miércoles, 30 de julio de 2008

Amarcord -Mis recuerdos- (1973)

Me pregunto si habría habido un Cinema Paradiso sin películas como Amarcord, de la que la primera era deudora y a la que homenajeaba en parte. Sin llegar a ser una autobiografía, la película es una composición de trazos de recuerdos de una infancia (la de Federico Fellini) y de una época vistas a través de un adolescente, Titta, y presentadas con un toque de realismo mágico por el inmortal y magistral director italiano. Y aunque Fellini hable de una época ya algo lejana (la Italia de Mussolini), hay partes de su historia comunes a todos.

Y es que, ¿quién no ha tenido en el colegio a profesores estrambóticos, autoritarios, o profesoras con mirada de tigresa? ¿Quién no ha admirado las curvas de una Gradisca o ha bebido los vientos por una compañera de clase, maldiciendo su desdén y su interés por el siempre odioso pretendiente de nuestro amor? Y, al menos entre los chicos, ¿quién no se ha masturbado como un mono en la adolescencia? ¿Quién no ha esperado el verano con ansia, y quién no ha mirado fascinado una gran pantalla en una sala a oscuras?

Amarcord es una tragicomedia repleta de extrañas y aun así comunes historias, con una galería de personajes deliciosos que van desde los chicos del colegio y sus profesores a notables del pueblo, familiares y demás gentes curiosas. Sería largo y farrogoso hablar sobre todos ellos, y para eso ya está la película para ser vista, pero sí hay ciertos personajes y situaciones realmente inolvidables, momentos del cine que uno ve pasar ante sus ojos como si uno viviera de cerca una suerte de muerte cinematográfica.

Vi Amarcord siendo todavía un muchacho imberbe, y cuando volví a verla tras muchos años se me agolparon muchos recuerdos en la cabeza, recordando días pasados, cuando vi la película, y otros que la propia cinta me hizo rememorar, como si mi mente fuera expuesta a un extraño efecto de varios espejos. Desde luego una escena que se quedó grabada a fuego en mi mente juvenil fue la célebre escena de la estanquera tetona. No acababa de comprender lo que pasaba, pero fue toda una conmoción. ¡No sabía que se pudiera tener semejante tamaño de... bueno, de pechos! Desde luego compartía desconocimiento con el protagonista, que medio ahogado entre aquella masa de mamas soplaba en vez de chupar. Delirante y cómica escena, la de la estanquera.

Otra escena que recordaba gráficamente es la de la broma que le gastan al chico poco espabilado de la clase, con esa ingeniería de cartulinas enrolladas para llevar la orina desde el último pupitre a los pies del desgraciado estudiante.

En cambio fue un placer redescubrir otras escenas totalmente olvidadas, como las de las peleas de los padres de Titta, y la madre amenazando con poner veneno en la sopa y el padre tratando de suicidarse desencajándose las mandíbulas. Por supuesto Amarcord es una película para ser visionada en versión original, pues la esencia y el aire italiano que se puede respirar al contemplar escenas semejanes sólo es perceptible en la lengua del venerable país de la bota.

Gradisca (del verbo "gradire"; ya ven, hago mis deberes), un apodo para una maggioratta italiana que vuelve loco a todo el pueblo, que se pirra por Gary Cooper, se deja acompañar por un galante italiano americanizado y sueña con casarse y tener hijos. Seguro que todos hemos tenido alguna Gradisca (o Gradisco) en nuestras vidas; yo desde luego sí, y por eso entiendo perfectamente los sueños del bueno de Titta. El toque Fellini (y el del guionista Tonino Guerra) estriba en detalles como dotar de una personalidad a la Gradisca, llevándola más allá del arquetipo de la mujer sexy del pueblo. Porque aunque en un primer momento uno se quede con sus curvas, no puede evitar ver la melancolía en los ojos de una mujer con sueños que bien podrían venir de su niñez. En realidad casi todos los personajes de Amarcord parecen estar tocados por ese aire infantil; podría colegirse pues que bajo la dictadura de Mussolini (o la de Franco) todos los ciudadanos no dejan de ser niños.

Aunque casi toda la cinta irradia comicidad, hay que destacar la sutileza y la sensibilidad con que Fellini nos adentra en los momentos más dramáticos del film; no entraré en detalles (ya saben, vean la película) pero son una de las pruebas que en conjunto confirman a Amarcord como una de las mejores películas del genio italiano.

Entre las burlas al régimen fascista, las obsesiones sexuales y los personajes esperpénticos Fellini nos acerca a un mundo más inocente que el actual, en todo parece estar acelerado y donde los niños parecen querer crecer más y más deprisa. Personalmente no puedo dividir película y recuerdos, pues muchos de los que Fellini nos ofrece los he vivido en primera persona. Sin embargo, irrupciones nostálgicas aparte (y también hay que ser buen director para levantar nostalgia en el espectador de una forma tan vivída), lo que tenemos entre manos es un clásico del cine europeo, un poema de imágenes e historias, una entretenida comedia no exenta de drama, como la vida misma. Amarcord es cine imprescindible, pero yo (como Hernández y Fernández) aun diría más: Amarcord es vida. Y siempre que ese coche se vuelve a alejar, mi mente no puede evitar escuchar los ecos de un suspiro: ¡Ah, Gradisca!

4 comentarios:

raskolnikoff dijo...

a mi también me marcaron mucho esas tetas de niño. Allí aprendí que se chupaban y no se soplaban jajaja, grazie Fellini, per migliorare la mia vita sessuale !!! Pero al pobre bambino le faltaba boca ... teta que la mano no cubre no es teta sino ubre.

Un saludo!

ISOBEL dijo...

es una de mis favoritas... me has trasportado en el tiempo, besitos

Lag Art Ton dijo...

Supongo que somos miles los que apreciamos así esa maravilla, mi preferida, aunque es difícil en el cine tener UNA preferida; sin embargo debo añadir que esos miles, y tal vez cientos de miles, seguramente somos pocos.

Muy acertados tus comentarios. Te felicito.

Möbius el Crononauta dijo...

Gracias Lag. Seamos muchos o pocos, al menos podemos disfrutarla, y es una película tan especial que sólo eso ya es lo importante.

Saludos y gracias por comentar