lunes, 28 de abril de 2008

Garras humanas (1927)

Esta es una historia que cuentan en el viejo Madrid...

La unión de dos talentos como Lon Chaney y Todd Browning nos dejó algunos de los mejores títulos del cine mudo, de los que lamentablemente no todos se han conservado. La increíble destreza interpretativa y mimética de Chaney eran el contrapunto perfecto para las oscuras tramas de Browning, y en muchos casos actor y director colaboraron estrechamente para crear un clásico de la fantasía y el terror tras otro. En el salto del mudo al sonoro Browning perdió a Chaney aunque paradójicamente fue entonces cuando se ganó la inmortalidad dirigiendo a Bela Lugosi en Drácula. Pero para entonces los dos amigos ya nos habían dejado su film más retorcido, Garras humanas.

Resulta terrible pensar que durante mucho tiempo Garras humanas era casi una leyenda urbana, una película perdida que circulaba por los mercadillos más extraños en una copia de baja calidad. Como sucede a veces en estos casos el milagro se produjo y se localizó una copia en 35mm y casi completa en Francia. Así lo que hoy podemos ver no es el film tal como se estrenó en su día, pero los apenas 50 minutos de metraje bastan para quedarse maravillado.

Como reza la introducción del film, la historia se desarrolla en España. Browning localizaba de nuevo la trama en su querido circo, esta vez en un circo de gitanos donde las grandes estrellas son Malabar, un hércules que dobla barras de hierro y levanta grandes pesos, y Alonso ("Alonzo the armless" en la versión original), un hombre sin brazos que con los pies dispara un rifle y lanza cuchillos a su ayudante Nanon, la bella hija del dueño del circo.
En principio lo que narra Garras humanas es una suerte de triángulo amoroso, pero obviamente tratándose de Todd Browning todo resulta de lo más enfermizo. Nanon es la clase de mujer que volvería loco a cualquier hombre, una belleza morena a la que sin embargo domina una extraña obsesión: sufre una aversión a las manos de los hombres, y odia ser tocada por ellos. En el otro lado tenemos al forzudo Malabar, un apuesto musculado bastante bonachón y que está perdidamente enamorado de Nanon, pero cada vez que éste se acerca a ella o intenta tocarla es rechazado de forma tajante. Por supuesto el tercer elemento en discordia es Alonzo, que se ha convertido en una especie de confidente de Nanon, puesto que al carecer de brazos es al único que no teme. Pero en realidad Alonzo está perdidamente enamorado de Nanon, de una forma obsesiva, aunque la ama en secreto. Y precisamente es un gran secreto el que esconde Alonzo, y que sólo su pequeño compañero Cojo conoce.

Como veis no estamos ante la típica historia de amor al uso. Las retorcidas connotaciones sexuales son más que patentes, y el devenir de la trama confluye en un psicótico clímax de sideshow y horror psicológico, tan o más impactante como el de la celebérrima cinta de culto Freaks. Un Lon Chaney libre de todo maquillaje que se muestra magnífico a lo largo de toda la cinta hace suyo el momento de máxima tensión dramática, desplegando en unos pocos planos toda una serie de intensas emociones que demuestran no sólo el por qué de su gran popularidad en los años del mudo sino que dejan patente también el gran intérprete que fue. Inconmensurable.
Chaney se puso una vez más las cosas difíciles en el rodaje, y esta vez tenía que llevar durante la mayor parte del tiempo un incómodo corsé, aunque la mayoría de escenas en la que trabaja con los pies fueron dobladas por Paul Desmuke, un auténtico lanzador de cuchillos que nació sin brazos, lo cual no le impidió llegar a trabajar también como juez de paz.
Aunque obviamente es Laney quien se lleva todas las escenas, destacan en el reparto una jovencísima Joan Crawford que interpreta a Nanon y que se estaba labrando su ascenso hacia el estrellato más pasado de vueltas. El enano John George, que participó en casi todas las películas de terror y fantásticas de los años 30, y que en años subsiguientes aparecía en los estudios siempre que se requiriera a alguien de corta estatura, está también impecable como la mano derecha (perdonen la incorrección) de Alonzo, el pequeño Cojo.

Garras humanas constituyó un éxito de público (no hay que olvidar que Lon Chaney era una de las grandes estrellas del mudo) pero la crítica atacó furibundamente el film, como ocurriría posteriormente con Freaks, que al no contar con alguien como Chaney se hundió en la taquilla. En ambas películas Browning demuestra que estaba adelantado a su tiempo, y que sus impactantes y macabras puestas en escenas tenían más sentido en un mundo que hubiera conocido los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la tensión de la Guerra Fría. En Garras humanas Browning demostró ser todo un maestro del horror psicológico, y que a pesar de toda la casquería actual y de los excelentes efectos especiales la gran parte de cintas de terror actuales languidecen en comparación con las excelentes pesadillas freudianas de Browning. Seguramente no se volvió a ver algo así en las pantallas hasta el Psicosis de Hitchcock.
Lo cierto es que resulta terriblemente excitante poder sentirse incómodo viendo películas como ésta, al tiempo que uno disfruta de la belleza de toda una Crawford y se emociona con el talento de todo un Chaney. Terror de la vieja escuela para seguidores del amor menos convencional. Garras humanas, todo un clásico del mudo.

Leer critica Garras humanas en Muchocine.net

2 comentarios:

Fraentic dijo...

interesante...

gracias por despertar al gusanillo del cine mudo, se ve que estaba durmiendo desde que vi el Acorazado Potemkin =)

banderas dijo...

Lon Chaney... casi nada... tendré que buscarla en algún lado, porque este hombre marcó un época.

Por cierto,acabo de dejarte un “regalito” en mi último post… tú verás qué haces con él… Je!Je!

No te sorprendas tanto porque te lo mereces.