jueves, 29 de mayo de 2008

Dioses y monstruos (1998)

James Whale fue un dandy británico, un artista y actor, un director de cine, un artífice de iconos, y un reconocido homosexual en la era anterior a la Caza de Brujas, y para aquellos que le conocieron fue probablemente mucho más. A su pesar su obra quedó marcada por sus trabajos con la Universal de Carl Laemmle Jr. y trabajos como Frankenstein, La novia de Frankenstein, El hombre invisible y otras más. En la estupenda Dioses y monstruos asistimos a los últimos días del director, y poco a poco podemos adentrarnos en sus miedos, sus recuerdos, sus alegrías y sus vicios. La película se basa en la novela Father of Frankenstein, y relata la curiosa relación que se entabla entre el viejo director y su joven jardinero.

El James Whale personaje ha regresado a su hogar tras un reciente infarto. Tiene que medicarse, y sufre algún tipo de enfermedad mental que le dispara su mente hacia varios pensamientos a la vez. Mediante ese recurso rodado en forma de flashbacks vamos conociendo algunos aspectos clave de su vida pasada, así como a través de sus propias palabras. La primera imagen que tenemos del director es la del hombre encasillado y retirado. Ante todo sigue siendo una estrella coqueta, y como cualquier estrella lo prepara todo al detalle para que nada parezca calculado antes de la llegada de un estudiante que va a entrevistarle. Muy pronto el viejo director se da cuenta de que al joven cinéfilo sólo le interesan sus películas de terror, por lo que Whale decide proponerle un juego y de paso satisfacer su propio morbo.
Así la transcurre la vida de la vieja estrella, entre pastillas, recuerdos del pasado y fugaces visitas del productor David Lewis, compañero y amante de Whale durante muchos años. En dicha situación cuando un joven y fornido jardinero entra a trabajar en la casa. El británico se encapricha del joven y le pide que pose para él. A pesar de sus reticencias el joven acepta ser retratado.

Así pues tenemos por un lado a la vieja estrella de Hollywood cuya gloria ha pasado y a un joven de pocas luces pero que parece guardar cierta sensibilidad en su interior, sensibilidad que nadie parece tener en los círculos en los que se mueve, como queda demostrado en el restaurante donde ve una reposición de Frankenstein en la televisión. Las sospechas del joven respecto a Whale se van confirmando poco a poco, y a pesar del rechazo que siente hacia ese viejo verde homosexual la leyenda tras el nombre de Whale va atrapando al jardinero.
Ambos, director y jardinero, se fagocitan mutuamente, buscando el uno en el otro aquello que han perdido o que no pueden tener. El joven se maravilla ante las historias de una vida que nunca tendrá, ante una figura en cierto modo paternal, y ante la puerta que para él es Whale hacia conceptos hasta entonces desconocidos para él como arte, belleza o sensibilidad. Whale, en cambio, ve en el joven no sólo a un objeto sexual que le trae a la memoria recuerdos de sus años de gloria y triunfo sobre espectadores y lindos jóvenes, sino a alguien que por momentos parece interesarse por lo que él es, y no sólo por su obra.
La relación entre dos hombres tan dispares tendrá desde luego sus altibajos, pero paso a paso el jardinero irá aceptando al "monstruo homosexual" de Whale, al tiempo que éste se irá hundiendo en una depresión profunda, siendo consciente de que su muerte se acerca y de que ya no le queda nada por hacer en el mundo.

En el apartado interpretativo todo gira evidentemente entorno a los dos actores principales: Ian McKellen y Brendan Fraser. Un McKellen que estaba a punto de dar el salto al Magneto de X-Men y al superestrellato con Gandalf y El señor de los anillos elaboró en Dioses y monstruos un complejo y estupendo retrato del director clásico James Whale, dando muestras de su talla como actor y también de su pasado como actor de teatro. Quede la posible influencia de los paralelismos entre la vida y carrera de McKellen y Whale a la discreción del lector.
En el otro lado tenemos a Brendan Fraser (¡vaya desastre de carrera actoral!), que desde luego no es el monstruo de las mil caras pero encaja bien en el papel de jardinero tarugo. El que resista la prueba ante el sir McKellen ya es bastante.

Dioses y monstruos está plagada de romanticismo y de drama; nos habla de bajas pasiones y complejos ocultos, de experiencia e inocencia, de vicios, pecados y decrepitud, y por encima de todo ofrece un interesante perfil de una figura tan interesante como la de James Whale y es, también, un bonito homenaje a la obra del director y al cine de terror de la Universal. Es divertido observar las breves escenas en que vemos el rodaje de La novia de Frankenstein y escaparse mentalmente a esa época, e imaginarse como debía ser el día a día en el plató. Quede para la memoria ese bonito final en que la magia de películas como Frankenstein parece pasar de padres a hijos, para ver luego en la lluvia como la vida de un hombre ha cambiado para siempre.

6 comentarios:

Angus dijo...

Con el final siempre lloro. No te digo ná y te lo digo tó.

BUDOKAN dijo...

Hola, muy bonito leer de esta película que recrea a uno de los personajes más interesantes de la historia del cine. Saludos!

Psicodeliazombie dijo...

Nunca la he visto y tal como la comentas debe ser una gran peli.... gracias por la recomendacion...!!!

Milgrom dijo...

Yo tampoco la he visto así que este finde le voy a dar caza.

DivX dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aitor Diaz Paredes dijo...

terminarán los exámenes finales... seee... y podré ver pelis en julio... seee... y me tocaré las pelotas en el sofá viendo cine de verdad... seee... algún día... seee... aprobaré y tendré todo el tiempo del mundo... seee...