martes, 15 de julio de 2008

Fríamente, sin motivos personales (1972)

Jan-Michael Vincent, uno de esos actores que durante momento pareció que iba a alcanzar el estrellato, pero que acabó sus días en films de serie B y apariciones en televisión, cumple hoy 65 añazos. ¿Conservará su melena rubia y sus aires de jovenzuelo antisistema? Ni idea, pero los astros se han unido para que coincida hoy su cumpleaños con este recuerdo a una de sus mejores películas. Aunque el verdadero protagonista de hoy debe, y de hecho es, Charles Bronson, un actor pétreo y sin embargo minusvalorado por la mayoría tras varias décadas de films de pistoleros y justicieros, cada cual peor que el anterior, que sin embargo tuvo durante los 60 y primeros 70 una carrera más que decente. En 1972, junto al director Michael Winner, con quien luego trabajaría codo con codo en algunos films del arquitecto pistolero Paul Kersey (consejo: vean la primera entrega de Kersey, la única salvable, y si gustan del humor involuntario en las películas, vean el resto, pasarán un buen rato), Bronson se destapó con un interesante protagonista en Fríamente, sin motivos personales, encarnando al típico asesino a sueldo metódico y silencioso, pero cuyos métodos personales le convierten en uno de sus papeles más interesantes. De como Winner pudo rodar films interesantes como éste o Scorpio para acabar rodando Yo soy la justicia II, es algo que no entiendo, pero el mundo del cine es así de intrincado.

Si hace poco hablaba de Chacal y de su muestrario de preparaciones y planes del asesino de la OAS, el primer cuarto de hora de Fríamente, sin motivos personales incide también en esa parte de los "torpedos" o asesinos a sueldo que no solemos ver, la de la preparación del crimen. En lo que es uno de los mejores momentos de la cinta, Arthur Bishop, el personaje de Bronson, observa desde un apartamento a su víctima, recopilando datos, tomando fotografías, meditando en su casa con música clásica la forma de acabar con su objetivo. Uno de los mayores atractivos de Bishop, y de la historia, es que no es el típico pistolero de la Mafia, sino que es un "mecánico" (el The Mechanic del título original), un asesino especializado en hacer "que parezca un accidente". Así, resulta fascinante seguir durante unos tensos quince minutos el proceso que lleva a Bishop a montar un intrincado plan con el que despachar a su víctima sin que parezca un asesinato. Sólo por ese comienzo la película merece ser vista.

La película cambia de tercio cuando Bishop conoce a Steve, el hijo de un viejo amigo de su padre que se convertirá en objetivo del asesino. Sin embargo Steve no parecerá sentir demasiado la muerte de su padre, y se acercará a Bishop atraído por la extraña personalidad de éste. Pronto verán que la filosofía de vida de ambos es bastante parecida, lo que quedará patente en una aséptica escena en la que ambos observarán en silencio como una amiguita de Steve se corta las venas, de tal modo que Steve acaba entrando en el mundo de Bishop. Éste comenzará a aleccionar a Steve para que siga sus pasos, pero en su primer trabajo juntos la cosa no resulta del todo bien, lo que no gustará a los jefes de Bishop, indignados por no haber sido consultados. Ése será el primer error de Bishop. Del segundo no puedo hablar, pero llevará a una escena final sorprendente e inolvidable en la que el veterano asesino demostrará aquello de "más sabe el Diablo por viejo que por Diablo".

Aunque las escenas de acción de la película no están a la altura de otros grandes títulos de la época, lo mejor de Fríamente, sin motivos personales son sus momentos de inacción, particularmente los trabajos de Bishop y el nudo final de la película. Directa y sin espacio para subtramas que desvíen la atención de la acción principal, en sus apenas cien minutos de película el film nos muestra el día a día de un asesino muy particular que mientras ve como su mundo se desmorona tendrá tiempo para arrancarnos una socarrona sonrisa justo antes de los créditos finales. Película ideal para amantes del género o los que quieran darle una segunda oportunidad a Bronson.

6 comentarios:

raskolnikoff dijo...

Bronson tuvo una flor en el culo con "Los siete magníficos", "La gran evasión" y "Hasta que llegó su hora".

A mi siempre me pareció un actor nulo pero, curiosidades de la vida, creo que nadie lo hubiera hecho mejor de Armónica en la última de las tres. Llevo desde niño con el soniquete en los oídos y no se va ...

Te voy a hacer caso y le voy a dar otra oportunidad con "Friamente ...",

Fantomas dijo...

Aunque Bronson no está en la lista de actores que me llaman la atención, creo le daré una oportunidad a esta cinta.

Buena reseña.
Saludos.

Arturo Gonzalo del Álamo dijo...

Bronson es un actor menospreciado por la crítica seria que, no obstante, ha hecho películas de acción que han marcado el cine posterior, de modo que, en mi caso, ha sido una agradable sorpresa descubrir que, por ejemplo, fue un pre Rambo en Mr Majestik, una especie de pre Steven Seagal, el prototipo de tipo duro, un icono, un pre Clint Eastwood (el Clint de Duro de pelar, y La gran pelea)... vamos, que Charles Bronson es toda una referencia del cine de acción sin mayores pretensiones que te entretiene una tarde tonta que no tienes nada que hacer y quieres evadirte.

De alguna manera, para mí Charles Bronson es una garantía de un rato entretenido.

Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Evidentemente, Bronson tiene mucho que decir en cuanto al cine de acción. No será Laurence Olivier, pero, aparte de que ha participado en algunos grandes clásicos del cine, a finales de los 60 y en los 70 verdaderamente participó en muchas películas de acción entretenidas, unas mejores y otras peores, pero marcó estilo, eso está claro.

Bronson era un tío grande, vamos.

Gracias por tu comentario.

siscu dijo...

He descubierto este foro por pura casualidad y gracias a buscar información sobre esta película que protagonizó Charles Bronson.

Hay opiniones para distintos gustos y son tan respetables las que hablan bien de este actor como las que van un poco en detrimento de su manera de actuar, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que sin ser considerado uno de esos selectos actores a los que denominamos maestros, la verdad es que hay que reconocerle que tuvo su peso en el cine y creo que la historia se lo ha premiado en su justa medida. No hay hoy ningún adicto al cine con una edad de entre 45 y 60 años que no le recuerde y eso ha de ser por algún motivo, no precisamente negativo.

Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Ciertamente no era un Brando, pero lo que hacía lo hacía bien, aunque por desgracia acabó atrapado en el eterno cliché del justiciero. Si le recordamos muchos por algo es, en efecto.

A su manera Charles Bronson fue un grande.