martes, 13 de mayo de 2008

Dos mulas y una mujer (1970)

La magnífica música de Ennio Morricone, colores intensos, Clint Eastwood cabalgando por el chaparral… todo indica a que uno se enfrenta a un spaghetti western. Aunque la influencia del redomado género que vino de Europa ya se dejaba sentir en Hollywood y sus películas, lo cierto es que Dos mulas y una mujer es una comedia de aventuras enmarcada en el salvaje Oeste, una especie de buddy movie adulterada, un western ligero que enmarcaba al Hombre Sin Nombre en un viaje a través de Méjico acompañado por una monja bastante vivaracha. Ahí estaban la barba, el puro y un fugaz poncho, pero el Hogan de Dos mulas y una mujer es más irónico, más hablador, y aunque todavía guarde cierto egoísmo, no deja de ser un héroe que acude a rescatar a la dama en apuros.

La gestación de Dos mulas y una mujer se encuentra en la amistad de Eastwood con el matrimonio Burton, Richard y Liz. Tanto a la actriz como al joven actor les encantó la idea de participar en un film juntos. Clint pensó en su amigo Donald Siegel como el director idóneo para la cinta. Se compró una historia, se contactó con el gobierno mejicano, que colaboró encantado, y cuando ya los preparativos del rodaje estaban bastante avanzados Liz Taylor sufrió uno de sus habituales cambios de humor y decidió no hacer la película. Con la producción tan avanzada Eastwood y Siegel decidieron seguir adelante y encontraron en Shirley McLaine a su hermana Sarah. Se reescribió parte del guión para dotar de más humor al personaje de McLaine y el equipo se traslado a Méjico para iniciar el rodaje.

La historia era simple: un pistolero, Hogan, veterano de la Guerra de Secesión, desencantado con su experiencia en la guerra civil, se ha convertido en un mercenario y viaja por Méjico para reunirse con un coronel mejicano que lucha contra los franceses. En su camino se encuentra con una mujer que está a punto de ser violada por tres bandidos. Hogan la ayuda y descubre que la chica es una monja, la hermana Sarah. Incapaz de dejarla sola, decidirá acompañarla, sobretodo tras saber que la religiosa posee importante información sobre un cuartel francés. Así, tanto Sarah, a la que el ejército francés busca, como Hogan, emprenderán camino juntos para reunirse con los rebeldes juaristas que luchan contra el invasor francés.

En Dos mulas y una mujer Eastwood parodiaba la imagen de su Hombre Sin Nombre viéndose enfrentado a una relación con una bella mujer de la que tiene que cuidar y a la que no puede tener. El guión explotó las posibles situaciones divertidas que pudieran producirse entre un pistolero y una religiosa que no parece desenvolverse bien en un entorno salvaje y peligroso, constituyendo una pareja de protector y protegida que ya venía desde los días de La Reina de África, y cuyo recurso se pudo ver de nuevo en posteriores films como el éxito ochentero Cocodrilo Dundee. Aunque en Dos mulas y una mujer la hermana Sarah es una mujer inteligente que sustituye los puños por la inteligencia a la hora de afrontar los peligros que la pareja se va encontrando en el camino. Como bien dicen los personajes en una discusión que entablan en cierta escena, ambos se han salvado la vida el uno al otro en al menos dos ocasiones. A pesar de todas sus diferencias iniciales, Hogan y Sarah irán acercando sus puntos de vista, y la inevitable tensión sexual surgirá entre ellos.

Lo cierto es que el personaje más vistoso es del Shirley McLaine. La hermana Sarah era un papel jugoso, repleto de humor y que jugaba con la imagen inocente de la actriz y un secretillo en el guión, y es en realidad la monja la protagonista de la película más que el personaje de Eastwood, como se colige del título. De hecho, una mula es la que usa McLaine para desplazarse por los desérticos paisajes mejicanos. La otra mula… bueno, será mejor que vean la película y decidan ustedes.

El rodaje de Dos mulas y una mujer no fue fácil. Shirley McLaine cayó enferma, así como gran parte del equipo, a causa de la archifamosa “venganza de Monteczuma”. Eastwood fue de los pocos que se salvó gracias a su dieta sana y rica en fruta, al contrario que Humphrey Bogart, quien evitó las enfermedades africanas gracias a beber sólo whisky, lo que al parecer prueba que en el extranjero las dietas que se encuentran en el punto medio no son las idóneas para evitar enfermedades molestas.

Además de las enfermedades lo cierto es que el divismo de McLaine chocó de frente con la sencilla forma de trabajar de Don Siegel y de Eastwood. Las peleas con el director fueron constantes, y la relación con el actor tampoco fue mucho mejor. Con todo, la actriz representó a la hermana Sarah magníficamente y en pantalla se complementó bastante bien con el seco estilo de Eastwood.

Dos mulas y una mujer resultó un western atípico, con una historia que hubiera podido funcionar en cualquier época, aunque sirvió para demostrar que Eastwood pudiera ser más versátil de lo que se creía, y también para dar testimonio de que en Hollywood se podía reflejar una parte de la historia de Méjico sin hacer en falsedades o en visiones superficiales. También marcó el comienzo de la Malpaso Company como productora independiente, aunque en este caso la Universal también estuviera envuelta en la producción. Paso a paso Eastwood se iba asegurando su futura independencia.

El segundo film juntos de Siegel e Eastwood afianzó aun más su relación laboral y personal, y de hecho durante el rodaje el actor recibió una novela escrita por un tal Thomas Cullinan cuya historia le pareció fascinante. El director y el actor se dijeron que tenían que llevar aquella novela al cine. Pero antes Eastwood tendría que meterse de nuevo en el papel de un soldado de la Segunda Guerra Mundial…

Leer critica Dos mulas y una mujer en Muchocine.net

10 comentarios:

Duff dijo...

Qué gran película!!!! (me viene a la cabeza la musiquita contínua más el rebuzno)

Lo bueno es cuando las prostitutas la cogen el culo y él se da cuenta de lo que ella es! ^^

ISOBEL dijo...

que buena...fue pensar en ella y se me colgó la sonrisa, besos

RENATA dijo...

que buena peli!!.

te dejo un beso grande!

Belén dijo...

Peaso peliculón por cierto, la McClaine siempre me ha gustado mucho, tenía una bes cómica... claro, por eso hizo tan buena pareja con otro grande, Jack Lemmon :)

Besicos

raskolnikoff dijo...

La de veces que he dicho un sábado esa gran frase de Hogan: "Hueles a mujer bonita" jeje

Si algún día voy para México seguiré tus consejos y llevaré dieta exclusiva de sandía y Ballantine´s.

BUDOKAN dijo...

Este film es muy querible, me has dado un gran gusto al citarlo en el blog. Ese guión del maestro boetticcer junto a Siegel en la dirección es una obra infaltable a la bhora de la comedia en el western. Saludos!

Milgrom dijo...

La música enorme, ese rebuzno sublime.

Angus dijo...

Gran película. Es curioso eso que dices de que fue un rodaje problemático porque realmente parece que hay mucha química y que se lo pasaron bien en el rodaje.
Qué morbosa es la imagen de la pícara Shirley vestida de monja...

Psicodeliazombie dijo...

Que recuerdos.... esta peli la veia cuando me llevaba bien con mi padre...!!!

Inos. dijo...

Inolvidable score de Ennio Morricone y las buenas actuaciones (muy tongue-in-cheek por momentos) de McLaine y Eastwood. Trataré de revisitarla uno de estos días, junto a la "otra monja" cinematográfica que campeaba por este blog: la personificada por Deborah Kerr acompañada por Robert Mitchum y dirigidos por todo un John Houston...

Saludos.