sábado, 7 de junio de 2008

Arde Mississippi (1988)

¿Sabe cuánto se retrasan los relojes en Mississippi? Un siglo.

Tras el chiste se halla una imagen que, como se suele decir, vale más que mil palabras: dos fuentes para calmar la sed: una metálica y moderna, otra vieja y oxidada; una para blancos, y otra para negros. Un pequeño símbolo del "Apartheid" que durante años se instauró en gran parte de los Estados Unidos. Hoy, hace apenas unos días, nos levantábamos con la noticia de la primera candidatura oficial de un hombre de color a la Casa Blanca; al menos por parte de uno de los dos grandes partidos. En fecha tan reciente como 1964 no sólo una idea así era impensable; en muchos sitios nadie habría podido concebir la simple idea de una persona de color votando en unas elecciones. Pero una parte de la ola de activismo en pro de los derechos civiles se ocupó de tratar de convencer a los oprimidos de color de que se registraran y votaran, en lo que se conoció como el "Verano de la Libertad". En una pequeña localidad de Mississippi tres de aquellos activistas nunca regresaron. Arde Mississippi trata sobre la investigación de aquellos asesinatos.

Al comienzo de la película, una vez los hechos han sido presentados, y se nos han mostrado imágenes del horror racista, se nos antoja estar ante una buddy movie. Dos agentes del FBI, muy distintos entre sí, han sido enviados para investigar la desaparición de los activistas. Uno es Rupert Anderson, un veterano agente bastante informal y cuyos métodos no parecen encajar muy bien en el libro de procedimiento del organismo policial. El otro es Alan Ward, un joven con experiencia en casos de derechos civiles que siempre se atañe a las normas y representa la imagen más profesional y pulcra del FBI.
Muy pronto los métodos de los dos agentes entran en conflicto. Ward se muestra despreciativo de las costumbres locales, y Anderson cree que su falta de tacto con respecto a la sociedad blanca del pueblo entorpece la investigación. Anderson, criado en el sur, sabe ganarse a ciertos individuos de la comunidad local en su beneficio, mientras que Ward es demasiado áspero y directo, con lo que suele fracasar en sus interrogatorios. El veterano agente Anderson pronto ve en la mujer de Clinton Pell, el ayudante del sheriff, una via a través de la cual tratar de levantar el manto de silencio que se ha echado sobre el pueblo y desmontar la coartada de los asesinos. Pues cuando se encuentra el coche de los activistas no queda duda de que han sido asesinados, y no riéndose de toda la situación en Chicago o alguna otra ciudad.
Enfrentados a la hostilidad de la comunidad blanca y al hostigamiento de los miembros del Ku Kux Klan, Ward irá pidiendo cada vez más ayuda a Washington, en lo que se acaba convirtiéndo casi en un ejército de agentes y ayudantes en guerra contra un pueblo racista del Sur. Mientras, Anderson prefiere seguir indagando por su cuenta, charlando en barberías y peluquerías, y, si fuese necesario, emprenderla a golpes con alguien para dejar las cosas claras.


Historia real: el ayudante Price y el sheriff Rainey

Una vez más Hollywood abordaba el tema del racismo en el Sur (el racismo de corte económico en el Norte no sé si se ha abordado alguna vez, tal vez por ser menos sangrante o violento) tomando en esta ocasión una historia basada en hechos reales, aunque la versión final trajo mucha polémica pues las licencias artísticas fueron bastante numerosas. Y siendo el director el británico Alan Parker, quien gusta de ver las pajas y las vigas en los ojos ajenos, no era de extrañar que se oyeran voces en defensa de Arde Mississippi u opiniones que la condenaran. Cuando se lo proponía, como demostró en la brutal El expreso de medianoche, Parker no dejaba indiferente a nadie. Y además en aquella década de los 80 el director se encontraba en un excelente estado de forma, habiendo rodado títulos como Fama, el The Wall de los Pink Floyd, Birdy o la deciliosamente sulfurosa El corazón del ángel. Aunque en ocasiones sacrifique dosis de realismo o de coherencia interna para tocar la fibra sensible del espectador, Parker sabe jugar con el sedal de la historia sin caer en el melodrama barato, lo que unido a un poderoso estilo visual (ayudado por su director de fotografía habitual por entnces, Peter Biziou, a quien doy gracias por haber sabido retratar a Kim Basinger en la infumable 9 semanas y media) hace de Arde Mississippi uno de los mejores títulos del director.
A la labor de Parker hay que añadir el excelente guión de Chris Gerolmo, un tipo que no sé que hace en la actualidad pero que debería volver a escribir o a dirigir alguna película como su excelente Ciudadano X. Junto al director Gerolmo supo construir muy bien los dos personajes principales, logrando una interesante contraposición entre ambos sin caer en los arquetipos manidos de las buddy movies. Sus ácidos e inteligentes diálogos se encuentran entre lo mejor de la década sin duda alguna, y muchas de las frases más memorables del film se las lleva el personaje de Anderson. También cabe destacar esa breve, imposible, semienterrada y bonita historia de amor que viven los personajes de Anderson y la mujer de Pell. "Si alguna vez va Des Moines no me envíe una postal". Emotiva frase que podría haber encajado en Casablanca.

A pesar del sobrio pero intenso trabajo de Willem Dafoe, cuya grisácea interpretación al fin y al cabo es lo que requería el personaje, Arde Mississippi es, en mi opinión, un tanto para Gene Hackman y su agente Anderson, encantador y terrible a la vez. Gene, que por entonces ya estaba alcanzado un merecido estatus de estrella intocable, demostraba una vez más, como había venido haciendo desde los 70, que tenía pocos rivales en la pantalla, y que su carisma escénico valía por cien agentes del FBI. No creo que volviera a tener un personaje del calibre de Anderson hasta el inolvidable Little Bill de Sin perdón. El rebosante estilo de Hackman se complementó a la perfección con la siempre formidable sencillez de Frances McDormand, que interpretaba a la joven y retraída esposa del racista ayudante Pell. Pese a su brevedad dentro de la trama, la love story entre Pell y Anderson me parece una de las más bonitas de aquellos tiempos. La McDormand nos recuerda el buen ojo de los Coen al tenerla como actriz fetiche en aquellos días, y viendo lo guapa que está en la película no puedo sino envidiar al bueno de Joel. Por último, y como pequeño apunte para amantes del género fantástico y de Tolkien, destacar el nombre de Brad Dourif, que interpreta al ayudante Pell, y al que casi toda la humanidad recuerda como el asqueroso Grima de la saga de El señor de los anillos, el consejero más malvado que hayamos visto desde los días de Henry Kissinger. Y la verdad es que en Arde Mississippi da mucho más miedo, aunque lleve el pelo bien cuidado.

Tanto por sus valores cinematográficos como por una historia que siempre tendrá relevancia, Arde Mississippi es un título imprescindible para completar una hipotética videoteca de "lo mejor de los 80".

Permítanme cerrar la crítica con un pequeño dato. Como decía, en este 2008 se confirmaba la candidatura de un demócrata negro a la presidencia de los Estados Unidos. En 1922 un tal Leonidas C. Dyer trató de sacar adelanta una ley que penalizara los linchamientos como un crimen. La propuesta acabaría cayendo en el Senado debido principalmente a la oposición de los candidatos demócratas del Sur. The times they are a-changin'...

6 comentarios:

Pablo dijo...

¿Y porqué no tienes miedo?
¿Porqué no lo tiene Ud.?
Una estupenda película, si señor. Estupenda y escalofriante, y en donde el aquí fenomenal Alan Parker nos refleja sensacionalmente ese ambiente de aquella América profunda de los años sesenta. Una película, muy, pero que muy recomendable. Amigo Moebius tu comentario... sin comentarios. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

alicia dijo...

Yo también pensé que no parece que encaja la mentalidad de un pueblo como el que refleja Arde Mississippi y la candidatura de Obama. Ojalá eso significara que los relojes se han puesto en hora, pero tengo mis reservas. De todas maneras, espléndidas interpretaciones de Gene Hackman y Willem Dafoe

javistone dijo...

Gran película, sí señor. habria que ver qué pensaron los sureños al ver la película.

javistone dijo...

Gran película, sí señor. habria que ver qué pensaron los sureños al ver la película.

javistone dijo...

Gran película, sí señor. habria que ver qué pensaron los sureños al ver la película.

Anónimo dijo...

al final.. se lo comio, porq fueron los policias cn los donuts y no se los querian dar