miércoles, 25 de junio de 2008

JFK: Caso abierto (1991)


Como a todo el mundo le habrá pasado en alguna ocasión, mi opinión respecto a esta película ha cambiado con el tiempo, y ha ido a peor, algo que no me suele suceder. Normalmente si una película me gusta el único cambio que suele producir es que al cabo de los años me va gustando cada vez más. En su día JFK me pareció brillante, pero tras las últimas revisiones le he ido encontrando fallos y diferentes cosas que no me gustan. Con todo, me sigue pareciendo un buen film y que me sigue despertando interés.

Cuando las peripecias del fiscal Jim Garrison acabaron relatadas en un libro a finales de los 80, uno habría podido asegurar que tarde o temprano Oliver Stone se interesaría por su historia. No sé si el director a estas alturas se habrá puesto en paz con su pasado, pero durante los 80 y los 90 la carrera del cineasta estuvo dominada por sus fobias y sus experiencias en Vietnam y en la convulsa América de la era pre-Reagan. Era inevitable que un hecho que marcó a los Estados Unidos y al mundo, el magnicidio de John Fitzgeral Kennedy, acabara captando la atención del controvertido director y guionista.
Armado con el libro sobre Garrison y la obra de Jim Marrs Crossfire: The Plot That Killed Kennedy, Stone también reunió un grupo de especialistas para que investigaran la supuesta trama que se escondía tras el asesinato del presidente demócrata. Una vez más Oliver Stone se disponía a remover una llaga de la historia norteamericana.

El analizar si lo que narra el film de Stone es real o no ocuparía demasiado tiempo y demasiado espacio, así que mejor será dejar las teorías conspiranoicas para otra ocasión. El análisis que muestra JFK ahi está, es uno de tantos. Tan sólo diré que en su momento me pareció totalmente creíble, aunque más tarde leyendo y revisando documentales sobre el tema tengo más peros que ponerle a la visión que del atentado se da en el film. Pero como no soy ningún experto en el tema mi opinión a día de hoy es muy confusa, y hay demasiado material para analizar. Resumiendo, creo que el tema del asesinado de Kennedy es como lo de la vida inteligente fuera de la Tierra; debe de haberla, pero no parece que haya pruebas. Prosigamos con la película.

Para JFK Stone logró reunir uno de los mejores repartos corales de aquellos días. Muchos actores rebajaron sus cachés sólo para poder participar en un film que parecía destinado a hacer historia. Difícil destacar a unos sobre otros, así que repasaré mis favoritos empezando por el gran Jack Lemmon, impecable como el apocado ayudante del violento investigador Bannister; Donald Sutherland, el hombre de Inteligencia que nos abre los ojos sobre lo ocurrido; Kevin Bacon, el chapero racista y republicano; Walter Matthau, qué decir de él, es bueno verle aunque sea brevemente; Michael Rooker, el inolvidable asesino Henry, también aparece por aquí como un ayudante del fiscal; el camaleónico Gary Oldman es el hombre malo, Lee Harvey Oswald; aplaudo a Stone por haberle dado una oportunidad al injustamente olvidado John Candy en un papel dramático, que bien merecido se lo tenía. Por último nombrar al enorme Joe Pesci que nos demuestra una vez más que pocos se le pueden comparar en lo que a personajes impulsivos y adrenalíticos se refiere, a pesar del extrañ aspecto que luce en la película. Dejo aparte al personaje principal, el fiscal Garrison, a su mujer y al hombre en el que se centra el caso judicial, Clay Shaw.
Una de las taras principales de la película, en mi opinión, es lo poco creíble que resulta la relación entre Garrison y su mujer. Quizás creíble no sea la palabra. La impresión que tiene uno es que esas escenas entre el fiscal y su esposa resultan poco consistentes, demasiado desdibujadas. Con una Sissy Spacek a la que el personaje de melodrama no favoreció demasiado y un Kevin Costner a los que las sutilidades emocionales no se le dan demasiado bien, las susodichas escenas familiares suponen una rémora para el ritmo del film, fruto del afán de Stone de mostrar el precio que en el campo personal tuvo que pagar el fiscal. Con todo, Costner, prototipo del actor que necesita a un buen director para ofrecer interpretaciones consistentes, es un buen Garrison, aunque probablemente los podría haber habido mejores. Por alguna razón que se me escapa Tommy Lee Jones no me parece que encaje en el papel del homosexual Clay Shaw.

En otro orden de cosas la película muestra en determinados momentos una de las mayores taras que tiene Stone como director, esto es, su tendencia hacia el efectismo fácil. Esos pequeños tropiezos se hacen patentes sobre todo en ciertos flashbacks (como el de la fiesta en casa de Shaw) o en algunos planos no demasiado logrados, como el de los testimonios que se intercalan en el largo soliloquio de Garrison en el juicio.
Aun así, JFK hace gala de un ritmo perfecto que se va acelerando conforme se acerca el clímax de la película, y probablemente la que sea la mejor parte del film: el juicio a Shaw y la recreación de Garrison del asesinato del presidente así como toda su visión de la trama gubernamental para acabar con la vida de Kennedy. Si hasta entonces Stone ha ido jugando con el rodaje de escenas desde múltiples ángulos, cambios de fotografía, metraje real y metraje fiction, y un largo etcétera de estilos y efectos, es durante el juicio cuando dicha tendencia se aproxima a cierto paroxismo cinematográfico, que seguramente irrite a algunos, aunque en mi caso me parece llevado de un modo muy acertado, cosa que el director no lograría repetir en Asesinos natos. Dejando de lado si lo que se dice en esas escenas es real o es una invención de Stone, la segunda mitad de JFK me parece uno de los mejores momentos que pudimos ver en los cines en la última decada del siglo XX. Para ser un film de 3 horas sobre un tema tan complejo creo que el director norteamericano realizó un buen trabajo de condensación que, aunque tal vez haya perdido verosimilitud por el camino, ganó en lograr mantener al espectador atento. Desde luego JFK es un compendio del mejor Stone y también de todos sus tics y manierismos, y desde luego no agradará a quienes no gusten del estilo del neoyorquino, pero a algunos de nosotros el film nos reclama de vez en cuando, sumergiéndonos en el mundo de la conspiración y la cuasiparanoia. Además, personalmente el tema que trata JFK me parece de lo más fascinante. Y si uno cree, aunque sea por tres horas, en la gran conura de la que se habla en el film, desde luego la película se disfruta más.

La traición no prospera. ¿Cual es la razón? Porque si prospera, nadie se atreve a llamarla traición.

2 comentarios:

Higronauta dijo...

EL problema que le encuentro a don Stone es que, pese a tocar temas harto jugosos, se queda siempre, si llega, con un mero raspado de la superfície a base de artificios efectistas y predestinados a un público quizás demasiado generalista para la implicación que pretende.

Quizás si no se hallara tan inmerso en pleno sistema llegara (o llegase) a aercarse más a ese espíritu crítico y solidario con el que tanto gusta venderse. Quizás...

alicia dijo...

Precisamente ayer vi Un domingo cualquiera, y me reafirmó que a Stone le pierde esa manía por hacer montajes efectistas, pero en JFK todo quedaba muy bien, con un reparto soberbio