee, que aporta su saber hacer a un personaje que raya entre lo digno y lo ridículo. Otros grandes secundarios completan un reparto de lo más potente.

Sobre una película como ésta, tan apegada a mis recuerdos, podría escribir muchos párrafos, pero será mejor dejarlo para otra ocasión; por ejemplo si algún día hablo de Los cuatro mosqueteros. Los tres mosqueteros de Richard Lester es uno de los últimos vestigios del cine de aventuras clásico, antes de que directores como George Lucas o el propio Lester llevaran la acción y los romances a otro nivel. Y si nadie lo remedia parece que la saga de Indiana Jones será lo más parecido que podamos encontrar al clásico género de aventuras de Hollywood, ese en el que Gene Kelly era un mosquetero y al que Richard Lester no hizo sino un homenaje, aunque fuera en formato de broma pesada.

4 comentarios:

Tío Marvin dijo...

Hola, yo también vi esta peli de pekeño y me gustó bastante. Me han entrado ganas de revisarla gracias a su post. Saludos

Moncho Veloso dijo...

¡Vaya elenco el del 93 eh!

Dime que te gustaban D'Artacan y los tres mosqueperros...

Entre esto y Los Teleñecos+REM has sacudido mis recuerdos infantiles.

Jau!

Milgrom dijo...

Amo esta pelicula, tío. Marcó mi infancia y la tendré siempre una gran estima. Me encantaba el papel de Oliver Reed, estaba hecho a su medida, aunque ninguno desmerece.

Fantomas dijo...

No he tenido la oportunidad de ver esta película, pero por lo que cuentas es una que de todas formas merece ser vista.

Buena reseña.
Saludos.