miércoles, 7 de mayo de 2008

El gran gorila (1949)

A veces es entretenido pensar en las relaciones existentes entre personajes tan dispares como Orson Welles y Manowar, o Mae West y Alice Cooper... o en los famosos seis grados de separación y su número Bacon (de Kevin Bacon, ya saben), número de eslabones por el que un actor está relacionado con Kevin Bacon en no más de seis pasos. A veces en realidad no hacen falta muchos pasos, y por ejemplo en una sola película podemos reunir varios grandes nombres del cine que en un principio uno no relacionaría directamente. Es el caso de John Ford y Ray Harryhausen. No se puede decir que sus obras sean similares (aunque pudiera argumentarse que Harryhausen fue una especie de Ford de la animación y los efectos especiales), pero ambos coincidieron en los créditos de al menos una película, El gran gorila (Mighty Joe Young en el original), una revisión del mito de King Kong destinada a públicos más amplios.

A finales de los 40 la productora Argosy, de John Ford y Merian C. Cooper, se encargaba de producir El gran gorila para la RKO a partir de una historia del propio Cooper, mientras Ford se preocupaba más de sacar adelante su anhelado proyecto de El hombre tranquilo. Como productores y dueños de la Argosy tanto Ford como Cooper tenían los créditos del "presenta", mientras que Harryhausen conseguía su primera gran mención como técnico de efectos especiales.

En este especie de revisitación de la historia de King Kong se contó con viejos conocidos de la saga de los 30 sobre el mono gigante. El propio Merian C. Cooper ya había participado como productor ejecutivo en la película original de Kong. Willis H. O'Brien trabajó en los efectos especiales de El hijo de Kong, y para El gran gorila se encargó sobretodo del diseño de las criaturas y del storyboard. Aunque casi todo el trabajo de animación corrió a cargo de Harryhausen, O'Brien obtuvo un crédito mayor en el aparto de efectos especiales. Cosa de la veteranía, supongo. Lo cierto es que aunque figurara como ayudante El gran gorila fue el primer trabajo completo del futuro maestro de los efectos especiales. El director de la cinta sería Ernest B. Schoedsack, quien también dirigiera en el 33 la película madre, King Kong. Por último el intérprete Robert Armstrong encarna de nuevo a un magnate como ya hiciera en las dos películas sobre Kong.

Aunque con ciertas diferencias, en un nivel básico la trama sigue siendo la misma que en King Kong. Un gran mono (en este caso no gigantesco, pero sí lo bastante como para lanzar leones por los aires) es llevado a la civilización y allí la supuesta bestia entra en conflicto con el mundo moderno, por lo que decide escaparse y de paso destruir todo lo que se encuentre a su paso.
La película se inicia con una pequeña llamada Jill que se acerca a unos indígenas que transportan un animal en una cesta. La niña se encapricha del pequeño mono y se lo compra a los nativos. Puesto que su madre murió tiempo atrás la niña se siente sola, por lo que piensa que el bebé gorila será un buen compañero de juegos. Cuando su padre llega a casa trata de convencer a Jill de que cuando empiece a crecer tendrán que deshacerse del gorila. Pero de momento, el padre da su mano a torcer.
12 años después la acción se traslada a Nueva York, donde Max O'Hara, el editor de un periódico quiere abrir un nuevo club en Los Ángeles y llenarlo de atracciones espectaculares. Decide ir a África para enviar historias excitantes desde allí al periódico y de paso capturar unos cuantos animales salvajes. Para la aventura contará con la ayuda de Gregg, un fornido vaquero que se ha quedado sin empleo tras la clausura del circo donde trabajaba. Ambos parten a África donde descubrirán a Joe, el gran gorila, y a su amiga Jill. El gorila obedece todas las órdenes de Jill, y ésta recurre a una especie de canción para niños para calmar al gorila cuando éste se pone violento. O'Hara convencerá a Jill para que tanto ella como el mono vayan a los Estados Unidos y trabajen en su club. Obviamente el gran Joe y Los Ángeles no se llevarán bien.

El gran gorila era, como ya he dicho, una revisión de la historia del gorila gigantesco, aunque adaptada para audiencias más jóvenes. Ya desde el pequeño guiño de los créditos donde el mono Joseph Young cuenta con un "Himself" al lado (como si el enorme simio realmente existiera) y la aparición de la pequeña Jill uno ya se da cuenta de que el ambiente de El gran gorila será distinto al de la anterior King Kong. En la película del 49 se siguen conservando las escenas de acción, pero hay más humor y menos dramatismo, y en determinados momentos de la película los niños cobran cierta importancia, mientras que su predecesora era básicamente una historia de adultos. En realidad también lo es El gran gorila, pero desde luego se introdujeron personajes infantiles para que los niños se pudieran identificar con ellos. También las expresiones del mono, bastante humanas, buscaban la simpatía de los más jóvenes.
Los efectos especiales son herederos directos de King Kong, aunque son en cierto modo algo más avanzados, y se nota el propósito de O'Brien y Harryhausen de elaborar escenas más complicadas donde el gorila efectúa movimientos más complejos. Ese deseo de ir un paso más allá perjudica un poco el acabado final, pues en algunos momentos se pueden notar ciertos fallos, pero ello no resta espectacularidad a las escenas del film donde Joe desata su furia, y desde luego dudo que fueran perceptibles para el espectador medio de la época. Personalmente vibré con luchas como la del gorila con varios leones a la vez como si volviera a tener cinco años, lo cual me hizo reflexionar en que una película obsoleta de hace sesenta años me hiciera disfrutar más que por ejemplo el tercer episodio de Star Wars.

Y es que El gran gorila quizás vista hoy en día no tenga esa modernidad que todavía conserva King Kong, pero desde luego gustará a los incondicionales de la versión de 1933 y también a aquellos que todavía escuchen de vez en cuando a su niño interior. En una determinada escena, por ejemplo, mientras el pobre Joe está siendo humillado por el imbécil público de Hollywood, me sorprendí a mi mismo lleno de inquietud y deseoso de saltar sobre el televisor y repartir mamporros entre los cretinos que le lanzan monedas al pobre mono. Y es que aunque las técnicas de slow-motion hayan quedado desfasadas los cineastas de entonces sabían lo que se hacían en cuanto a obtener la respuesta del público deseada. Y aún habiendo pasado sesenta años no es demasiado difícil conectar con el sentir de aquellos jóvenes que acudieron a ver El gran gorila por primera vez. Porque, al fin y al cabo, un animal sigue dando pena hoy como en 1949. Aunque sea falso. De hecho mi nivel de conexión con Joe Young fue tal que en la escena en que un orfanato está ardiendo me preocupaba más por el dichoso mono que por los críos que corrían el riesgo de perecer en el incendio.

Aparte de mis debilidades personales por los animalitos de las películas lo cierto es que las dosis de humor de El gran gorila si que han aguantado, por lo general, el paso del tiempo. Y hablar de humor en la película es hablar del gran Robert Armstrong y su logorreico (¿existe esa palabra?) personaje Max O'Hara, que no me extrañaría que hubiera servido de inspiración para el J. Jonah Jameson de Spiderman, al menos para la versión cinematográfica (y la verdad, ¡el personaje de Jonah es lo mejor de toda la trilogía del trepamuros!). Exceptuando las bromas para niños de Max escondiéndose del gorila tras arbustos y rocas, los espídicos diálogos del editor Max O'Hara son de lo mejor de la película. Y no quisiera dejar de mencionar la antológica (por lo disparatado) lucha de Joe contra diez forzudos en uno de los números del club de Max (basado en un club real de la época, el Cocoanut Grove) entre las que se encuentra todo un ex-campeón de los pesos pesados, Primo Carnera. Me pregunto si le pagarían por hacer el payaso o le dieron unos cuantos filetes o sandwiches como sueldo. Sin duda uno de los cameos más lisérgicos que recuerdo.

Aparte de Robert Armostrong destacan una jovencita Terry Moore en el papel de la Jill adulta. Por entonces Moore estaba saliendo con el millonario Howard Hughes, y la actriz afirma que se casaron en secreto. Años más tarde la actriz no dudó en posar para la revista Playboy demostrando que a pesar de sus años todavía estaba de muy buen ver.
En el papel del vaquero Gregg encontramos a Ben Johnson, un habitual de John Ford que apareció en varias de las cintas del maestro por aquella época. Resulta curioso ver a Johnson, el típico sargento de caballería bruto, tratando de sacar adelante ciertas escenas (muy breves y ligeras, eso sí) de galán.

En su día El gran gorila no gozó de excesivo éxito, fuera porque no logró conectar con el público infantil o porque la gente no quería ver historias de monos que destrozan clubes. Sin embargo, poco tiempo después, King Kong se reestrenó con un gran éxito. Hoy en día El gran gorila es una película de culto, aunque su fama no creció a pesar del remake de finales de los 90 con Charlize Theron. Pero para mí no puede haber ningún Mighty Joe Young sin Robert Armstrong ni Harryhausen de por medio.

3 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

¡Maldición! No la he visto. Pero me ha hecho recordar una feliz época de mi infancia en la que los Padres Antonianos (¡Dios los bendiga!) me programaron en su cine no sé cuántas de Godzilla.

Möbius el Crononauta dijo...

¡Vivan los Padres Antonianos! Ya me habría gustado tener unos padrecitos así.

Alberto San Martin dijo...

Posiblemente "El gran gorila" titulo comercial en Argentina, resulta mas simpática y humana que King Kong,pero no hay dudas que los efectos especiales fueron mejorados notablemente y por tal motivo fue merecedora del Oscar...además, a diferencia de King Kong, la historia nos regala un final feliz atípico para este tipo de films.
He dicho