martes, 3 de junio de 2008

Acorralado (1982)

Curiosa la carrera de Sylvester Stallone, y las diferentes opiniones que circulan sobre ella. Algunos piensan que toda su carrera es un chiste, otros creen que es uno de los héroes de acción definitivo y se tragan cualquier cosa que ruede. Otros pensamos más bien que tiene en su haber un pequeño puñado de buenas películas, tal vez una que se pudiera tildar de clásico de los 70 (Rocky), luego cuenta con unas cuantas medianías y finalmente ha engendrado un enorme número de despropósitos. Aunque no negaré que algunos de ellos me parecen francamente entretenidos, aunque sean sinsentidos como las secuelas de la saga de Rambo. ¡Esas frases! ¡Esas americanadas! ¡Ese Rambo al que nada le duele y que puede disparar flechas tranquilamente mientras las balas silban a su alrededor! Cuando Stallone trató de demostrar que podía hacer comedia en aquella horrorosa Oscar, ¡quita las manos! (mongólico título por cierto), y la otra con Sofía Petrillo, se olvidó de que ya nos había dejado joyas hilarantes como Rambo II y Rambo III.

Con una carrera tan extraña es normal que haya títulos interesantes que se metan en el mismo saco junto a todos sus desastres (Staying Alive, ¿la peor y más innecesaria secuela de la historia?), pero por ejemplo me parece injusto comparar la primera Rocky con el resto de la saga del berrendo boxeador, o Acorralado con producciones de marketing de la era Reagan como las citas secuelas del boina verde más pasado de vueltas de la historia. Porque, efectivamente, Acorralado me parece un buen film. No la expondrán junto al ejército de terracota chino, pero quedaría bien en cualquier repisa de chimenea, si me entienden el símil.

Acorralado se basaba en una más que interesante novela, First Blood (como se llama también la película original), que lamentablemente no llegó intacta hasta la pantalla, y mucho del perfil psicológico del John Rambo literario se quedó en el camino, aunque la acción se mantuvo en casi todo su esplendor (salvo que cuando el ex-soldado escapa de la cárcel lleva los pantalones puestos). Así pues la película perdió algo de fuelle con respecto al libro, pero mantenía la interesante historia de un boina verde experto en tácticas de comando y una máquina de matar que buscando a un viejo compañero se encuentra con que éste ha fallecido de cáncer (consecuencia de todas las toxinas que se tiraron en Vietnam) y que por tanto se ha quedado solo en el mundo. Lo último que le faltaba es que un jefe de policía redneck de un pueblucho le toque los narices por su pelo largo y sus pintas de maleante. Como los policías son algo brutos, el tal Rambo decide echarse al monte (como si fuera español) y comienza así una particular guerra entre un solo hombre algo desequilibrado y un ejército de policías locales y estatales y una Guardia Nacional que parece que juegue a las guerrillas.

Entre las reminiscencias al sufrimiento de la guerra que martirizan al personaje en forma de breves flashbacks lo que abundan son las escenas de acción, simples pero efectivas, incluyendo una espectacular caída desde un precipicio que hizo más daño al actor (le costó tres costillas) que al personaje, aunque en la novela era menos superhombre y las pasaba canutas con unos cuantos huesos rotos. En general lo que tenemos aquí es la ancestral historia de la caza al hombre por parte de un numeroso grupo, salvo que en esta ocasión el supuesto vagabundo resulta ser un experimentado soldado para quien la montaña y las raíces ("come cosas que harían vomitar a una cabra", impagable frase") son cosa familiar, y así los cazadores pasan a ser cazados, lo que se resume en una estupenda escena en la que Rambo se quita de enmedio a varios policías en un santiamén, pero de forma más realista que en las escenas a las que no tiene acostumbrado el personajillo.

Aparte del hierático Stallone tenemos a un interesante Brian Dennehy (bastante habitual allá en los 80) como el intolerante jefe de policía local. También está por allí un jovencito David alias "Horatio CSI" Caruso y, por supuesto, la película cuenta con el señor Richard Crenna y su eterno aire de "pasaba por aquí y aun así lo bordo" como el también archifamoso coronel Trautman. Una lástima que finalmente Kirk Douglas no se encargara del papel del coronel. En Acorralado ya podemos encontrar las pautas que más tarde se llevarán a límites insospechados, como por ejemplo las altisonantes frases que en esta primera entrega corren a cargo sobretodo del personaje de Crenna ("Dios no tuvo nada que ver, ¡yo hice a Rambo!"), y sobretodo en la parte final, la destrucción a raudales. Precisamente es cuando Rambo regresa al pueblo donde más pincha el film, y donde más nos recuerda al Rambo de las siguientes partes, pero toda la fase previa me parece bastante buena. Si hay alguien que deteste la imagen facha de Rambo (y que obviamente pueda llegar a tragar a Stallone) debería echarle un vistazo a Acorralado, tal vez se lleve una sorpresa.
Por cierto, ¿imaginan a Dustin Hoffman haciendo de Rambo? ¡Pues pudo haber ocurrido! Extraña idea.

2 comentarios:

Angus dijo...

Matar. ¡Punto!
Qué gran película. Es imposible no quedarse a verla cada vez que la ponen por la tele.

Fantomas dijo...

De las cuatro Rambo me quedo con la segunda y la cuarta....solo por la cantidad de acción que contienen, porque en cuanto a actuaciones y diálogos dejan mucho que desear.

Saludos.