domingo, 4 de mayo de 2008

La lista de Schlinder (1993)

Todavía recuerdo lo mucho que se habló en su día del famoso "tortazo" de la Academia a Steven Spielberg cuando su El color púrpura pasó sin pena ni gloria por la famosa entrega de Oscars sin conseguir ni una sola estatuilla a pesar de tener once nominaciones (entre las que no figuraba la de mejor director), un récord negativo que todavía no ha sido batido. La ceguera de la Academia ha sido siempre una constante a lo largo de toda la existencia de la ceremonia, y como todos sabemos no siempre se guían por criterios puramente cinematográficos. Muchos son los olvidados, ahí está el sangrante caso de Alfred Hitchcock, o el de otros cineastas, actores, etc. menos conocidos pero que no vieron reconocido su trabajo en la alfombra roja. El color púrpura fue la primera incursión de Spielberg en un tipo de cine más serio y comprometido, y aunque personalmente me parece un buen film con grandes momentos lo cierto es que fue un tropiezo comercial con una crítica dividida. También marcó el comienzo de una etapa irregular en la carrera del director, cuya trayectoria hasta entonces había sido impecable. ¿Merecían trabajo suyos como Tiburón o Encuentros en la tercera fase el Oscar a la mejor película? Seguramente sí, aunque también es cierto que la historia sobre el gran escualo habría competido con un film tan grandioso como El padrino II, o excelentes cintas como Chinatown o Lenny. ¿Y habría podido la visita alienígena con toda una Annie Hall? Lo cierto es que en 1985 Spielberg era considerado como un director para niños y adolescentes capaz de fabricar un éxito tras otro. No fue hasta ocho años después en que por fin pudo vanagloriarse de ser considerado como un "verdadero" director de cine.

Desde su misma concepción todo lo que rodeó a La lista de Schlinder estuvo rodeado de un gran respeto y consideración por parte de todos los trabajadores del cine que se acercaron a ella. El espinoso tema del Holocausto ya había sido tratado en muchas ocasiones tanto en el cine como en la televisión, aunque seguramente nunca antes se había llevado a una escala semejante y por parte de uno de los mejores directores de Hollywood. Y como era de esperar de un rodaje tan grande, hubo en el camino multitud de anécdotas.
La lista de Schlinder iba también a ser un film diferente pues no sólo iba a mostrar los horrores de la era nazi sino que también iba a presentar el lado contrario, la historia de un alemán (y en realidad la historia de Oskar Schlinder iba más allá del propio personaje, pudiendo ser cualquier héroe anónimo de aquella época) que se arriesgó y ayudó a varios miles de judíos a escapar de los hornos de Auschwitz.

Todo comenzó con Leopold Pfeffeberg, uno de los judíos de Schlinder, quien había recopilado toda clase de documentos sobre el empresario alemán y sobre su ahora famosa lista. Pfeffeberg trató durante años de interesar a productores, guionistas o directores para que rodaran la historia de Oskar Schlinder, sin éxito. Hasta que en 1980 entró en su tienda de Beverly Hills el escritor Thomas Keneally. Cuando Pfeffeberg se enteró de que Keneally era escritor, le llevó a la trastienda donde le enseñó todos sus archivos y trato de convencerle para que escribiera un libro sobre la lista de Schlinder. Keneally aceptó.
Fue un capo de la Universal, Sid Sheinberg, quien compró los derechos de la historia sabiendo que sería perfecta para su amigo Spielberg. Aún debían pasar varios años hasta que el director se decidiera a hacerla, y en el camino fueron varios los que se interesaron por la historia de Schlinder. Todo un Billy Wilder se interesó en llevar La lista de Schlinder a la pantalla, y cuando se enteró de que los derechos ya los poseía Spielberg ambos director hablaron juntos sobre el proyecto. ¿Imagináis la película rodada por Wilder? Sin duda habría sido brillante, aunque como él mismo dice, habría sido muy diferente. Lo cierto es que Wilder finalmente decidió colgar los guantes definitivamente, y simplemente vio la película en uno de sus primeros pases y alabó el trabajo de Spielberg.
Al parecer fue el propio Wilder quien acabó convenciendo al director judío para que rodara él mismo el film. Hasta entonces Spielberg no se había sentido capaz de afrontar una historia semejante, como otros antes que él, como Scorsese, quien consideró que un director judío sería el apropiado para dirigir la película como merecía. Tampoco Roman Polanski, quien él mismo había sido un superviviente del gueto de Cracovia y había perdido a varios familiares en Auschwitz. Polanski no se consideró preparado entonces para asumir un reto con una trama que le tocaba tan de cerca, por lo que rechazó también la propuesta de Spielberg. Así, fue el mismo Steven Spielberg quien se puso tras las cámaras. Comentarios de directivos en Hollywood del estilo de "es mejor que hagas una donación en vez de gastar nuestro tiempo y dinero en una película deprimente" le convencieron aun más de ello.

Tras tomar la excelente decisión de rodar la película en un dramático blanco y negro, la producción se trasladó a Polonia para tratar de rodar el film en escenarios auténticos. Todos parecían ver en La lista de Schlinder algo más que una mera película, y el propio Spielberg ha declarado en más de una ocasión que se sentía como si estuviera rodando un legado más que un film de Hollywood. El puntilloso director decidió no llevarse dinero algo por rodar la película, y cedió toda posible recaudación a la Fundación Shoah, que se encarga de preservar testimonios de supervivientes a genocidios como el Holocausto.
Al no obtener el permiso para rodar en Auschwitz se construyó una réplica al otro lado del puente que lleva al campo de concentración, por lo que durante un tiempo dos siniestros campos se levantaron en el lugar. Se buscaron miles de ropas de los años 30 y 40 por toda Polonia para vestir a los actores. En definitiva Spielberg no cejó hasta lograr la mayor verosimilitud posible, creando para ello el film en blanco y negro más caro de la historia.

En lo que respecta al reparto hay como siempre nombres extraños o curiosos que se barajaron para interpretar a los personajes principales de la película. Spielberg no quería grandes estrellas, sino má bien gente poco conocida que no interfirieran con la historia que se estaba narrando. El director tuvo en mente durante la mayor parte del tiempo para interpretar a Schlinder nada más y nada menos que a Alan Thicke. ¿El simpático padre de Los problemas crecen metido en la piel del empresario alemán? Supongo que sus razones tendría Spielberg pero la verdad es que suena algo bizarro. También se pensó en el suizo Bruno Ganz (quien curiosamente hizo magníficamente de Hitler en El hundimiento) aunque finalmente el papel fue a parar a Liam Neeson, quien demostró estar a la altura de las circunstancias. Dicen que para inspirarse en su retrato de Schlinder el director le pasó grabaciones de Steve Ross, capo de la Time Warner durante muchos años.
Para interpretar al sádico Amon Goeth se pensó en gente como Tim Roth (¡habría sido interesante ver algo así!), pero finalmente Spielberg pensó en el entonces desconocido Ralph Fiennes, atraido por su aire de belleza malvada y decadente. Dicen que el actor engordó a base de beber Guinness para encajar mejor en el papel, pero lo que sí es cierto es que su terrible frialdad resulta impresionante en la gran pantalla. De hecho cuando durante el rodaje Fiennes fue presentado a una de las supervivientes del campo de Plaszow ésta comenzó a temblar por el parecido diabólico que guarda con el auténtico Goeth.
El siempre eficiente Ben Kingsley quedó magnífico como Itzhak Stern, el ayudante de Schlinder.

Evidentemente la sensibilidad que desprende La lista de Schlinder es enorme, es inevitable sentirse más o menos afectado por una historia que uno sabe que es real. Con todo, es preciso dejar constancia del gran trabajo que hizo Spielberg, sin caer en exceso en el melodrama, algo que hubiera sido muy fácil tratando sobre una historia semejante, y más conociendo la tendencia del director a sobrepasarse en los momentos más dramáticos de sus películas.
Cualquier que ame el film tendrá sus momentos favoritos, pues son tantas las grandes y pequeñas historias que se relatan en la película, sean emocionantes o terribles, que seguramente cien personas podrían elegir cien escenas diferentes.
Pongamos por ejemplo el largo acto de la limpieza del gueto de Cracovia. En principio eran unas escenas que iban a ser mucho más largas y tensas, aunque finalmente Spielberg decidió recortar su duración. Aun así durante varios minutos uno se queda en suspenso, preguntándose quién será descubierto y quién no, mientras de una forma magistral Spielberg nos lleva por todo el gueto mientras los judíos son trasladados o simplemente acribillados. Todo el acto culmina con esa casi onírica imagen de la niña con el abrigo rojo, solitaria y perdida, destaca en medio de la terrible realidad en blanco y negro. Tras el estreno de la película varias fueron las interpretaciones de aquella extraña niña con un abrigo en color. ¿Se individualizaba en medio del caos la penuria personal de cada habitante del gueto? ¿Era el color en medio del blanco un negro un canto a la esperanza que luego era aplastado al ser asesinada la niña? No sé si Spielberg ha explicado el significado de la niña del abrigo rojo, pero lo cierto es que esa niña existió y, al contrario que en la película, sobrevivió a la guerra.
Excelente me parece también el retrato inicial de Schlinder como un aprovechado mujeriego que comienza a amasar uan fortuna aprovechando el estado de guerra, y que logra sus objetivos mediante contactos, sobornos y sobretodo un gran carisma personal. Asistir a todo el proceso que lleva a su empresa a ser tenida en cuenta por el ejército es fascinante.
Especialmente oscuros son los momentos narrados en el campo de Plaszow, donde evidentemente destaca el sangriento Amon Goeth, que dispara a prisioneros por placer, y cuyo megalómano retrato psicópata culmina en la escena en que Schlinder le relata lo poderosos que eran los emperadores romanos al saber perdonar.
Como he dicho, muchas son las escenas a destacar en el film. Aunque seguramente mi momento favorito es esa escena al final de la película en que Schlinder se derrumba y se culpa por no haber podido salvar a más judíos. Siempre que la veo me pone los pelos de punta.

Si se diera el caso de que alguno de ustedes no hubiera visto La lista de Schlinder les animo a hacerlo, pues no sólo es un gran film sino que es además un documento histórico que sirve como perfecto complemento a las decenas de excelentes documentales que sobre el Holocausto se han rodado. Y a todos aquellos que la hayan visto les animo también a que comenten sobre su escena preferida, sería interesante contrastar opiniones.

Leer critica La lista de Schlinder en Muchocine.net

4 comentarios:

ISOBEL dijo...

toda la película es impactante, me quedo con la que me hizo saltar las lagrimas (no soy de llorar en el cine), al final cuando depositan piedras sobre su tumba, besos

Fantomas dijo...

Una cinta completamente redonda: grandes actuaciones, buena banda sonora y una gran dirección.

Muy buena reseña.
Saludos.

estanli cuvric dijo...

Evidentemente, es una muy buena película, aunque a mi nunca me llegó a atrapar del todo...

Psicodeliazombie dijo...

Hace muchos años que no veo esta cinta... recuerdo que en ese entonces me calo muy hondo... impactante....