lunes, 5 de mayo de 2008

El joven Lincoln (1939)

1939 fue un gran año para John Ford, y por lo tanto aquél fue un gran año para la historia del cine. Fue el año de La diligencia, uno de los westerns definitivos, y de dos dramas históricos. Uno ambientado en la Guerra de Independencia norteamericana, Corazones indomables. La otra fue una pequeña reconstrucción de un período poco conocido (al menos fuera de los Estados Unidos) en la vida de Abraham Lincoln; su etapa de litigante en juicios de granjeros y aparceros, y su primer gran caso. Como hiciera prácticamente desde los inicios de su carrera, John Ford seguía imprimiendo la leyenda.

La primera referencia de un Ford junto al nombre del gran presidente hay que buscarla en los comienzos de la industria de Hollywood, donde el hermano mayor del director, Francis Ford, interpretó (y se dirigió) en varias ocasiones al presidente de la abolición. Así pues el pequeño John debió de estar encantado cuando le asignaron al proyecto de la Fox de recrear los primeros años de Lincoln.
En un principio se había ofrecido el papel a Henry Fonda, quién lo rechazó, considerándose incapaz de interpretar al presidente. "Para mí, Lincoln era un dios". Se le convenció para que hiciera una prueba de cámara con una nariz postiza y maquillaje, pero aun así el actor no acabó de estar convencido. Una vez que Ford entró en el proyecto, convenció a Fonda para que aceptara el papel. "¡Sólo es un jodido abogado de Illinois, maldita sea!". Tras sentenciar al presidente de esa manera, ¿quién podría negarse a interpretar a Lincoln?

Como en cualquier otra producción de Ford con la Fox, el director tuvo sus dimes y diretes con el capo del estudio Darryl F. Zanuck, famoso por sus continuas ingerencias en los proyectos que llevaba a cabo. Aunque Ford, celoso de su trabajo, intentara siempre que Zanuck no pusiera sus manos en sus películas, tuvo buenas palabras para él (y por supuesto muchos reproches). En cierto modo imagino que ambos se debían admirar mutuamente, pero sus egos y sus distintos modos de trabajar les hacían chocar irremediablemente. La prueba de que Ford tenía cierto respeto por el olfato de Zanuck es que en la mayoría de sus trabajos en la Fox cedió el trabajo de posproducción al gran capo de la Fox, aunque por otro lado también es cierto que con los años Ford aprendió o desarrolló mil y un trucos para rodar sólo lo justo y ponérselo difícil a los montadores o productores si éstos querían rehacer las escenas de una forma distinta a como las había proyectado el director. Por ejemplo, en muchas ocasiones se colocaba bajo la cámara, y tras gritar "¡corten!" alzaba el puño, tapando el objetivo, para que cualquier material que se grabara después fuera inutilizable.

El joven Lincoln muestra más que el aspecto histórico el aire legendario que envuelve al venerado presidente norteamericano. El mito y la leyenda se mezclan con la realidad llevando al personaje de Lincoln más allá del mito y convirtiéndolo en una metáfora de la evolución de los Estados Unidos desde su independencia.
En la película el futuro gran presidente es un hombre solitario y sencillo, que se preocupa por sus semejantes y que, aunque algo torpón, parece dotado de una inteligencia y visión que en un principio apenas sí son visibles, pero conforme avance el film irán creciendo hasta la explosión final en el juicio del homicidio.
Lincoln se nos muestra primero como un sencillo dueño de una tienda con la que gana poco dinero, pues sus clientes suelen ser pobres y siempre las acaba fiando o cambiando sus productos por otros aparentemente inservibles, como por ejemplo un barril lleno de viejos libros, entre los que hay libros de leyes que el joven leerá con fruición. La figura paternal de Lincoln, ayudando a familias a pobres, comienza a dibujarse desde el mismo comienzo de la película.
En estos primeros momentos tiene una gran importancia la figura de Ann Rutledge, una linda joven de campo, solitaria como Lincoln, que anima al joven a que vaya a la universidad y estudie leyes, y cambie su vida para mejor. Existe un romance latente entre los jóvenes, pero el parsimonioso y silencioso Lincoln apenas si parece murmurar unas palabras de elogio al afirmar que a él si le gustan las chicas pelirrojas, a diferencia del resto de chicos. Al final de esa bonita escena junto a un árbol y un río, Lincoln tira una piedra al río. Tras un lento fundido pasamos a una escena de grandes bloques de hielo siendo arrastrados río abajo. En lo que es una de las elipsis más bonitas que he visto, seguidamente contemplamos a Lincoln hablando con la tumba de la joven Ann. El joven ha perdido a su presumiblemente primer gran amor, y éste habla con ella como si su relación hubiera continuado y ella nunca se hubiera ido. Es entonces cuando parece como si el destino (en forma de rama, del recuerdo de Ann, o como prefieran) vuelve a jugar un papel decisivo, haciendo decidirse al joven por la carrera de leyes.

La figura del Lincoln abogado sirve a Ford para realzar su figura de conciliador. Pragmático y algo lacónico, el joven resuelve pequeñas disputas de terrenos y deudas con gran naturalidad. Es frecuente ver al personaje sentado sobre una silla con los pies en alto apoyados en algún sitio. Se podría decir que en cierto modo es consciente de su carisma, que le sirve para resolver conflictos sin apenas articular palabras, tan sólo realizando unas cuantas preguntas. Escena tras escena asistimos a la evolución (casi podría decirse creación) del futuro presidente. En cada pequeño paso que da el personaje se intuyen las futuras grandes zancadas políticas del presidente en tiempos de guerra.
La música juega también un papel importante en la construcción de la imagen del futuro Lincoln conciliador y padre de las dos Américas que librará una guerra para salvar a la Unión. En una determinada escena Lincoln cabalga junto a un amigo por los bosques mientras toca el birimbao (o el arpa judía que dicen en la película). Su compañero le pregunta qué está tocando. Lincoln responde: "No lo sé, pero suena bien, ¿verdad?". La tonadilla es "Dixie", el famoso himno sureño. De este modo Ford deja patente el cariño que Lincoln siente también por el Sur. El uso de "Dixie" se contrapone al de "El himno de batalla de la República", que puede ser escuchado en los momentos de más intesidad dramática del personaje, sobretodo en la escena final donde Lincoln aparece casi como una figura mesiánica.

En el otro plano de lectura tenemos al Lincoln como metáfora de los Estados Unidos. Tras la independecia las antiguas 13 colonias son básicamente un país de entorno rural, donde las gentes se mueven de un lado a otro, y que, al igual que Lincoln, parecen indecisas o en cierto modo insatisfechas. Conforme avanza el siglo XIX Lincoln progresa y el país con él; la industria cobra importancia y la política, o la vida en general, se torna más compleja, aunque los ideales de los Padres Fundadores supuestamente siguen estando vigentes.
Es en este nivel de lectura donde cobran importancia personajes como esa pareja de señoritos del sur que en un principio desprecian a Lincoln por sus rudos modales y sus sencillos orígenes. Tras resolver su primer gran juicio, ambos se disculpan con el joven por haberle despreciado. Lincoln responde, en su particular forma lacónica: "supongo que ninguno de los dos volveremos a despreciarnos nunca más". Aunque evidente, no deja de ser una interesante lectura de las futuras relaciones entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos.

Será en el juicio por homicidio de dos jóvenes donde Lincoln se muestre en su pleno y desarrollado sentido político, mostrando una gran agudeza, ironía y una singular capacidad de jugar con las emociones de su audiencia, aúnando por partes iguales inteligencia, carisma y fortaleza física. Y es que el Lincoln de Ford no duda en recurrir a los puños (aunque no le vemos pelear, amenaza con ello en más de una ocasión) si considera que la diplomacia no es bastante para conseguir su fin. ¿Otro guiño a la Guerra de Secesión? Tal vez.

Durante el largo e importante juicio encontramos al Ford clásico que juega a la perfección con el dramatismo y el humor, que se apunta sus mejores tantos en las finas bromas de Lincoln (como ese "Jackass" que le espeta al personaje de J. Palmer Cass). El paternalista Lincoln también se muestra comprensivo con una especie de trampero borrachín, al que no duda en calificar como "un perfecto ejemplo de ciudadano honrado". Ésa es otra de las muestras de simpatía por los alcohólicos que Ford siempre introdujo en su vasta filmografía.

El clímax de la película se alcanza en una fabulosa escena final en la que un Lincoln en claroscuro decido caminar un poco más, dejando a su compañero, para ascender a lo alto de un montículo, mientras la lluvia irrumpe en la escena, y "El himno de batalla de la República" alcanza todo su esplendor. Así, de una forma increíblemente bella y a la vez sencilla, en el mejor estilo de Ford, el director nos anuncia cómo años después Lincoln alcanzará el montículo de la nación. Impresionante escena.

El joven Lincoln, sin ser tan colosal como La diligencia, muestra a un John Ford en estado de gracia (lo cual vale por filmografías enteras) que nos dejó algunos de sus mejores planos en este particular biopic que cuenta, como ya he dicho, con una escena final para el recuerdo. Hoy en día, en un Hollywood tan distinto, me pregunto si alguien de tal talento tendría la oportunida de rodar en un año una obra maestra, un film excelente y un buen film menor. La respuesta que acude a mi mente no deja de resultarme triste.

Aunque en menor grado que en otras de sus cintas, en El joven Lincoln Ford se rodeó de algunos de sus "habituales". Le concedió un cameo a su hermano mayor Francis, y de nuevo Ward Bond tenía un destacado papel secundario como el rudo J. Palmer Cass.
Ann Rutledge era interpretada por la voluptuosa Pauline Moore, una actriz que desarrolló una gran parte de su carrera en la serie B. El por entonces actor fetiche de Ford, Henry Fonda, ayudado por el maquillaje, logró mimetizarse en el papel del joven futuro presidente, a pesar de sus reticencias iniciales. Fue sin duda uno de los mejores Lincoln que se haya visto en la gran pantalla.

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1 comentario:

Psicodeliazombie dijo...

Me apasiona todo el cine clasico... en especial las cintas de los 20' y 30'.... Esta peli no la he visto, gracias por la recomendacion....!!!