miércoles, 19 de marzo de 2008

Glengarry Glen Ross (1992)


Éxito. ¿Giran nuestras vidas entorno a esta palabra? ¿Hablamos de un mismo concepto, o hay distintos tipos de éxito? Quisiera pensar que lo ideal sería que el único éxito que contara fuera en aquello que nos hace felices y nos hace sentir vivos. Ninguna búsqueda del éxito debiera ser forzada. Pero en un sistema en que el dólar reina la palabra clave lo es todo. Y, lamentablemente, en la mayor potencia mundial parece que el éxito tiene mucho que decir. Glengarry Glen Ross es una terrible disección de la presión a la que ven sometidos muchos tipos de vendedores (en este caso, de parcelas y terrenos) en su contínua, triste y nunca satisfecha búsqueda del éxito en forma de ventas. Como una especie de Sísifo moderno, una vez realizada una venta, por muy jugosa que sea, no hay tiempo para el descanso. Es el ABC del vendedor: Always Be Closing. Hay que vender. Siempre. Al precio que sea. Es la adaptación moderna del "muerte o gloria" de aquel viejo cuerpo de lanceros británico. Vender o morir, el lema del vendedor moderno.

¿Es James Foley, el director de Pasión obsesiva, el mismo que dirigió la excelente Glengarry Glen Ross? ¿El mismo que dirigió vehículos para Madonna, Max Wahlberg o Chow Yun-Fat? Amigos, creo que hay un clon de Foley suelto que va dirigiendo películas de estudio en estudio.
Glengarry Glen Ross es quizás la más aclamada de todas las adaptaciones de su obra que David Mamet haya llevado a la pantalla. Basada en la obra teatral del mismo nombre, el guión de la película (me pregunto si habrá cambiado alguna coma de sitio) es excelente, al cual sin duda acompaña la dirección de Foley, a todas luces mucho más consistente que la del debut de Mamet como director en Casa de juegos. Al igual que ocurre con adaptaciones como Doce hombres sin piedad, cuando uno ve Glengarry Glen Ross podría afirmar que es una representación teatral rodada en diferentes planos. Es sin duda la típica sensación que uno tiene al contemplar una historia que se desarrolla casi en su totalidad en un mismo escenario.

Es por ello que uno se pregunta si las cualidades del film son realmente de tinte cinematográfico, o si más bien ante lo que nos encontramos es ante un magnífico escrito y un reparto sencillamente espectacular. Yo juraría que hay más de lo segundo que de lo primero, pero al fin y al cabo poco importa: nos encontramos ante un trabajo imprescindible. El trabajo coral de todos los actores realmente impresionante. Creo que no me impresionaba tanto un reparto desde que viera El coloso en llamas, aunque en este caso la baza era sobretodo el gran número de estrellas que se aglutinaban en una pantalla.

La primera vez que vi Glengarry Glen Ross fue una madrugada, años ha, en ese segundo canal que aparte de documentales sobre animalitos y florecitas también ofrece a horas intempestivas mucho cine de calidad y en muchas ocasiones en versión original. Y es que tiempo después vi la versión doblada y el impacto era mucho menor. Una obra de corte teatral con diálogos tan enérgicos como los que pronuncian a ritmo de ametralladora los personajes pierde mucho si se dobla al castellano. Así que recomiendo su visionado en V.O.

En una firma subsidiaria de una gran empresa inmobiliaria llega un ejecutivo enviado desde la central, donde al parecer cunde la alarma debido al bajo número de ventas. Los vendedores se quejan de la baja calidad de las fichas que le son otorgadas. Dichas fichas son nombres y números de teléfonos de clientes potenciales para la compra de terrenos acá y acullá, y tendrán una importancia clave en el devenir de la trama. Así pues la tarea de los vendedores es vender terrenos que quizás no valgan mucho a clientes que no están dispuestos a comprar.
Blake, el ejecutivo venido desde Mitch & Murray (la agencia inmobiliaria), es la imagen del éxito. Conduce un BMW, lleva un reljo de oro y factura miles de dólares al año. Despiadado, duro, amoral. ¿Son ésas quizás las claves de su éxito? Como un profesor psicótico Blake reñirá a los vendedores y les recordará su única misión en la vida: vender. Y de paso les hará saber que tienen dos días para vender lo que se espera de ellos. El que más dólares facture ganará un deportivo. El segundo ganará un juego de cuchillos. El tercero será despedido. De ese modo los vendedores serán puestos en una situación límite que sacará lo peor de ellos mismos. Merecerá por tanto detallar brevemente a esos personajes que asisten a la charla de Blake.


Blake, pelotas de latón

John Williamson es el joven director de esa oficina de la Mitch & Murray. Tras sus gafas y su aparente calma se esconde una poderosa ambición. Williamson acatará cualquier orden que venga de la central. Debe de ser esa clase de personas que no ve ningún sentido a la palabra "compañero". Al final verán de qué pasta esta hecha este hombre.
El gran ausente en la charla es Ricky Roma, el vendedor más exitoso en ese momento de la agencia que dirige Williamson. Parece dotado del don de la palabra. Sentado en un restaurante engatusa a un cliente mientras sus compañeros aguantan la ira de Blake. Roma podría ser un siguiente Blake, ya que no duda en mentir o usar cualquier artimaña con sus clientes si cree que ello le ayudará a realizar una venta. ¿Acaso no es ése el patrón de todo buen vendedor?
George Aaranow parece un hombre en el momento y sitio equivocados. Durante toda la película anda como perdido, tratando de buscar el apoyo de uno u otros. Es una persona gris, de esas a la que uno le aconsejaría que cambiara de oficio. Él mismo afirma odiar su trabajo.
Dave Moss, un hombre orgulloso que no para de hablar y de hacer grandes planes. Su respuesta a la política de la empresa será devolverles el golpe. Pero Moss parece de esa clase de personas que arrastran consigo a otros que les hagan el trabajo sucio.
Shelley "The Machine" Levine. Un viejo vendedor que parece aferrarse todavía a las viejas tácticas del puerta a puerta y las llamadas al azar. En su día tal vez fuera un exitoso Blake, pero ahora parece acabado. Sus problemas personales le agobian, y en todo momento parece encorvarse ante el peso de la vida. Desesperado, tomará una decisión arriesgada. Y quizás, tan solo necesitaba algo de confianza para seguir adelante.


Gran, gran Lemmon

La interactuación entre estos personajes y los brillantes diálogos hacen de Glengarry Glen Ross una auténtica joya, una de esas obras que se le quedan a uno en la retina para siempre. Y es que hasta los propios actores quedaron encantados de participar en un proyecto así. No resulta difícil imaginar que el guión fuera el cebo jugoso que juntó a tan poderoso plantel de actores. En determinados momentos tal vez sea difícil destacar a unos sobre otros, aunque todavía hay clases y son dos (quizá tres) los que deban ocupar el podio interpretativo de la película. Y la medalla de honor sería para el más veterano, el (todos en pie) magnífico actor Jack Lemmon, demostrando que merecía mucho más que aquellos pequeños papeles a los que parecía confinado por aquellos años. No negaré que películas como Dos viejos gruñones eran divertidas, pero alguien de su talla podía aportar mucho a un proyecto, y Glengarry Glen Ross es prueba de ello. Su retrato del viejo vendedor Levine ha marcado un antes y un después, convirtiéndose en referencia obligada y en un icono desde entonces. Buena prueba de ello es ese personajillo de Los Simpson desesperado siempre por vender, inspirado directamente en su personaje de Levine. El mismo Lemmon le puso voz en su primera aparición en la serie.
El segundo en discordia sería Al Pacino, otro grandísimo actor, que brilla con luz propia metiéndose en el papel del chulo Roma, el vendedor con todo tipo de trucos bajo la manga y con una filosofía de vida basada en la noción de ir siempre hacia delante, sin importar lo que uno sea o lo que haga. Su conversación con el cliente en el restaurante deja pocas dudas.
El también estupendo actor Kevin Spacey (el moderno Lex Luthor y demás, ¿dónde está el hombre de papeles interesantes?) interpreta al frío Williamson, la rata de oficina que no es más que la voz de su amo. Aunque no goza de tantas escenas como Pacino o Lemmon, las pocas que tiene las aprovecha muy bien, como ese terrible diálogo final con el personaje de Lemmon.
Los otros dos vendedores restantes son también dos grandes actores, ya que aguantar planos frente a dos colosos como Lemmon o Pacino dando lecciones de interpretación a cada segundo es digno de elogio. Y es que Ed Harris siempre ha sido un actor sólido, y por lo tanto sólida es su caracterización del soñador Dave Moss. El actor de carácter Alan Arkin, que tras muchos años logró el reconocimiento oficial gracias a Little Miss Sunshine, quizás sea el que tenga un papel más ingrato, pero su poca lucidez en pantalla es prueba de su buen hacer, ya que al fin y al cabo interpreta a un hombre sin personalidad.
Por último destacar la labor de un hombre que en principio no goza de muy buena reputación como actor. Tampoco es que me parezca Marlon Brando, y sus desastres cinematográficos son muchos, pero no me duelen prendas en quitarme el sombrero ante su actuación en la película que es, además, de lo más breve. Y es que Alec Baldwin está espléndido como el vendedor de éxito (nótese el doble sentido) Blake. No sé si algunos me tomarán por loco, pero alguien que aparece al comienzo de la cinta y que luego desaparece para dar paso a gente como Lemmon y Pacino y aun así uno le sigue recordando desde luego es que ha hecho bien su trabajo. Sí señor, un diez para él.

En los últimos años pocas veces habrán visto un trabajo coral tan digno de elogio y un guión tan sólido. Por ello no deja de parecerme curioso la poca relevancia que parece haber cosechado esta película. Glengarry Glen Ross debería ser de visión obligatoria en las academias y escuelas de interpretación.

Shelley Levene: Why?
Williamson: Because I don't like you.
Shelley Levene: [in tears] My daughter.
Williamson: Fuck you.

Leer critica de Glengarry Glenn Ross en Muchocine.net

3 comentarios:

marcbranches dijo...

Grandiosa película que, efectivamente, ha quedado algo sepultada entre la memoria cinéfila, a veces demasiado olvidadiza. No hace mucho, coincidiendo con la edición DVD como Dios manda del film, escribí un post para el blog. Un guión excelso, unas interpretaciones descomunales, una atmósfera irrespirable. Lo mejor que jamás habrá hecho Alec Baldwin: su monólogo del "Always Be Closing" ha superado en fama a la propia película, y se pasa en cursos de motivación para ejecutivos (diosssssssssss). Fue el redexcubrimiento de Jack Lemmon, que luego se confirmó en "Vidas cruzadas". Para mí, entra en la categoría de clásico. Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

No me extraña que esa escena se la pasen a los ejecutivos, es realmente aterradora.

Jim Garry dijo...

Qué gran película y como escribe Marcbranches muy olvidada. Coincido contigo en el excelente guión y un reparto cojonudo donde todos lo hacen bien incluso el jodido Alec Baldwin, antes le odiaba pero aqui está brillante. Desde luego se lleva la palma Lemmon su papel es para recordar.

Saludos.