martes, 4 de marzo de 2008

La presa desnuda (1966)


Entre los números flashbacks brumosos que me retrotraen a mi infancia se encuentra la imagen de Cornel Wilde en taparrabos perseguido por un grupo de negros con muy mala leche. Es una imagen de esas que se le quedan a uno grabadas, pero que con el tiempo olvida de dónde demonios salió. Pasé bastante tiempo tratando de dar con el título de la película, y tras investigar acá y acullá por fin resolví el caso. El resultado fue de hora y media de puro entretenimiento. Ni mensajes lapidarios, ni planos ciclópeos, ni interpretaciones legendarias. Tan sólo un tipo escapando de un puñado de guerreros tan incansables como hijoputas.

Cornel Wilde se encargó de dirigir y protagonizar La presa desnuda, una historia basada en el caso de real de John Colter, del que hablé no hace mucho. Sin embargo para abaratar costes y dado que el gobierno de Sudáfrica ofreció todo tipo de facilidades la persecución se trasladó de la Norteamérica colonial al África colonial.
Wilde
es un guía de una expedición de caza. El ricachón que paga el safari es el típico blanco embebido de sí mismo que no respeta nada que sea indígena. Cuando se topan con un guerrero que amablemente les pide un regalo para que puedan cazar en sus tierras, el gordito orgulloso le echa con cajas destempladas, desoyendo los consejos del guía. Poco después la ofendida tribu no tardará en caer sobre ellos. Mientras la mayoría de los porteadores nativos huyen (una regla fundamental en Hollywood) los blancos y alguno de sus desdichados ayudantes subsaharianos son apresados. El jefe de la tribu va decidiendo el destino de cada uno, a cada cual más cruel. El guía, tal vez por haber mostrado respeto a las costumbres del lugar, tendrá una oportunidad: tras ser desnudado, se le dará cierta ventaja antes de que una partida de guerreros salga en su busca. Comenzará así la caza del hombre.
La presa desnuda es una película sin pretensiones, sencilla, eficiente, y entretenida. Tal vez el American Film Institute no haya decidido preservarla ni Cornel Wilde tenga clubes de admiradores, pero yo le tengo mucho cariño a este pequeño clásico.

3 comentarios:

Higronauta dijo...

La conseguí hace poco y no conseguía que subiera puestos en mi lista de pendientes. Hasta ahora.

Möbius el Crononauta dijo...

No creo que te defraude. Yo aprendí a no despreciar las costumbres locales en el extranjero con esta película.

JohnSteve dijo...

Si hubiesen sabido aprovechar las infinitas posibilidades que la puesta en escena ofrecía este material sería una obra maestra. Curiosamente, una peli tan abstracta fué nominada al oscar ¡al mejor guión!.
De todas maneras es excelente, y con una visión más auténtica de Sudáfrica de lo que estamos acostumbrados al ver en documentales.