martes, 25 de marzo de 2008

Shaft (1971)

Bien, chicos y chicas, colocaros bien las patillas y los peinados afros y enfundaros en vuestros pantalones de campana y chaquetas de cuero, porque es hora de patearse las calles de Harlem en pos del detective más cool de todos los tiempos; el único e inimitable John Shaft. Can you dig it?

Es 1971 y los tiempos de Hattie McDaniel quedan muy lejos. La comunidad negra se ha dejado oír, y entre Vietnam y la lucha por la igualdad de derechos ha habido muchas broncas y muchos conflictos sociales. Disturbios, fuego, los Panteras Negras hablando de responder a los golpes... evidentemente toda aquella excitación había de tener antes o después un reflejo en el mundo del cine. Sweet Sweetback'sBaadasssss Song, el film de Melvin Van Peebles, fue la primera señal de que había un nuevo género listo para ser servido a la comunidad negra y, en realidad, a todo aquél que estuviera dispuesto a altas dosis de acción, sexo y lenguaje callejero. La Blaxploitation era un género hecho por negros para, teóricamente, un público negro. Se habían vuelto las tornas, y en ésta ocasión los héroes eran de color caoba, mientras que los blancos eran los villanos o los tontos. Seguramente Martin Luther King no habría aprobado la imagen que se daba de los de su raza en aquellos filmes, pero lo cierto es que reportaban dinero, y si para ello había que llenar la pantalla de poderosos narcotraficantes, rudos detectives y tíos superduros dioses del sexo, pues se llenaba y punto. Y aquel 1971 el gran boom que daría a conocer al mundo el nuevo género llevaría el nombre de John Shaft.

Titulada en estas tierras como Las noches rojas de Harlem, la película que presentó a Shaft al mundo era producto de una figura atípica, la de Gordon Parks, un hombre hecho así mismo que se labró un gran prestigio trabajando como fotógrafo para la revista Life tras la Segunda Guerra Mundial. Su estilo visual y la temática de sus trabajos (centradas en muchas ocasiones en denunciar desigualdades sociales y la otra realidad de las calles) impactaron a unos bienpensantes lectores de la famosa revista que seguramente nunca habían visto a pandilleros callejeros de Harlem, a trabajadores de color con pintas de ser viejos sirvientes o a niños moribundos en las favelas brasileñas. Por supuesto durante los años 60 Parks retrató a los grandes "hermanos" de su tiempo como el reverendo King, Mohamed Ali o a Malcom X, aunque por supuesto también trabajó en todo tipo de encargos, como el de retratar a una de las damas de sociedad por excelencia, Gloria Vanderbilt.
Mucho se podría decir de Parks, pero de momento bastará con decir que en 1969 fue el primer afroamericano en dirigir para una major, en este caso la Warner Brothers, cuando adaptó para el cine The Learning Tree, un libro poemario escrito por él mismo algunos años atrás. Su siguiente proyecto sería, claro que sí, la historia de un superdetective que se enfrenta al difícil día a día en las calles de Harlem.

Otro de los elementos imprescindibles de la película es su distintiva banda sonora, sin la cual una película como Shaft habría sido muy distinta. En aquellos primeros títulos de Blaxploitation aparte de los elementos fílmicos destacaban unas excelentes bandas sonoras compuestas a cargo de grandes nombres de la música negra como James Brown o Curtis Mayfield. En este caso tenemos la canción Blaxploitation por excelencia, con una mítica introducción a base de wah wah que se reconoce en cualquier lado. Y es que el talento del Moisés Negro es tan brillante como su calva cabeza. Isaac Hayes fue el hombre que le dio el toque distintivo a la película aportando su talento y una música que encajaba perfectamente con el tono de la historia. En un principio Hayes se había presentado a las audiciones para el papel de Shaft, y aunque no lo logró sí consiguió el encargo de componer la banda sonora. Y los resultados difícilmente podrían haber sido mejores.

Caminando por las calles de Times Square, entre los rascacielos y las tiendas, los coches y los cubos de basura, aparece John Shaft al potente ritmo de la música de Hayes. He aquí cuando vemos al tercer acierto de la película: su protagonista. Resulta casi imposible imaginarse a otro actor interpretando al detective negro; aunque en ese extraño remake Samuel L. Jackson fuera un sobrino, nada puede hacer frente al magnetismo y el carisma del único Shaft posible, el inimitable Richard Roundtree, quien supo dotar al personaje de la chulería, fuerza y simpatía precisas para modelar a un icono 70's a la altura del Tony Manero de Travolta. El Shaft de Roundtree era una especie de respuesta negra al James Bond blanco: al igual que el agente al servicio de Su Majestad, el detective tenía tiempo para el amor mientras trataba de resolver sus casos en las duras calles del Harlem. Blancas o negras, por supuesto todas las mujeres caían rendidas a los pies del macho man de ébano.

Pasearse por el mundo de Shaft es como dar un seguro paseo por unas sucias y violentas calles repletas de chulos, camellos, prostitutas y mafiosos, a los que el detective se quita de enmedio con su estilo particular.
Caminando de un lado para otro Shaft habla con sus contactos repartidos por toda la ciudad (desde el quiosquero ciego hasta el chivato interpretado por el mítico Antonio Fargas), visita a sus amantes y se mete en unas cuantas peleas. En la primera película un capo de la mafia negra de Harlem le encarga a Shaft que encuentre a su hija secuestrada. En realidad el secuestro de la niña es una especie de McGuffin à là Parks, pues de lo que se trata aquí es de ver a Roundtree pateando unos cuantos culos y seduciendo a dos o tres mujeres. Y todo ello con un estupendo pulso narrativo y un convincente retrato de las calles de Nueva York que calaría hondo en películas posteriores y sobretodo en las grandes series de policías y detectives de los 70 como Starsky y Hutch, aunque paradójicamente la serie inspirada en el film fue un rotundo fracaso y apenas duro unos cuantos capítulos.
La conciencia negra es una constante a lo largo de toda la cinta. Aunque en películas posteriores cargarían más las tintas contra los blancos, en Shaft tanto héroes como villanos son de color, (bueno, hay también unos cuantos mafiosos italianos), pero podemos encontrar en el sargento de policía Hannon al único personaje blanco de relevancia, y cuya única función es la de bailar al son del detective Shaft y aguantar las bromas y desplantes de éste, cosa que seguro hizo las delicias de la audiencia negra.

Con todos esos ingredientes no resulta de extrañar que Shaft fuera un gran éxito que lograra recaudar mucho más que lo que costó producirla. La película de Gordon Parks abrió los ojos a muchos productores y cineastas que se lanzaron a una frenética carrera para conseguir su porción del pastel de Blaxploitation antes de que el fenómeno se disipara (cosa que no tardó en ocurrir). El propio Parks rodó una secuela, Shaft vuelve a Harlem, aunque ya nada tuvo que ver en la delirante Shaft en África. Como ya he comentado, la serie de televisión dio para poco.
John Shaft, un hombre (negro) para la eternidad.

4 comentarios:

Milgrom dijo...

Ya estamos de vuelta, y que mejor que darle caña y revisar de nuevo Shaft y al bueno de Isaac Hayes para ir entrando de nuevo en la rutina...

Fantomas dijo...

Nunca he visto esta cinta, solo vi el malísimo remake de Samuel L. Jackson. Según tu reseña, es un film que vale la pena ver.

Saludos.

malditoescritor dijo...

Yo estoy como fantomas. No se si jugarmela.

Saludos.

Muhamaad Alí y José Legrá dijo...

Hay Blaxploitation mucho mejores como "Superfly" "The Mack" ó "Sweet Sweet back´s bad asssssong",que no són tan conocidas.