viernes, 6 de junio de 2008

Aflicción (1997)

¿Hasta qué punto somos capaces de deshacernos de nuestro pasado? ¿Hasta dónde queda nuestro futuro marcado por nuestro entorno familiar? ¿Hay hombres que nacen para perder? En Aflicción el controvertido director y figura de culto Paul Schrader abordaba estos temas desbancándose una vez más de la corriente principal de Hollywood.

Destellos del pasado: cámara al hombro, rápidos zoom y desenfoques, colores fríos y antiguos... así vemos los recuerdos de Wade Whitehouse, un hombre que parece haber fracasado en todo. Su matrimonio se deshizo, su mujer se quedó con su hija y cada vez que ve a la pequeña todo acaba en desastre, en su trabajo es una medianía... casi parece que su único consuelo sea el alcohol. A horas intempestivas llama a su hermano para contarle sus problemas, sus teorías criminológicas, o simplemente charlar. El apoyo incondicional de una buena mujer con la que planea casarse, Margie, no parece ser suficiente para él. Wade sigue persiguiendo fantasmas: sueña con retomar su vida en un trabajo mejor considerado; cree ser capaz de recuperar la custodia de su hija... su mente siempre va por delante de él.

Glen Whitehouse, alcóholico y violento, marcó la vida de toda su familia. Wade siempre fue el defensor de su madre, su hermano y su hermana. Aunque nada podía hacer, trataba de ser el escudo protector de la familia frente a los furibundos ataques de su padre. Lamentablemente una infancia tan terrible había de dejar una huella indeleble.

Wade parece ver la luz tras un incidente en el bosque, en que un compañero suyo, Jack, que hace de guía de caza para ricachones de la ciudad, regresa de la partida solo. Afirma que el cazador aficionado ha muerto accidentalmente tras disparársele el rifle. Sin embargo Wade cree ver algo turbio en la versión de Jack y comienza una investigación que le llevará a desenmascarar una corrupta trama en la que está implicado su jefe.
Mientras, en una patética escena, mientras Wade y su novia visitan a los padres de éste, vemos como un confuso Glen casi ni se ha enterado de que su mujer ha muerto. En su funeral vemos las consecuencias que el violento Glen ha dejado tras de sí: su hija es una beata que encontró a Dios intentando adelgazar; Rolfe, narrador principal de la historia, es una persona taimada y prudente que nunca bebe alcohol, y por último está Wade, un ser perdido que parece verse dominado cada vez más por el espíritu de su padre.

Wade y su novia deciden irse a vivir con Glen, puesto que éste no parece capaz de cuidarse por sí solo. A pesar del amor que le profesa a su novio, Margie pronto comprenderá que Wade vive demasiado pendiente de sus demonios personales y que cree ciegamente en sueños imposibles. Es en el clímax de la película, en una desolada escena entre Glen y Wade, cuando comprendemos que nuestro pasado siempre nos acaba alcanzando, y que Wade parecía condenado a cumplir con su destino; a vosotros corresponde averiguar cuál es.

Aflicción podría calificarse como una muestra de cine cuasi-independiente dentro del entramado de Hollywood. Schrader da muestras de una gran sobriedad a lo largo del film, experimentando con la imagen en los diversos flashbacks y facturando un film que en cuanto a estilo y a la historia puede recuerdar a un drama de sesión de tarde de calidad. Aunque más que el trabajo del director personalmente lo que más me ha atraído de la película son las grandes interpretaciones de los personajes principales.

Al margen del breve papel de Willem Dafoe como el hermano de Wade destacan Sissy Spacek como la paciente y sencilla Maggie y un estupendo Nick Nolte como el bruto de Wade, uno de esos papeles en los que encaja tan bien. Aunque el mayor logro de Aflicción fue recuperar a una inmensa figura del cine, James Coburn, y recordar al mundo lo gran actor que era, y que servía para mucho más que para pequeños papeles secundarios sin contenido y cameos en aburridas series de televisión. Su gran labor poniéndose en la piel de la terrible figura de Glen Whitehouse le valió no sólo el reconocimiento de la crítica y una inesperada revitalización de su carrera, sino que para gran sorpresa de todos (incluyendo al mismo Coburn supongo) fue nominado al Oscar, estatuilla que por supuesto ser llevó. Como suele suceder en estos casos, más que por el papel en sí seguramente le otorgaran el premio por el valor de toda su carrera, pero poco importa, ese año la estatuilla llevaba su nombre. Aunque tardío, el reconocimiento a su labor le valió poder trabajar bastante en los últimos años de su vida sin tener que malvivir en la televisión.
Y es que, personalmente, creo que la mejor excusa para ver Aflicción es contemplar de nuevo al gran James Coburn en acción, aparte de las bondades cinematográficas de la cinta, que las tiene, pero amigos, James Coburn es mucho Coburn.

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