miércoles, 23 de abril de 2008

El malvado Zaroff (1932)

El cazador cazado. La presa en esta ocasión es el animal más peligroso de todos: el hombre. Cuando un experto cazador de safaris (Joel McCrea) alcance una perdida isla del Pacífico como único superviviente de un naufragio, descubrirá que ser la presa no es nada divertido.

Basada en un popular relato corto de Richard Connell, El malvado Zaroff dejó una huella indeleble en el imaginario colectivo, de tal modo que su historia ha sido constantemente revisada una y otra vez a lo largo de las décadas en forma de distintos largometrajes, desde el A Game of Death de Robert Wise hasta la sorprendente Juego de supervivencia, ya en plena década de los 90. Nótese que a pesar de las semejanzas La presa desnuda no debería ser incluida en esta categoría puesto que se basa en hechos reales.
La producción de la RKO es una película de aventuras imbuída de un notable horror gótico, producto sin duda de la enorme popularidad en aquellos días de los terrores de la Universal. Los magníficos decorados de la mansión del conde Zaroff recuerdan a las oscuras estancias del Drácula de Bela Lugosi, y el propio malvado responde a esa mezcla de elegancia aristocrática y refinada perversidad, aunque probablemente esta características ya pudieran encontrarse en el personaje original de la historia.
Los recargados decorados de exteriores resultan igual de familiares, aunque en esta ocasión la razón es la simultaneidad de rodajes tan típica de la época. Rodada al mismo tiempo que King Kong, muchos de los decorados de El malvado Zaroff pueden ser vistos también en el clásico del gran gorila. Mientras por el día se rodaba King Kong, por las noches llegaba el turno para las locuras del conde Zaroff. Dicho plan de rodaje obligaba en muchas ocasiones a rodar durante todo el día a Fay Wray y Robert Armstrong, quienes también participaban en King Kong.

Seguramente fuera intención de Richard Connell realizar un alegato contra la caza deportiva de animales, pues en el film son varios los diálogos en que se cuestiona dicha práctica, y la historia en sí misma resulta un claro alegato en contra de la matanza de tigres, antílopes y demás fauna. Tras visionar El malvado Zaroff no deja de sorprenderme que no haya sido abanderada por las asociaciones ecologistas, y no busquen en mis palabras ironía alguna. Como estudio sociológico o ensayo sería estupendo leer un trabajo sobre El malvado Zaroff como primeriza (aunque tangencial) muestra de ecologismo en Hollywood.

Aparte de la recordada scream queen Fay Wray y la cómica interpretación alcohólica de Armstrong destaca por méritos propios el actor Leslie Banks como un inolvidable Zaroff. Banks era un actor de lo más atípico, una especie de estrella freak, cuyo lado izquierdo de la cara quedó desfigurado durante la Primera Guerra Mundial, pero que no le impidió desarrollar una prolífica carrera en Hollywood. En cierto modo, según que lado del rostro cogiera la cámara, podía ser un perfecto villano o un tierno galán. Su regio porte, su frialdad y sus expresiones más sicóticas hacen de su Zaroff uno de los villanos por excelencia del cine. Igual de terroríficos son sus fieros perros de caza (grandes daneses que pertenecían a Harold Lloyd) y sus sirvientes cosacos.
La película fue codirigida por Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, este último artífice también de King Kong junto a Merian C. Cooper. El propio Cooper ejerció de productor asociado en esta película junto a David O. Selznick, y el papel de Armstrong fue obra directa de Cooper, quien detestaba la imagen amable que del alcohol se había dado en la gran pantalla. No deja de ser curioso que años después se asociara con el bebedor John Ford. La música corre a cargo del ínclito Max Steiner, con el sonido de los cuernos de caza como pequeño leifmotiv; es un sonido que no deja de recordarme a la magnífica banda sonora de Los vikingos.

I was thinking of the inconsistency of civilization. The beast of the jungle, killing just for his existence, is called savage. The man, killing just for sport, is called civilized. It's a bit inconsistent, isn't it?

3 comentarios:

Fantomas dijo...

Gran película, un clásico olvidado en el tiempo.

Buen comentario.
Saludos.

Valdemar Daninsky dijo...

Desde luego, está muy bien integrada la cita de G. B. Shaw: "Cuando el hombre mata al tigre lo llaman deporte, cuando el tigre mata al hombre lo llaman ferocidad". Y no sé si Carlos Saura ahbía visto esta película antes de filmar "La caza" pero es inevitable pensar en el diálogo sobre el poco reto que hay en cazar conejos y la emoción que da luchar contra un adversario inteligente.
Aparte del mensaje ecologista, del que se podría hablar bastante, esta película no teme meterse en ciertas profundidades de la mente humana y sacar mucho de ellas. Gran mérito.
He de añadir que la he visto hace poco, pero el relato lo había leído allá por la noche de los tiempos,con XV o XVI años; una edad a la que algunas lecturas dejan huellas imborrables.

Möbius el Crononauta dijo...

Yo nunca he leído la novela, pero la trama siempre me ha parecido fascinante. Y por eso me han gustado en más o menor grado muchas revisitaciones de la historia, aunque sean de peor calidad.

Un saludo y gracias por comentar