jueves, 22 de mayo de 2008

Patton (1970)

Ningún bastardo ganó la guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que el otro bastardo infeliz muriera por la suya.

El director Franklin J. Schaffner tuvo en su carrera una década prácticamente perfecta, la que va desde 1968 a 1978, que fue antecedida por películas tan interesantes como The Best Man o El señor de la guerra, y en su mejor etapa comprende títulos como El planeta de los simios, Nicolás y Alejandra, Papillon o Los niños del Brasil. Tocado por la inspiración divina, en 1970 se descolgaba con una de las mejores películas bélicas de la historia, el biopic de la controvertida figura de la Segunda Guerra Mundial George S. Patton.

Decía Rod Steiger que rechazar el papel del general Patton había sido uno de los mayores errores de su carrera. Como él muchos no supieron ver más allá de las frases grandilocuentes y del patriotismo exarcebado. Al ver las grandes banderas, al oir hablar de masacrar rusos, de valientes y cobardes, muchos creerán que estamos ante un panfleto belicista a la manera de John Wayne, y más teniendo en cuenta la época en que se rodó, aunque no sea ésa la realidad. Sí, desde luego el ejército norteamericano brindó su apoyo y seguramente la mayoría del Estado Mayor norteamericano citarían Patton como su película favorita, como lo era para Nixon, pero la película en sí no glorifica la guerra. Simplemente estamos ante el retrato de un hombre anacrónico, lleno de confianza en sí mismo, irrespetuoso, nada diplomático y terrible con aquellos que no encajan en su particular código de la vida, y que alimenta su imagen de conquistador por encima del bien y el mal. Evidentemente, y ésa es una de las pruebas del buen hacer de Schaffner, Patton puede seguir siendo objeto de controversia hoy en día como lo es el mismo general.

George C. Scott tuvo muchos papeles interesantes en su carrera desde que comenzara a destacar como actor en la excelente Anatomía de un asesinato, pero si hay una imagen icónica suya que haya pasado a la historia es la de la impactante escena inicial de Patton, con George C. Scott vestido de militar, con sus medallas en el pecho, el casco reluciente y esos característicos pantalones de montar, subiendo unas escaleras, saludando mientras una trompeta militar suena de fondo, y tras él una gigantesca banda norteamericana lo domina todo, como una especie de Charles Foster Kane militarizado. Scott estuvo impresionante caracterizado como el general, dotando al personaje de una gran riqueza, fuera con pequeños gestos o con estallidos de furiosa energía interpretativa. Ese inicio de la película, sin créditos ni logos, que en ocasiones llegó a provocar que soldados norteamericanos se levantaran y saludaran, sigue siendo hoy tan impactante como lo fue entonces. Scott fue reacio a rodar la escena, pues creía que eclipsaría a toda su interpretación posterior, y hasta cierto punto no le faltaba razón, porque si hay una imagen que quede grabada de la película es ésa. Pero Schaffner, mediante subterfugios y alguna mentira, se salió con la suya. Si uno comienza una película con el listón tan alto, ¿cómo seguir después de eso? ¡Es como si Velázquez hubiera comenzado pintando Las meninas y luego hubiera tenido que continuar a partir de ahí! Pero el director logró componer un retrato tan fascinante del militar, y Scott estuvo tan soberbio, que el resto del film no se resintió de la arriesgada apuesta de Schaffner.

Patton nos mostraba la vertiente más excesiva del general, y aunque por supuesto hubo licencias artísticas, no creo que se exagerara en demasía la figura del norteamericano. Exagerar su rivalidad con el británico Montgomery es un gran acierto por ejemplo, y aunque tal vez sea una visión sesgada del militar (una de las dos principales fuentes para la película fue un libro del general Omar Bradley, que actuó como asesor de la misma, dado que hacía tiempo que la familia del general había rechazado cooperar con Hollywood) no pienso que no sea veraz. Muchas de las frases de la película, incluído el discurso a las tropas, están extraídas de discursos y declaraciones reales de Patton. Por ello una de sus expresiones favoritas, son of a bitch, es bastante recurrente a lo largo de la cinta. De hecho se tuvieron que suavizar muchas de sus palabras para que la película no se llevara una X.

El guión partió del libro de Bradley y de una biografía del general, y fue adaptado por Francis Ford Coppola y Edmund H. North. Patton se centra en la actividad del general durante la Segunda Guerra Mundial, dejando de lado cualquier otra referencia de su vida anterior a la gran conflagración. Tras el discurso, la narración recorre la vida del general en aquellos años, desde su toma del mando de las humilladas fuerzas norteamericanas tras su primer encuentro con la Wehrmacht en el paso de Kasserine en África, hasta su controvertida actuación como gobernador militar en la Alemania ocupada por los Aliados, poco antes de la muerte del general.

Patton el personaje es un hombre duro que prefiere ser temido por sus hombres a ganarse su afecto, y que los lleva siempre al límite de su capacidad. Sin embargo los soldados le respetan pues comparte sus vicisitudes al frente de las columnas de tanques, y saben de su probada valía y su legendaria audacia. Por otro lado el general es también, como el mismo se define, una prima donna, un ególatra capaz de arriesgar la vida de sus hombres por razones puramente personales.
Patton es un hombre que vive para la guerra, y es consciente de que sin ella no es nadie. Durante la película se repite la idea de que el general debería haber nacido en otra época, en guerras más gloriosas, junto a Napoleón o Julio César. El propio Patton, al igual que el personaje real, cree en la reencarnación, a pesar de ser un devoto cristiano, y, en la película al menos, parece estar convencido de que sirvió junto al gran corso en una vida pasada.
Parte de este perfil es mostrado en la película a través de los alemanes, sobretodo mediante un oficial de Inteligencia que informa a Rommel y a Jodl de su personalidad, y en determinados momentos adivina sus movimientos, como en el desembarco de Sicilia, donde desembarcará en cierto punto sólo porque griegos y romanos así lo hicieron en la Edad Antigua. La pericia del general norteamericano se pondrá de manifiesto en África, cuando logre una aplastante victoria sobre la Wehrmacht. En plena batalla, Patton exclama: "Rommel, magnífico bastardo, ¡he leído tu libro!". La gloria será pasajera para el general, cuando después se entere de que su homólogo alemán se encontraba en Europa durante la batalla.

Uno de los puntos más controvertidos del guión, y del propio Patton de la vida real, es su actitud hacia la "fatiga de guerra", o cualquier otra debilidad psicológica. En el film se retrata el famoso abofoteo que el general le propinó a un soldado que sufría la citada enfermedad, y que para el general no era sino un cobarde. Ese será uno de los muchos desencuentros con el comandante en jefe Eisenhower, y le valdrá ser apartado del mando durante varios meses, no pudiendo participar en el famoso "Día D".

El peso del film, recae, evidentemente, en las espaldas de George C. Scott, quien está inolvidable en el papel, y cuya profunda y ronca voz encaja muy bien con el personaje (aunque el doblaje castellano está carente de toda fuerza). Curiosamente aquellos que trabajaron con Patton afirman que su voz era característicamente aguda. Tal vez éste sea uno de esos casos en que es mejor no ser fiel a la historia real. Junto a Scott destaca el amable Karl Malden como el general Bradley, y son especialmetne divertidas las apariciones de Michael Bates (el guardián que no le quita ojo a Alex DeLarge) como el mariscal Montgomery. Por lo general hay una gran mezcla de buenos secundarios, aunque ningún nombre especialmente grande que yo sepa.
Prácticamente la película se rodó en España, donde todo era barato y y el ejército colaboraba en lo que fuera, y donde en ocasiones se podían utilizar aparatos que se asemejaban a los vehículos de la Segunda Guerra Mundial. Así, cuando cree estar viendo las mismísimas Ardenas resulta que son los bosques de las afueras de Madrid. ¡La magia del cine!

Las escenas bélicas quizás no sean tan espectaculares como otras de la época, aunque sí están perfectamente construidas; tal vez la que más destaque sea esa inolvidable escena con un furioso Patton descargando sus famosos Colt 45 contra aviones alemanes, pero desde luego son efectivas y quedan intercaladas perfectamente en la historia, sin demasiado largas o demasiado cortas. Parte del metraje real de la época intercalado en la película fue rodado por el futuro cineasta underground Russ Meyer.
Patton goza de esa característica fuerza visual que imprimía Franklin J. Schaffner a sus películas, y tanto la acción como el drama se suceden sin apenas dar rienda suelta al espectador. También hay momentos de comedia en el film, como la ya citada rivalidad entre el general norteamericano y el indomable inglés de fino o mostacho, o la delirante escena en que Patton le pide al capellán que rece a Dios para que esté del lado de los buenos y deje de nevar, cosa que, por supuesto, sucederá. ¡Pues menudo es el viejo "Blood and Guts"!

Ya sabéis, aquellos de vosotros, sons-of-bitches, que os guste la historia o el genéro bélico, o la obra de Schaffner o estéis siguiendo los pasos a George C. Scott, Patton es de obligado visionado.

3 comentarios:

Pablo dijo...

Muy buena película, si señor, con momentos verderamente brillantes y por supuesto muy entretenida. Una película para mi que está entre las mejores de su género. Y como tu muy bien dices de visión obligatoria. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

Milgrom dijo...

Mi película bélica favorita de la Historia.

linoleo dijo...

un peliculon, un personaje de caracter no hay duda y un general mandando tropas de lo mas audaz, los nazis le temian. Usaba la guerra relampago con sus tankes mejor que ellos... casi.