domingo, 27 de abril de 2008

Fiebre del sábado noche (1977)

1977 vio el nacimiento de dos iconos modernos: la galaxia de Star Wars y Tony Manero. La fiebre disco, con sus zapatos brillantes, pantalones de campana, cadenas doradas y grandes solapas se extendió por el mundo como la peste. Quién sabe cuantos de jóvenes bloggers fueron concebidos tras una noche de bailes al ritmo de los Bee Gees. Y es que en 1977 todo el mundo quería ser Tony Manero.

Un tal Nik Cohn publicaba en junio de 1976 un artículo en el New York Times sobre la vida y rituales de una nueva tribu urbana que campaba por las discotecas de Manhattan moviéndose al ritmo de una curiosa mezcla de sonido Philadelphia, soul y funk flácido. La música disco había nacido y con ella toda una nueva cultura con jóvenes dispuestos a entregarse a la pasión del baile. Tribal Rites of the New Saturday Night fue el título del artículo que inspiró Fiebre del sábado noche, aunque veinte años después su autor confesara que fue todo una invención. Algo de verdad habría supongo, y si no fue así, lo cierto es que después del estreno del film sí la hubo.

Si la vida de John Travolta ya se había vuelto difícil tras conseguir una enorme popularidad entre jóvenes y adolescentes (especialmente entre ellas) tras su participación en la serie Welcome Back, Cotter, su personaje de Tony Manero la volvió imposible. De repente Travolta se convirtió en el personaje más popular de la Tierra. Y es que seguramente nadie podría haber encajado mejor en el papel del carismático chulo Manero, el rey de las pistas de la discoteca 2001 Odyssey (una discoteca que existió realmente, por cierto).
Travolta ya tenía un pasado como bailarín, pero para el papel de Manero se preparó de forma concienzuda, haciendo ejercicio y bailando durante tres horas diarias. De hecho en un determinado momento del rodaje amenazó con dejarlo todo si una escena de baile en la que había trabajado especialmente era eliminada. Por supuesto la escena (
"You Should Be Dancing") se quedó.

Jóvenes de clase obrera que viven con sus padres y se ganan la vida como pueden en trabajos de larga jornada y con un sueldo más bien magro, y cuyas vidas no parecen tener un futuro especialmente brillante. Pero cualquier pena o tribulación queda atrás los sábados por la noche. Es entonces cuando esos jóvenes se convierten en los amos de la pista, se sienten a gusto y dilapidan sus pequeños sueldos en las discotecas de la ciudad, bebiendo alcohol, tomando drogas, bailando hasta desfallecer y tratando de llevarse a alguien del sexo opuesto a la parte trasera de un coche. Y en una discoteca de Manhattan el rey de esos jóvenes se llama Tony Manero.
Manero es un italoamericano cuyo padre está en paro y cuya beata madre siempre le está recordando lo bueno que es su hermano mayor, que se ha hecho sacerdote y se ha ganado el respeto de la comunidad. Sin embargo Manero tiene posters de Rocky, Serpico y otros héroes del momento en su habitación, y su mente está más preocupada de sus trajes, sus pases de baile y su pelo que en el poder de arriba. Si algo hay que Manero se tome en serio, más que las relaciones con las mujeres o el trabajo, es el baile. ¡No oses llegar tarde si has quedado para ensayar bailes con Tony Manero! Ese es el mundo de Fiebre del sábado noche. Bailes, sexo machista, sudor, solapas... un amigo de Manero, el joven Bobby (Barry Miller, ¡chocante era verle en su fugaz aparición en La última tentación de Cristo!), a quien nadie parece tomar en serio y que está preocupado por que ha dejado embarazada a una chica. Peleas con bandas latinas. Juventud y testosterona en grado máximo.

Todo comenzará a cambiar para Manero cuando conozca a su alterego en versión femenina, una reina de la pista llamada Stephanie. Tras verla bailar Manero le propondrá que sea su pareja para el próximo concurso de baile en la Odyssey. Ella, tras cabilarlo un poco, acepta. A Manero no le duelen prendas en echar con cajas destempladas a su previa pareja de baile, una sencilla chica que bebe los vientos por Manero.
Por supuesto desde un principio Manero tratará de seducir a Stephanie, pero se encontrará con que esa es una chica distinta a las que está habituado, y que de fácil tiene poco. Su relación tendrá que ceñirse sólo al baile. Aunque Manero en el fondo no perderá la esperanza, aceptará el tratado, obsesionado por dar lo mejor de sí en el concurso.
En el transcurso de los ensayos Manero irá conociendo a Stephanie mejor. Es una chica que bien pudiera haberse criado en un barrio como el de Manero, pero que luchó para salir de esa ratonera social, y dejó su particular Brooklyn por Manhattan. Cuando el hermano mayor de Tony regrese tras haber dejado atrás sus votos, comenzará a plantearse el significado de su vida, sus amistades, su entorno; en definitiva, su futuro. Y todo eso mientras los hombres le envidian y las mujeres le desean, bailando en las pistas del Odyssey. ¿Llegará a cambiar la vida de Tony Manero?

Evidentemente Fiebre del sábado noche no habría sido igual sin la BSO que la acompañaba. Amén de algún son popular del momento como ese "Disco Inferno" de 50 Cent lo que destaca es la estupenda obra de los Bee Gees, lo mejor que hicieron en sus vidas los hermanos Gibb. Temas como
"How Deep Is Your Love", "More Than A Woman", "Night Fever", "You Should Be Dancing" o, sobretodo, la inmortal "Stayin' Alive", hacen del disco una maravilla que se convirtió desde el momento de su publicación en una de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, cosechando un éxito sin precedentes que sólo pudo ser superado por el señor Michael Jackson.

Un espectacular traje blanco, un dedo apuntando al cielo... esa imagen ya clásica ha entrado a formar parte del Panteón icónico de Hollywood, junto a una Marilyn a la que se le vuelan las faldas o un John Wayne con un rifle en una mano y una silla de montar en la otra. No soy aficionado de los bailes por lo general, y menos aún en las discotecas actuales, pero, ¡no me importaría ser Tony Manero por un día!

2 comentarios:

Belén dijo...

Que gracia, ayer estaba hablando con unos amigos sobre la estética de los 70´s en Zaragoza, que eras o pijo o macarra... y por supuesto los macarras eran con pantalones de pata de elefante y marcando paquete... acabamos diciendo que Manero había hecho mucha pupa en la imagen de ellos, pero... que encantadores eran verdad?

Besicos

Castigadora dijo...

Recuerdo la primera vez que la ví, me encantó, yo era muy chica, pero, ahora reconozco que es una película digna de mención, se convirtió, como dices, en un icono y siempre ha sido recordada y parodiada, que es todo un mérito después de tanto tiempo.

Un post sensacional