jueves, 10 de abril de 2008

Gene Tierney, la Venus de Hollywood

Como surgida de las manos creadoras de Praxíteles, la actriz Gene Tierney gozaba de una belleza casi irreal incluso para los estándares de su época, cuando en cierta ciudad californiana la belleza irreal era la norma. Encandiló tanto a espectadores como a productores y cineastas e incluso miembros de la realeza, y aunque durante un tiempo su vida fue tan perfecta como un cuento de Hadas, pronto la cruda realidad golpeó en ella como lo hizo con tantos otros trabajadores de Tinseltown. Durante muchos años Gene Tierney parecía la clase de chica que siempre elige al hombre equivocado, pero por suerte conoció el amor verdadero. Y nosotros, pobres mortales, tenemos la suerte de tenerla a ella, una actriz cuya hermosura rivalizaba con las maravillas de la naturaleza, y que además demostró que no sólo era una cara bonita. Pues hubo un tiempo en que las grandes estrellas de Hollywood eran capaces de interpretar un personaje de manera eficiente. Hubo un tiempo en que los dioses del Olimpo se reencarnaron en figuras humanas, estableciendo su nuevo Olimpo en la Meca de cine. Aquélla fue la era en que Gene Tierney maravilló al mundo.

Gene Eliza Tierney vino al mundo en Brooklyn, Nueva York, un 19 de noviembre de 1920. Sin duda heredó la belleza de su madre, Belle Taylor, una profesora de gimnasia que había contraido matrimonio con Howard Tierney, un joven emprendedor que tras la Primera Guerra Mundial comenzó a trabajar como agente de seguros. Como muchos otros en aquella fabulosa década, Howard pronto prosperó y se convirtió en un adinerado hombre de negocios. Gene era la mediana de tres hermanos, y todos crecieron bajo la férrea disciplina de Howard. A los seis años Gene se mudó junto a su familia a un gran caserío, signo de que las cosas le iban bien a Howard. En su matrimonio, en cambio, no todo iba tan bien. Debido a las constantes peleas de sus padres la joven Gene se refugió en su propio mundo de fantasías. Dicen que la adolescente demostró grandes dotes para la imitación.
Con 15 años la futura actriz se trasladó a la vieja Europa para estudiar durante dos años en un colegio suizo donde aprender francés y saber cómo ser una señorita. En Lausana Gene pasó dos de los años más felices de su vida. Cuando regresó descubrió que su padre había contraido grandes deudas tras un costoso proceso judicial, y que habían perdido la casa de campo. Aun así Howard Tierney era de esos hombres que no se arredraba por las circunstancias. De cara al mundo exterior Howard seguía siendo un tipo elegante y con clase. De hecho en 1938 se permitió darle a su familia un vieja a la Costa Oeste. Allí visitaron los estudios de la Warner Brothers, donde Gene quedó fascinada por la magia de la fabricación de cine. Aunque seguramente hubo alguien más fascinado aún ese día. El director Anatole Litvak quedó impresionado por la belleza de una chica de 17 años llamada Gene Tierney, y le animó a que se hiciera actriz. De hecho le hizo una prueba de cámara, que gustó tanto que los estudios le ofrecieron un contrato estándar, pero a sus padres no les pareció buena idea y no hubo trato. La familia regresó a Connecticut.


La adolescente Tierney posa junto a su amigo

Pero el veneno de la actuación ya corría por las venas de la joven. Aunque su padre quería que fuera una chica de clase alta más que obtuviera un jugoso matrimonio, ella tenía otros planes. Tras la típica puesta de largo de las familias bien Gene viajó a Nueva York para realizar una prueba en Broadway. En apenas un mes la actriz debutaba en el escenario con una pequeña comedia, Mrs. O'Brien Entertains. La obra no obtuvo buenas críticas, pero fueron muchos (incluido algun crítico) quienes quedaron deslumbrados por el magnetismo de la actriz. Tras participar en su tercera obra, The Male Animal, Gene Tierney se había convertido en la nueva sensación de Broadway.
La feliz actriz se encontraba haciendo lo que le gustaba, y cobrando además por ello 750 dólares a la semana, que ingresaba religiosamente en una sociedad de promoción que su padre había creado para ella. Con The Male Animal fueron muchos quienes quedaron prendados de la actriz. Richard Widmark, por ejemplo, vio por primera vez a Gene sobre el escenario de Broadway. Como también lo hizo el todopoderoso capo de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, quién inmediatamente dio instrucciones de que se fichara a aquella deslumbrante joven de ojos verdes. Las puertas de la moderna Babilonia se abrían así para Gene Tierney.


En 1940 Gene debutaba en el cine junto a Henry Fonda en el film del Oeste La venganza de Frank James. Aunque se había esforzado por mejorar y ofrecer una gran actuación, la actriz consideró que en la gran pantalla sonaba como una "Minnie Mouse furiosa". Una revista incluso la tachó como la "peor revelación femenina del año". Pero si algo cuenta en Hollywood más que las críticas es la recaudación, y La venganza de Frank James se reveló como un gran éxito de taquilla. La actriz siguió participando en películas a las órdenes de directores de prestigio como John Ford en La ruta del tabaco o Henry Hathaway en Sundown, una temprana película de propaganda bélica, al tiempo que comenzaba a fumar para hacer el tono de su voz más grave. Con los Estados Unidos ya entrados en guerra Tierney ofrece su primer gran papel glamuroso en El embrujo de Shangai, bajo la dirección de todo un Josef Von Sternberg.

Para entonces Gene había conocido en 1940, en el transcurso de una fiesta, al conde Oleg Cassini, un dandy metido a diseñador de vestuario en la Paramount. Cassini, mayor que Gene, europeo y divorciado, tuvo en la actriz un profundo impacto. El flechazo fue mutuo. Como el mismo Cassini afirma, "quise poseerla porque era una obra maestra". Enseguida se habló de matrimonio, pero todo el mundo parecia oponerse a la idea. Howard Tierney amenazó con declarar a su hija mentalmente inestable, mientras que los estudios se apresuraron a organizarle citas a Gene y a quitarle la idea de la cabeza. Por el momento su relación habría de esperar. Aunque poco después Gene descubriría con horror que el padre que se oponía a su boda tenía una amante. Decepcionada y angustiada, la actriz volvió de nuevo a los brazos de Cassini. El 1 de junio de 1941 la actriz viajó a Las Vegas de incógnito (usando el nombre de Belle Starr, el nombre del personaje que había interpretado por entonces) y allí se casó en secreto con su resplandeciente conde.
Las represalias no tardaron en llegar. Los estudios presionaron a Cassini para que anulara el matrimonio. El se negó y la Paramount le puso en la calle. El furioso padre de Tierney clamó contra ella en la presa. Como respuesta ella deshizo la sociedad de representación de su padre. Pero nuevamente su padre le había traicionado. Los ahorros de la actriz habían sido usados por Howard para tratar de sacar a flote su hundido negocio. Gene decidió no volver a hablarle nunca más. Al poco tiempo sus padres se divorciaron.
A pesar de toda esta sucesión de contratiempos Gene siguió trabajando en todo tipo de papeles y géneros, desde películas propagandísticas como Thunder Birds o Infierno en la Tierra, películas exóticas como El hijo de la furia o comedias como Rings On Her Fingers, en la que había una espectacular escena con Gene en traje de baño. En 1943 trabajaba junto al nunca suficientemente ponderado Ernst Lubitsch en la entrañable comedia romántica El diablo dijo no. Durante el rodaje Gene descubrió que estaba embarazada.
Eran tiempos en que hombres como Oleg Cassini se enrolaban en el ejército y actrices como Gene Tierney hacian campaña para que la gente comprara bonos de guerra y entretenían a los soldados de permiso. Así que cierta noche Gene acudió a la famosa Cantina de Hollywood donde actrices de la talla de Marlene Dietrich o Joan Crawford servían bebidas y bailaban con los soldados. Días después la pobre Gene descubría con horror que había contraído la rubeola. Los médicos aseguraron a la actriz que no tenía de qué preocuparse, con lo que la joven viajó hasta Kansas para reunirse con Oleg en la base militar donde estaba destinado. Allí pasó unos cuantos meses como la feliz esposa de un soldado.


En octubre de aquel año la actriz dio a luz a una niña prematura. La llamaron Daria. Nació siendo parcialmente ciega. Y con horror al poco tiempo descubrieron que era además sortada y sufría un severo retraso mental. Todo a consecuencia de la rubeola. Ante la desesperación de la actriz, su marido le dijo que no había ninguna esperanza para Daria. Impotente, Gene lloró, gritó, como lo haría cualquier madre en su situación. Cuenta Oleg que tuvo que dejar el hospital, sabiendo que Gene nunca volvería a ser la misma.
Algún tiempo después, ya en Los Ángeles, una admiradora se acercó a Gene. Como suele pasar en esos casos, la joven le dijo que era una gran admiradora suya, y que servía con de auxiliar con los Marines. Es más, le confesó que se habían conocido meses atrás, en la Cantina de Hollywood. Y que tal eran sus deseos de conocerla que para ello se había escapado de su base, donde estaba en cuarentena por padecer la rubeola. ¿Cómo enfrentarse a una noticia así? Gene la miró en silencio y se marchó. Su propio éxito le había costado la salud de su única hija. Gene Tierney, amargada, repleta de cólera, sintiéndose culpable, volvió a la Twentieth Century Fox sin ganas de trabajar. Le ofrecieron un proyecto que había sido destinado para Jennifer Jones. Intentó rechazarlo sin éxito. Nada presagiaba que aquella fuera a ser una película distinta. Pero Otto Preminger se puso tras las cámaras y dio al mundo un clásico imperecedero: Laura.
Magia en estado puro. Una actriz cuya vida personal se encuentra en uno de sus peores momentos y que en pantalla refulge como mil soles. Una interpretación magnífica. Viendo a Gene Tierney interpretando a Laura Hunt nadie diría que estaba atravesando tiempos tan duros. Eso es el cine. Como biej dijo Ray Davies: Because celluloid heroes never feel any pain/And celluloid heroes never really die.

Laura
fue el epítome de la misteriosa y exótica belleza y la imagen de chica común y al tiempo inalcanzable que la actriz encarnó a la perfección, y que inspiró a David Raskin una de las bandas sonoras clásicas de la historia del cine. La película fue un tremendo éxito e hizo de Gene Tierney una de las mayores estrellas de su tiempo. Otra gran película no tardó en seguir a Laura. Darryl Zanuck le ofreció a Gene uno de los papeles más codiciados por aquellos días: el de la hipercelosa y obsesiva Ellen del bestseller literario Leave Her to Heaven. Dicho papel fue una de las mejores y más interesantes interpretaciones que nos dejó Gene Tierney. Que el cielo la juzgue nos dejó a la mejor Tierney y una inolvidable y terrena escena en un lago de aguas frías. Por el papel de Ellen la actriz obtuvo su primera nominación al Oscar.


Curiosamente en la vida real Tierney estaba convirtiéndose en una pequeña Ellen. Cada vez sentía más celos de Oleg y siempre tenía alguna sospecha (a la postre fundada) de que su marido la engañaba con otra. Poco a poco su matrimonio se venía abajo, mientras su carrera estaba en lo más alto. Tras la finalización de la guerra fue la primera actriz en dejar sus huellas en el famoso paseo del Grauman's Chinese Theatre. Que el cielo la juzgue constituyó un enorme éxito, al que siguieron trabajos de renombre como El castillo de Dragonwyck, El fantasma y la señora Muir o Vorágine, otra cinta de film noir a las órdenes de Otto Preminger.
Infidelidades, peleas en público, la salud de su hija... poco a poco todas esas circunstancias fueron mellando el ánimo de la actriz. Todo un Howard Hughes, quien en el pasado había tratado (como era habitual en él) de seducir a Gene sin éxito, pagó de su bolsillo a un especialista para los cuidados de Daria. Fue dicho especialista quien finalmente convenció a Gene de que la enfermedad de su hija era incurable y que debía ser recluida en una institución.

Tras semejante golpe emocional el matrimonio entre Oleg y Gene fue a peor. Hughes, mientras, apremiaba a la actriz para que se divorciara y se casará con él, lo que una noche le valió un golpe de Oleg y se tradujo en una espectacular persecución en coche por las calles de Los Ángeles.
Tras separarse temporalmente de Oleg, otro mujeriego entró en la vida de Gene: el futuro presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Pronto entabló una relación con el recién elegido congresista, y le pidió el divorcio a Oleg, quien le aconsejó que se olvidara de un político católico. Gene albergaba esperanzas de casarse con Kennedy, algo que obviamente nunca pasaría. Pero de nuevo la actriz no parece que eligiera al hombre correcto. Como era de esperar, finalmente Kennedy le dijo que no podía casarse con ella. Con el corazón roto Gene volvió a los brazos de Oleg, y en noviembre de 1948 ambos tuvieron otra hija, esta vez perfectamente sana, a la que llamaron Christina.
Con grandes cargas ecónomicas que sobrellevar Gene siguió trabajando. Actuó junto a su previo admirador Richard Widmark en Noche en la ciudad, con Danny Kaye en En la Costa Azul y con Glenn Ford en El secreto del lago. En su vida personal, mientras, el nacimiento de su hija no había servido para mejorar las cosas. Durante el rodaje de Martín el Gaucho junto a Rory Calhoun (sí, el homnre que conmueve el corazón de Montgomery Burns) Gene le exigió a Oleg que se trasladara junto a ella a Argentina. El conde le dijo que su trabajo se lo impedía, y aquella fue la gota que colmó el vaso. Gene comenzó a escribirle confusas cartas a su marido. Al regreso de la actriz a los Estados Unidos Gene y Oleg se divorciaron.

Gene comenzó a notar que algo no iba bien. Comenzó a olvidar cosas, a comportarse de forma errática de vez en cuando. Sin saber exactamente qué le pasaba, decidió seguir trabajando. En 1952 se fue de vacaciones a París con su madre y su hija. Allí conoció a Aly Khan, hijo del potentado Aga Khan. Aly era un famoso playboy que había estado casado con Rita Hayworth. Gene inició una relación con el soltero de oro, y nuevamente pareció que no era el hombre adecuado. El Aga Khan no veía con buenos ojos la relación. Así que cuando Aly le propuso matrimonio a Gene le impuso una dura condición: que abandonara su carrera, su religión y su familia. Tal vez la actriz hubiera abandonado las dos primeras, pero separarse de su familia, por quien tanto había luchado, era impensable. La relación se rompió.
Otro nuevo fracaso sentimental que Gene tuvo que sobrellevar mientras rodaba Sinuhé, el egipcio. Mentalmente inestable, en su siguiente proyecto, La mano izquierda de Dios, la actriz parecía totalmente ida. Su compañero de reparto Humphrey Bogart tenía que murmurarle sus frases, y en los descansos ella se apartaba de todos y se iba a un rincón. El colapso definitivo llegó mientras ensayaba una aparición en televisión. Se desmayó en el estudio y tuvo que ser llevada a su casa. Gene se trasladó a Nueva York junto a su madre. Allí la actriz dormía durante muchas horas, y a menudo sufría alucinaciones. O tal vez se quedaba contemplando un retrato de Daria para luego romper a llorar. Fue entonces cuando su familia decidió internarla en un psiquátrico.

Muchos recordaréis el caso de Frances Farmer. En aquellos años la mayoría de psiquiátricos parecían más un castillo del horror que una institución hospitalaria. Al igual que la malograda actriz a quien homenajeara Kurt Cobain, también Gene Tierney hubo de sufrir aquellos tremendos tratamientos de electrochoque que destruían la mente más que otra cosa. Las cosas empeoraron cuando la trasladaron al Institute For Living, un psiquátrico de irónico nombre en Hartford cuyas habitaciones parecían celdas, y donde continuaron con aquellos tratamientos tan antediluvianos que contribuyeron a las pérdidas de memoria de la actriz. Tras su triste paso por Hartford Gene volvió a Nueva York. Allí un día la actriz se levantó, abrió la ventana y salió a la cornisa del piso catorce donde vivía. Durante unos angustiosos momentos parecía que fuera a suicidarse, pero finalmente volvió a entrar. Una vez más, la actriz fue trasladada a otra institución psiquiátrica, la clínica Menninger, en Kansas. Aunque esta vez sería diferente.
En Menninger los electrochoques quedaron atrás. Con medicación y terapia la actriz comenzó a mejorar, y en 1958 le dieron el alta. La actriz se fue de vacaciones a Aspen, y allí conoció a Howard Lee, un ejecutivo de una petrolera que había estado casado con Hedy Lamarr (era pues un tipo con buen gusto). El flechazo entre los dos fue instantáneo, y ambos comenzaron a salir. Gene regresó a Hollywood, pero las presiones y atenciones que le dedicaban los admiradores y la prensa la condujeron a otra recaída. En Navidad la actriz ingresaba de nuevo en Menninger. Tras más meses de tratamiento los médicos le propusieron que trabajara media jornada en algún lugar cerca de la clínica. Así fue como pronto los titulares de periódicos y revistas anunciaron que Gene Tierney, la gran estrella de Hollywood, trabajaba como dependienta en una pequeña tienda de Topeka, Kansas. Sin embargo la actriz disfrutó la experiencia y le ayudó a salir adelante. A finales de 1959 los médicos le habían dado el alta.


Resulta irónico que mientras Kennedy ocupaba la Casa Blanca Gene Tierney volviera a la gran pantalla con una película como Tempestad sobre Washington, como irónico era también que Oleg Cassini hubiera sido nombrado diseñador personal de Jacqueline Kennedy. Pero nada de eso importaba si Gene tenía a su Howard Lee con ella (ambos se casaron en julio del 59), y papeles que interpretar. Aunque la desgracia no la abandonó del todo: Gene sufrió un aborto de un hijo que esperaba junto a Lee. Tras el estreno de la película con Preminger todo el reparto fue a una cena de gala a Washington. Allí Gene y Jack Kennedy recordaron viejos tiempos.
La actriz rodó algunas películas más, pero pronto se dio cuenta de que su tiempo había pasado. Nuevas actrices jóvenes interpretaban los papeles más jugosos, y una actriz cuarentona tenía difícil seguir trabajando en Hollywood. Su última aparició en la gran pantalla fue interpretando a una mujer celosa en En busca del amor. Desde entonces vivió en un retiro total junto a su marido, tan sólo reapareciendo brevemente en algunos trabajitos para televisión.
Aunque la memoria le siguió jugando malas pasadas de vez en cuando, Gene Tierney vivió feliz el resto de sus días. En 1981 perdió a Howard Lee, pero logró salir adelante. La actriz que un día había comenzado a fumar para dotar de carácter a su voz fallecía poco antes de cumplir los 71 víctima de un enfisema. Nos dejaba el legado de una gran actriz, grandes clásicos y el rostro de una estrella inmortal cuya belleza nunca se marchitará.

3 comentarios:

Psicodeliazombie dijo...

Es hipnotizante vislumbrar las fotografías de esta belleza... Verla en directo debió ser impactante para cualquier hombre...!!!

Milgrom dijo...

Una de las dos mujeres más bellas de la historia del cine (para mi la otra es Hedy Lamarr). Increible mujer.

Fantomas dijo...

Sencillamente preciosa.

Buen trabajo.
Saludos.