jueves, 31 de julio de 2008

Geoffrey Lewis, villano de clase trabajadora

Creo que tras los nombres de Clint Eastwood y Sergio Leone el siguiente que aprendí fue el de Geoffrey Lewis, un carismático secundario que se convirtió en amigo y habitual de Eastwood y que interpretó todo tipo de papeles (en los que abundaban el de villano) tanto en cine como en televisión. Crecí viendo su rostro en la pantalla, tanto en papeles junto al Hombre Sin Nombre como en series de televisión como Salem's Lot o El equipo A. En su 73 cumpleaños merece por mi parte un recordatorio de una prolífica carrera que todavía no ha terminado, y todo indica que el viejo Geoffrey morirá con las botas puestas.

El joven Geoffrey, aunque californiano, pasó parte de su infancia en Rhode Island hasta que a los diez años su familia se trasladó a California. Como muchos otros se interesó por la interpretación en el instituto, captando en seguida la atención de su profesor de drama, quien le habló del Plymouth Theater, un teatro de verano donde podía comenzar a labrarse una carrera. Efectivamente así fue, y el destino le llevó a Nueva York, donde trabajó en el circuito off-Broadway. De ahí saltó a la televisión, donde realizó algunos cameos y obtuvo pequeños papeles. Debuta en el cine con The Culpepper Cattle Co. obteniendo buenas críticas. Sigue trabajando en la televisión (de hecho nunca la abandonará), apareciendo en series de éxito como Mannix o Misión: imposible.

1973 es un buen año para Geoffrey. Tras tener a su primogénita, Juliette Lewis, y casarse con la madre, una tal Glenis Batley (se divorciarán en el 75), Lewis obtiene un buen papel en Dillinger, para después cruzar su camino con Eastwood en Infierno de cobardes, donde interpretará al malvado Stacey Bridges, uno de sus papeles más recordados. Eastwood, reconocedor del talento y buen amigo de sus amigos, seguirá llamando a Geoffrey siempre que tenga ocasión. Tras aparecer en un spaghetti western (la segunda parte de Mi nombre es Ninguno) vuelve a trabajar con Eastwood en Un botín de 500.000 dólares, a la que siguen apariciones en casi todas las grandes series norteamericanas de la época: Los hombres de Harrelson, McLoud, El hombre de los seis millones de dólares, Starsky y Hutch, Hawai 5-0... Mientras, intercala sus trabajos en la pequeña pantalla con telefilmes y películas como El regreso de un hombre llamado caballo o La gran pelea, junto a su amigo Eastwood.
En los 80 se repite el patrón. Más series (Lou Grant, Flo, La casa de la pradera, El equipo A, El trueno azul, Falcon Crest, Magnum, McGyver... seguro que en cualquier serie de la época que tengáis en mente ha aparecido el bueno de Geoffrey) y más películas, aunque conforme avanzan los 80, y con Eastwood embarcado en otros proyectos, la calidad de sus trabajos en la gran pantalla comienza a no ser tan interesante. De films iniciales como Bronco Billy o La puerta del cielo y una peli de Mike Hammer, Yo, el jurado, a estipendios como Time Out o pasadísimas comedias de Chevy Chase. Con papeles tan poco gratos no resulta extraño que la carrera de Geoffrey en los 80 se redujera a la televisión, donde al menos se ganaba la vida.

A finales de los 80 llega otro trabajo junto a su amigo Clint (El cadillac rosa), algún que otro papel para ganarse los garbanzos como por ejemplo de padre de Van Damme en Doble impacto hasta que en 1992 obtiene de nuevo un buen papel en una interesante película que nada tenía que ver con Eastwood. Se trataba de El cortador de césped, la enésima adaptación de una historia de Stephen King y que se convirtió en una película de culto en los 90. Tras escribir un sacrílego corto de animación (The Janitor) el tirón de El cortador de césped lleva a Lewis a volcarse algo más en el cine, trabajando junto a Mel Gibson en El hombre sin rostro y junto a Richard Donner en Maverick. Eran los tiempos en que su hija (nunca he sabido si se llevaban bien o mal) comenzaba a labrarse una carrera hacia el estrellato, antes de que la música la guiara por otras sendas.

En definitiva, en los años siguientes Geoffrey Lewis siguió haciendo lo que hizo siempre: trabajar allí donde se le necesitara, fuera en películas o televisión. Su talento y sus muchos años de experiencia le han servido para estar siemper ahí, aunque fuera en escenas breves que olvidamos a los cinco minutos. En el nuevo milenio su rostro sigue apareciendo en series de éxito: Expediente X, House, Nip/Tuck, Las Vegas, Ley y orden, Me llamo Earl, y un largo etcétera. Fue emocionante volverle a ver en Medianoche en el jardín del bien y del mal, y saber que siempre que tenga un papel adecuado para él Eastwood contará con Lewis como lo hará con cualquiera de sus habituales. Yo, aunque no sea su amigo, también tengo siempre presente a Geoffrey Lewis, todo un trabajador del cine que se ha ganado a pulso sus velas.

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